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Ante los desafíos sistémicos y el cambio global que son característicos de la era del Antropoceno, el camino hacia un futuro sostenible conlleva transformaciones fundamentales en la forma en que las sociedades satisfacen sus necesidades. De esta manera, los actuales modos productivistas y consumistas deben encarar prioritariamente una transición rápida y justa para dar un “salto disruptivo” desde la clásica economía lineal (“extraer-fabricar-consumir-eliminar”) hacia una renovada economía circular basada en procesos metabólicos de ciclos cerrados que sean ecoeficientes y sostenibles. La clave está en convertir la economía de flujos lineales abiertos en la relación recursos-residuos en una economía regida por el ciclo de vida y con capacidad regenerativa para compaginar objetivos ambientales, económicos y sociales.
A nivel general, el vigente modelo de economía lineal-unidireccional de producción y consumo se caracteriza por una falta de visión ambiental de los circuitos de interconexión entre las materias primas, los bienes producidos y consumidos, y los residuos generados, además de ser altamente ineficiente. Frente a este modelo intensivo en recursos materiales y energéticos, despilfarrador y ambientalmente contaminante, el nuevo modelo circular enfatiza la creación de “valor sostenible” de los recursos para que permanezcan el mayor tiempo posible en el sistema, mejorando la competitividad económica y evitando externalidades perniciosas y un desgaste innecesario de capital natural.
Pero no es un simple reajuste del sistema económico a base de mejorar el uso de los recursos y recuperar los residuos, sino que, en definitiva, se trata de un cambio sistémico completo, sostenible y resiliente que, en todo caso, aunque enfrenta importantes retos y límites en su implantación es un requisito previo para afrontar la gran transformación socioecológica del siglo XXI.
La economía circular no es un simple reajuste del sistema económico, sino un cambio sistémico completo, sostenible y resiliente
La huella de los recursos y los residuos
Actualmente asistimos a una situación insostenible del uso y recuperación de los materiales. La “huella material”, que refleja el consumo mundial de recursos, crece muy por encima del aumento de la población y del PIB. El consumo mundial de materiales ya supera actualmente los 100.000 millones de toneladas anuales, habiéndose duplicado desde el año 2000 y triplicado desde 1970. Para el año 2060 se estima que se vuelva a duplicar llegando a 190.000 millones de toneladas, según datos de organismos de Naciones Unidas y de la OCDE.
Este excesivo uso y consumo de los recursos tiene un impacto ambiental que es determinante para la sostenibilidad global. Aproximadamente, la mitad de las emisiones totales de gases de efecto invernadero (EGEI) y más del 90 % de la pérdida de biodiversidad y del estrés hídrico se deben a la extracción de recursos y la transformación de materiales, combustibles y alimentos.
Por otra parte, los residuos domésticos generados en el mundo superan ampliamente los dos mil millones de toneladas y para mediados de siglo esta cantidad se incrementará en un 70 %, según estimaciones del Banco Mundial. Mientras, el despilfarro sigue siendo una constante del modelo lineal por su baja eficiencia. Por ejemplo, según la FAO se desperdicia el 30 % de alimentos que se produce a nivel mundial.
Ante este panorama, la circularidad económica en el mundo está disminuyendo, mientras que la gran mayoría de los materiales extraídos que se incorporan a la economía son vírgenes. El indicador que mide la tasa de circularidad global, es decir la proporción de materiales secundarios reintroducidos en la economía, en lugar de mejorar, está cayendo en los últimos años y actualmente ronda el 7 %, según el informe de Circle Economy. En el caso de la UE-27, con datos de Eurostat, el uso circular de materiales ha caído por debajo del 12 % y se encuentra estancado en los últimos años, mientras que en España no llega al 9 %.
La circularidad económica en el mundo está disminuyendo, mientras que la gran mayoría de los materiales extraídos que se incorporan a la economía son vírgenes
Las limitaciones para cerrar los ciclos materiales y conseguir una recuperación en su totalidad son evidentes porque los procesos de reciclado están sometidos a límites insalvables, lo cual implica la inevitable dependencia económica del medio ambiente para seguir aportando materiales vírgenes al proceso productivo y seguir absorbiendo parte de sus residuos, aunque sea en cantidades mucho menores.
