Los suelos de los bosques del País Vasco podrían capturar el doble de CO2 con una gestión forestal adecuada


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Esta es una de las conclusiones del informe “Sumideros de carbono de la Comunidad Autónoma del País Vasco: Capacidad de secuestro y medidas para su promoción” publicado por el Departamento de Medio Ambiente y Política Territorial del Gobierno Vasco, y en él se identifican los principales sumideros de carbono del País Vasco, así como su capacidad para atrapar carbono, lo que permitirá implementar medidas de mitigación del cambio climático provocado por las emisiones de gases de efecto invernadero. Hoy día los sumideros naturales de carbono del País Vasco almacenan 75 millones de toneladas de Carbono en suelos.

 

 

“Dada su capacidad para secuestrar o fijar el CO2 atmosférico, los sumideros de carbono, como la biomasa forestal o los suelos, juegan un papel importante en la lucha contra el cambio climático”, ha afirmado Amaia Barredo, Directora de Medio Natural y Planificación Ambiental del Gobierno Vasco.

 

 

La vegetación actúa como sumidero de CO2 al extraer este gas de la atmósfera mediante la fotosíntesis y acumular en sus tejidos el carbono fijado. Parte del carbono presente en la biomasa vegetal se libera a la atmósfera, tanto en los procesos de respiración la planta, como en los de descomposición, mientras que el resto del carbono se acumula en la madera y en la materia orgánica del suelo.

 

Esta capacidad de la masa forestal y de los suelos para secuestrar el CO2 los han convertido en un elemento importante a la hora implantar estrategias de mitigación y adaptación del cambio climático ya que una adecuada ordenación y gestión de los mismos puede potenciar que su capacidad de secuestro de carbono sea más elevada con el consiguiente beneficio ambiental.

 

Con el fin de conocer con exactitud qué sumideros existen en la CAPV y cuál es su capacidad de absorción de CO2, el informe “Sumideros de carbono de la Comunidad Autónoma del País Vasco: Capacidad de secuestro y medidas para su promoción”, contabiliza las emisiones y fijaciones de Gases de Efecto Invernadero en la CAPV debidos a los diferentes usos de la tierra.

 

 

“Se ha observado mediante los inventarios de Gases de Efecto Invernadero elaborados para los años 1990 y 2008, que en la CAPV hay dos depósitos o reservorios importantes dada su capacidad de emitir/fijar el CO2 atmosférico: la biomasa forestal y los suelos”, ha añadido Barredo.

 

 

Los estudios realizados permiten estimar que se podría llegar a fijar un 52% más de carbono respecto al actualmente fijado en la CAPV mediante una ordenación y gestión de las tierras forestales que favorezca la acumulación de carbono en la biomasa forestal, Así mismo, por medio de prácticas adecuadas de gestión forestal, pascícola y agrícola, no sólo se evitaría la pérdida de carbono orgánico del suelo sino que, además, se podría favorecer e incrementar la acumulación de carbono orgánico en los suelos, estimándose para la CAPV este incremento en un 70% en las tierras forestales, de un 40% en  prados y praderas, y de un 50% en cultivos herbáceos y leñosos.

 

El estudio se ha llevado a cabo siguiendo la metodología y directrices del Panel Internacional de Cambio Climático (IPCC) adaptadas a las características locales. Para ello, se han determinado el contenido en carbono en más de mil muestras de suelo. Además, para la estimación del carbono potencial, se ha tenido en cuenta en estas muestras el tipo de plantación, la composición del suelo (arcillas y limos) y las características litológicas del lugar muestreado.

 

Aunque el potencial de fijación de CO2 en biomasa forestal y suelo es finito y, por sí mismo, no solucionará el problema del cambio climático, las medidas para llegar a este potencial o acercarse más a él son necesarias para ganar tiempo en la carrera de reducción de emisiones de GEI a la atmósfera. Además, el establecimiento de estas medidas de mitigación conllevan otros efectos beneficiosos desde el punto de vista ambiental, como son una gestión agrícola, pascícola y forestal sostenible, con la consiguiente mejora de la calidad de las aguas y los suelos y, en general, del medio natural.



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