La hoja de ruta de Canal de Isabel II para seguir garantizando el suministro con más población y menos agua

Reducir en un 25 % el volumen de agua derivada para consumo por habitante es una de las principales metas que se han fijado al abrigo de la primera línea estratégica

Javier Fernández, subdirector de Telecontrol de Canal de Isabel II


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22/03/2018

“No sabemos qué va a pasar en el futuro, pero tenemos que prepararnos para lo que pueda ocurrir”. Son palabras de Javier Fernández, subdirector de Telecontrol de Canal de Isabel II, y bien sirven para reflejar verbalmente la esencia de la primera gran línea del Plan Estratégico. Y es que el objetivo primordial de este apartado es mantener el nivel de garantía de suministro actual pero en los previsibles escenarios de cambio climático y aumento poblacional. Estos dos aspectos constituyen el principal hándicap que va a encontrar la empresa respecto al abastecimiento y, a fin de cuentas, demuestran la ambición de un proyecto sobre el que se lleva mucho trabajando.

Como se prevé, si la cantidad de agua disponible desciende en los próximos años, y el número de ciudadanos a los que hay que abastecer aumenta, se plantea una ecuación compleja. La Comunidad de Madrid se ha convertido en una región receptora de población donde cada vez vive más gente y, a su vez, los modelos climatológicos globales parecen apuntar hacia un contexto menos favorable en el régimen de lluvias. Sin embargo, el equipo de trabajo de esta línea estratégica tiene la firme convicción de que existe una fórmula para adaptarse a esos escenarios futuribles.

Encaminado a conseguir que esas dos variables (más gente y menos agua) no supongan un problema para el suministro, sobresale un plan cuyo cumplimiento contribuirá en buena medida a que esta línea estratégica llegue a buen puerto. Se trata del ‘Plan -25’, que tiene por propósito reducir en un 25 % el volumen de agua derivada para consumo por habitante, de tal modo que, si en 2016 el consumo diario per cápita fue de 208 litros/habitante/día, la idea es que en 2030 esta cifra descienda hasta los 156 litros/habitante/día. Aunque como apunta Javier Fernández, “esto no significa necesariamente que el ciudadano tenga que consumir un 25 % menos de agua”. Es evidente que si los usuarios logran reducir su consumo doméstico (algo en lo que también se viene haciendo bastante hincapié) estarán ayudando sobremanera a cumplir con el objetivo, pero en el fondo hay otras acciones sobre las que se fundamentará el plan.

En primer término, conviene matizar que durante los últimos 13 años, pese al incremento poblacional, el consumo de agua descendió en una cuantía similar a la propuesta, lo que invita a pensar que la meta de esta línea estratégica es alcanzable si se aplican las medidas adecuadas para mantener esta tendencia.

Un proyecto con tres ramas

Según explica Javier, son tres los aspectos que estructuran el conjunto de acciones planeadas para alcanzar uno de los consumos más eficientes de la UE: la eficiencia en el uso de los recursos disponibles, el potenciamiento del agua regenerada y la gestión eficaz de la demanda.

Son dos las líneas de trabajo que conseguirán un uso más eficiente de los recursos existentes. En primer lugar, una optimización de la operación y el mantenimiento, apostando por las técnicas más innovadoras. En segundo lugar, se intentarán predecir los efectos que tendrá el cambio climático en la disponibilidad de recursos en la región, de manera que sea posible adelantarse a ellos. En este sentido, es posible que se tengan que crear nuevos mecanismos de explotación o construir infraestructuras complementarias.

Otro factor decisivo en el proceso de esta línea estratégica va a ser la apuesta por el agua regenerada, dado que es uno de los métodos más rápidos (aunque también costoso) para obtener esa reducción que se busca en el consumo. Y es que si el agua regenerada llega a un mayor número de clientes, se traducirá en agua potable que evita ser consumida. Para el riego de jardines, el baldeo de calles u otros usos industriales, poder recurrir a agua regenerada supondrá un paso importante hacia la consecución del objetivo. Este propósito irá de la mano de otras acciones, como la optimización de las operaciones o el desarrollo de un nuevo sistema de mantenimiento preventivo que emplee nuevas tecnologías para obtener un mantenimiento más homogéneo y efectivo de las infraestructuras.

Por último, aunque no menos importante, buena parte de las actuaciones relativas al plan se centrarán en pulir la gestión de la demanda. Una de las premisas en este sentido es la de “conseguir que se gaste el agua justa sin que nadie tenga que bajar por ello sus estándares de vida”, comenta Javier Fernández. Es por ello que se hacen necesarias las campañas de sensibilización como la que ahora se ha puesto en marcha, que pretende concienciar a los clientes de la necesidad de hacer un consumo responsable del agua. No obstante, donde se hará especial hincapié será en el agua no controlada. Por un lado, manteniendo las pérdidas por roturas, fugas o fraudes en valores mínimos. Por otro, consiguiendo acabar con los consumos no medidos que, al pasar a facturarse, se espera que sufran un descenso de manera natural. Finalmente, y en coordinación con la línea estratégica 6, se mejorará la precisión en la medida del consumo en el cliente final y se adaptarán las tarifas para primar un uso eficiente del agua.



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