Haciendo realidad la economía circular

Gabriel Leal, director general de SIGNUS


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11/02/2019
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Por Gabriel Leal, director general de SIGNUS


 

La mayor parte de las leyes y programas que inciden en el modelo de gestión y tratamiento de los residuos se basan en dos principios importantes: el principio de la responsabilidad ampliada del productor y el principio de quien contamina paga.

El primero de ellos hace referencia a que las empresas que se benefician, al poner en el mercado un determinado producto, deben de hacerse responsables de la gestión correcta de los desechos que se generan cuando el producto llega al final de su vida útil.

¿Pero quién paga el coste de la gestión? Precisamente es el segundo principio el que lo aclara. El que utiliza ese producto y produce el desecho es el responsable de la contaminación del medio ambiente y por lo tanto debe asumir los costes derivados de la gestión del desecho. En inglés este principio se denomina “Pay as you throw” (PAYT). 

Es decir, las empresas que ponen por primera vez un producto en un mercado, deben hacerse cargo de la gestión de la recogida y el tratamiento del residuo que se genera, con la financiación obtenida desde el consumidor que ha generado el residuo. En  el caso de los neumáticos, son los fabricantes y los importadores de neumáticos,  aquellos que ponen en el mercado español un neumático por primera vez en el mercado español, los que deben hacerse cargo (por obligación legal) de la responsabilidad de la gestión medio ambiental de esos neumáticos, una vez han alcanzado su condición de residuo.

Para poder cumplir con esto, la ley establece como modelo principal gestionar estos residuos a través de los denominados SCRAP (Sistema Colectivo de Responsabilidad Ampliada del Productor) antes llamados SIG (Sistema Integrado de Gestión). Los SCRAPS son entidades sin ánimo de lucro que se constituyen como herramientas para ayudar a cumplir que los productores se responsabilicen de la gestión de los residuos generados por los productos que ponen en el mercado, aunque el coste al final de la gestión se repercute en el importe que el consumidor paga por el producto nuevo, que es realmente quien asume “el coste de la contaminación”, de acuerdo con el segundo principio.

La Entidad gestora se crea para gestionar y organizar los diferentes flujos: económico, de responsabilidades y de materiales; contratar los gestores y dar cuenta, con total transparencia, de la gestión y destino final de los residuos generados a las autoridades administrativas, cumpliendo con las diferentes legislaciones existentes: locales, autonómicas, estatales y de la unión europea.

Estas entidades, los  SCRAP,  gestionan las aportaciones económicas recibidas de las empresas, estando autorizadas por las comunidades autónomas para desarrollar los sistemas de recogida  y tratamiento de los residuos con un claro objetivo: transformarlos en materiales e introducirlos de nuevo en la cadena de producción.

Es en este punto es cuando hablamos de Economía Circular. Los SCRAPS jugamos un papel clave en el modelo económico que debemos de implementar y que aunque en los últimos tiempos oímos hablar mucho él, llevamos trabajando ya desde la primera ley de residuos en la que se comienza a hablar de reciclaje de acuerdo con sus principios (reducir, reutilizar, reciclar).

Echando la vista atrás, en tan solo veinte años la evolución y la transformación a la hora de considerar y gestionar los residuos, ha sido importante. Actualmente muchos de los productos que se ponen en el mercado tienen un plan de gestión de los residuos que generarán cuando finalice su vida útil y unas entidades responsables de garantizar que ese plan sea viable, técnica y económicamente.

En el caso de los neumáticos se ha pasado de eliminarlos, en su gran mayoría en vertederos, a que ninguno pueda terminar allí su vida, por lo que se ha tenido que impulsar y ayudar a consolidar la industria del reciclaje del neumático, para ofrecer a los componentes del neumático (caucho, acero y textil), una segunda vida, convertidos en productos necesarios para aplicaciones como carreteras, suelos de seguridad, rellenos de campos de césped artificial, calzado, etc., dándole así valor a través de su transformación en materias primas secundarias algo que, sin duda, es el paradigma de la “Economía Circular”.

En general, aunque de manera progresiva, las usuarios vamos despertando una mayor sensibilidad ambiental en nuestros actos y aunque a todos nos gusta disfrutar de comodidades, sin pensar en la repercusión que esto tiene en nuestro entorno, también empezamos a ser conscientes de que con un poco de esfuerzo, cambiando nuestros hábitos, lograremos un mayor bienestar general que a corto, medio y sobre todo a largo plazo nos permitirá disfrutar durante más tiempo de los recursos que el planeta pone a nuestra disposición.

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