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La historia de la industria también puede contarse a través del agua. Un ejemplo de ello es el complejo industrial de Puertollano, que alberga desde los años 60 la única gran refinería de petróleo de España alejada del mar y para cuyo funcionamiento el agua fue desde el principio una condición imprescindible. Esto no hubiera sido posible si en los años cuarenta, para cubrir las necesidades de la central térmica de esta ciudad y el desarrollo del complejo ligado a la explotación de pizarras bituminosas, no se hubiera iniciado una de las grandes obras necesarias para su funcionamiento, el embalse del río Montoro y la red de conducción que permitía abastecer de agua a estas instalaciones. Aquella solución, concebida hace décadas, sigue recordándonos una verdad esencial: no hay industria sin agua, y no hay futuro industrial sin planificación hídrica.
Esa lección histórica resulta hoy más vigente que nunca. Vivimos un contexto de sequías recurrentes, mayor presión sobre los recursos y una regulación cada vez más exigente, en el que la disponibilidad de agua ya no puede darse por sentada. La industria necesita certidumbre para operar, invertir y crecer, y esa certidumbre pasa por contar con fuentes alternativas, flexibles y seguras. En ese escenario, la desalación y la reutilización del agua dejan de ser soluciones accesorias para convertirse en lo que son: fuentes complementarias e infraestructuras estratégicas de competitividad y resiliencia.
Durante demasiado tiempo, el debate sobre estas tecnologías se ha centrado en el abastecimiento urbano o agrícola. Sin embargo, la realidad industrial ha cambiado. Cada vez más sectores necesitan agua de calidad, en cantidad suficiente y con características ajustadas a sus procesos y necesidades. La energía, la minería, la química, la automoción o la industria alimentaria han entendido que disponer de agua “a medida” no es un lujo técnico, sino una ventaja operativa y estratégica. Esa capacidad de adaptación es clave para mantener la actividad en entornos donde el recurso natural ya no garantiza por sí solo la continuidad del negocio.
La desalación y la reutilización han dejado de ser soluciones accesorias para convertirse en infraestructuras estratégicas de competitividad y resiliencia
El valor de anticiparse
Y la cuestión no se refiere solo a la disponibilidad, sino también a la anticipación. Las empresas que integran la gestión del agua en su estrategia no esperan a que aparezca la restricción para reaccionar, actúan antes, diversifican fuentes y refuerzan su capacidad de respuesta y resiliencia. Esa anticipación, esa planificación, es una forma de competir mejor. En un mercado en el que los riesgos climáticos y regulatorios pesan cada vez más en la toma de decisiones, contar con soluciones como el agua desalada o regenerada permite reducir vulnerabilidades, estabilizar costes y proteger la actividad productiva.
Además, la aportación de la desalación y la reutilización va mucho más allá de la seguridad de suministro. Ambas tecnologías contribuyen a un modelo industrial más sostenible, más eficiente y mejor alineado con las exigencias de la transición ecológica. No se trata únicamente de consumir menos agua, sino de utilizar mejor cada recurso disponible y de cerrar ciclos allí donde antes solo existía desaprovechamiento. Y esto también es una ventaja estratégica.
En ese sentido, la reutilización industrial representa una evolución natural hacia la economía circular. El reciente marco normativo español, con el Real Decreto 1085/2024, refuerza precisamente esa dirección al ordenar y estimular un uso más eficiente del agua regenerada. Las políticas europeas y nacionales están enviando un mensaje inequívoco: el futuro de la gestión hídrica pasa por aprovechar hasta la última gota con criterios de eficiencia, control y sostenibilidad.
La industria, por tanto, no se enfrenta solo a una necesidad técnica, sino a una oportunidad de modernización y crecimiento. Incorporar agua desalada o regenerada en los procesos permite mejorar la resiliencia, reducir la exposición a restricciones, facilitar nuevas inversiones y reforzar el compromiso ambiental de las empresas. Y todo ello con un efecto adicional muy relevante, la creación de un entorno más favorable para la localización industrial, especialmente en territorios donde el agua condiciona directamente el desarrollo económico.
La industria que integra la gestión del agua en su estrategia no espera a la restricción: se anticipa, diversifica sus recursos y fortalece su competitividad
Innovación y energía
Uno de los grandes avances en el sector del agua de los últimos años ha sido la mejora tecnológica. La desalación ya no puede analizarse con la mirada de hace dos décadas. La ósmosis inversa, la recuperación de energía, el desarrollo de procesos, la digitalización y la incorporación de renovables han reducido de forma notable su huella energética y han mejorado su eficiencia operativa. Hoy hablamos de soluciones maduras, probadas, controlables e integradas en los objetivos de descarbonización y transición energética.
