Investigadores coordinados por Cartif estudian la valorización de purines para crear nuevos fertilizantes


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El sector porcino es el sector ganadero más importante de España con una facturación cercana a los 6.200 millones de euros, no obstante, este impacto económico vital para el país tiene una vertiente medioambiental negativa: los purines y su compleja valorización. Como explica a DiCYT (Agencia para la divulgación de la Ciencia y Tecnología del Instituto ECYT), la investigadora del Centro Tecnológico Cartif, Raquel López, los purines generan dos tipos de problemas ambientales, “por un lado, los olores y, por otro, son muy contaminantes en cuanto materia orgánica y nitratos, lo que impide que puedan ser esparcidos agronómicamente como abonos porque pueden infiltrarse en el suelo y contaminar los acuíferos”.

 

Con el fin de buscar una salida medioambientalmente sostenible y económicamente rentable a los purines, cuatro socios españoles liderados por el centro tecnológico vallisoletano trabajan en el proyecto europeo del Programa LIFE Mix-Fertilizer, de tres años de duración y 1’2 millones de euros de presupuesto. El objetivo final es valorizar estos purines creando nuevos fertilizantes mixtos que además mejoren el rendimiento de los cultivos en los que se aplique.

 

En la actualidad, en España se producen al año cerca de 50 millones de toneladas de purines de los cuales 2’5 millones son tratados en las 19 plantas que funcionan en el país. El principal aprovechamiento de estos residuos ha sido energético, en concreto con la generación de biogás, lo que la legislación trató de favorecer en 2007 con las primas a las renovables. Sin embargo, el futuro de estas primas es incierto y el proyecto Mix-Fertilizer trata de valorizar otra parte de estos residuos, el digestato.

 

 

“El digestato es una especie de pasta que se genera en el proceso de depuración del purín. En el proyecto proponemos una separación de la parte sólida y la parte líquida del digestato: la parte sólida la estabilizamos y obtenemos un compost que directamente podría aplicarse como fertilizante; y de la fracción líquida vamos a recuperar el nitrógeno inorgánico, concretamente sulfato amónico, que es otro tipo de fertilizante que se comercializa”, precisa Raquel López.

 

 

Así, los dos productos que se van a obtener en el marco del proyecto se comercializan por separado. Sin embargo, la principal innovación que proponen los investigadores en formular un fertilizante mixto, un abono con una base orgánica de la parte compostada y los nutrientes que aporta la fracción inorgánica del sulfato amónico. Además, añade la investigadora de Cartif, se añadirá a este nuevo fertilizante un inhibidor de la nitrificación para controlar la liberación del nitrógeno inorgánico y evitar problemas de contaminación.

 

 

Plantas demostrativas

 

Para demostrar la viabilidad de este nuevo fertilizante, los socios del proyecto (además de Cartif, Purines Almazán, el fabricante de fertilizantes Sermived y ASAJA-Soria) pondrán en marcha dos plantas piloto a finales de este año, una para la fracción sólida (de una tonelada de capacidad) y otra para la fracción líquida (de 120 metros cúbicos al día de capacidad) ambas en las instalaciones de Purines Almazán, en Soria.

 

Una vez que se obtengan las dos fracciones, previsiblemente el próximo verano, se formularán diferentes fertilizantes en distintas proporciones en forma de pellets, y se realizarán durante un año pruebas en campo en parcelas de trigo tanto de secano como de regadío. “Estas parcelas demostrativas están situadas en los municipios de Almazán y Velamazán y están delimitadas para estudiar cada tipo de fertilizante. Asimismo, se compararán con los fertilizantes comerciales e incluso con una parcela que no se abonará, para analizar cuánto trigo se ha producido por metro cuadrado o cuál es su calidad, entre otros parámetros”, subraya López, quien añade que existe evidencia en estudios realizados en Estados Unidos de que este tipo de fertilizantes mixtos aumenta en buena medida el rendimiento agrario.

 

“Esperamos que aumente la cosecha aproximadamente en un 20 por ciento, en función de los datos obtenidos en estos trabajos, y también mejorar la calidad del suelo, contribuir a la fijación de gases de efectos invernadero y reducir los costes para el agricultor, ya que ahora mismo en Castilla y León se abona dos veces, una en octubre para aplicar una enmienda orgánica que nutra el suelo y otra en febrero para aportar la fracción inorgánica, mientras que con el nuevo fertilizante solo sería necesario hacer una aplicación”, asegura.

 

 



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