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El desafío de conservar las playas en un contexto de cambio climático
Las playas mediterráneas constituyen uno de los principales recursos naturales y económicos de numerosos municipios costeros. Sin embargo, el cambio climático está aumentando su vulnerabilidad mediante la subida del nivel del mar, la erosión del litoral y la mayor incidencia de fenómenos meteorológicos extremos. Estos procesos amenazan los ecosistemas costeros, las infraestructuras y la actividad turística, de la que dependen numerosas economías locales.
La conservación de las playas requiere inversiones crecientes en regeneración de arenales, protección frente a temporales, restauración ambiental y adaptación climática. Tradicionalmente, estas actuaciones se financian mediante presupuestos públicos, pero la magnitud de los desafíos plantea la necesidad de explorar mecanismos complementarios de financiación.
En este contexto surge una pregunta: ¿estarían dispuestos los visitantes de las playas a contribuir económicamente a su conservación?
Esta es la cuestión central del estudio realizado por investigadores Alfonso Expósito (Universidad de Málaga) y Vanesa Berbegal (Universidad de Sevilla), que analiza la disposición a pagar de los visitantes de las playas de Fuengirola y los factores que influyen en sus decisiones. La investigación aporta información para valorar la viabilidad de nuevos instrumentos de financiación ambiental en destinos turísticos mediterráneos.
Fuengirola: un caso representativo del turismo costero mediterráneo
Fuengirola, situada en la Costa del Sol malagueña, representa un caso especialmente interesante por su elevada densidad urbana, su dependencia del turismo y la importancia económica y ambiental de sus aproximadamente ocho kilómetros de playas.
Con una superficie municipal cercana a los 10 km² y una densidad superior a los 8.000 habitantes por km², la ciudad concentra una intensa actividad residencial y turística en un espacio costero limitado. Según los indicadores recogidos en el artículo, en 2025 recibió más de 540.000 turistas alojados en establecimientos hoteleros y registró aproximadamente 2,4 millones de pernoctaciones.
La presión turística coincide con una creciente exposición a los efectos del cambio climático. Durante 2024 y 2025, diversos episodios meteorológicos extremos ocasionaron daños en las playas, pérdida de arena, retroceso de la línea de costa y acumulación de restos orgánicos.
Las administraciones públicas han respondido mediante actuaciones de reparación de infraestructuras, aportaciones de arena y regeneración del litoral. No obstante, estas intervenciones requieren recursos económicos considerables y, en muchos casos, deben repetirse periódicamente.
Por ello, Fuengirola constituye un laboratorio territorial adecuado para estudiar si los propios beneficiarios del uso recreativo de las playas podrían contribuir a financiar su conservación, complementando los recursos públicos.
El estudio se basa en 453 encuestas presenciales, realizadas en diferentes puntos del paseo marítimo y las playas de Fuengirola. La muestra incluyó visitantes españoles y extranjeros mayores de 18 años, excluyendo a los residentes habituales del municipio. Aproximadamente el 47 % de los encuestados eran extranjeros.
Los investigadores utilizaron el método de valoración contingente, una técnica de economía ambiental que permite estimar el valor económico que las personas atribuyen a bienes y servicios que no tienen un precio de mercado, como la conservación de una playa.
El procedimiento consistió en plantear un escenario hipotético en el que los visitantes tendrían que realizar una contribución económica por utilizar la playa, destinada a financiar medidas de conservación y adaptación al cambio climático. El cuestionario también recogió información sobre características socioeconómicas, hábitos de visita, preocupación ambiental y percepción de los impactos del cambio climático. Este diseño permitió estimar no solo cuánto estarían dispuestos a pagar los visitantes, sino también identificar qué factores explican una mayor o menor disposición a contribuir.
Resultados del estudio
El resultado central de la investigación es que existe una disposición positiva a contribuir económicamente a la conservación de las playas.
La disposición media estimada mediante el modelo econométrico aplicado fue de 1,48 euros por visita. Esta cifra resulta muy próxima a los 1,37 euros obtenidos mediante la pregunta abierta sobre la contribución máxima, lo que refuerza la consistencia de los resultados.
A partir de la estimación de 1,48 euros y de los 512.825 visitantes registrados en hoteles y apartamentos durante 2023, los autores calculan una recaudación potencial cercana a 760.000 euros anuales. Esta cantidad supera ampliamente los aproximadamente 200.000 euros anuales que de presupuesto municipal destinado a conservación de playas.
