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Es evidente que la evolución de la tecnología ha tenido un papel fundamental en la gestión de los residuos municipales en España, especialmente en las últimas décadas, cuando el aumento del consumo y la población ha generado mayores desafíos medioambientales. Sin embargo, no podemos confiar únicamente en ella para dar una respuesta definitiva al problema de los residuos.
Tradicionalmente, los residuos se recogían en una sola fracción y se depositaban en vertederos sin apenas tratamiento ni control. Así de simple. Así de insostenible y así de contaminante. Este escenario empezó a cambiar con el avance tecnológico que ha permitido desarrollar sistemas más eficientes y sustentables para la recogida, tratamiento y aprovechamiento de los residuos.
Uno de los cambios más importantes ha sido la incorporación de tecnologías de separación y reciclaje en el tratamiento de los residuos, así como la modernización de los modelos de recogida. Las plantas de tratamiento mecánico-biológico actuales utilizan sensores ópticos, imanes y sistemas automatizados para clasificar los residuos con mayor precisión, aumentando las tasas de reciclaje de materiales como el plástico, el papel, el vidrio y los metales. Además, la implantación de sistemas más eficientes de recogida selectiva como los contenedores inteligentes en algunas ciudades españolas facilita el control del volumen de residuos y permite optimizar las rutas de recogida, reduciendo costes y emisiones contaminantes; por no hablar de cómo la tecnología se ha convertido en una aliada para la concienciación y educación ambiental. Aplicaciones móviles, plataformas digitales y campañas en redes sociales facilitan el acceso a la información sobre la separación correcta de los residuos, fomentando el compromiso de la ciudadanía.
A pesar de los avances, España se encuentra lejos del porcentaje mínimo de reciclaje (un 42,9% en 2022) y tiene aún una elevada dependencia del vertido (un 34,6% en 2022)
Los nuevos y ambiciosos objetivos europeos de reciclaje y vertido (un 65% y un máximo del 10%, respectivamente para 2035), establecidos con el fin de avanzar hacia una economía circular real, están acelerando los cambios de modelo de gestión de residuos, mejorando los sistemas existentes e incorporando nuevas tecnologías. Inteligencia artificial en separadores, gemelos digitales en plantas de tratamiento o contenedores cerrados e inteligentes, son algunos de los ejemplos que nos tendrían que conducir a estos porcentajes. De hecho, los datos están demostrando que este es el camino, o, mejor dicho, uno de los caminos. Sin embargo, aún queda un largo camino por recorrer. A pesar de los avances, España se encuentra lejos del porcentaje mínimo de reciclaje (en 2022 el índice estaba estancado en el 42,9%) y tiene aún una elevada dependencia del vertido (un 34,6% en 2022). El país se enfrenta así a importantes desafíos tecnológicos, normativos y económicos para evitar las, por ahora, inevitables sanciones de la Comisión Europea por incumplimiento de los objetivos.
Este escenario pone de manifiesto que la evolución tecnológica por sí sola no será suficiente para resolver el problema de los residuos. En este sentido, nos es obligado recordar los primeros niveles de la jerarquía de residuos. Estamos hablando de la prevención y la reutilización, que desde el 2008 la Directiva Marco de Residuos recoge como prioritarias. Dos niveles en los que, sin requerir grandes desarrollos tecnológicos, pero con inversiones bien enfocadas y el talento de buenos profesionales que los promuevan, se puede contribuir de forma significativa a la mejora de los porcentajes de reciclado y a la reducción del vertido.
Es por ello por lo que desde Maresme Circular se ha apostado por el Parque Circular Mataró-Maresme, un proyecto pionero que tiene que ser referente en el sector en materia de prevención y reutilización de residuos. Nacido con la voluntad de promover la reparación y reutilización de materiales y productos para reducir la generación de residuos, la particularidad del Parque Circular está en unificar en un mismo espacio iniciativas privadas con actividades gratuitas dirigidas a la ciudadanía del territorio del Maresme. Actividades como talleres de asesoramiento para la autoreparación en diferentes ámbitos (informática, aparatos electrónicos, bicicletas, textil, etc.), talleres de bricolaje doméstico (fontanería, electricidad, mobiliario), talleres de cocina de aprovechamiento, así como una tienda de segunda mano, una biblioteca de las cosas y un servicio de préstamo de vajilla reutilizable.
