Subproductos y biorresiduos agrarios: el papel de las cooperativas ante vías de valorización innovadoras

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La gestión de los subproductos agrícolas y ganaderos plantea importantes desafíos logísticos y económicos, ante los que el modelo cooperativo abre nuevas oportunidades de valorización

La agricultura y la ganadería españolas generan importantes volúmenes de subproductos cuya gestión se ha convertido en un reto creciente. Desde Cooperativas Agro-alimentarias de España, a través de nuestra participación en el proyecto europeo Red Temática Europea en Bioeconomía Rural (thERBN), se han analizado los flujos de residuos, así como las alternativas circulares actualmente disponibles para su valorización, contribuyendo de esta manera a los objetivos de la Estrategia Europea de Bioeconomía.

 

Los flujos de residuos que concentran los mayores desafíos

En el sector agrícola, uno de los principales retos se encuentra en los restos de poda procedentes de frutales, olivar y viñedo. Su elevado volumen y dispersión geográfica, unidos en algunos casos a la presencia de impurezas, dificultan su aprovechamiento y pueden incrementar considerablemente la complejidad y los costes asociados a su gestión y valorización.

Una problemática especialmente relevante en España está vinculada al olivar. Durante la campaña se generan grandes cantidades de alperujo en un periodo de tiempo muy reducido, lo que concentra las necesidades de almacenamiento, transporte y tratamiento y supone un importante desafío para las almazaras y cooperativas.

En el ámbito ganadero, uno de los principales retos está relacionado con la gestión de los purines. Esta presión se intensifica especialmente en territorios con una elevada concentración de granjas ganaderas y en determinadas zonas húmedas, donde las condiciones ambientales pueden limitar las posibilidades de gestión y aprovechamiento de estos recursos.

 

Mucho residuo, poco valor: el reto de su gestión

La valorización de estos subproductos todavía se enfrenta a importantes barreras. Una de las principales es el elevado coste logístico, especialmente cuando se trata de biomasa dispersa, con un alto contenido en humedad o mezclada con materiales impropios, como tierra o plásticos. A ello se suma el escaso valor de mercado de muchos subproductos agrícolas y ganaderos, que en ocasiones dificulta justificar económicamente su recogida y transformación.

También existen obstáculos de carácter técnico. La falta de maquinaria especializada y de infraestructuras adaptadas limita la posibilidad de aprovechar determinados materiales a escala local. En paralelo, las diferencias normativas entre comunidades autónomas, junto con la complejidad y la duración de algunos procedimientos administrativos, pueden dificultar la puesta en marcha de nuevas iniciativas de valorización.

Otro elemento fundamental es la necesidad de contar con más proyectos demostrativos en condiciones reales. Agricultores, ganaderos y cooperativas necesitan conocer experiencias que funcionen sobre el terreno, con resultados técnicos y económicos contrastados, antes de apostar por nuevas tecnologías o modelos de negocio que requieren realizar inversiones.

Es precisamente en este ámbito donde el modelo cooperativo puede desempeñar un papel decisivo. La capacidad de las cooperativas para agrupar a numerosos productores permite concentrar los subproductos generados en las explotaciones, organizar conjuntamente su recogida y transporte y alcanzar volúmenes suficientes para hacer viables determinadas alternativas de valorización.

 


El modelo cooperativo permite concentrar los subproductos, organizar su recogida y transporte y alcanzar los volúmenes necesarios para hacer viables nuevas alternativas de valorización

 

Esta dimensión colectiva puede contribuir a reducir costes, facilitar inversiones compartidas y convertir materiales de escaso valor individual en recursos capaces de alimentar nuevas cadenas de valor vinculadas a la bioeconomía.

Estas barreras ponen de manifiesto la necesidad de avanzar hacia soluciones que permitan gestionar estos subproductos de manera eficiente y sostenible.

 

Biorresiduos que se acumulan y soluciones que no aterrizan

La falta de soluciones consolidadas y las dificultades logísticas ponen de manifiesto la necesidad de mejorar la gestión de estos subproductos para avanzar hacia modelos más sostenibles y circulares. En este contexto, soluciones como el compostaje, la producción de biochar o el biogás pueden desempeñar un papel interesante en la transición hacia la bioeconomía circular.

