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En economía circular, uno de los grandes objetivos es conseguir que los materiales que utilizamos permanezcan circulando en nuestra economía el mayor tiempo posible, conservando su valor y reduciendo la necesidad de extraer nuevas materias primas.
Buena parte de los esfuerzos realizados durante las últimas décadas se han dirigido a mejorar nuestra capacidad para recuperar materiales. Hemos optimizado procesos, reducido consumos y aprovechado mejor los recursos. También hemos desarrollado sistemas de recogida, plantas de tratamiento, tecnologías de separación y procesos de valorización cada vez más sofisticados.
El esfuerzo ha sido enorme y ha permitido avanzar. Pero parece que estamos llegando a un punto en el que hacer más de lo mismo ya no es suficiente.
La gestión de los residuos municipales lleva años mostrando dificultades para avanzar al ritmo necesario y continúa lejos del objetivo del 65 % de reciclaje en 2035. Como las plantas de selección producen aproximadamente un 10% de rechazo, esto obliga a hacer las recogidas selectivas más eficientes para cumplir estos objetivos de reciclaje.
A escala global, la situación tampoco invita al optimismo. Según el Circularity Gap Report 2025, solo el 6,9 % de los materiales que entran en la economía mundial proceden de fuentes secundarias. Más del 93 % siguen un modelo esencialmente lineal de extracción, uso y descarte. Y la tendencia de fondo no está mejorando-
Necesitamos «pasar de pantalla». Y para conseguirlo no basta con seguir haciendo mejor lo que ya hacíamos. Necesitamos empezar a hacer cosas diferentes.
Una de las claves para ello puede estar en dos conceptos que están en el origen mismo de la simbiosis industrial: colaboración y visión sistémica.
Simbiosis industrial: colaboración y visión sistémica
Gracias a la colaboración en simbiosis podemos transformar un coste en una oportunidad de negocio: convertir un residuo en un recurso y hacer económicamente viables soluciones de economía circular que, de forma aislada, nunca llegarían a funcionar.
Pero estas sinergias solo pueden identificarse y desarrollarse desde una mirada sistémica. Porque los recursos no funcionan en compartimentos estancos. Forman parte de un mismo sistema.
Varias empresas pueden generar un material que una tercera actividad necesita. Una industria puede disponer de calor residual que puede ser aprovechado por otra. Una depuradora puede generar recursos que pueden utilizarse en agricultura o industria. Varias empresas pueden compartir una infraestructura de almacenamiento, tratamiento o logística.
Tenemos que dejar de mirar únicamente al final de nuestro propio tubo. Necesitamos subirnos a una escalera y mirar alrededor. Descubrir quién hay al final de los otros tubos. Entender qué recursos sobran a unos y cuáles necesitan otros.
Ahí es donde aparecen oportunidades que, vistas de manera aislada, simplemente no existen.
La colaboración en simbiosis permite transformar un coste en una oportunidad de negocio, convertir un recurso sobrante en materia prima para otra actividad y hacer económicamente viables soluciones circulares que, de forma aislada, nunca llegarían a funcionar. Y esta colaboración solo puede construirse desde una mirada sistémica.
Necesitamos dejar de gestionar recursos para empezar a gestionar ecosistemas.
El papel de la simbiosis industrial en la gestión de residuos
Pasar de la gestión de residuos a la gestión de recursos necesita de la visión sistémica de la que hablábamos antes. Tenemos que pasar de gestionar residuos a gestionar ecosistemas: conocer los flujos de materiales —sus entradas y salidas— de las empresas e identificar nuevas oportunidades entre ellas que hagan viables soluciones con impacto positivo, tanto para las propias empresas que las impulsan como para los territorios que las alojan e integran.
La simbiosis industrial puede trabajar de manera especialmente eficiente en dos puntos clave de la gestión de los residuos: las salidas de materiales, es decir, los residuos y recursos sobrantes susceptibles de recuperación, y las entradas de materias, entre ellas las materias primas secundarias o materiales reciclados.
En lo que se refiere a las salidas de materiales, la simbiosis industrial permite identificar y ubicar empresas que generan residuos similares para concentrarlos, facilitando soluciones mancomunadas y mejorando así la viabilidad de la logística inversa y de la recuperación de materiales.
