Gases renovables: el camino hacia la descarbonización

Por Naiara Ortiz de Mendíbil, Secretaria General de Sedigas


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La descarbonización de la economía es un proceso ya iniciado y sin vuelta atrás. De acuerdo con la Estrategia de Descarbonización a Largo Plazo establecido por el Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico, en el año 2050 debemos contar con una economía completamente descarbonizada. Este objetivo forma parte de una estrategia más amplia, enmarcada en los objetivos medioambientales de la Unión Europea y los compromisos de España como miembro del Acuerdo de París. A pesar de contar con un objetivo ambicioso ya establecido, es necesario definir de manera realista de qué manera lo vamos a conseguir.

España ya cuenta con una fuerte presencia de energías renovables, fundamentalmente eólica y fotovoltaica, las cuales, si bien supuso un 44% de la generación en España en 2020, su intermitencia al depender de las condiciones atmosféricas, obligan a equilibrar el mix energético nacional con fuentes de energía de cero emisiones y fiables en cuanto su producción. Además no son necesarias únicamente las energías renovables para generación eléctrica sino que también son fundamentales las energías renovables térmicas para poder sustituir combustibles fósiles en procesos térmicos tanto industriales como en edificios.

Por otro lado, existe la dificultad añadida del coste de generar una completa red de infraestructuras específicas para algunas de las nuevas fuentes de energía, un proceso que podría tensionar aún más el precio de la luz en el futuro. Es por ello que, es necesario en la medida de nuestras posibilidades, aprovechemos las redes e infraestructuras ya desarrolladas, como es el caso de la infraestructura gasista que ya ha invertido millones de euros en los pasados años.

Una de las fuentes de energía que cumple con los requisitos en cuanto a fiabilidad en el suministro y al aprovechamiento de infraestructuras ya operativas son los gases renovables, más concretamente el biogás y el biometano, una forma de energía neutra en emisiones de CO2 que actúa como sumidero de esta sustancia. Su producción no depende de ningún tipo de factor externo, sino que únicamente requiere de residuos orgánicos, fundamentalmente provenientes de la ganadería y la agricultura, agroindustriales, lodos de depuradora y gases de vertedero, lo que otorga una mayor fiabilidad de suministro al sistema energético. Del mismo modo, tras su generación y depuración, puede inyectarse directamente a la extensa red de gas natural con la que ya contamos, suponiendo un importante ahorro de costes respecto a otras fuentes de energía.

España es el tercer país de la UE con mayor potencial para el desarrollo de este tipo de energía, solamente por detrás de Francia y Alemania.

En esta línea, es necesario destacar que España es el tercer país de la UE con mayor potencial para el desarrollo de este tipo de energía, solamente por detrás de Francia y Alemania, países que cuentan con incentivos para su desarrollo y que, por lo tanto, su implementación es significativamente superior a la española.

El pasado mes de julio, el Gobierno presentó a proceso de consulta pública su Hoja de Ruta del Biogás en la que se condensaban las medidas que el Ejecutivo proponía para el desarrollo de este tipo de energía. Si bien el documento recoge numerosas medidas defendidas por Sedigas desde hace tiempo, el plan en su conjunto es poco ambicioso en los objetivos marcados, como por ejemplo que únicamente el 1% del gas consumido a través de la red de gas natural sea biometano, mientras que en países de nuestro entorno como Francia se ha fijado como objetivo un 10%. Igualmente, no se especifica ningún proyecto en concreto a desarrollar a partir de la llegada de los fondos europeos Next Generation.

De cara a conseguir todo el potencial que los gases renovables pueden suponer para España, es necesario un reconocimiento por parte de las Administraciones Públicas como fuente de energía limpia, eficiente y sostenible, clave para conseguir los objetivos medioambientales marcados. En esta línea, necesita estímulos económicos concretos de cara a elevar el número de proyectos en funcionamiento, similares a los planes de ayudas vigentes en Francia, Alemania y otros países. Por último, el sector requiere un marco regulatorio que otorgue confianza a la industria y a los inversores.

El desarrollo de gases renovables en España no tiene únicamente efectos positivos a nivel ambiental, sino que también supone un fuerte impulso para el medio rural en su lucha contra la despoblación debido a que el biometano necesita de residuos orgánicos, principalmente provenientes de la agricultura y la ganadería. Se calcula que los gases renovables podrían aportar alrededor de 472 millones de euros al PIB español para 2030, además de generar entre 15.000 a 25.000 puestos de trabajo para ese periodo. Además, el gas renovable favorece la economía circular ya que puede utilizar los residuos para generar energía, ayudando a solventar el problema que existe en España sobre la gestión de residuos que ya ha recibido varias multas por parte de la Comisión Europea.

El futuro presenta numerosas oportunidades para los gases renovables. La descarbonización de la economía lo convierte en una fuente de energía imprescindible si queremos llegar a 2050 con una economía completamente descarbonizada. España cuenta con la ventaja de peso destacado en agricultura y ganadería, especialmente en determinadas zonas despobladas que requieren de inversiones, además de contar con una red de gas amplia y operativa que permitirá transportar este tipo de gas tal y como se transporta en la actualidad el gas natural. Desde Sedigas, seguiremos trabajando para que el marco regulatorio establezca unas condiciones óptimas para el crecimiento e implementación de los gases renovables y por el fomento de un mix energético nacional equilibrado, que garantice el suministro y en el que todas las fuentes de energía descarbonizadas compitan en igualdad de condiciones considerando el ciclo de vida completo del producto y no únicamente las emisiones en el consumo final.


Artículo publicado en el número 233 de RETEMA.

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