"En Latinoamérica la descentralización en desalinización es la única opción"

Entrevista a Alejandro Sturniolo, director vicepresidente de ALADYR


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Alejandro Sturniolo es Ingeniero Químico con más de veinte años de experiencia enfocados en marketing y desarrollo de productos para tratamiento de agua y efluentes. Para Alejandro es imprescindible profundizar en el proceso de difusión y socialización de las tecnologías de desalación y reutilización para que las sociedades latinoamericanas las exijan a las instituciones como una forma de mitigar la escasez hídrica que ineludiblemente se acentuará por efecto del cambio climático. 

Director vicepresidente de ALADYR, Asociación Latinoamericana de Desalación y Reúso de Efluentes, es el responsable de proporcionar liderazgo estratégico para la organización al trabajar con la Junta y otros administradores para establecer metas, estrategias, planes y políticas a largo plazo. También desempeña el cargo de segundo vicepresidente de la Junta Directiva de IDA, Asociación Internacional de Desalación. 

En esta entrevista, hemos tenido la oportunidad de preguntarle sobre la situación en Latinoamérica sobre desalación y reutilización de agua. 

 

Latinoamérica es una región con importantes contrastes en cuanto a la disponibilidad de recursos hídricos. ¿Cuál es vuestra visión desde ALADYR?

Uno de los problemas de Latinoamérica es que recibe gran parte del agua del planeta, aproximadamente el 30 % y ese mensaje confunde si no se tiene en cuenta la extensión del continente.

Argentina que es el segundo país en superficie territorial, (si superponemos el mapa de Argentina en Europa, ocuparía desde Portugal hasta Rusia), por más agua que contenga el país, la distribución es larguísima. 

Esta información mal codificada, mal comunicada, hace que el latinoamericano piense que se encuentra rodeado de agua, y sí, rodeado está pero a grandes distancias. En Brasil la sensación de abundancia versus la realidad es todavía más complicada. 

"Uno de los problemas de Latinoamérica es que recibe gran parte del agua del planeta, y ese mensaje confunde si no se tiene en cuenta la extensión y necesidades del continente".

Otro punto a tener en cuenta es la producción de comodities. Latinoamérica exporta productos agrícolas masivamente, el mercado agropecuario es uno de los más importantes del mundo y para tener una idea Brasil, en forma de agua virtual, es decir aquella que es intrínseca a toda actividad, exporta 8 veces la que consume cada uno de sus ciudadanos. 

Al mismo tiempo existe una tendencia a responsabilizar de la falta de agua a la minería y a la industria, cuando bien sabemos que la industria no mueve más de un 10% y menos todavía en países no tan industrializados como Argentina. Además, ante el constante escrutinio, la minería se volvió uno de los rubros con mayor eficiencia hídrica al recircular el 80% del agua que utiliza y hay faenas que ya no ocupan el recurso continental sino que desalinizan todo lo que necesitan. 

Adicionalmente, podríamos mencionar contrastes como el de Chile: maduro en desalinización pero les es necesario avanzar más en el reúso de efluentes.

Por su parte, Brasil tiene un 20% más de costa que Chile y por más que es un país extenso tan solo cuenta con tres plantas desalinizadoras importantes mientras que en Chile podemos hablar de que están operando más de 24 – cifras del Ministerio de Obras Públicas de Chile - de mediana y gran envergadura y están proyectadas otras 22. ¿Por qué tal diferencia si uno las necesita tanto como el otro?

Tuve la posibilidad de participar en uno de los proyectos más simbólicos de desalinización que fue el de ArcelorMittal Tubarão – Santa Catarina, Brasil y éste enfrentó muchas trabas que supo neutralizar con educación y promoción de la tecnología. Es un caso de estudio para compartir con los comunicadores en nuestro mercado.

En Latinoamérica hoy tenemos las dos puntas del espectro: un país bastante adelantado en reúso de agua como Brasil con ejemplos como Aquapolo que utilizan efluentes tratados para abastecer al polo industrial de ABC en Sao Paulo y Chile con la desalinización impulsada principalmente por la minería y la demanda potable en el norte del país. Otro caso interesante es el de Perú, que cuenta con una combinación interesante entre desalinización y reúso, que también cuenta con una oferta técnica local a nivel internacional. 