Aunque se trata de una estimación hipotética y no de una previsión de ingresos garantizados, el resultado muestra el potencial económico de incorporar aportaciones de visitantes como financiación complementaria.
La percepción del cambio climático influye en la disposición a pagar
Uno de los hallazgos más relevantes es que la percepción de los impactos del cambio climático constituye un factor determinante de la disposición a contribuir.
El 85 % de los participantes reconocía efectos negativos del cambio climático sobre las playas. Entre los impactos identificados destacaban el aumento de la temperatura del agua (40 %), la pérdida de arena (30 %), la erosión costera (21 %) y los daños en instalaciones (16 %).
Los visitantes que percibían estos problemas mostraban una disposición a pagar significativamente mayor.
El análisis econométrico también identificó otros factores relevantes: la nacionalidad, el nivel educativo y el gasto realizado durante la visita. Los turistas extranjeros, las personas con mayor formación y quienes gastaban más durante su estancia en la playa tendían a expresar contribuciones superiores.
En cambio, variables como la edad, el género, los ingresos y la duración de la visita no presentaron efectos estadísticamente significativos en el modelo principal.
Estos resultados sugieren que la aceptación de mecanismos de financiación ambiental no depende exclusivamente de la capacidad económica, sino también de la percepción del riesgo, la información disponible y la valoración personal del entorno natural.
¿Por qué algunos visitantes rechazan pagar?
El estudio también identifica resistencias importantes. Aproximadamente el 24 % de los encuestados manifestó respuestas de protesta frente al pago propuesto.
Muchos argumentaron que ya contribuían suficientemente mediante impuestos y otras tasas, por lo que consideraban que la conservación de las playas debía financiarse con recursos públicos. Algunos visitantes extranjeros señalaron, además, que podrían elegir otros destinos si se establecieran pagos por acceder a las playas españolas.
Este resultado introduce una cuestión fundamental: estar preocupado por la conservación ambiental no implica necesariamente aceptar nuevas tasas.
La confianza en las instituciones, la transparencia sobre el destino de los fondos y la percepción de justicia son elementos esenciales para que cualquier mecanismo de financiación resulte socialmente aceptable.
Por tanto, los autores plantean que las contribuciones de los visitantes deberían integrarse en estrategias de gestión transparentes, equitativas y participativas, evitando que supongan barreras económicas al acceso a espacios naturales públicos.
Implicaciones para la gestión ambiental y el turismo sostenible
Los resultados tienen aplicaciones que trascienden el caso de Fuengirola. En primer lugar, demuestran la utilidad de la valoración económica ambiental para incorporar las preferencias de los usuarios en la planificación de actuaciones de conservación y adaptación climática.
En segundo lugar, respaldan la exploración de mecanismos complementarios de financiación, como contribuciones voluntarias, instrumentos fiscales ambientales o sistemas de aportación vinculados al turismo. Su diseño debería considerar las diferencias entre visitantes y garantizar que los recursos se destinen efectivamente a actuaciones de conservación.
En tercer lugar, destacan la importancia de la educación y comunicación ambiental. Informar sobre la erosión, los daños ocasionados por temporales o las actuaciones de restauración puede favorecer una mayor comprensión de los costes ambientales y mejorar la aceptación social de las medidas.
Una conclusión relevante para el futuro del litoral mediterráneo
El caso de Fuengirola demuestra que la conservación de las playas no es únicamente una responsabilidad ambiental, sino también un desafío económico y de gobernanza. La investigación aporta evidencia de que una parte significativa de los visitantes estaría dispuesta a participar en su financiación, especialmente cuando comprende los riesgos asociados al cambio climático y reconoce la necesidad de intervenir.
Sin embargo, el principal mensaje no es simplemente que los turistas podrían pagar por conservar las playas. La verdadera aportación del estudio consiste en mostrar cómo la percepción ambiental, la confianza institucional y el diseño de los instrumentos económicos condicionan las posibilidades de financiar la adaptación climática.
En un litoral mediterráneo cada vez más expuesto a la erosión y a los fenómenos extremos, combinar financiación pública, participación de los usuarios y una gestión ambiental transparente puede contribuir a proteger las playas, reforzar la resiliencia de los destinos turísticos y preservar estos espacios para las generaciones futuras.
Fuente: Expósito, A. y Berbegal-Zaragoza, V. (2026). Are beach visitors willing to pay for coastal conservation efforts to combat climate change? The case study of Fuengirola (southern Spain). Sustainability Science. https://doi.org/10.1007/s11625-026-01854-4

