Sostenibilidad y viabilidad económica del reciclado de envases de aluminio

Por Juan Ramón Meléndez, director de la Asociación de Latas de Bebidas


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A estas alturas no es ningún secreto que la lata de bebidas es un claro ejemplo de economía circular. Que la lata se puede reciclar infinitas veces para volver a fabricar latas u otros productos metálicos que nuestra sociedad puede necesitar es algo que nuestros chavales estudian en los colegios, aunque no está de más que lo recordemos de vez en cuando. Esa ventaja obedece a que el aluminio es un material permanente, es decir, que sus propiedades inherentes no cambian ni durante su uso ni a pesar de su repetido reciclaje en nuevos productos. Parece increíble, pero es verdad: su reciclaje no requiere necesariamente la adición de material primario o aditivos para permitir la función y las propiedades básicas del material. Sin embargo, sería un error que, como sector industrial, nos quedáramos en esa cualidad del material con el que trabajamos. Para convertir esa virtualidad de un reciclado infinito en una realidad palpable hace falta mucho más. Y en ello estamos. 

Las latas de aluminio son fáciles de clasificar ya que no es necesario separar de ellas otros materiales, como etiquetas o elementos de cierre: son envases monomateriales. La separación por corrientes de Foucault se realiza en todos los flujos de residuos (selectivos e indiferenciados) y su posterior proceso de reciclaje es increíblemente sencillo. El valor inherente de las latas de aluminio implica que una vez recogidas siempre se reciclarán. Si se tiene en cuenta la tasa de reciclaje y las mínimas pérdidas de material durante el proceso de reciclaje está claro que su desempeño ambiental es sobresaliente y confirma a la lata como envase líder en materia de sostenibilidad. 

Hace unas semanas desde Metal Packaging Europe lanzamos nuestra Hoja de Ruta hacia un 100% de reciclado de latas de bebidas de aluminio en 2030. Este compromiso refleja la convicción entre los productores de láminas de aluminio, los fabricantes y recicladores de latas de aluminio para bebidas de que en los próximos diez años se podrá alcanzar todo el potencial de la lata protagonista de una economía verdaderamente circular. 

Un producto totalmente circular es aquel que está diseñado para ser reciclado y que puede reciclarse con una pérdida mínima de material, lo que da como resultado un material de alta calidad al final del proceso para el que ya existe un mercado y que, por tanto, permanece en la economía de forma indefinida. Aunque una lata de aluminio es un producto de este tipo, no podemos lograr la circularidad total a menos que todas las latas se recojan, se clasifiquen adecuadamente y se reciclen.

Nuestro objetivo, por tanto, es avanzar hacia el 100% de reciclaje para 2030, no solo para lograr la circularidad de los materiales, sino también porque cuanto mayor sea la tasa de reciclaje, mayor será el impacto en la reducción de la huella de carbono de las latas. La mayor parte de la huella de carbono de una lata de aluminio está causada por las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) generadas durante la extracción de las materias primas y en el procesamiento de esos ingredientes para producir bauxita y luego aluminio mediante la fundición. Dado que la energía necesaria para reciclar el aluminio es aproximadamente el 5% de la que se necesita para la producción de aluminio primario, los beneficios medioambientales del reciclaje son evidentes. La cantidad de energía que se ahorra con el reciclaje (95%) corresponde a un ahorro equivalente de emisiones de GEI. Por lo tanto, el reciclaje de latas de aluminio para bebidas contribuye realmente a la reducción de las emisiones de CO2. 

En línea con tal compromiso, ARPAL y la Asociación de Latas de Bebidas encargamos un estudio a la prestigiosa consultoría de ingeniería y procesos VIRTUS, con el objetivo de identificar las medidas más efectivas para maximizar el reciclaje de los envases de aluminio en general y de las latas de bebidas en particular. Se llevó a cabo con la colaboración de ASPLARSEM, AEVERSU y Ecoembes.

De dicho estudio hemos obtenido interesantes conclusiones. La más destacable, aunque no muy sorprendente, sería que España cumplirá ampliamente el objetivo de reciclado de envases de aluminio definido por la Unión Europea para el año 2030 y que asciende al 60%. Me he permitido decir que no será una sorpresa porque que ya en 2019 nuestro país superaba el objetivo definido para 2025, que era de un 50%.

¿Por dónde se pierden los envases de aluminio que no se reciclan? Hay dos grandes focos. Un 52% de ellos se nos escapan a través de las plantas de residuos municipales que tratan la fracción resto. Otro 33% de ellos se pierden para el reciclado debido a que aún hay entidades locales que, por diferentes motivos y contraviniendo la legislación, llevan sus residuos municipales directamente a vertedero sin tratamiento previo.

Tras este interesante diagnóstico el estudio analiza las medidas que se recomienda implementar para evitar dicho desperdicio de un material tan valioso para la Economía Circular. Y ahí llegan las buenas noticias, la mayoría de ellas son viables económicamente hablando.

Entre éstas se señala, en primer lugar, incrementar las campañas de sensibilización orientadas al ciudadano con el fin de que éste lleve cada vez más sus latas de bebidas, aerosoles y todo tipo de envases y envoltorios de aluminio al contenedor amarillo. Un gesto sin duda fundamental, tal y como desde la Asociación de Latas de Bebidas hemos venido comunicando a través de nuestras diversas actividades y mensajes a medios de comunicación, ya que esta es la mejor manera de asegurar su correcto reciclado. 

En segundo lugar, se recomienda construir nuevas plantas de tratamiento de la fracción resto, ampliar las existentes o utilizar a pleno rendimiento las existentes y así evitar que se envíen directamente a vertedero toneladas de residuos municipales.

Finalmente se enumeran otras medidas más directamente relacionadas con las mejoras en los procesos de las plantas de selección de residuos (según el estudio casi 15.000 toneladas de envases domésticos de aluminio podrían recuperarse para su reciclado a través de estas mejoras). Dado que la cantidad de aluminio que se pone en el mercado va en aumento, la primera y más importante mejora en las plantas actuales sería la sustitución de los separadores de Foucault existentes, por otros nuevos con una cinta de banda más ancha. Este sencillo cambio es también el menos costoso y permitirá aumentar la tasa de recuperación de aluminio de la planta, ya que repartirá la fracción del flujo correspondiente, permitiendo que el Foucault cumpla su propósito de separar una cantidad mayor y una fracción más pura. El costo de un Foucault comparado con los costos de un separador óptico con detección de metales da, en general, un mejor retorno económico de la inversión. Este equipo es adecuado no sólo para la recuperación de aluminio y otros materiales no ferrosos, como se ha considerado en el estudio, sino también para la recuperación de otros materiales poliméricos.

En definitiva, un mejor funcionamiento de los separadores de Foucault repercutirá de manera positiva al incrementarse la recuperación de los envases y además supondrá la obtención de un retorno económico que, obviamente, vendrá determinado por el volumen de tratamiento, pero que en la mayoría de los casos permitiría recuperar las inversiones en plazos que se sitúan alrededor de los cinco años. 

El estudio VIRTUS también menciona las oportunidades existentes que se pueden encontrar en otro tipo de tecnologías -como son los Rayos X o los separadores de infrarrojos- aunque este tipo de dispositivos solo serían aplicables en las plantas de mayor tamaño. 

Todas estas conclusiones refuerzan el mensaje con el que iniciaba esta tribuna. La lata tiene indudables virtudes, pero hemos de seguir mejorando y evolucionar, como industria y como ciudadanos. El reto de la sostenibilidad requiere la participación de todos.

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