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Hace unos días, HISPACOOP (Confederación Española de Cooperativas de Consumidores y Usuarios), presentó en Madrid el primer estudio cuantitativo sobre la percepción ciudadana del futuro Sistema de Depósito, Devolución y Reembolso (SDDR) en España. Con 1.600 encuestas telefónicas realizadas entre el 9 y el 26 de mayo de 2026, el estudio ofrece una radiografía valiosa de cómo ven los españoles este cambio inminente en la gestión de envases de bebidas.
Los números generales son esperanzadores: 71% de aceptación, 86% que declara separar residuos en casa, una clara preferencia por devoluciones en supermercados integradas con el momento de compra. Pero detrás de esta aparente solidez existe una brecha incómoda que nadie menciona suficientemente, y que tiene implicaciones profundas para cómo diseñemos, comuniquemos e implementemos el SDDR en los próximos 24-30 meses.
La brecha: lo que la gente cree hacer vs. lo que realmente hace
El estudio es riguroso y bien diseñado. La metodología es sólida: error muestral de 2,45%, distribución proporcional por sexo, edad y comunidad autónoma, trabajo de campo sin sesgos evidentes. Pero tiene el mismo problema estructural que todas las encuestas de comportamiento: mide lo que la gente declara hacer, no lo que realmente hace.
El dato clave es este: el 86% de los encuestados afirma que separa en casa los residuos de plástico, metálicos y briks. El 87% dice usar el contenedor amarillo al menos una vez por semana.
Ahora veamos la realidad operativa. Según datos del INE (2023), sólo el 25% del total de residuos municipales llega realmente separado a las plantas de tratamiento. Pero si miramos específicamente las botellas de plástico de un solo uso para bebidas (que, según el estudio que PwC elabora para la Asociación SDDR para España, representan en torno al 40% de los envases del futuro sistema, frente al 60% de las latas de aluminio), el MITECO reportó en noviembre de 2024 que apenas el 41,3% se recoge separadamente respecto a lo puesto en el mercado. De 214.039 toneladas de botellas puestas en circulación en 2023, solo se recuperaron 88.499 toneladas.
¿Por qué esta cifra (41,3%) es mayor que la global del INE (25%)? Porque usa metodologías diferentes: el INE mide el porcentaje sobre todos los residuos municipales, mientras que el MITECO mide específicamente sobre botellas de plástico de un solo uso. Las botellas se recogen proporcionalmente mejor que otros residuos (vidrio, orgánico, papel), pero sigue siendo insuficiente: está muy por debajo del objetivo del 70% establecido por ley para 2023, lo que hizo obligatoria la implantación del SDDR.
La conclusión es aún más crítica: mientras el 86% de españoles cree que separa botellas, la realidad es que apenas el 41,3% se recupera realmente. Si el ciudadano promedio separa en casa como declara, pero el sistema solo captura el 41,3%, eso significa que la fricción operativa y la falta de conveniencia son otros cuellos de botella, además de la falta de conciencia ambiental del ciudadano.
Esta es una brecha de casi 45 puntos porcentuales (86% frente al 41,3%). No es un error de margen; es una distorsión fundamental entre la autopercepción y el comportamiento real, y, crucialmente, evidencia de que el sistema actual, como en muchos otros países que no cuentan con el SDDR, no funciona, independientemente de cuántas personas crean que separan sus residuos correctamente.
¿Qué explica esta brecha?
Lo que los investigadores en comportamiento llaman "sesgo de deseabilidad social" (social desirability bias). La gente reporta comportamientos que cree que debería hacer, lo socialmente deseable, no los que realmente hace. En encuestas sobre reciclaje, esto es sistemático.
Los ciudadanos:
- Creen que separan porque echan algo en el contenedor amarillo de vez en cuando
- No ven el hecho de que muchas veces no lo hacen, o lo hacen mal (mezclan materiales, contaminan con residuos no reciclables)
- No tienen visibilidad real de qué ocurre después con lo que depositan
- Incluso aquellos que se esfuerzan genuinamente subestiman la frecuencia o consistencia de su comportamiento
El estudio de HISPACOOP, por tanto, no está "mal". Lo que pasa es que mide intención y autopercepción, no comportamiento. Es como si preguntásemos a fumadores cuántos cigarrillos fuman al día, casi siempre reportan menos de lo que realmente consumen.
¿Por qué esto es crítico para el SDDR?
