Las cooperación entre las pequeñas comunidades es clave para conservar nuestra biodiversidad

La habilidad de aprovechar nuevas ideas sobre el manejo de la tierra y los recursos, tomando la perspectiva de las comunidades, es vital para avanzar en la protección de la biodiversidad y la lucha contra el cambio climático

ONU / Eskinder Debebe Un habitante del bosque nacional Tapajos en Brasil recoge hojas para preparar una comida


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El Gran Chaco es un territorio remoto, aislado, repleto de biodiversidad, como jaguares, cactus, lagunas y caimanes, que se extiende sobre Argentina, Paraguay, Bolivia y Brasil y tiene un tamaño de cuatro veces la superficie de Alemania.

Numerosos pueblos indígenas con diferentes identidades étnicas coexisten pacíficamente en la zona, rica en biodiversidad, pero amenazada por el modelo tradicional de desarrollo extractivo a gran escala que ha destruido la sostenibilidad del medio ambiente y las formas de vida tradicionales de sus pueblos.

La historia del Gran Chaco se repite a lo largo del planeta, donde se ha perdido un gran porcentaje de biodiversidad, un elemento esencial para nuestra supervivencia y para alcanzar los objetivos de la Agenda 2030 de desarrollo sostenible.

“Aún nos encontramos en una situación en la que hay una subestimación extraordinaria de qué tan dramático es el cambio climático y la pérdida de nuestra biodiversidad. No sólo estamos poniendo en riesgo nuestro planeta, pero nuestras economías de manera sin precedente”, declaró el administrador del Programa de la ONU para el Medio Ambiente (PNUD) en el marco de un evento de la 2da Conferencia de Alto Nivel sobre Cooperación Sur Sur , en Buenos Aires, Argentina.

Para Achim Steiner, la biodiversidad debe ser no solo protegida, sino también entendida, por lo que es necesario hablar de ella en términos que todos puedan comprender, porque si se excluye a las comunidades de esa discusión no se está solucionando el problema.

“Es la esencia de la vida la que estamos haciendo desaparecer, esto es la erosión y destrucción. Es una decisión equivocada”, dijo, añadiendo que la manera de detener esto es precisamente la habilidad de aprovechar nuevas ideas sobre el manejo de la tierra y los recursos, tomando la perspectiva de las comunidades.

“Es en el área de desarrollo donde se llevan a cabo los mayores descubrimientos, explorando nuevas iniciativas”, añadió, poniendo como ejemplo el trabajo de varias ONG argentinas junto al Programa de Pequeñas Donaciones, que es financiado por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial e implementado por PNUD a nivel mundial.

Una nueva plataforma de cooperación a nivel comunitario

“El Programa es una incubadora de innovación, nosotros tomamos riesgos que otros programas no pueden tomar para encontrar soluciones innovadoras que realmente funcionan en el terreno y que luego puedan ser transplantadas a nivel nacional por los Gobiernos y otros donantes”, explica Ana Maria Currea, coordinadora del Programa de Pequeñas Donaciones.

Currea resalta que lo que se intenta es traer las voces de las comunidades locales a plataformas mundiales, y que el Programa, cuyas donaciones van desde 5000 a 50.000 dólares generalmente, se concentra en la gran importancia de la biodiversidad en determinados lugares y territorios marinos con especial atención al empoderamiento de las mujeres y las comunidades indígenas.

En el marco de Conferencia Sur-Sur, el citado Programa ha lanzado una plataforma con una perspectiva nueva, que conserva la calidad local y auténtica de los intercambios de conocimiento.

“La mayoría de la cooperación Sur-Sur se hace de Gobierno a Gobierno a través de las agencias de cooperación. Lo que queremos hacer es complementar esa modalidad para permitir que comunidades y organizaciones de la sociedad civil que tienen soluciones innovadoras puedan compartirlas, los unos con los otros, y usar nuestras pequeñas donaciones para objetivos de cooperación Sur-Sur”.

La asesora pone como ejemplo las prácticas agroecológicas sostenible que se han logrado compartir desde Cuba hasta el Pacífico Sur, y del Pacífico de regreso hacia el Caribe, territorios que tienen contextos muy distintos pero retos muy comunes, en el marco de la seguridad alimentaria, el cambio climático y el manejo de desastres.

“Esta plataforma de intercambio Sur Sur surgió por la necesidad que encontramos en el Programa de ayudar a que las comunidades que tienen soluciones innovadoras se puedan comunicar, y las puedan compartir con otras comunidades en otros países”, asegura Currea.

El Programa busca beneficiar el medio ambiente en todo el planeta, haciendo énfasis en la importancia que se tiene de actuar inmediatamente y dándole voz a las comunidades, que tienen una gran cantidad de soluciones a problemas que son comunes con otros pueblos, de manera que se logre crear una conexión y no repetir los mismos errores.

El conocimiento compartido de las mujeres wichí

Un ejemplo es el que se está desarrollando en el Gran Chaco, donde mujeres indígenas Wichí lograron cultivar chaguar cerca de sus casas, la materia prima que utilizan para sus artesanías, y por la cual antes tenían que recorrer hasta 20 kilómetros o más todos los días.

El chaguar es una planta alimenticia y textil que ha sido tradicionalmente utilizada por los Wichí, en el Chaco argentino. Como la mayoría de los recursos naturales la planta es de acceso abierto pero con los años y la explotación de la tierra se ha convertido en una especie amenazada.

Es por ello que el hecho de poder cultivarla cerca de sus hogares y dejar de recorrer cada vez más territorio para encontrarla, ha cambiado la vida de cientos de mujeres, que ahora están organizadas en una cooperativa que está avanzado a pasos agigantados, y que quieren compartir su conocimiento.

Las mujeres wichí tienen esta técnica y ahora se está comenzando a replicar en otras comunidades del Chaco en Bolivia y Paraguay.

“Están creando redes. Antes no se plantaba esto, hasta ingenieros habían fallado en reforestar el chaguar. Se les moría. Las mujeres wichí tienen esta técnica y ahora se está comenzando a replicar en otras comunidades del Chaco en Bolivia y Paraguay”, explica el coordinador nacional del Programa de Pequeñas Donaciones, Francisco López Sastre.

Otro tipo de iniciativas parecidas a las de esta comunidad se están viendo en esta zona y comenzando a compartir, al igual que a lo largo de América Latina, algo que será vital para el futuro de la biodiversidad y del planeta.

“Una de las cosas que no tenemos es tiempo. Soy optimista por naturaleza, pero la convicción y la evidencia empírica me dicen otra cosa. Lo único que hoy en día me da miedo es que nos estamos quedando sin tiempo”,  asegura el jefe del PNUD, un problema cuya clave tal vez se encuentre comenzando desde lo más local, lo más pequeño, y luego compartirlo hacia el resto del mundo.



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