Derrotando a la contaminación a través del rediseño

Artículo de Ellen MacArthur para la revista Our Planet de ONU Medio Ambiente
Derrotando a la contaminación a través del rediseño
Derrotando a la contaminación a través del rediseño
11-01-2018
Etiquetas

— Por Ellen MacArthur, fundadora y presidenta de la directiva de la Fundación Ellen MacArthur. Este artículo fue publicado originalmente en la revista Our Planet


Más de 8 millones de toneladas de plástico llegan a los océanos cada año. El problema es tan grave que, si nada cambia, podría haber más plástico que peces en el mar para 2050. Debemos reconsiderar urgentemente cómo fabricamos y usamos este material omnipresente, que es un elemento básico de nuestra economía moderna. 

El deseo de actuar es real. Por ejemplo, los compromisos financieros del sector público y privado para combatir la contaminación oceánica realizados este año en la conferencia Our Ocean totalizaron 7.200 millones de euros. Sin embargo, solo un reinicio total del sistema proporcionará una solución a largo plazo a la contaminación plástica y sus pérdidas económicas asociadas.

La contaminación es solo un síntoma del enorme -y derrochador- sistema del plástico. La polución es un ejemplo icónico de cómo funciona en general nuestra economía lineal, basada en "tomar-fabricar-desechar".

Cuarenta años después del lanzamiento del primer símbolo de reciclaje universal, un informe de la Fundación Ellen MacArthur para el Foro Económico Mundial 2016 reveló que solo 14% de los empaques de plástico se recolectan para su reciclaje a nivel mundial: esto produce una pérdida a la economía global de entre US$ 80 mil millones y US$ 120 mil millones cada año.

Pero el empaquetado no es el único culpable. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza ha estimado que anualmente terminan en el océano alrededor de medio millón de toneladas de microfibras plásticas que se desprenden al lavar textiles a base de plástico, como el poliéster. El desafío es reconciliar los beneficios innegables del uso de plásticos en la ropa - entre otros productos cotidianos-, con sistemas que funcionen a largo plazo y eviten la contaminación y la pérdida de materiales valiosos.

¿Puede resolverse tal dilema aplicando los principios de una economía circular? Estos son: desmontar la contaminación, mantener los materiales en uso y construir capital natural dentro de un sistema restaurativo y regenerativo. La economía circular podría contribuir significativamente al logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que, desde su adopción hace apenas dos años, parecen estar generando un nivel de colaboración sin precedentes entre los actores públicos y privados.

La economía circular no solo aplica para los flujos globales de materiales como plásticos y textiles. La producción y el consumo sostenibles pueden ser el principal objetivo de este cambio de sistema, pero su alcance va mucho más allá. Por ejemplo, un análisis de la iniciativa New Climate Economy ha demostrado que los objetivos de calidad del aire de China solo pueden alcanzarse combinando una reestructuración económica acelerada, la conservación de la energía, un cambio en los combustibles y políticas ambientales: las medidas más estrictas para dar tratamiento a la contaminación solo podrían hacer la mitad del trabajo.

De manera similar, la Fundación Ellen MacArthur descubrió que las oportunidades de la economía circular en el sistema alimentario de India podrían generar para 2030 una reducción de 15% en el gasto en alimentos, al tiempo que las emisiones de dióxido de carbono y el uso de fertilizantes y pesticidas sintéticos (y su contaminación asociada) disminuirían 21% y 45%, respectivamente. La economía circular ofrece una forma positiva de avanzar en una amplia gama de cuestiones, desde ayudar a que la urbanización beneficie a los ciudadanos hasta preservar la vida bajo el agua.

Alcanzar tales beneficios requiere un esfuerzo concertado. Las revoluciones no ocurren por decreto, por lo que el diálogo público-privado en torno al diseño de políticas debe ser el núcleo de cualquier cambio serio.

Los formuladores de políticas tienen un papel catalizador importante, tanto para establecer directrices para las industrias como para crear los mecanismos que les ayuden a avanzar más rápidamente. El kit de herramientas para los formuladores de políticas de la Fundación Ellen MacArthur proporciona una metodología para ayudar a estructurar tal transición.

La política puede consistir en establecer las reglas del juego. Para los plásticos, por ejemplo, esto podría incluir ser selectivo sobre el uso de ciertos polímeros o productos químicos. Tal acción puede ser efectiva, costar poco y recibir el apoyo del público. En Francia, Ruanda y el Reino Unido se han logrado reducciones rápidas en las bolsas plásticas de un solo uso, aplicando prohibiciones o tasas y sin causar mayores perturbaciones.

La restricción, sin embargo, es solo una parte de la historia. Debe complementarse con mecanismos que fomenten la innovación. Los responsables políticos están bien posicionados, ya que pueden conectar el diseño de los empaques de plástico con la recolección, clasificación y posterior reutilización o reciclado. La iniciativa New Plastics Economy, dirigida por la Fundación Ellen MacArthur, tiene como objetivo establecer los elementos iniciales de un "Protocolo Global de Plásticos" para abordar la necesidad de la industria de directrices y estándares comunes en el diseño, uso y reutilización de plásticos.

Este sería un paso crucial para que todos los actores de la industria se involucren en la producción y el uso de empaques plásticos que puedan ser reutilizados, reciclados o compostados, evitando que entren al medio ambiente. 

La herramienta más potente que tienen las autoridades responsables es la capacidad de establecer ambiciones de alto nivel. Para estimular las inversiones, deben enviarse señales claras al mercado que indiquen que el futuro será diferente al pasado.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible apuntan a un futuro materialmente mejor. Debemos pensar mucho sobre qué modelo de crecimiento económico queremos, ya que formará la base de ese futuro. Ese modelo debe ser adecuado para su propósito: promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo, y el trabajo decente para todos. Hay varias maneras de ver tal modelo, pero, cualquiera que sea su aspecto, debe construir capital económico, social y natural en lugar de agotarlo.

Newsletter

La información más relevante en tu correo.

Suscribirme

Último número