El acuerdo global contra el plástico llega tarde a su cita. Cuatro años después de que 175 países aprobaran la creación del primer tratado global contra la contaminación por plástico, el acuerdo está en un limbo. Impulsado en 2022 por la Asamblea de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente (UNEA, por sus siglas en inglés), dos años después debería haberse completado un borrador que abordara el ciclo de vida completo de los plásticos, incluyendo su diseño, producción y eliminación. El borrador debía ser ratificado en 2025 y se habría logrado así un instrumento internacional jurídicamente vinculante sin parangón. Pero aquí estamos, con resistencias de la Administración de Donald Trump y otras potencias petroquímicas incluidas. Mientras, 2030, el año horizonte para tantos objetivos de sostenibilidad, se acerca inexorablemente.
Pese a estas trabas, Constance Granier, responsable del programa para el Compromiso Global de la Fundación Ellen MacArthur, ve esperanza, aunque mantiene los pies en el suelo. Su fundación hace un llamamiento por el acuerdo porque, aseguran, un tratado sólido acelerará significativamente y a gran escala "las soluciones que ya sabemos que funcionan". Granier reconoce que no hay una única solución milagrosa por la circularidad de los plásticos, pero designa varias palancas que ayudarían a avanzar. Modelos de reutilización, el papel de la Responsabilidad Ampliada del Productor (RAP) y la simbiosis público-privada son claves que, aunque familiares, no terminan de activarse de forma ambiciosa, considera la experta. El contexto es más complejo de lo que parece.
El mundo empresarial, el industrial, el institucional… son diversos y, a veces, distantes. ¿Hay un objetivo común sobre la economía circular?
Sabemos cuál es el destino. 1.200 organizaciones en todo el mundo respaldan nuestra visión compartida de una economía circular en la que eliminemos los plásticos que no necesitamos, innovemos hacia modelos de reutilización y nuevos materiales, y volvamos a poner en circulación los plásticos que aún utilizamos. Esto ofrece una solución de raíz a la contaminación por plásticos con profundos beneficios para la economía, la naturaleza, las personas y las sociedades.
¿Hay también una solución común?
Aquí nos encontramos en una encrucijada. Al abordar los desafíos globales, el optimismo inicial sobre lo que es posible choca cada vez más con las complejas realidades de escalar soluciones en un mundo cambiante e incierto. Dada la complejidad de la implementación a escala y las disparidades geográficas, no existen soluciones mágicas; se requieren múltiples vías para acelerar aún más la transición hacia la economía circular.
“Dada la complejidad de la implementación a escala y las disparidades geográficas, no existen soluciones mágicas; se requieren múltiples vías para acelerar aún más la transición hacia la economía circular”
Dentro de esas múltiples vías, proponéis la Agenda 2030 de Plásticos para las Empresas. ¿Cuáles son sus claves?
Nuestra agenda establece una hoja de ruta para los próximos cinco años con el fin de contribuir a la transformación del mercado. Se propone hacerlo mediante una combinación de defensa colectiva, acción colaborativa y acción individual, centrándose en las barreras sistémicas más críticas. Con medidas prioritarias específicas para cada una de ellas.
Vuestra Agenda 2030 se dirige a las empresas, pero desde la Fundación, en colaboración con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y el Compromiso Global, también habéis unido a más de 500 organizaciones a favor de la economía circular para los plásticos. ¿Se puede hacer? ¿Cómo?
Mientras que la Agenda 2030 se centra en el papel de las empresas, otros actores, en particular los gobiernos, también tienen un papel crucial para conseguir una economía circular. A pesar de los desafíos en el proceso de negociación, existe una creciente alineación y urgencia para obtener un tratado global sobre plásticos efectivo que impulse regulaciones armonizadas, con el objetivo de poner fin a la contaminación por plásticos.