Una economía más espiral que circular
La circularidad no puede ser completa porque los procesos económicos reales derivan en un “bucle espiral-helicoidal” de degradación permanente por disipación de los materiales y de muchas sustancias empleadas en los procesos productivos a través de su uso. No todo se puede reciclar, porque existen límites termodinámicos y económicos y siempre quedarán residuos irreciclables. Cada vez que hacemos algo, perdemos irreversiblemente una parte. Llegar a una recuperación total del 100 % es imposible y la dependencia de los recursos naturales es inevitable, además de que cualquier proceso de reciclado requiere energía adicional que tiene que computarse en el balance global del ciclo de vida, incluyendo las externalidades negativas.
Por eso, en realidad, como ya hemos expuesto en otros trabajos1, deberíamos hablar mejor de una Economía Circular-Espiral sometida a una degradación material permanente. En algún punto, todos los sistemas se convierten en demasiado costosos para alcanzar la ganancia última en eficiencia. Aumentar los sistemas de reciclaje es beneficioso, pero pensando más allá del primer ciclo.
Más allá del "súper-reciclado"
No obstante, a pesar de las limitaciones, una circularidad sostenible aporta importantes oportunidades y beneficios socioeconómicos y ambientales. El nuevo modelo cíclico es mucho más ambicioso que un prototipo de uso eficiente de los recursos, con una minimización de los desechos y de las emisiones nocivas. La “idea-fuerza” de una economía circular es redefinir un sistema económico que sea esencialmente regenerativo a base de mantener los productos, componentes y materiales en sus niveles más altos de utilidad y valor, bajo el principio de eliminar el despilfarro y no destruir innecesariamente los bio-recursos y los geo-recursos naturales. Y un primer paso fundamental es desacoplar el crecimiento económico respecto del consumo de materiales y energía y del impacto ambiental para lograr procesos económicos ecoeficientes y más centrados en el bienestar global.
La “idea-fuerza” de una economía circular es redefinir un sistema económico que sea esencialmente regenerativo a base de mantener los productos, componentes y materiales en sus niveles más altos de utilidad y valor
En términos operativos, la economía de ciclos cerrados trasciende ampliamente la economía del “súper-reciclado”, ampliando las clásicas y famosas tres “R” (reducir, reutilizar, reciclar), con una “R-Tipología” extendida (rechazar, repensar, reparar, renovar, remanufacturar, readaptar, recuperar). De esta manera, se puede presentar una gama de opciones estratégicas ordenadas en una "escalera de circularidad", basada en la función del producto, que van desde una alta circularidad hasta una baja circularidad, siendo las partes superiores de la escalera las que permiten acelerar, en mayor grado, los procesos para reducir el consumo de recursos, minimizar la producción de residuos y primar los materiales reciclados.
La prioridad estratégica de la circularidad sostenible
Hay que contemplar la economía circular, no solamente como una solución a un problema ambiental, sino como una parte integral de las estrategias socioeconómicas, dado que es capaz de aportar beneficios a base de mejorar la competitividad, el trabajo y la autonomía estratégica de las economías.
Hay que contemplar la economía circular, no solamente como una solución a un problema ambiental, sino como una parte integral de las estrategias socioeconómicas
La aplicación de un enfoque de circularidad en el sistema económico ofrece una opción prioritaria para reducir el consumo de recursos naturales y contribuir a combatir la “emergencia climática-ambiental” y facilitar las transiciones de sostenibilidad ecológica y digital. La mitigación del cambio climático y la transformación del modelo energético con energías renovables, una movilidad más sostenible a través del vehículo eléctrico y las nuevas tecnologías de la presente revolución digital, dependen, en buena medida, de la disponibilidad de materiales críticos escasos que, en gran parte, pueden ser aportados a través de la implantación de procesos circulares de recuperación.