Es evidente que la evolución de la tecnología ha tenido un papel fundamental en la gestión de los residuos municipales en España. Sin embargo, no podemos confiar únicamente en ella para dar una respuesta definitiva al problema de los residuos
Además, las instalaciones contarán con un obrador agroalimentario que pretende ser un instrumento más para luchar contra el desperdicio alimentario, permitiendo dar salida a los excedentes alimentarios de los productores agrícolas de la comarca, al mismo tiempo que se les da un valor añadido a sus productos a partir de elaboraciones y preparados, potenciando el consumo de productos de proximidad. Esta primera fase del proyecto, denominada como Espai Refer (Espacio Rehacer) entrará en funcionamiento durante el segundo semestre del 2026.
En un periodo posterior, se implantará en el mismo espacio un servicio de preparación para la reutilización de residuos voluminosos procedentes de la recogida puerta a puerta, como vía prioritaria de gestión y aprovechamiento de los recursos. Por otro lado, aquellos residuos voluminosos no aprovechables serán destinados a la zona de triaje y selección para aumentar el reciclaje material y reducir así la cantidad de rechazo destinado a nuestra planta de valorización energética.
En definitiva, un Parque Circular donde en una misma parcela regulada y tutelada por Maresme Circular se desarrollarán actividades de diferente naturaleza, pero todas ellas integradas en una visión de conjunto, bajo los principios de la economía circular.
Promover los escalones más altos de la jerarquía de residuos como la prevención y la reutilización, supone en muchos aspectos retomar hábitos del pasado, pero adaptándonos a la realidad actual mediante la aplicación de nuevas tecnologías.
Históricamente las sociedades practicaban de forma natural la reparación, el reaprovechamiento y la reducción del consumo, ya que los recursos eran limitados y los productos estaban diseñados para durar. Objetos como envases retornables, ropa heredada o electrodomésticos reparados formaban parte de la vida cotidiana, generando muy pocos residuos en comparación con el modelo de usar y tirar predominante en la actualidad.
Hoy en día, la tecnología ofrece una oportunidad única para recuperar estas prácticas desde una perspectiva moderna y eficiente. Las plataformas digitales y aplicaciones móviles facilitan el intercambio, la venta de segunda mano y la donación de productos, prologando su vida útil. Asimismo, los avances en diseño industrial y ecodiseño permiten fabricar productos más duraderos, reparables y modulares, incorporando materiales sostenibles y reduciendo la generación de residuos desde el origen. Tecnologías como, por ejemplo, la impresión 3D, que posibilita la fabricación de piezas de repuesto, evitando el desecho prematuro de aparatos, o la futura implantación de los sistemas de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR), que nos permitirá alcanzar mayores porcentajes de recuperación de envases de un solo uso, nos tendrán que acompañar durante los próximos años.
Fomentar la prevención y la reutilización no implica un retroceso, sino una evolución inteligente: combinar la experiencia de los hábitos del pasado con las capacidades tecnológicas del presente, alineados con los principios de la economía circular
Justo es mencionar en este sentido, la implicación, cada vez más, de algunas empresas en cuanto a su Responsabilidad Social Corporativa (RSC): asumen que su actividad no solo tiene un impacto económico, sino también social y ambiental, y por ello integran principios circulares en sus estrategias empresariales. A través de la inversión en RSC, las empresas refuerzan su compromiso con la concienciación de sus consumidores y empleados, contribuyendo de forma activa a la prevención de residuos, además de la mejora en sus cifras de negocio, al incrementar su imagen corporativa y la lealtad de sus clientes.
En definitiva, la tecnología ha sido y seguirá siendo una herramienta clave para mejorar la gestión de los residuos, pero resulta insuficiente si no se priorizan los escalones más altos de la jerarquía. Al mismo tiempo, fomentar la prevención y la reutilización no implica un retroceso, sino una evolución inteligente: combinar la experiencia de los hábitos del pasado juntamente con las capacidades tecnológicas del presente para construir un modelo de consumo más responsable, eficiente y alineado con los principios de la economía circular, debería ser el camino a seguir.