Aquí es donde el análisis toma una vuelta positiva: esta brecha es exactamente la razón por la que el SDDR es necesario.
El sistema no dependerá de la buena voluntad, la conciencia ambiental, ni de la autopercepción ciudadana. Dependerá de algo más potente: un incentivo económico directo e inmediato.
Un depósito recuperable no engaña. No puedes "creer" que has devuelto un envase. O lo devuelves y recuperas tu dinero, o no lo haces y pierdes 10, 15 o 20 céntimos. El comportamiento real, no el declarado, es lo que cuenta.
Las implicaciones son profundas
1. La tasa de recuperación esperada puede ser mucho más alta de lo que sugieren las intenciones declaradas.
Si hoy sólo el 25% de ciudadanos realmente separa (aunque el 86% crea que lo hace), el SDDR con reembolso inmediato debería captar una tasa de recuperación sustancialmente superior. No es un 25% de mejora marginal; es un cambio estructural en el comportamiento motivado por dinero, no por conciencia.
El estudio de HISPACOOP sugiere que con un depósito de 0,15€ por envase, la intención de devolución alcanzaría el 73%. No sabemos cuál será el comportamiento real en puntos de retorno, pero la evidencia internacional (Alemania, Suecia, Austria, Dinamarca) indica tasas de recuperación del 95%+ en sistemas bien diseñados. Eso es un cambio de +70 puntos porcentuales respecto a la realidad actual.
2. El diseño operativo se vuelve aún más crítico.
Si el sistema dependiese de conciencia ambiental, pequeñas fricciones operativas serían tolerables. Pero si depende de incentivo económico, la conveniencia se convierte en absolutamente determinante.
El estudio lo capta bien: el 87% prefiere devolver en supermercados, el 83% lo haría en el momento de compra. Pero estos porcentajes caerán en picado si el punto de retorno está a 500 metros, si requiere un desplazamiento adicional, si la máquina está rota, si el proceso no es transparente.
3. La comunicación previa debe ser honesta, no aspiracional.
No podemos decir: "Los españoles ya reciclan bien, este sistema los refuerza." Eso es falso, y además es condescendiente. La verdad es: "Hoy solo el 25% de lo que debería separarse realmente se separa. El SDDR lo cambia porque introduce un incentivo económico, no porque cambie nuestra conciencia." Eso es más honesto, más motivador, y más realista.
El estudio HISPACOOP dice cosas muy acertadas (más allá de las intenciones)
Aunque la brecha comportamental es importante, el estudio ofrece lecciones muy sólidas sobre diseño operativo, que es donde realmente funciona el SDDR:
Lección 1: Conveniencia como factor crítico
"La devolución debe ocurrir donde ocurre la compra." Esto no es una preferencia, es una condición de éxito. El 87% lo prefiere; la evidencia internacional lo confirma. Sin proximidad, el sistema no funciona, al menos no a escala.
Lección 2: Reembolso inmediato genera confianza
El estudio muestra paridad entre Bizum (o devolución en tarjeta) (31%) y efectivo en caja (31%). Ambas opciones comparten algo: liquidez inmediata y visibilidad. El depósito no es un abstracto; es dinero que veo que recupero.
Lección 3: Las dos palancas son complementarias
Ecología (43%) + incentivo económico (38%) no compiten. Se refuerzan mutuamente. Para edad avanzada, el motivo ecológico domina; para jóvenes, el económico. Pero ambos coexisten.
Esto sugiere que el mensaje de comunicación no es: "Recicla por el planeta" vs. "Recicla por dinero." Es: "Este sistema te devuelve tu dinero y protege el planeta." Las dos cosas juntas crean motivación más potente que cualquiera de ellas por separado.
Lección 4: Menos excepciones, más comprensión
El 45% de ciudadanos prefiere un modelo universal que cubra todos los envases de bebida. El 50% está en el bando de variar por tamaño o material, pero con dispersión. La lección: excepciones y complejidad matan la comprensión, y la comprensión es lo que genera cumplimiento voluntario en sistemas basados en incentivos.
La cuestión terminológica: más importante de lo que parece
El estudio usa consistentemente la terminología oficial "Sistema de Depósito, Devolución y Retorno" (SDDR).
Desde RVM Systems llevamos meses defendiendo una corrección que probablemente suena pedante pero que tiene profundas implicaciones pedagógicas: "Sistema de Depósito, Devolución y Reembolso" es más clara y potente que "Retorno".