En pocos años, hemos visto progresos significativos. De unos plásticos que antes estaban ausentes de la agenda política global, el proceso ha avanzado considerablemente desde la la resolución 5/14 de la UNEA hacia propuestas concretas y borradores de texto en los recientes Comités Intergubernamentales de Negociación (INC). Estamos ahora más cerca que nunca de una acción global coordinada. Ahora se necesitan discusiones provisionales sólidas para que los países se alineen, tanto en el fondo como en el proceso necesario, para que estas negociaciones tengan éxito.
Sin una bala de plata para los plásticos
Mientras llega esa acción global coordinada, la contaminación y la falta de reutilización continúan. Los residuos plásticos ahora están en la agenda política global, sí, pero enfrentar su circularidad es un desafío amplísimo. Cada envase tiene su idiosincrasia y, dentro de la perspectiva general, hay que bajar a lo concreto.
Un ejemplo son los plásticos flexibles (como las bolsitas y los envoltorios), uno de los segmentos más difíciles de circularizar. También uno de los de impacto más estructural. Porque la contaminación causada por los envases de plástico flexible es un problema sistémico: se calcula que en los próximos 15 años llegarán a nuestros océanos unos 20 billones de artículos. Para buscar formas de paliar esta situación, desde la Fundación MacArthur proponen ideas innovadoras; por ejemplo, utilizar nuevos materiales, como el papel. Pero hay más retos.
En el informe Envases flexibles de papel: el rol que podrían desempeñar en la lucha contra la contaminación por plásticos flexibles de pequeño formato en mercados con altas tasas de fuga, proponéis esta solución. ¿Es la definitiva?
No existe una solución milagrosa, por lo que incorporar alternativas de papel a la gama de opciones amplía de forma útil el abanico de recursos, complementando otras soluciones prioritarias, como los envases reutilizables. Las alternativas a base de papel tienen la ventaja de que pueden diseñarse más fácilmente para ser tanto reciclables como biodegradables. En mercados donde existe una alta probabilidad de que los envases flexibles acaben en el medio ambiente, esto permitiría su reciclaje una vez que se hayan establecido sistemas de recogida y reciclaje, al tiempo que se reduciría la contaminación por plásticos persistentes en caso de que se filtren al medio ambiente. El informe es especialmente relevante para países como India, Indonesia, Filipinas, Tailandia y Vietnam.
Pero el informe también advierte de que, sin un diseño y un abastecimiento cuidadosos, los envases de papel pueden ofrecer pocos o ningún beneficio…
Este informe está avalado por más de 45 organizaciones de la cadena de valor del plástico. En él, para evitar cambiar un problema por otro (por ejemplo, la contaminación con plásticos por la deforestación) definimos seis criterios críticos:
- Abastecimiento responsable para evitar contribuir a la degradación forestal.
- Producción responsable para minimizar la presión sobre el clima y los recursos hídricos.
- Cumplimiento de las necesidades técnicas, económicas y del consumidor para ser viable en la práctica.
- Reciclable localmente y respaldado por esfuerzos para escalar la infraestructura de recolección.
- Que se eviten químicos peligrosos y la contaminación plástica persistente.
- Que encaje dentro de una estrategia de economía circular más amplia y socialmente inclusiva.
Si nos centramos ahora en el envase reutilizable, ¿por qué está siendo tan difícil escalar los modelos de reutilización y recarga a la misma velocidad?
Muchos estudios sugieren que el envase reutilizable tiene el potencial de ser uno de los mayores impulsores para reducir la contaminación por plásticos. Pero la economía de la reutilización a menudo solo funciona a escala, lo que requiere, por ejemplo, una infraestructura compartida de recogida y limpieza, así como una amplia aceptación por parte de los consumidores. La incertidumbre sobre cómo lograr esta escalabilidad, cuándo será competitiva en costes frente al envase de un solo uso y qué mecanismos políticos lo permitirían, está frenando la masa crítica necesaria para avanzar.