Pensemos en nuestra economía lineal actual. Extraemos materiales concentrados en minas, explotaciones que abastecen a un número cada vez mayor de industrias transformadoras. A partir de ahí, esos materiales se distribuyen por toda la economía hasta llegar a cientos o miles de consumidores. ¡Y después nos pedimos recuperarlos!
Tenemos que ser capaces de saber dónde están, en qué cantidades y con qué características, y volver a concentrarlos. En el fondo, es también un problema de dispersión y logística. Un problema de entropía.
Aquí es donde la colaboración en simbiosis resulta especialmente efectiva. Gracias a ella pueden crearse nuevos modelos de negocio que hagan viables el transporte, las inversiones en infraestructuras, los procesos tecnológicos necesarios y otras soluciones que, de manera individual, no tendrían suficiente escala o rentabilidad.
El mercado de MPS como palanca de cambio
Durante años hemos trabajado fundamentalmente para aumentar la oferta de materiales recuperados: recoger más, separar mejor, reciclar más y obtener materiales secundarios de mayor calidad.
Todo ello sigue siendo necesario. Pero mejorar la oferta no garantiza que exista demanda.
Cuando una empresa recuperadora obtiene una materia prima secundaria, esta compite en muchos casos con materias primas vírgenes que disponen de mercados consolidados, especificaciones conocidas, cadenas de suministro establecidas y precios que no siempre reflejan sus impactos ambientales.
El resultado es una paradoja: podemos tener materiales técnicamente recuperables que terminan teniendo poco valor económico porque no existe una demanda suficiente, estable y predecible.
Por eso, desarrollar un mercado de materias primas secundarias exige trabajar simultáneamente en dos lados: la oferta de materiales recuperados y la demanda capaz de absorberlos.
Y a esta segunda dimensión no le hemos prestado hasta ahora suficiente atención, cuando podría convertirse en una herramienta eficaz para estimular la recuperación.
Porque la demanda puede ser precisamente el tractor que necesitamos para aumentar la recuperación: si existe una empresa dispuesta a comprar un determinado material secundario, aparecerá un incentivo para recuperarlo y gestionarlo correctamente.
Si existe una demanda estable y suficiente, puede justificar inversiones en nuevas infraestructuras de recogida, clasificación, tratamiento o transformación.
Y el efecto puede ir todavía más lejos: si sabemos que existe un mercado para un determinado material, los propios generadores tendrán incentivos para rediseñar sus procesos de manera que los recursos sobrantes sean recuperables y cumplan las especificaciones que demanda ese mercado.
La demanda puede, por tanto, actuar como palanca para transformar toda la cadena de valor.
La escala territorial es clave
La visión sistémica y la escala territorial plantean una cuestión clave para que estos mercados funcionen: la concentración y continuidad de los recursos.
Una empresa puede generar por sí sola un volumen insuficiente para justificar una determinada operación de recuperación. Pero puede haber decenas de empresas próximas generando materiales similares.
Del mismo modo, puede existir una industria con una demanda importante que ninguna fuente individual sea capaz de abastecer.
La escala territorial permite conectar ambas realidades.
En una comarca, un área industrial o una región encontramos simultáneamente empresas consumidoras de materias primas, actividades generadoras de recursos sobrantes, gestores y recicladores, infraestructuras de tratamiento, logística, centros tecnológicos y administraciones.
El reto es conectar estas piezas para construir cadenas de valor suficientemente grandes, estables y competitivas.
Aquí la simbiosis industrial tiene un papel especialmente relevante.
La simbiosis como palanca de cambio: ¿dónde puede actuar?
La simbiosis industrial, como estamos viendo, puede convertirse en una palanca para activar estos mercados; y lo hace trabajando sobre diferentes elementos del sistema.
Primero, identificando y mapeando los recursos.
Necesitamos conocer qué materiales sobrantes existen, quién los genera, en qué cantidades, con qué características, dónde están y cómo evolucionan en el tiempo.
Pero también necesitamos mapear la demanda: qué empresas consumen materias primas, cuáles podrían incorporar materiales secundarios y qué requisitos deberían cumplir.
