Utilizar agua sin consumirla: las claves de la gestión hídrica de la industria papelera en España

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Sin agua no hay papel. Y esa necesidad ha obligado a la industria que fabrica pasta y papel en España a pensar en el agua de una manera en la que casi ningún otro sector productivo se ha visto forzado a pensar

El agua es uno de los componentes principales de cualquier producto de papel, aunque pase desapercibido para el consumidor. Se fabrica a partir de madera o de papel reciclado, pero el proceso necesita agua para transportar la fibra de celulosa y poder dar forma a la hoja. Sin agua no hay papel. Y esa necesidad ha obligado a la industria que fabrica pasta y papel en España a pensar en el agua de una manera en la que casi ningún otro sector productivo se ha visto forzado a pensar. No como un insumo que se gasta, sino como un recurso que se presta. Por eso, la eficiencia hídrica es, desde hace muchos años, una prioridad para el sector.

 

Sin agua no hay papel. Y esa necesidad ha obligado a la industria que fabrica pasta y papel en España a pensar en el agua no como un insumo que se gasta, sino como un recurso que se presta

 

Utilizar no es lo mismo que consumir

Esa distinción, tan elemental como ignorada, es la que permite entender lo que ocurre dentro de una fábrica papelera. La mayor parte del agua que se utiliza en el proceso no se consume: circula, se utiliza en distintas fases de la producción, se recircula internamente una y otra vez y, solo al final, se devuelve tratada al medio.

Apenas un 10 % del agua se consume, ya sea porque se evapora en el proceso de secado de la pasta o el papel, o porque queda incorporada en el producto final. El 100 % restante del efluente final se devuelve al medio una vez depurado, en las plantas de tratamiento propias o externas, cumpliendo así con estándares ambientales muy exigentes.

 

Utilizar no es lo mismo que consumir. La mayor parte del agua que entra en una fábrica papelera no se consume: circula por distintas fases del proceso, se recircula internamente y, al final, se devuelve depurada

 

Eficiencia hídrica fábrica a fábrica

Las necesidades de utilización de agua dependen de cada tipo de producto fabricado. Producir pasta de celulosa no es lo mismo que fabricar papel para envases, ni el papel tisú se parece al papel gráfico o a los papeles especiales. Cada proceso tiene necesidades de uso de agua distintas, especificidades propias y condicionantes que cambian de una instalación a otra, pero todas comparten el uso eficiente como objetivo.

España cuenta hoy con 72 fábricas de pasta y papel que afrontan ese reto, cada una desde su propia realidad. Lo que sí comparten todas ellas es una misma lógica: el agua se recircula en múltiples fases antes del vertido final, los circuitos se optimizan, se incorporan tratamientos intermedios, se ajustan variables de proceso y se adaptan soluciones al territorio concreto donde está instalada cada fábrica.

Aun así, la eficiencia hídrica sigue siendo un reto que se aborda desde distintos frentes y que exige identificar nuevas soluciones viables desde el punto de vista técnico, medioambiental y económico. No siempre es sencillo. Mejorar el cierre de los circuitos de agua, por ejemplo, puede traer efectos no deseados, como un aumento de la conductividad, de la carga o de la temperatura. Y algunas de las tecnologías más avanzadas para reducir estos efectos consumen, a su vez, más energía o incrementan el uso de productos químicos, lo que se conoce como efectos cruzados. Por eso no existe una solución única. La gestión del agua exige una mirada de conjunto sobre toda la instalación, capaz de equilibrar tres objetivos: reducir el uso, mantener la calidad del vertido y no comprometer la viabilidad del proceso productivo.

 

La eficiencia hídrica sigue siendo un reto que se aborda desde distintos frentes y que exige identificar nuevas soluciones viables desde el punto de vista técnico, medioambiental y económico

 

Depurar y devolver al medio

No se puede optimizar el uso del agua sin considerar las exigencias de la devolución al medio. Por ello, todas las instalaciones de fabricación de pasta y papel cuentan con sistemas de tratamiento diseñados para adecuar la calidad del vertido a las necesidades del medio receptor.

Mucho antes de que se hablara de la economía circular, la industria de pasta y papel ya reciclaba papel al final de su vida útil, ya gestionaba de forma circular los residuos generados durante el proceso productivo y ya trataba el agua dentro de la fábrica como un recurso que se reaprovecha. Porque nuestro sector no necesitó que la circularidad se convirtiera en objetivo para empezar a practicarla.

