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El biogás y el biometano han dejado de ser una promesa de futuro para convertirse en una realidad que avanza, aunque todavía con paso desigual, en el conjunto del territorio español. Desde COAG llevamos años observando con atención este proceso, porque afecta de manera directa al corazón de nuestra actividad: las explotaciones agrícolas y ganaderas que, día a día, generan los purines, estiércoles, restos de cosecha y subproductos, que hoy se perfilan como una de las materias primas más relevantes para la producción de energía renovable en nuestro país.
Los purines, estiércoles, restos de cosecha y subproductos hoy se perfilan como una de las materias primas más relevantes para la producción de energía renovable en nuestro país
No hablamos de un debate abstracto: son decisiones que ya están tomando miles de agricultores y ganaderos sobre cómo gestionar sus subproductos y cómo relacionarse con las plantas de biogás que se construyen cerca de sus explotaciones, ante un modelo de negocio que, bien diseñado, puede suponer un salto cualitativo para el sector primario.
Un momento de oportunidad real
España cuenta con un potencial de biogás y biometano que numerosos estudios sitúan entre los más elevados de Europa, en buena medida gracias a la cabaña ganadera y a la superficie agrícola del país. La cabaña ganadera española genera cada año más de 132 millones de toneladas de estiércoles y purines que, hasta ahora, se han gestionado fundamentalmente como fertilizante orgánico o, en las zonas con excedentes, como un problema medioambiental y administrativo de primer orden. La irrupción del biogás cambia radicalmente esta ecuación: lo que durante décadas fue visto como una carga se convierte en un recurso con valor económico y ambiental.
La irrupción del biogás cambia radicalmente esta ecuación: lo que durante décadas fue visto como una carga se convierte en un recurso con valor económico y ambiental
Para las explotaciones ganaderas, la valorización energética de purines y estiércoles abre varias vías de oportunidad. En primer lugar, permite reducir la presión sobre las zonas vulnerables a la contaminación por nitratos, al facilitar una gestión más ordenada y tecnificada de estos subproductos. En segundo lugar, el digestato resultante del proceso de digestión anaerobia es un fertilizante orgánico de mayor calidad agronómica que el purín sin tratar, con nutrientes más estables y mejor dosificados, lo que puede traducirse en un ahorro real en fertilización mineral para las explotaciones agrícolas del entorno. Y, en tercer lugar, y no menos importante, la producción de biogás y biometano puede generar una fuente de ingresos complementaria para explotaciones que, en muchos casos, atraviesan serias dificultades de rentabilidad, además de un estímulo importante para el mantenimiento de los censos ganaderos.
A esto se suma el papel que el biometano puede jugar en la descarbonización del propio sector agrario, muy dependiente de los combustibles fósiles tanto para la maquinaria como para el transporte. Un sector que produce su propia energía renovable a partir de sus subproductos gana en autonomía energética y en resiliencia frente a la volatilidad de los precios de la energía, algo que hemos sufrido de manera especialmente dura en los últimos años.
Un sector que produce su propia energía renovable a partir de sus subproductos gana en autonomía energética y en resiliencia frente a la volatilidad de los precios de la energía
Los riesgos de un desarrollo mal calibrado
Dicho esto, desde COAG queremos ser claros: el potencial del biogás y el biometano solo se traducirá en beneficio real para el sector agroganadero si el desarrollo de esta industria se hace con el productor en el centro y no como un mero proveedor de materia prima situado al final de la cadena de valor.
El potencial del biogás y el biometano solo se traducirá en beneficio real para el sector agroganadero si el desarrollo de esta industria se hace con el productor en el centro y no como un mero proveedor de materia prima situado al final de la cadena de valor
Nos preocupa, y así lo hemos trasladado en distintos foros, el riesgo de que se reproduzca en el biogás el mismo patrón que hemos visto en otras cadenas agroalimentarias: un sector productor que aporta el recurso esencial —en este caso, purines y estiércoles—, pero que queda al margen de la parte más rentable del negocio, la que se genera en la planta de tratamiento, en la inyección a red o en la comercialización de las garantías de origen. Si los agricultores y ganaderos se limitan a ceder su materia prima a cambio de una compensación simbólica, mientras el grueso del valor añadido se queda en manos de grandes operadores energéticos o fondos de inversión ajenos al territorio, estaremos desaprovechando una oportunidad histórica de fortalecer el tejido productivo rural.
Existe también el riesgo de la especulación y la concentración de proyectos en determinadas zonas, con plantas de biogás de gran tamaño diseñadas para captar materia prima de un radio muy amplio, lo que puede generar tensiones sobre el precio y la disponibilidad de los purines, alterar las dinámicas locales de fertilización y, en algunos casos, entrar en competencia por la tierra y por los propios subproductos con las explotaciones familiares que llevan décadas gestionando estos recursos de forma sostenible.
