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España afronta desde hace años un problema ambiental complejo, pero por suerte contamos también con una solución eficaz, inmediata y tecnológicamente madura. La correcta gestión de los residuos agrícolas y ganaderos (purines, estiércoles, restos de cosechas o subproductos vegetales) son una consecuencia inevitable de un sistema agroalimentario estratégico para nuestra economía, nuestra balanza comercial y nuestra forma de vida. Esta realidad está ya hoy en nuestros campos. Nos guste o no, anualmente se generan millones de toneladas de residuos para los cuales, hasta ahora, no ha habido una solución clara en un contexto de exigencias ambientales crecientes, presión regulatoria y una necesaria transición hacia modelos productivos más sostenibles.
Conviene decirlo con claridad desde el principio: este reto no puede ni debe abordarse desde la acusación al sector ganadero o agrícola. En la mayoría de los casos, los profesionales del campo cumplen con normativas cada vez más exigentes y gestionan sus explotaciones con los recursos de los que disponen. El problema es estructural y sistémico. Y, precisamente por eso, requiere de soluciones colectivas, tecnológicamente maduras y ambientalmente eficaces.
El problema de los residuos es estructural y sistémico. Y, precisamente por eso, requiere de soluciones colectivas, tecnológicamente maduras y ambientalmente eficaces.
El metano y la gestión de residuos: una señal de alarma y una oportunidad
El sector agroganadero es hoy el principal emisor de metano tanto a escala global como en España, un gas 80 veces más contaminante que el CO2 emitido de manera directa a la atmósfera. Según los últimos datos disponibles del INE, en 2024 fue responsable de 904.558,7 toneladas de metano emitidas a la atmósfera, por delante incluso de actividades como la gestión de residuos urbanos o el tratamiento de aguas residuales. Buena parte de estas emisiones, además de otros gases como el CO2 o sulfuro de hidrógeno (H2S), proceden de la descomposición no controlada de purines, estiércoles y otros residuos orgánicos, que liberan metano de forma difusa, constante y sin ningún tipo de aprovechamiento.
Desde el punto de vista climático, el impacto es evidente. Desde el punto de vista agronómico, el problema no es menor: la gestión inadecuada de estos residuos contribuye a la pérdida de nutrientes valiosos y a procesos de nitrificación que degradan los suelos y tensionan el cumplimiento de normativas sobre nutrición de suelo sostenible.
Sin embargo, ese mismo metano que hoy se emite sin control son, en realidad, energía renovable que se está perdiendo. Y ahí es donde la digestión anaerobia y el biometano se revelan como una solución inmediata, eficaz y probada.
La digestión anaerobia no es una promesa de futuro, sino una tecnología con décadas de desarrollo en Europa.
Digestión anaerobia: tecnología madura para un problema actual
La digestión anaerobia no es una promesa de futuro, sino una tecnología con décadas de desarrollo en Europa. Su principio es bien conocido: es un proceso controlado, en ausencia de oxígeno, en el que los residuos orgánicos se transforman en una mezcla de gases (biogás), constituida fundamentalmente por metano y dióxido de carbono, y un material digerido estabilizado e higienizado que puede ser transformado en un producto fertilizante.
Aplicada a la gestión de residuos agroganaderos, la digestión anaerobia permite reducir de forma muy significativa las emisiones de metano asociadas al almacenamiento y manejo de purines y estiércoles, minimizar olores, esterilizar el sustrato para eliminar la carga de patógenos y transformar un residuo problemático en dos recursos: energía renovable y fertilización orgánica.
La escala en la que se realiza este proceso puede variar, desde pequeñas instalaciones asociadas a una sola explotación a plantas que centralicen en un punto la gestión de las materias primas de su entorno, siempre partiendo de un concepto de economía circular de cercanía. No obstante, en España la inversión necesaria para implantar esta tecnología a pequeña escala está fuera del alcance de la gran mayoría de las explotaciones individuales, lo que hace inalcanzable para muchas granjas implementar la solución más eficaz al problema de la gestión de sus residuos. Por eso, los modelos colectivos, las plantas centralizadas y las soluciones industriales bien diseñadas resultan esenciales para que esta tecnología sea accesible, eficiente y ambientalmente coherente para el entorno rural.
Los modelos colectivos, las plantas centralizadas y las soluciones industriales bien diseñadas resultan esenciales para que esta tecnología sea accesible, eficiente y ambientalmente coherente para el entorno rural.
Del residuo al recurso: energía y nutrientes bien gestionados
Uno de los grandes valores del biometano es su capacidad para cerrar ciclos. Los purines, estiércoles y residuos agrícolas no solo sirven para producir gas renovable. El digestato resultante, correctamente tratado, tiene gran potencial agronómico, además de estar higienizado y estabilizado, es decir, es un producto de aplicación más segura y medioambientalmente sostenible que los fertilizantes tradicionales.
