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Los grandes cambios en la gestión de residuos rara vez comienzan con la construcción de una nueva instalación. A veces empiezan simplemente cambiando la forma de medir los resultados. Eso es exactamente lo que está ocurriendo en Europa.
La exclusión del Bioestabilizado de los objetivos de preparación para la reutilización y reciclado que se produce a partir de 2027, no modifica las toneladas que tratamos, ni cambia el funcionamiento de nuestras plantas. Sin embargo, sí modifica profundamente la fotografía del sistema y obliga a replantear buena parte de las políticas de residuos desarrolladas durante las dos últimas décadas.
No estamos únicamente ante un nuevo indicador, estamos ante un nuevo escenario.
Una nueva fotografía del reciclaje
Los datos oficiales del Ministerio para la Transición Ecológica correspondientes a 2023 permiten comprender la dimensión del cambio.
España generó ese año 22,4 millones de toneladas de residuos municipales. Si aceptamos las caracterizaciones que sitúan la materia orgánica en torno al 38 % de la bolsa de residuos, estamos hablando de un potencial próximo a 8,5 millones de toneladas de biorresiduos al año.
Sin embargo, una parte muy importante de esa materia orgánica continúa llegando mezclada a la fracción resto y termina siendo tratada en las plantas de tratamiento mecánico-biológico. El Bioestabilizado es más una consecuencia que un resultado buscado.
En 2023, las instalaciones españolas produjeron 3,3 millones de toneladas de Bioestabilizado. Andalucía, Comunitat Valenciana, Extremadura y Cataluña concentraron conjuntamente casi dos terceras partes de toda esa producción nacional.
No estamos, por tanto, ante un flujo residual ni ante una corrección estadística menor. Estamos hablando de uno de los principales productos generados por el sistema español de tratamiento de residuos cuyo peso dejará de computar como reciclaje con la aplicación de los nuevos criterios europeos.
Y eso obligará inevitablemente a reinterpretar los resultados obtenidos hasta ahora.
El sistema no estaba equivocado. Estaba incompleto
España construyó un modelo de gestión razonablemente sólido para la realidad de hace dos décadas. Apostó por dotarse de una amplia red de instalaciones capaces de tratar la fracción resto y reducir el impacto ambiental del vertido directo. Sin embargo, ese modelo nunca terminó de completarse. Mientras el tratamiento de la fracción resto ganaba protagonismo, la mejora de la recogida selectiva de materia orgánica avanzaba con demasiada lentitud y el desarrollo de infraestructuras alternativas al vertedero no siguió el mismo ritmo. Hoy, el nuevo escenario europeo pone de manifiesto precisamente ese desequilibrio.
No nos equivocamos construyendo el segundo escalón del sistema. Lo que hicimos fue dejar demasiado tiempo sin terminar el primero y el último
Porque el verdadero problema nunca ha sido el Bioestabilizado.
El verdadero problema es que seguimos produciendo 3,3 millones de toneladas de Bioestabilizado cada año. Y eso solo ocurre por una razón, millones de toneladas de materia orgánica continúan llegando mezcladas a la fracción resto.
El verdadero problema es que seguimos produciendo 3,3 millones de toneladas de Bioestabilizado cada año. Y eso solo ocurre por una razón, millones de toneladas de materia orgánica continúan llegando mezcladas a la fracción resto
La mayor oportunidad sigue estando en la materia orgánica
Si existe una actuación capaz de modificar significativamente los resultados del reciclaje en España, esa sigue siendo la recogida selectiva de materia orgánica.
No únicamente porque representa la fracción mayoritaria de nuestros residuos municipales, sino porque es la única cuya correcta separación mejora simultáneamente el comportamiento del resto del sistema.
Si existe una actuación capaz de modificar significativamente los resultados del reciclaje en España, esa sigue siendo la recogida selectiva de materia orgánica
Cada tonelada de materia orgánica recogida selectivamente deja de convertirse en Bioestabilizado, mejora la calidad del resto de materiales recuperados, reduce la contaminación cruzada y aumenta la eficiencia global de las plantas de tratamiento.