A ello se suma la incertidumbre regulatoria y administrativa. Los tiempos de tramitación de plantas de biogás siguen siendo excesivamente largos y complejos, lo que penaliza especialmente a los proyectos impulsados por agricultores y ganaderos o por sus cooperativas, que no siempre cuentan con la capacidad técnica y financiera de las grandes empresas energéticas para sortear estos trámites. Si no se simplifican y agilizan los procedimientos, corremos el riesgo de que solo los grandes actores puedan acceder a este mercado, dejando fuera precisamente a quienes generan la materia prima.
Lo que reivindicamos desde el sector productor
Desde COAG defendemos que el desarrollo del biogás y el biometano en España debe construirse sobre unas bases que garanticen una participación justa y estructural del sector agroganadero en el valor que se genera. Esto pasa, en primer lugar, por impulsar y facilitar modelos de propiedad compartida o cooperativa, en los que los propios agricultores y ganaderos puedan ser socios de las plantas de biogás y no solo proveedores de purín a precio fijo. Las experiencias de otros países europeos, donde las cooperativas agrarias han liderado buena parte del desarrollo del biogás, demuestran que este modelo es viable y que genera un reparto de valor mucho más equilibrado en el territorio.
El desarrollo del biogás y el biometano en España debe construirse sobre unas bases que garanticen una participación justa y estructural del sector agroganadero en el valor que se genera
En España ya contamos con ejemplos que apuntan en esta dirección y que conviene tomar como referencia. Es el caso de Alcarràs Bioproductors SAT, en el Segrià leridano, una sociedad agraria de transformación impulsada por más de 150 familias ganaderas de la comarca que decidieron unir fuerzas para dar salida a los purines, estiércoles y restos vegetales de sus explotaciones. Lo que comenzó como una planta de compostaje que transforma estos recursos en compost orgánico y ecológico de alta calidad se ha convertido en un proyecto de bioeconomía circular más ambicioso, que incorpora también una planta de biogás para el aprovechamiento energético de las deyecciones ganaderas y tecnología de upgrading, un conjunto de procesos que permiten purificar el biogás para convertirlo en biometano con una calidad similar a la del gas natural.
Es precisamente el modelo que defendemos: son los propios ganaderos quienes, organizados, controlan el proceso y capturan el valor generado, en lugar de limitarse a ceder su materia prima a terceros.
Son los propios ganaderos quienes, organizados, controlan el proceso y capturan el valor generado, en lugar de limitarse a ceder su materia prima a terceros
En segundo lugar, reclamamos un marco de precios y contratos transparente y estable para la cesión de purines y estiércoles, que reconozca su valor real como materia prima energética y que proteja a los ganaderos frente a condiciones abusivas o a la excesiva dependencia de una única planta en su zona. Es imprescindible que existan modelos contractuales tipo, supervisados por la Administración, que eviten situaciones de desequilibrio entre grandes desarrolladores y pequeñas explotaciones.
En tercer lugar, pedimos que se agilicen y simplifiquen los procedimientos administrativos y ambientales para las plantas de biogás de titularidad agraria o cooperativa, con líneas específicas de apoyo público (ayudas, avales, líneas de financiación bonificada) que compensen la menor capacidad financiera de estos proyectos frente a los impulsados por grandes grupos energéticos.
En cuarto lugar, consideramos fundamental que se garantice el retorno del digestato al campo en condiciones agronómicas óptimas, integrando su gestión dentro de los planes de fertilización de las explotaciones y evitando que la normativa sobre nitratos penalice injustamente a quienes ya están apostando por la valorización energética de sus subproductos.
Por último, insistimos en la necesidad de una planificación territorial ordenada del desarrollo del biogás, que evite la concentración excesiva de plantas en determinadas comarcas y que tenga en cuenta la disponibilidad real de materia prima, la capacidad de absorción del digestato por parte del suelo agrícola y el equilibrio con otras actividades productivas del territorio.
Una oportunidad que no podemos dejar pasar
El biogás y el biometano representan una de las pocas ocasiones en las que la transición energética y la actividad agroganadera pueden avanzar de la mano, generando beneficios ambientales, económicos y sociales para el medio rural. Convertir los purines y estiércoles en un recurso valorizado, en lugar de en un problema que gestionar, es una oportunidad que el sector no puede permitirse desaprovechar, pero solo se materializará en beneficio de agricultores y ganaderos si el productor está en el centro del desarrollo del biogás, con voz, con participación económica real y con las garantías necesarias para que esta nueva actividad refuerce la viabilidad de las explotaciones familiares que sostienen el medio rural español.
El biogás y el biometano representan una de las pocas ocasiones en las que la transición energética y la actividad agroganadera pueden avanzar de la mano, generando beneficios ambientales, económicos y sociales para el medio rural
Desde COAG seguiremos trabajando para que el desarrollo del biogás y el biometano en España se construya con el sector agroganadero como protagonista y no como mero espectador de una transformación que, en gran medida, se sustenta sobre su propia actividad productiva. Desde el sector agrario lo decimos alto y claro: no somos el problema, somos parte de la solución.
No somos el problema, somos parte de la solución

