Un estudio multidisciplinar identifica un deterioro gradual de la calidad del agua del Guadalquivir

La investigación, liderada por la Universidad de Córdoba y el ICMAN-CSIC, combina por primera vez indicadores fisicoquímicos y biológicos para evaluar la calidad del agua desde el nacimiento hasta la desembocadura del río
14-07-2026

La calidad del agua del río Guadalquivir es, en términos generales, buena a lo largo de todo su recorrido, aunque experimenta un deterioro gradual desde su nacimiento hasta la desembocadura. Esta es la principal conclusión de un estudio desarrollado por investigadores de la Universidad de Córdoba y del Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía (ICMAN-CSIC), que aplica por primera vez un enfoque multidisciplinar para evaluar de forma integral el estado ecológico del principal río andaluz mediante la combinación de indicadores fisicoquímicos y microbiológicos.

 

El estudio analizó 20 puntos de muestreo a lo largo de los 657 kilómetros del Guadalquivir e integró 25 variables fisicoquímicas con el análisis de la comunidad microbiana del río.

 

El trabajo, publicado en la revista Journal of Contaminant Hydrology, ha sido desarrollado por los grupos Biología Molecular de los Mecanismos de Respuesta a Estrés y Bioingeniería de Residuos: Ingeniería Verde de la Universidad de Córdoba, junto con el grupo Ecotoxicología, Ecofisiología y Biodiversidad de los Sistemas Acuáticos del ICMAN-CSIC.

 

Evaluación integral de la calidad del agua

Hasta ahora, los estudios sobre el Guadalquivir habían abordado aspectos concretos de la calidad del agua, pero no existía una evaluación de todo el cauce que integrara variables fisicoquímicas y biológicas.

Para ello, el equipo empleó el Índice de Calidad del Agua, un indicador estandarizado a nivel internacional que incorpora parámetros como el pH, la concentración de oxígeno disuelto, la turbidez o la presencia de coliformes. En total se analizaron 25 variables fisicoquímicas, de las que se seleccionaron las nueve contempladas por este índice mediante un sistema de ponderación.

Según explica el investigador José Ángel Siles, los resultados muestran que “la calidad del río en general es buena”, aunque se identificaron algunos tramos en los que esta disminuye ligeramente, una situación similar a la observada en otras cuencas hidrográficas.

La principal aportación del estudio consiste en incorporar, además, un análisis de la comunidad microbiana presente en el agua. La investigadora Marina Barbudo, primera autora del trabajo, señala que el equipo caracterizó el microbioma de todo el río y calculó distintos índices biológicos para complementar la evaluación de la calidad del agua.

Al integrar ambos tipos de indicadores, los investigadores detectaron un descenso progresivo de la calidad a lo largo del curso del Guadalquivir, aunque manteniéndose siempre dentro de niveles considerados adecuados.

 

Los indicadores biológicos revelan alteraciones no detectadas por la química

Uno de los aspectos más relevantes del estudio es que los análisis microbiológicos permiten identificar alteraciones que pueden pasar desapercibidas mediante los métodos fisicoquímicos convencionales.

Los investigadores explican que determinados contaminantes presentes en concentraciones muy bajas pueden interactuar entre sí y generar efectos tóxicos que no siempre quedan reflejados en los parámetros químicos, pero sí producen cambios en las comunidades microbianas.

En este sentido, la investigadora Carmen Michán destaca que “la caracterización biológica ayuda a ver lo que a veces no se detecta sólo con el análisis fisicoquímico”.

 

Los investigadores detectaron una reducción significativa de la diversidad bacteriana en el curso medio-alto del río pese a que los indicadores fisicoquímicos mostraban una buena calidad del agua.

 

Precisamente, uno de los hallazgos más llamativos se localizó en el tramo medio-alto del Guadalquivir, donde el índice fisicoquímico indicaba un buen estado del agua, mientras que los parámetros microbiológicos evidenciaban una disminución considerable de la diversidad bacteriana y una elevada presencia de microorganismos oportunistas tolerantes, especialmente de la familia Comamonadaceae, un patrón asociado a procesos de deterioro ecológico.

Aunque el origen de esta alteración aún no ha podido determinarse, el equipo plantea como posibles líneas de investigación el estudio de los afluentes que desembocan en ese tramo o la influencia de la actividad agrícola del entorno, caracterizada por el predominio del cultivo del olivar.

 

Una metodología aplicable a otros ríos

Para la realización del estudio se recogieron muestras de agua en 20 puntos distribuidos a lo largo de los 657 kilómetros del Guadalquivir, durante el final de un periodo de sequía, una etapa especialmente exigente para la calidad del agua debido a la influencia de las condiciones hidrológicas.

Los resultados reflejan un deterioro gradual, más acusado en el tramo medio-bajo del río, un comportamiento que los investigadores consideran habitual en los grandes cauces de agua dulce.

A juicio del equipo, la metodología desarrollada constituye una herramienta eficaz para mejorar la evaluación del estado ecológico de los ríos. Según señala el investigador Arturo Chica, este enfoque multidisciplinar demuestra su utilidad para identificar secciones deterioradas y podría emplearse para elaborar mapas de riesgo que permitan localizar puntos críticos y detectar amenazas ambientales que no resultan visibles mediante los métodos convencionales.

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