En paralelo, la reutilización ha ganado peso como herramienta clave industrial de primer orden. Además, la digitalización permite monitorizar consumos, detectar fugas, optimizar procesos y anticipar escenarios de estrés hídrico. Las empresas que avanzan en esta dirección y planifican el recurso, no solo ahorran agua, también mejoran su capacidad de decisión y su gobernanza interna. El agua se convierte así en un indicador de competitividad, no en un simple coste de operación.
Ese cambio de paradigma también ayuda a desmontar algunos mitos todavía presentes. La idea de que la desalación es por definición una tecnología excesivamente intensiva en energía no se corresponde con la realidad actual del sector. Tampoco es correcto simplificar el debate sobre el posible impacto ambiental del concentrado sin atender a la evolución tecnológica al estricto control ambiental de los proyectos desde su diseño y a las soluciones de valorización que ya se están desarrollando. La innovación no solo reduce y mitiga impactos, también abre nuevas oportunidades industriales y circulares.
La anticipación no es una respuesta a la escasez extrema; es una forma de atraer inversión, proteger la actividad industrial y competir mejor
Villaperi: un modelo para la industria del futuro
En este sentido, y volviendo al ejemplo del inicio, si Puertollano representa la historia de una industria que entendió desde el principio que el agua era una condición para existir, Villaperi encarna el camino que debería seguir la industria del presente. La iniciativa asturiana de reutilización industrial, vinculada a la futura biofactoría de la EDAR, muestra cómo incluso en territorios con una supuesta disponibilidad hídrica se impone una lógica nueva y necesaria. No basta con tener agua: esa agua además debe ser de calidad y hay que gestionarla con inteligencia, eficiencia y visión de largo plazo.
Villaperi es especialmente valioso como ejemplo porque traduce en una solución concreta varios de los grandes debates del sector: la economía circular, la seguridad hídrica, la eficiencia energética y la colaboración entre Administraciones, operadores y tejido productivo. Además, responde a una realidad que ya no admite discusión, que los recursos hídricos no pueden usarse como si fueran infinitos, ni siquiera en territorios donde tradicionalmente el agua no ha sido un problema
Ese es el mensaje más poderoso que puede ofrecer hoy un caso como el de Asturias. La anticipación no es una respuesta a la escasez extrema, es una forma de preparar el terreno para competir mejor, atraer inversión y asegurar capacidad industrial en el futuro y también en el presente. Por eso, Villaperi no debe verse solo como un proyecto local, sino como un modelo replicable para otras regiones y sectores.
España parte, además, de una posición de ventaja y especialmente sólida para liderar este proceso. El ser un país pionero y la experiencia acumulada durante décadas, la calidad de su tejido empresarial y el conocimiento técnico desarrollado en torno a la desalación y la reutilización lo sitúan en una posición de referencia internacional. Esa fortaleza se ha reflejado a lo largo de los años y se refleja en la actualidad, también en la capacidad de sus empresas para exportar conocimiento, tecnología, ingeniería y soluciones avanzadas de gestión del agua alrededor del mundo.
La celebración de nuestro próximo congreso internacional en Asturias confirma ese liderazgo y subraya el creciente interés por integrar estas soluciones en la estrategia industrial. La elección de esta ubicación, con su tradición industrial y su apuesta por la innovación, no es casual. Responde a una visión en la que agua, industria y sostenibilidad ya no se entienden por separado. El presente y el futuro pasan por integrar y combinar recursos complementarios y aprovecharlos de manera eficiente y responsable.
En paralelo, el propio debate institucional está avanzando en la misma dirección. Las confederaciones hidrográficas, las Administraciones autonómicas y el sector privado comparten cada vez con más claridad la necesidad de promover una gestión más eficiente, resiliente y circular del agua. Ese alineamiento es una buena noticia, porque la magnitud del reto exige cooperación, inversión y agilidad en la toma de decisiones.
Si la industria quiere seguir siendo competitiva, debe asumir que la gestión del agua forma parte del núcleo de su estrategia, no de su perímetro. La disponibilidad del recurso condiciona la localización, la inversión, la continuidad operativa y la capacidad de crecimiento. Por eso, apostar por desalación y reutilización no es solo una decisión ambiental, es una apuesta estratégica por la estabilidad, por la independencia y por el futuro.
Si la industria quiere seguir siendo competitiva, debe asumir que la gestión del agua forma parte del núcleo de su estrategia, no de su perímetro
Puertollano nos recuerda que la industria siempre ha necesitado el agua para existir y crecer. Villaperi demuestra que hoy esa resolución debe hacerse además con criterios de circularidad, anticipación y eficiencia. Entre ambos ejemplos hay una misma enseñanza: las soluciones hídricas no llegan cuando el problema estalla, sino cuando alguien decide anticiparse y planificar. Y en esa anticipación se juega buena parte de la competitividad industrial del mañana. Esa anticipación es estrategia.