Cómo hacer que la reutilización escale
- Ampliar los modelos de reutilización individuales. Cuando proceda, teniendo en cuenta que muchos tipos de reutilización requieren colaboración o políticas, pero que otros (por ejemplo, el rellenado en casa) pueden ser ampliados por empresas individuales para los tipos de productos en los que encaje.
- Unirse a iniciativas de demostración a gran escala, que involucren múltiples marcas y minoristas, cuenten con infraestructura y envases compartidos y se realicen a escala de ciudad o país. El objetivo es aprender, influir en las políticas públicas y conseguir financiación para seguir ampliando su alcance.
- Alinear y abogar por políticas efectivas que mejoren la viabilidad, factibilidad y deseabilidad de los sistemas de reutilización a escala.
“Muchos estudios sugieren que el envase reutilizable tiene el potencial de ser uno de los mayores impulsores para reducir la contaminación por plásticos, pero la economía de la reutilización a menudo solo funciona a escala”
En todo este proceso, ¿qué papel desempeña la Responsabilidad Ampliada del Productor?
La RAP es una parte necesaria de la solución para crear la economía circular de envases que buscamos. Los esquemas de RAP, mediante los cuales todos los actores de la industria que introducen envases en el mercado aportan fondos dedicados a su recolección y procesamiento después de su uso, son las únicas vías probadas y probables para proporcionar el financiamiento requerido. Sin estas políticas, es poco probable que la recolección y el reciclaje escalen significativamente. Decenas de millones de toneladas de envases seguirán terminando en el medio ambiente cada año.
“La RAP es una parte necesaria de la solución para crear la economía circular de envases que buscamos”
¿Qué otros beneficios pueden sumar los esquemas de RAP? ¿Son los mismos en todo el mundo?
Son más que un simple mecanismo de financiación y pueden aportar muchos beneficios adicionales, como mejorar la eficiencia y la transparencia del sistema e incentivar soluciones de envasado en las fases iniciales de la cadena de suministro. El diseño y la implementación de estos esquemas son cruciales. Ningún esquema RAP existente es perfecto y hay que tener en cuenta muchos elementos durante su diseño e implementación, entre ellos el contexto local y la agenda política, más allá de la economía circular. Por lo tanto, nos comprometemos a colaborar de forma constructiva con otras partes interesadas para que la RAP funcione en diferentes zonas geográficas de todo el mundo, ya que reconocemos que es una parte necesaria de la solución al problema de los residuos de envases y la contaminación.
Ningún esquema RAP existente es perfecto y hay que tener en cuenta muchos elementos durante su diseño e implementación, entre ellos el contexto local y la agenda política, más allá de la economía circular
La RAP del productor es parte de la solución, pero… ¿es la solución definitiva?
Reconocemos que, aunque es una parte necesaria y vital, por sí sola es insuficiente y debe complementarse con un conjunto más amplio de políticas, así como con la acción voluntaria de la industria y la innovación hacia una economía circular para los envases. En ese sentido, el apoyo de la industria a una RAP bien diseñada (incluido un llamamiento explícito a su implementación por parte de unas 100 empresas en 2021, encabezado por la Fundación Ellen MacArthur, junto con el trabajo del Consumer Goods Forum, entre otros) ha contribuido a acelerar el desarrollo de políticas de RAP en todo el mundo.
Empresas y gobiernos, un tándem imperativo y urgente
El futuro debe ser circular y cada vez más instituciones y compañías se suman a este llamado. Pero para que este desarrollo de verdad se acelere, Granier recuerda que las medidas políticas y las acciones empresariales deben darse la mano, reforzarse y complementarse. El Compromiso Global, por un lado, y la Coalición Empresarial para un Tratado Global sobre los Plásticos, por otro, demuestran que la industria está más que preparada para elevar su nivel de competencia.
Para que esto tenga un empuje mayor y el listón se eleve, debe haber políticas gubernamentales ambiciosas que las respalden y motiven, añade. La experta lo tiene claro: industria y gobiernos deben trabajar juntos para superar los obstáculos y lograr un panorama político internacional armonizado. Pero queda demasiado camino para un horizonte muy cercano: solo cuatro años para 2030.