En Argentina, como contraejemplo, la gran mayoría de sus habitantes está en Buenos Aires, donde tenemos uno de los ríos más caudalosos del mundo, el Río de la Plata. ¿Cómo explicarle a un porteño (persona originaria de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), la escasez de agua en el interior del país cuando tienen el Río de la Plata al lado? Por tanto, en favor de la promoción de las fuentes no convencionales como la desalación y el reúso, debemos superar el paradigma de abundancia de los ciudadanos en la capital y hacerlos conscientes de la escasez en provincias como la de Santa Cruz donde la desalación es temprana y el reúso aún tiene mucho por recorrer. Un dato interesante es que esta provincia cuenta con la mitad de la superficie de España y solo llega a unos 350.000 habitantes.  

 

El cambio climático tendrá un impacto destacado en la región, ¿qué medidas entendéis desde ALADYR necesarias para mejorar la resiliencia de la región?

La medida que creemos más conveniente es la que estamos siguiendo, la difusión, la codificación de lo que se está haciendo afuera. Al latinoamericano le gusta mucho copiar cosas que se hayan hecho en Alemania, Israel o España. En el caso de España podríamos entender que es un excelente caso por la similitud en la forma de pensar con el latino. Pero Latinoamérica no es ninguno de esos 3 países, por la extensión, la planificación y por las posibilidades de financiación. Para llegar a esos escenarios ideales debemos fortalecer la seguridad jurídica a las inversiones y darles respaldo ante las fluctuaciones de las monedas locales.  

Lo que tenemos que hacer en el continente es codificar para cada país qué es lo que necesita de las fuentes de agua no convencionales para poder desarrollarse más rápidamente. Hace tiempo que se necesitan y hasta ahora preferimos seguir sufriendo sequías antes que dar el paso para adelante en este tipo de aplicaciones.

"La medida que creemos más conveniente contra el cambio climático en Latinoamérica es la que estamos siguiendo, la difusión, la codificación de lo que se está haciendo afuera".

Después de la publicación del último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, ALADYR comenzó la tarea de analizar las proyecciones para cada subregión y hacer llamados y exhortaciones para que las instituciones, las empresas y la sociedad en general se anticipen a las nuevas condiciones e incorporen la desalación y el reúso para que la menor cantidad de personas posible sufra los embates del fenómeno. A estas peticiones sumamos propuestas para reducir la carga burocrática de los proyectos, mayor apoyo de los medios para la socialización de las alternativas y reglas claras para el fortalecimiento de la seguridad jurídica de las inversiones en agua y saneamiento.  

Por otro lado, para ser justos con la industria en América Latina, la industria no difiere en tecnología, o en aplicaciones al resto del mundo. Una compañía de bebidas, de alimentación o una automotriz en Latinoamérica, no tiene nada que envidiarle a las de países desarrollados en lo que a gestión hídrica se trata. Ese tipo de mercado está muy bien atendido y tan sólo está poco promocionado. 

 

Pongamos el foco en el caso concreto de Chile, ¿cuál es la situación allí, un país con problemas de escasez de agua y que es una de las principales potencias en minería, industria con alta demanda de agua?

Anteriormente cuando hablé sobre la alta eficiencia hídrica de la industria y en particular de la minería, me refería principalmente a la gran minería del cobre en Chile. El mito sobre su gran consumo de agua generaba conflictos sociales con las comunidades aledañas pero el sector se adaptó e incorporó la desalación, el reúso de efluentes y la recirculación. Según la Comisión Minera del Cobre (Cochilco) el sector minero consume el 3% del agua continental disponible y representa alrededor del 55% de las exportaciones del país. 

El caso opuesto en esta relación de porcentajes se da en el sector agrícola que consume alrededor del 82% pero también en este sector encontramos buenos ejemplos de aplicación tecnologías no convencionales. Por ejemplo, la del aguacate es una industria que ha encontrado en las fuentes no convencionales una solución, la ha aplicado y la ha difundido.

Pero en ese sentido Chile, al tener la experiencia en la desalinización, quiero pensar que el reúso se va a desarrollar mucho más rápido y más que nada también por las asociaciones locales, no solo ALADYR, hay otras asociaciones locales y mucha compañía española, americana, canadiense e israelíes que también ayuda a la difusión y a la promoción de las fuentes no convencionales.

"La industria minera chilena es un caso paradigmático de uso eficiente del agua a través de la desalación y el reúso, consume el 3% del agua continental disponible y representa alrededor del 55% de las exportaciones del país".

 

¿Qué demanda el sector del agua latinoamericano para el desarrollo de proyectos que den solución a los problemas de gestión del agua?