Segundo, agregando oferta y demanda.
La concentración de recursos y de necesidades puede hacer viables soluciones que no lo serían para una única empresa. Agregar flujos permite alcanzar volúmenes suficientes y reducir costes de recogida, transporte y tratamiento.
Tercero, identificando las infraestructuras necesarias.
Una cadena circular necesita mucho más que un generador y un consumidor. Puede requerir recogida específica, logística inversa, almacenamiento, clasificación, pretratamiento, transformación o nuevas instalaciones de recuperación.
Cuarto, diseñando soluciones colaborativas.
A veces la solución no consiste en conectar dos empresas, sino en desarrollar conjuntamente una nueva infraestructura, compartir una inversión, adaptar procesos o crear un nuevo modelo de negocio.
Y quinto, facilitando las relaciones.
Los proyectos sistémicos son complejos. Intervienen numerosos agentes con intereses, conocimientos, lenguajes y capacidades diferentes. La colaboración no sucede automáticamente porque dos puntos aparezcan conectados en un mapa.
Hace falta alguien que ayude a construir la relación, analizar la viabilidad, identificar barreras y acompañar a los actores hasta convertir una oportunidad en un proyecto.
Los datos como infraestructura para el mercado
En todo este proceso, la digitalización puede desempeñar un papel fundamental. Porque para poder gestionar se necesita información. Se necesitan datos.
El mapeo de recursos permite construir una visión territorial de la oferta y la demanda y detectar oportunidades que serían difíciles de identificar desde una perspectiva individual. Pero el verdadero valor está en convertir estos datos en decisiones.
Qué materiales debemos priorizar. Dónde existe suficiente oferta. Qué demandas podrían activarse. Qué actores debemos conectar. Qué infraestructuras faltan. Qué oportunidades tienen suficiente potencial para convertirse en proyectos.
En simbiosis industrial, estos mapeos son indispensables y existen herramientas digitales que hacen mucho más eficiente y rápido este proceso. Algunas permiten incluso trabajar con datos estimados, un aspecto especialmente importante porque el acceso a datos reales es, en muchas ocasiones, limitado. Plataformas como SYNER utilizan datos estimados a partir de análisis estadísticos, big data e inteligencia artificial, lo que permite realizar mapeos de recursos y oportunidades en diferentes territorios y ecosistemas.
Los datos son la infraestructura inmaterial no solo de la simbiosis industrial, sino también de una gestión eficiente de los recursos.
Naturalmente, el mapeo y la disponibilidad de datos son solo el primer paso: permiten obtener una fotografía general para tomar decisiones. Pero nunca pueden sustituir a la colaboración y a la facilitación, tan necesarias para implementar las soluciones y hacer que las cosas sucedan.
De recuperar materiales a construir mercados
El desarrollo de un mercado consolidado de materias primas secundarias no depende únicamente de conseguir mayores tasas de reciclaje.
Necesita compradores, demanda, calidad, continuidad, logística, confianza e infraestructuras. Y necesita que estos elementos se desarrollen conjuntamente.
Por eso, quizá el próximo salto de las políticas de economía circular no deba consistir únicamente en preguntarnos cómo recuperar más toneladas, sino también:
¿Qué demanda podemos activar para que esas toneladas tengan un mercado?
La respuesta exige trabajar desde el territorio y a lo largo de toda la cadena de valor. Requiere conectar empresas generadoras y consumidoras, gestores, recicladores, tecnólogos, infraestructuras y administraciones. Y requiere hacerlo desde una visión sistémica.
La simbiosis industrial puede ser el espacio de colaboración donde todas estas piezas se encuentren.
La Plataforma de Simbiosis Industrial de Catalunya (PSIC), cuyo objetivo es facilitar el intercambio de recursos entre empresas y entidades, ya empieza a plantearse cómo utilizar esta capacidad de conexión para abordar el reto de activar la demanda: agregar recursos, identificar las infraestructuras necesarias y desarrollar cadenas de suministro de materias primas secundarias capaces de competir con las convencionales.
Es un camino largo y queda mucho trabajo por hacer. Pero hay que empezar. Y, en algún momento, hay que dar el primer paso.
Vamos allá.