Aún queda mucho por hacer para alcanzar la circularidad. ¿Cómo se logra que marcas competidoras, gestores de residuos y gobiernos cooperen de verdad hacia una infraestructura circular compartida?
No es posible abordar las barreras sistémicas de forma aislada. La colaboración suele ser la única forma viable de establecer nuevos comportamientos de consumo, infraestructuras o cadenas de suministro. En este sentido, no se trata de proyectos piloto a pequeña escala, sino de colaboraciones mayores que involucren a una masa crítica de empresas, se desarrollen a escala municipal o nacional y cuenten con una hoja de ruta clara para seguir ampliándose. Estas iniciativas de demostración no solo prueban que es posible, sino que también revelan dónde se necesitan intervenciones políticas específicas para que el modelo de negocio funcione a pleno rendimiento.
“No es posible abordar las barreras sistémicas de forma aislada. La colaboración suele ser la única forma viable de establecer nuevos comportamientos de consumo, infraestructuras o cadenas de suministro”
¿Qué pasos concretos se pueden dar?
Por ejemplo, para impulsar la innovación en materiales para envases flexibles, las empresas deben compartir sus esfuerzos de I+D con el fin de reducir el coste, el riesgo y los plazos para llevar las innovaciones en materiales al mercado a gran escala, cuando sea pertinente, y en consonancia con una visión común. Para ampliar la infraestructura de recogida y reciclaje, las empresas deben financiar conjuntamente transformaciones a escala de ciudad en el sur global de la infraestructura de recogida y reciclaje de envases de plástico, asegurando una transición justa para los recolectores de residuos, desbloqueando la coinversión de fondos públicos y privados, y demostrando que existe una vía hacia la transformación del sistema a escala nacional.
En este contexto, ¿por qué defendéis el Tratado Global sobre Plásticos?
Los argumentos medioambientales son innegables y los económicos, evidentes: un tratado basado en una normativa armonizada es la forma más económica y eficaz de lograr un impacto duradero en la contaminación por plásticos. Aportaría la claridad y la coherencia necesarias para aumentar significativamente la reciclabilidad y la reutilización de los productos en todo el mundo, ampliar el suministro de contenido reciclado de alta calidad y reducir su coste, además de reducir el riesgo de las inversiones en la infraestructura necesaria y la ampliación de las soluciones de economía circular.
“Un tratado basado en una normativa armonizada es la forma más económica y eficaz de lograr un impacto duradero en la contaminación por plásticos”
¿Recalaría de forma positiva en el sector? ¿Y en los distintos países?
Para las empresas y los inversores, proporcionaría una certeza muy necesaria para mejorar la toma de decisiones a largo plazo y reducir el coste del capital, lo que les permitiría catalizar la inversión y la innovación hacia la creación de valor a largo plazo. Un tratado sólido con obligaciones firmes y regulaciones armonizadas sobre elementos clave (incluidas las restricciones y las eliminaciones progresivas, el diseño de productos y la RAP) puede impulsar la coherencia más allá de las fronteras con la flexibilidad suficiente para respaldar las ambiciones nacionales.
Mirando a los próximos años, ¿crees que habremos conseguido convertir la economía circular en una norma mundial para 2030?
En nuestra Agenda 2030, nos comprometemos a centrarnos en catalizar y apoyar acciones colaborativas audaces para crear las condiciones necesarias para que la reutilización se generalice, impulsar la innovación en materiales para los envases de plástico flexible, y demostrar y ampliar la infraestructura de recogida y reciclaje en el sur global. Estos nuevos tipos de colaboración exigirán una mayor inversión y un compromiso a largo plazo, y no todos tendrán éxito. Compartiremos abiertamente las lecciones aprendidas, tanto los éxitos como los reveses.