 

Mucho antes de que la economía circular se convirtiera en un objetivo compartido, la industria de pasta y papel ya reciclaba el papel al final de su vida útil, gestionaba de forma circular los residuos generados durante el proceso productivo y trataba el agua dentro de la fábrica como un recurso que debía reaprovecharse

 

El agua regenerada como oportunidad

Entre las fuentes alternativas de suministro, el agua regenerada es, probablemente, la que tiene mayor potencial. El sector papelero ya la incorpora a sus procesos —representa el 3,8% del total de agua que utiliza— gracias a instalaciones pioneras que han demostrado que puede integrarse de forma segura y técnicamente solvente.

Para poder utilizar agua regenerada en el proceso son necesarias varias condiciones. La primera, contar con una instalación cercana capaz de suministrar un agua regenerada que no solo cumpla con la legislación correspondiente en materia de calidad, sino también con los requisitos específicos que exige el proceso de fabricación de pasta y papel, de manera que ni las instalaciones ni el producto se vean afectados, siempre con las máximas garantías de seguridad. A esto se suma la necesidad de contar con el apoyo de la Administración para reducir los plazos de autorización, sin que ello suponga renunciar a ninguna de las garantías de un uso seguro. Solo así podrá crearse el marco necesario para poner en valor el uso de agua regenerada como recurso.

 

El agua regenerada representa una oportunidad real para el sector papelero, siempre que cumpla los requisitos de calidad del proceso y cuente con un marco administrativo ágil y garantista

 

Tres propuestas para seguir avanzando

La industria papelera ya opera con niveles de eficiencia hídrica muy notables. Los próximos pasos requieren tecnologías más sofisticadas y esa innovación requerirá de nuevas inversiones. Desde 2020, el sector ha acumulado más de 246 millones de euros en mejoras ambientales, cerca del 20% de su inversión anual total.

Desde la industria papelera se proponen avances en tres direcciones concretas. Primero, apoyo real a la innovación: ayudas a la I+D+i y recuperación de la deducción fiscal por inversión medioambiental cuando se implementen medidas de eficiencia hídrica, un instrumento que fue clave en el marco del acuerdo voluntario entre el Ministerio de Medio Ambiente y ASPAPEL para la mejora de la calidad de vertido y la reducción de la utilización de agua (2000-2010), y que el sector propone recuperar. Segundo, agilidad administrativa: plazos razonables para modificar las autorizaciones ambientales que permitan implantar nuevas medidas de eficiencia, autorizar el uso de agua regenerada y la captación de aguas subterráneas, donde sea viable. Y tercero, flexibilidad técnica en los límites de vertido en concentración, que posibilite encontrar el punto de equilibrio entre reducir la utilización y mantener la calidad exigida, siempre con plenas garantías ambientales.

 

Los próximos avances en eficiencia hídrica requerirán innovación, nuevas inversiones, agilidad administrativa y flexibilidad técnica para encontrar el equilibrio entre menor uso de agua y garantías ambientales

 

Cuando escasee el agua, la regulación también debe ser justa

La sequía ha dejado de ser una excepción que se gestiona con medidas excepcionales. España activa, cada vez con más frecuencia, restricciones basadas en la jerarquía de usos que afectan directamente a la actividad industrial. Y cuando eso ocurre, el diseño de esas medidas importa tanto como su existencia. No puede tratarse igual a una instalación que ha invertido de forma significativa en reducir su uso de agua que a otra que no lo ha hecho.

La regulación debería reconocer la acción temprana, acompañar las restricciones con instrumentos de apoyo económico y facilitar las inversiones urgentes o las adaptaciones temporales que resulten necesarias. Una política hídrica que solo restringe, sin diferenciar ni compensar, no es justa. Y, a largo plazo, tampoco es eficaz.

 

Una política hídrica que solo restringe, sin reconocer la acción temprana ni acompañar las inversiones necesarias, no es justa y, a largo plazo, tampoco es eficaz

 

Cada gota contará más

El futuro de la gestión hídrica en la industria papelera no pasa solo por utilizar menos agua. Pasa por utilizarla de manera eficiente y responsable, por optimizar su recirculación y por aprovechar fuentes alternativas allí donde sea posible. Ese es el camino hacia una industria más eficiente, más circular y mejor preparada para un escenario en el que el agua, lamentablemente, va a ser cada vez más escasa y cada vez más valiosa. Un escenario en el que cada gota contará más que nunca.

 

El futuro de la gestión hídrica en la industria papelera no se medirá solo por la reducción del uso de agua, sino por la capacidad de utilizarla de forma más eficiente y responsable, optimizar su recirculación y aprovechar fuentes alternativas allí donde sea posible