En el caso de Biorig, el modelo va un paso más allá. El proceso de digestión anaerobia de la compañía se centra en exclusiva en purines, estiércoles y paja, con el que se obtiene un digestato que transformamos a mayores en fertilizantes orgánicos certificados conforme al Reglamento (UE) 2019/1009 que se entrega a los agricultores cercanos a las instalaciones. Esto permite disponer de productos que devuelve nutrientes al campo con trazabilidad, al tiempo que cuenta con una composición conocida y encaje normativo, facilitando el cumplimiento de la legislativo y evitando la aplicación excesiva o desordenada de nutrientes en los cultivos.
No solo se trata solo de sustituir fertilizantes minerales –habitualmente importados- por una enmienda orgánica y ‘kilómetro 0’; sino de ordenar los flujos de nutrientes en el territorio, mejorar la fertilidad del suelo y reducir emisiones asociadas a los procesos de fabricación de los fertilizantes inorgánicos tradicionales. Es una aproximación plenamente alineada con el concepto de intensificación sostenible que defienden organismos como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) o el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC): producir de forma eficiente, reduciendo impactos y cerrando ciclos de materia y energía.
Escala, eficiencia y percepción social
El debate sobre la escala es inevitable. Como señalaba el profesor de la Universidad Politécnica de Cataluña Xavier Flotats, mejorar la eficiencia ambiental suele implicar cambios de dimensión y de modelo. Sistemas más dispersos y aparentemente “tradicionales” pueden generar, en conjunto, más emisiones que soluciones centralizadas con tecnologías de control, recuperación de metano y gestión avanzada de digestatos.
Aceptar que determinadas infraestructuras son necesarias no siempre es sencillo, especialmente en el medio rural, donde las percepciones y la convivencia son factores clave. Por eso, la transparencia, el rigor técnico y la implicación temprana de los actores locales son condiciones imprescindibles. No se trata de imponer proyectos, sino de construir soluciones compartidas que aporten mejoras ambientales reales al territorio.
La transparencia, el rigor técnico y la implicación temprana de los actores locales son condiciones imprescindibles para la aceptación de estos proyectos.
Biometano: una pieza estratégica de la transición en busca de un marco estable
Más allá de la gestión de residuos, el biometano desempeña un papel estratégico en la transición energética. Es una energía renovable, almacenable, gestionable y compatible con las infraestructuras gasistas existentes. Permite descarbonizar usos difíciles de electrificar y refuerza la seguridad energética en un país altamente dependiente de importaciones fósiles.
Pero, sobre todo, en el ámbito agroganadero, el biometano es una herramienta para transformar un problema ambiental en una oportunidad de desarrollo rural, empleo cualificado y modernización del sector.
Para que España alcance todo su potencial, es imprescindible crear un marco estable que aporte certidumbre a largo plazo. El principal cuello de botella hoy no es tecnológico, sino económico y regulatorio. España cuenta con uno de los mayores potenciales de producción de biometano de Europa, especialmente en comunidades con fuerte presencia agroganadera, pero ese potencial solo se materializará si existe una demanda capaz de absorber de forma estable el gas renovable producido. Orientar las políticas de apoyo hacia el consumo —mediante incentivos a la sustitución parcial del gas fósil por biometano, mecanismos fiscales o contratos de compra a largo plazo— es clave. Otros países europeos como Alemania o Italia han demostrado que estimular la demanda es una palanca eficaz para consolidar un sector industrial sólido y competitivo.
Junto a ello, es necesario avanzar en un marco normativo claro y coordinado para los gases renovables, que agilice los trámites administrativos y armonice criterios entre las 17 comunidades autónomas. El biometano se sitúa en la intersección de las políticas energética, agraria, ambiental e industrial, lo que exige una mayor coordinación institucional y espacios de interlocución estables entre administraciones -incluyendo a los niveles más básicos de la administración-, que también integre al sector primario y la industria. Solo así el biometano podrá consolidarse como una solución estructural para la gestión de residuos, la descarbonización y el desarrollo económico de los territorios.
La cuestión de fondo no es si necesitamos plantas de biogás o biometano, sino qué modelo agroalimentario, energético y ambiental queremos para las próximas décadas.
Una decisión de presente
La cuestión de fondo no es si necesitamos plantas de biogás o biometano, sino qué modelo agroalimentario, energético y ambiental queremos para las próximas décadas. Si aspiramos a reducir emisiones, gestionar correctamente los residuos y mantener un medio rural vivo y competitivo, soluciones como la digestión anaerobia son imperativas.
El biometano ayuda a convertir al sector agroganadero en parte de la solución para la gestión de sus residuos, al mismo tiempo que contribuye a preservar un sector crítico para nuestra seguridad alimentaria, generar oportunidades en el mundo rural y mejorar la huella climática del sector primario. Con tecnología, diálogo y un marco regulatorio que aporte certidumbre, España tiene ante sí la oportunidad de convertir un problema ambiental que arrastramos desde hace décadas en una palanca de sostenibilidad y desarrollo. Esa realidad está al alcance de nuestra mano, y no podemos permitirnos dejarla escapar.