¿Por qué importa?
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"Retorno" es vago. ¿Retorno de qué, a dónde? ¿A la fábrica? ¿Al sistema? Es un término que oscurece el mecanismo económico real.
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"Reembolso" es inmediatamente comprensible. Es el dinero que recuperas. Es transparencia.
La diferencia parece pequeña, pero en comunicación ciudadana de sistemas complejos, la claridad terminológica es estructura cognitiva. Si el 77% del estudio tiene dudas sobre "funcionamiento, implementación y logística," parte de eso es que no tenemos un lenguaje claro.
Cuando dices "Sistema de Depósito, Devolución y Reembolso," el ciudadano entiende una cadena económica simple: pago un depósito, devuelvo el envase, me reembolsan. Son tres acciones concretas, no tres conceptos vagos.
Hemos presentado esta posición formalmente a la Dirección General de Calidad y Evaluación Ambiental de MITECO. Creemos que en el RD que oficialice el SDDR debería hablarse de "Reembolso," no de "Retorno".
Lecciones para la implementación (próximos 24-30 meses)
Si el comportamiento real será determinado por incentivos económicos y conveniencia operativa (no por intención declarada), estos son los frentes críticos:
1. Importe del depósito: calcular con precisión.
El estudio muestra elasticidad de forma clara: cada 5 céntimos adicionales aumentan 8% la probabilidad de devolución total. A 0,15€ o superior, más del 60% en todas las comunidades autónomas devolvería todos los envases.
Pero la realidad comportamental será diferente de la intención. Es probable que haya un "punto de saturación" donde la fricción empieza a dominar. Ese punto hay que encontrarlo empíricamente durante pilotos, no teóricamente.
2. Cobertura geográfica: no es negociable.
Si el sistema sólo funciona en grandes ciudades, fracasará en términos de aceptación social. Rural España (30% de la población) verá el SDDR como un sistema para urbanos. La dispersión y capilaridad de puntos de retorno debe ser real, no cosmética.
3. Integración retailer: empezar ahora.
El 87% espera devolver en supermercados. Pero la aceptación retailer no es automática. Carrefour, Mercadona, Eroski, Alcampo, Consum, DIA, Family Cash, Masymas, Alimerka, etc., los decisores están mapeados, pero la implementación operativa es compleja. El diálogo tiene que ser ahora, en profundidad, con especificaciones reales (espacio, tecnología, flujo de procesos, capex, opex…).
4. Comunicación clara: empezar a construir el vocabulario.
Antes de octubre de 2028 (realista lanzamiento del SDDR), necesitamos 18-24 meses de campaña clara que explique el sistema usando terminología precisa. "Depósito, Devolución y Reembolso", “Máquinas de devolución y reembolso”. No ambigüedades o términos excesivamente técnicos.
5. Integración con reciclaje existente: un solo mensaje.
El estudio confirma que el SDDR complementa, no reemplaza. Según el estudio, solo el 2% dejaría de separar otros envases. Pero la ciudadanía necesita escuchar un único mensaje coherente: "El SDDR es para envases de bebida. Sigues separando el resto." No confusión de múltiples sistemas.
Conclusión: esperanza fundada, pero realista
El estudio de HISPACOOP es bueno. Ofrece datos valiosos sobre diseño operativo, preferencias ciudadanas, motivaciones mixtas. La aceptación es real, el 71% es sólido.
Pero no podemos interpretar el estudio como evidencia de que "los españoles ya están listos." La brecha entre la autopercepción del reciclaje (86%) y la realidad (25%) es un recordatorio humilde: la gente quiere hacer lo correcto, pero hacerlo es más difícil de lo que cree.
Eso es exactamente por qué el SDDR funciona. No porque cambie mentalidades, la mentalidad es más o menos correcta. Sino porque alinea incentivos económicos, operativa conveniente, y motivación ambiental en un único sistema.
La pregunta ahora no es si la gente lo aceptará. Lo aceptará. La pregunta es: ¿diseñaremos la implementación con suficiente rigor, cuidado y profundidad en detalles para que funcione realmente cuando entre en operación?
El estudio de HISPACOOP nos da la hoja de ruta. La responsabilidad de ejecutarla es nuestra, productores, retailers, gestores, operadores, administración pública. Son 24-30 meses. El tiempo se reduce. ¡Empecemos!