En este sentido, habría que destacar otras importantes oportunidades que ofrece la economía circular en términos de su contribución a la autosuficiencia estratégica y a la seguridad nacional. La circularidad es un principio básico para aumentar la resiliencia económica, social y ambiental por su capacidad de minimizar la alta y creciente dependencia de las importaciones y aumentar la seguridad en el suministro de materias primas, especialmente de los materiales críticos. El reciclaje de residuos eléctricos y electrónicos, cualificando adecuadamente la “minería urbana”, es especialmente importante para recuperar los metales raros y garantizar el suministro de estos recursos críticos (galio, indio, germanio, neodimio, platino, tantalio, cobalto, paladio, rutenio, entre otros), que permita avanzar en áreas de una innovación tecnológica puntera y en asegurar la continuidad de los sectores estratégicos.
La transición circular implica un cambio sistémico
La transición a una economía de metabolismo cerrado también exige una profunda renovación del modelo productivo, del tejido empresarial, de las estructuras de consumo y los modelos de gobernanza. Esto supone un cambio sistémico que implica profundas transformaciones en las cadenas de valor de los productos, en la operación de mercados y negocios circulares, en los modos de conversión de los residuos en activos, y en las nuevas formas de comportamiento de los consumidores, junto con el impulso de las políticas públicas.
La transición a una economía de metabolismo cerrado exige una profunda renovación del modelo productivo, del tejido empresarial, de las estructuras de consumo y los modelos de gobernanza
En cuanto a los modelos productivos, destaca la importancia del ecodiseño de los productos, dado que el 80% del impacto ambiental se concentra en la fase del diseño. Asimismo, son cruciales los nuevos modelos de gestión y de mercado, especialmente, la readaptación de modelos de negocio circulares en relación a los modos de consumo y estilos de vida sostenibles. Frente a una economía dirigida al producto (de comprar para poseer), mediante la circularidad se aboga por una economía más dirigida al servicio (servitización) apoyada por principios de corresponsabilidad como la “responsabilidad ampliada del productor” (RAP).
Integrar una “circularidad sostenible” en el metabolismo socioeconómico mediante una gestión regenerativa del ciclo de recursos-residuos es la base de un cambio sistémico
Adicionalmente, el empoderamiento de los ciudadanos en favor de la circularidad es esencial para un cambio transformador basado en un verdadero consumo colaborativo que permita compartir, redistribuir o reutilizar los productos, al tiempo que se combate la perversión de la “obsolescencia programada” y se incorpora decididamente el denominado “derecho a reparar”. La ciudadanía es corresponsable de tomar conciencia de su enorme fuerza para cambiar los estilos de vida y adoptar un mejor papel de usuarios activos en vez de compradores pasivos. De aquí, la importancia de la información y transparencia en las ecoetiquetas sobre la huella ambiental del producto, la eficiencia energética, y las condiciones de durabilidad y reparabilidad de los bienes para poder elegir mejor y alargar su vida útil.
Al mismo tiempo, las administraciones públicas tienen una gran responsabilidad, a la vez que un gran potencial de actuación incorporando esquemas avanzados de gobernanza. Los incentivos y la contratación pública de las administraciones pueden desempeñar un papel catalizador y ejemplarizante mediante el establecimiento de “criterios obligatorios” para la contratación pública circular de estos productos, frente a los criterios voluntarios existentes. De esta forma se puede mejorar el efecto palanca del gasto público para maximizar el impulso de la demanda de productos de mejor rendimiento, incorporando criterios de durabilidad, reparabilidad y productos reciclados.
Integrar una “circularidad sostenible” en el metabolismo socioeconómico mediante una gestión regenerativa del ciclo de recursos-residuos es la base de un cambio sistémico. El modelo lineal intentará afianzar soluciones incrementales dirigidas a la optimización y la mejora de eficiencia mostrando sus poderosos intereses, además de contar con las fuertes inercias del sistema dominante para resistirse a la modernización de la economía por vías sostenibles. Pero si se canalizan bien los “impulsores sistémicos” y los cambios socio-institucionales hacia una Economía Circular Sostenible, se pueden racionalizar las formas de consumo material y reajustar los estilos de vida de las sociedades para vivir bien y con justicia dentro de los límites ambientales.