Siguiendo el principio de valorización en cascada, el aprovechamiento de subproductos y residuos debe priorizar aquellos usos capaces de generar un mayor valor. Siempre que sea posible, deben priorizarse en primer lugar los usos destinados a alimentación humana y animal, seguidos de otras alternativas de alto valor añadido, como la extracción de compuestos bioactivos.

 


La valorización debe priorizar los usos capaces de generar un mayor valor, desde la alimentación humana y animal hasta otras alternativas como la extracción de compuestos bioactivos

 

En este ámbito ya existen tecnologías técnicamente viables capaces de transformar determinados subproductos en nuevos productos de interés. Sin embargo, muchas de estas soluciones todavía encuentran dificultades para alcanzar una aplicación comercial a mayor escala, principalmente debido a los elevados costes logísticos y operativos, que pueden comprometer su viabilidad económica.

Por otro lado, estarían las vías de valorización con fines energéticos, situadas en la parte inferior de la pirámide, entre las que se encuentran el biometano y el biogás. Su desarrollo está avanzando en España, aunque la implantación de estas instalaciones requiere inversiones importantes, un suministro suficiente y estable de materias primas y una adecuada planificación territorial. Además, algunos proyectos pueden encontrarse con dificultades de aceptación social, por lo que resulta especialmente importante garantizar su integración en el entorno y demostrar sus beneficios para el territorio.

 


El desarrollo del biogás y el biometano requiere inversiones importantes, un suministro suficiente y estable de materias primas, una adecuada planificación territorial y una buena integración en el entorno

 

No obstante, España ya cuenta con ejemplos de plantas de biogás vinculadas a cooperativas y, a nivel europeo, existen plantas de biogás de gestión cooperativa que son un modelo de referencia. No solo a nivel técnico, sino porque la cooperativa busca y asegura un impacto positivo en el territorio, buscando la manera más eficiente de gestionar los residuos agrarios y biorresiduos de la agroindustria. Sin olvidar que la gestión cooperativa asegura la participación activa de los socios, que son a su vez residentes en las zonas rurales donde se instalan estas plantas, favoreciendo un impacto positivo en el territorio. De este modo, la valorización puede generar actividad económica, empleo y nuevas oportunidades en el medio rural.

 


La gestión cooperativa asegura la participación activa de los socios y puede convertir la valorización de los residuos en actividad económica, empleo y nuevas oportunidades para el medio rural

 

El biogás no es una solución aislada. Nuestra propuesta se basa en una estrategia integral de bioeconomía y economía circular en origen que incluye diversas alternativas complementarias, ya que nuestro foco se sitúa en resolver las necesidades de las cooperativas.

 

¿Hacia dónde apunta el futuro?

Aunque muchas tecnologías avanzadas —como el biogás, la gasificación o la producción de nuevos bioproductos— todavía necesitan ganar escala o avanzar desde experiencias piloto hacia modelos plenamente comerciales, el análisis realizado en el proyecto thERBN apunta en una dirección clara: más cooperación y un mayor apoyo técnico directo a las cooperativas.

En este camino, el modelo cooperativo puede desempeñar un papel fundamental. Su capacidad para agrupar los subproductos y residuos generados por numerosos agricultores y ganaderos permite concentrar volúmenes suficientes para hacer viables nuevas alternativas de valorización y, al mismo tiempo, abordar una de las principales barreras del sector: la logística.

Una gestión colectiva permite organizar la recogida, optimizar las rutas de transporte, compartir infraestructuras y reducir costes que difícilmente podrían ser asumidos de manera individual. Además, abre la puerta a una gestión integral de los subproductos, capaz de reducir la huella de carbono asociada a su transporte y tratamiento y facilitar el cumplimiento de las crecientes exigencias ambientales.

 


Una gestión colectiva permite organizar la recogida, optimizar las rutas de transporte, compartir infraestructuras y reducir costes que difícilmente podrían asumirse de manera individual

 

El reto, por tanto, no consiste únicamente en disponer de nuevas tecnologías, sino en crear las condiciones necesarias para que puedan llegar al territorio. La cooperación, la escala y el acompañamiento técnico serán claves para que agricultores y ganaderos no tengan que afrontar individualmente inversiones y costes difíciles de asumir y puedan, además, participar, a través de sus cooperativas, en las nuevas oportunidades económicas que ofrece la valorización de sus subproductos.

 


La cooperación, la escala y el acompañamiento técnico son claves para que agricultores y ganaderos puedan participar, a través de sus cooperativas, en las nuevas oportunidades económicas que ofrece la valorización de sus subproductos