Cataluña constituye probablemente el mejor banco de pruebas para analizar este potencial. Tras más de veinticinco años de implantación de la recogida selectiva de materia orgánica, en 2024 recuperó aproximadamente 457 mil toneladas de FORM. Sin embargo, el potencial generado se sitúa en torno a 1,5 millones de toneladas, lo que significa que incluso en la comunidad con mayor experiencia apenas se captura alrededor de un tercio de la materia orgánica disponible.
Si éste sigue siendo el margen de mejora en Cataluña, resulta inevitable preguntarse cuál puede ser el recorrido del conjunto del país, especialmente en aquellas comunidades donde la implantación de esta recogida es mucho más reciente.
Quizá por ello la futura reforma de la Ley 7/2022 debería aprovecharse para impulsar definitivamente esta fracción.
No solo consolidando su implantación en todo el territorio nacional, también fijando objetivos específicos para mejorar su eficiencia, recuperando campañas de sensibilización ciudadana, promoviendo sistemas de recogida más eficaces y generalizando la recogida diferenciada de grandes productores, donde la calidad del material recuperado es significativamente superior.
Si Cataluña todavía tiene margen para recuperar dos tercios de su materia orgánica, el potencial de mejora en el conjunto de España es enorme
Evolucionar las plantas... y también el modelo
La mejora de la recogida selectiva modificará inevitablemente la composición de la fracción resto, y eso exigirá también una evolución de las instalaciones de tratamiento. No para sustituirlas, sino para adaptarlas a una realidad distinta.
Mayor recuperación de materiales mediante automatización, robótica e inteligencia artificial, mayor aprovechamiento energético de la materia orgánica residual mediante digestión anaerobia allí donde resulte técnica y económicamente viable, orientación hacia flujos complejos como algunos plásticos no valorizables, menor producción de Bioestabilizado o reformas que permitan una producción de este material a demanda de mercado y no en continuo.
Y, sobre todo, un desarrollo decidido de infraestructuras alternativas al vertedero capaces de gestionar de forma ambientalmente segura aquella parte de los residuos que inevitablemente seguirá sin poder recuperarse. Incluida, ¿Por qué no?, La materia orgánica residual (MOR) antes de bioestabilizarla, allí donde no tenga un uso, fácil aplicación o demanda continuada y existan infraestructuras de valorización adecuadas.
Porque incluso alcanzando los objetivos europeos del 60 % en 2030 y del 65 % en 2035, continuará existiendo una fracción residual que requerirá tratamiento, e ignorar esa realidad sería repetir el mismo error que hoy estamos tratando de corregir.
La mejora de la recogida selectiva modificará inevitablemente la composición de la fracción resto, y eso exigirá también una evolución de las instalaciones de tratamiento. No para sustituirlas, sino para adaptarlas a una realidad distinta
Completar el modelo
El cambio metodológico europeo no debería interpretarse como una penalización, y tampoco como una descalificación del trabajo realizado durante las últimas décadas. Debería entenderse como una oportunidad para completar un modelo que ha demostrado ser útil, pero que necesita evolucionar.
Incrementar la captura de materia orgánica, modernizar las plantas de tratamiento, abrir un debate técnico sobre el futuro del Bioestabilizado, y desarrollar, de una vez, las infraestructuras necesarias para reducir definitivamente nuestra dependencia del vertedero.
El cambio metodológico europeo no debería interpretarse como una penalización, y tampoco como una descalificación del trabajo realizado durante las últimas décadas. Debería entenderse como una oportunidad para completar un modelo que ha demostrado ser útil, pero que necesita evolucionar
Porque quizá la principal enseñanza que deja este cambio europeo no sea que reciclábamos menos de lo que creíamos.
Quizá sea otra mucho más importante.
Quizá el error ha sido pensar durante demasiado tiempo que la Materia Orgánica, las TMB y el Bioestabilizado eran tres problemas distintos.

