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Bioenergía y licencia social: cuando territorio y ciudadanía entran en el proyecto

Más allá de su viabilidad técnica y económica, el desarrollo del biogás y el biometano depende cada vez más de la integración territorial, la transparencia, la participación y la generación de valor compartido
Autor/es
Griselda Romero
Publicado en
14-10-2026

España quiere producir más biogás y biometano. Aunque el despliegue del sector responde a una estrategia energética de país, cada nueva planta se construye en un territorio concreto, con necesidades, condicionantes y expectativas propias. Es en esa escala local donde la integración territorial y la aceptación social adquieren una importancia creciente.

La contribución de estas instalaciones a la valorización de residuos orgánicos, la producción de gases renovables y la descarbonización explica el interés por acelerar su desarrollo. Sin embargo, su necesidad no garantiza por sí sola su aceptación. La ubicación, los posibles impactos, la relación con las actividades existentes y el valor generado en el entorno condicionan una relación que empieza antes de la construcción y continúa durante toda la vida útil de la instalación.

 
Cuando la autorización administrativa deja de ser suficiente

Un proyecto puede ser técnicamente viable, ambientalmente necesario y administrativamente autorizable y, aun así, encontrar dificultades para implantarse.

Detrás de las resistencias existen preocupaciones sobre olores, tráfico, emisiones, seguridad, impactos paisajísticos o distribución territorial de costes y beneficios. Reducirlas a una simple oposición vecinal puede ocultar cuestiones legítimas que requieren respuestas.

La denominada licencia social surge precisamente de esa diferencia entre disponer de autorización y contar con el reconocimiento y la confianza del entorno. No consiste únicamente en comunicar las ventajas de una instalación, sino en construir una relación con quienes convivirán con ella.

 
Diseñar un proyecto también significa comprender el territorio

La integración territorial debe comenzar antes de cerrar las principales decisiones. Conocer los usos del suelo, las actividades económicas, la disponibilidad de materias primas, las infraestructuras y las preocupaciones locales permite adaptar la ubicación, dimensión y funcionamiento de las instalaciones.

Agricultores, ganaderos, administraciones y comunidades locales forman parte de ese análisis. Incorporar su conocimiento puede contribuir a prevenir conflictos y mejorar el propio diseño del proyecto.

 
La confianza se construye antes de que aparezca el conflicto

Las fuentes consultadas coinciden en la importancia de establecer un diálogo temprano, transparente y comprensible. Informar no equivale a participar: la ciudadanía necesita espacios para plantear dudas, trasladar propuestas y conocer cómo se tienen en cuenta.

Explicar los posibles impactos, establecer compromisos verificables y aclarar qué decisiones pueden modificarse resulta fundamental. La confianza no puede construirse únicamente mediante campañas de comunicación.

 
La licencia social se mantiene durante toda la vida del proyecto

La puesta en marcha contrasta los compromisos iniciales con el funcionamiento real. La gestión de olores, tráfico, ruido o emisiones, el seguimiento ambiental y la respuesta ante incidencias condicionan la convivencia cotidiana.

Mantener canales de interlocución, compartir datos verificables y responder con transparencia permite sostener una relación que no termina cuando se obtiene la autorización.

 
La integración territorial como oportunidad para construir mejores proyectos

Una integración efectiva puede traducirse en empleo local, oportunidades para agricultores y ganaderos, valorización de recursos orgánicos, recuperación de nutrientes y actividad económica en el medio rural.

También puede mejorar la viabilidad de las instalaciones y favorecer el desarrollo del conjunto del sector. Los proyectos actuales contribuirán a determinar la confianza con la que los territorios reciban las futuras plantas.

 

Lee el reportaje completo en RETEMA

Con las aportaciones de Naiara Ortiz de Mendíbil, secretaria general de Sedigas; Carmen López-Quintana, directora del Clúster de Residuos de Cataluña (CREC); Sigrid Muñiz San Martín, doctora en Ciencias Ambientales y facilitadora de procesos de gobernanza ambiental y territorial; Ángela Sainz Arnau, directora de Comunicación de la European Biogas Association (EBA); y la empresa Veolia España, el reportaje profundiza en los desafíos de la licencia social, la participación ciudadana, la integración territorial y las condiciones necesarias para desarrollar proyectos de biogás y biometano capaces de generar confianza y valor compartido.

 

Consulta el reportaje completo publicado en el número 273, especial Bioenergía 2026, de RETEMA.

 

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