La clave es la planificación, ejecución y difusión. Sigue habiendo mucho desconocimiento. Muchos de los que toman decisiones para las inversiones de infraestructura están 50 años atrasados en las posibilidades tecnológicas con las cuales cuentan sus propios países. 

A ese nivel se encuentra Sudamérica y no de nuevo por el mercado del agua en sí, porque no encuentro ninguna diferencia entre las compañías de tratamiento de agua locales de primerísimo nivel, comparadas con las del resto del mundo desarrollado. Pero no se le puede encargar la tarea de la difusión a algunas compañías en un continente tan extenso. Para compensarlo, hacemos un gran esfuerzo desde ALADYR.

"La clave es la planificación, ejecución y difusión. Sigue habiendo mucho desconocimiento. Muchos tomadores de decisiones están 50 años atrasados en las posibilidades tecnológicas con las cuales cuentan sus propios países".

La difusión en la toma de decisiones desde el tratamiento descentralizado es clave y un tratamiento descentralizado en un país como España es un must, pero en países de gran tamaño no hay otra opción. En Europa es eficiencia, en América Latina no debería haber otra opción ya que cuando analizas la infraestructura necesaria para una planta de tratamiento de agua, una planta de efluentes, sin descentralización, es brutal la diferencia porque gran parte del proyecto se lo lleva la infraestructura.

 

En los últimos años se han desarrollado en la región proyectos de infraestructuras punteras a nivel mundial, como son la depuradora de Atotonilco en México, la biofactoría La Farfana en Chile o la depuradora de El Salitre en Colombia. De acuerdo con lo que comentabas, ¿tendría mucho más sentido hacer micro proyectos locales?

Sí, por lo menos en el 80% de los proyectos que he vivido en los últimos 22 años, sí. La descentralización hubiese ahorrado muchísima infraestructura y se podría haber hecho mucho más. 

En el tema del saneamiento sucede lo mismo, es una promesa eterna que tienen todos los gobiernos y que vienen heredando. Aquí la descentralización debería ser la única opción, no solo por el costo de inversión, sino por el del mantenimiento.

Se sigue repitiendo el mantra de que la descentralización, concretamente de la desalinización, es más cara, pero no es cierto. En palabras de Domingo Zarzo, presidente de AEDyR “La energía que necesitas para desalar el agua de mar para una familia de 4 personas en un año es equivalente a la que consume su refrigerador: 3 kW/hora” y obviamente no nos cuestionamos la conservación de los alimentos en nuestras neveras. 

"Se sigue repitiendo el mantra de que la descentralización en desalinización es más cara, pero no es cierto. La descentralización hubiese ahorrado muchísima infraestructura y se podría haber hecho mucho más".

 

¿Quién gana con ese mantra?

No gana nadie, es lo más triste de esto, porque con la desalinización y el reúso ganarían todos: los líderes o tomadores de decisiones, la población, seríamos mucho más competitivos… generalmente cuando hablas de algo mejor se paga más caro, pues en este caso en particular no. 

La inercia de este mercado ha hecho que sigamos repitiendo lo mismo y quedándonos estancados durante los últimos 50 años que es de cuando datan las tecnologías que tenemos mayoritariamente en uso. 

 

¿Y si copiamos a Chile ya que ha hecho un trabajo espléndido de avance en desalinización? 

Copiaría a Chile con la agresividad de los brasileños. Son dos ejemplos que me gustan, han hecho mucho y podrían ser complementarios. Si pudiéramos juntar esas dos particularidades de ambos países sería muy bueno. 

 

¿Cuál sería tu deseo para el futuro? ¿Qué veremos y qué te gustaría que viéramos en cuanto a desalinización en Latinoamérica? 

Falta difundir sobre esto y educar al planeta entero sobre el reúso y la desalinización, no solo en Latinoamérica. Y recordando todo lo que se cuestionaba en Europa en su día sobre desalinización, si tengo que pedir un deseo es que no pase lo mismo con el reúso directo e indirecto. Esperemos poder educar a la gente. Me parecería cobarde recurrir al reúso indirecto cuando hablemos de agua potable, siendo la mejor opción el reúso directo, desde la confiabilidad, calidad y costo de purificación. Contamos con una comunidad científica de excelente nivel que lo garantizará. La única forma en que podemos alimentar a 10 mil millones de personas para 2050 es apoyando fuentes de agua no convencionales, como la desalinización y la reutilización del agua.


Entrevista publicada en el número 234 de RETEMA.

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