La comunidad científica sienta las bases de una futura estrategia de adaptación al cambio climático en los Pirineos

Establece recomendaciones para adaptar el territorio a unas proyecciones climáticas que apuntan a un aumento de la temperatura a montaña de más de 4ºC a finales de siglo


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El Observatorio Pirenaico del Cambio Climático (OPCC) ha presentado este lunes en Zaragoza el segundo informe sobre los impactos, las vulnerabilidades y la adaptación de los Pirineos al cambio climático. El documento del OPCC, donde participa la Generalitat a través de la Oficina Catalana del Cambio Climático y del Servicio Meteorológico de Cataluña , la ha elaborado un equipo científico formado por cien personas en el marco del programa europeo POCTEFA , en col colaboración con la Comunidad de Trabajo de los Pirineos . El informe detalla recomendaciones para cada uno de los sectores de actividad más afectados: el turismo, la agricultura y la ganadería, la silvicultura, la gestión del agua, la biodiversidad y los ecosistemas, los riesgos naturales, la salud humana y las infraestructuras, la industria y la producción de energía.

Afrontar los extremos climáticos

La comunidad científica coincide en que a lo largo de este siglo aumentarán los fenómenos climáticos extremos como lluvias torrenciales, sequías severas, olas de calor y olas de frío. De hecho, entre 1959 y 2010, la temperatura media anual en el Pirineo ha subido 1,2ºC, a razón de 0,20ºC por década; en cuanto a las precipitaciones, se han reducido un 2,5% por década, mientras que en los últimos 32 años han desaparecido la mitad de los glaciares. Por tanto, el Pirineo es un macizo que ya está sufriendo los impactos del cambio climático como consecuencia del calentamiento global de origen antropogénico.

Según las proyecciones climáticas realizadas en el marco del proyecto CLIM'PY , a lo largo del siglo XXI se espera un aumento significativo de las temperaturas máximas y mínimas diarias. Un aumento que puede llegar a situarse, a finales de siglo, hasta entre 4,3ºC y 7,1ºC, detallan algunos escenarios. Por su parte, el espesor medio de la nieve a 1.800 metros de altura podría disminuir a la mitad el año 2050 y el período de permanencia de la nieve podría reducirse en más de un mes.

Encarar los riesgos naturales

El posible incremento futuro de lluvias especialmente intensas, unido al avance del deshielo primaveral, podría incidir en un incremento del riesgo de inundaciones, avenidas y deslizamientos de tierra, sobre todo a finales de la estación invernal y comienzos de la primavera. 

El informe determina que habrá que potenciar estudios de caracterización local de los riesgos; combinar soluciones basadas en la naturaleza con medidas estructurales y medidas de gestión; realizar un inventario de medidas de prevención y mapas de riesgos naturales y crear herramientas de ayuda a la toma de decisiones; además de mantener y optimizar los actuales sistemas de seguimiento para mejorar la monitorización.

Prever la escasez hídrica y las sequías

Los principales modelos climáticos prevén un aumento en la intensidad y frecuencia de las sequías en las próximas décadas. De hecho, en los últimos cinco decenios, los caudales circulantes entre 1950 y 2010 en las cabeceras de las cuencas de los ríos del Pirineo -cuenca del Ebro- han reducido en porcentajes significativos en más de un 50% de los estaciones de aforo analizadas. Es previsible que estos cambios se incrementen tanto en términos de suministro -cantidad y calidad- como desde el punto de vista de la demanda -necesidades de agua-.

Las crisis hídricas afectan diversos sectores socioeconómicos y biofísicos mismo tiempo, causando impactos en la agricultura y la agropastoralisme -menor disponibilidad hídrica para el riego, menor productividad y calidad del farratge-, en la producción de electricidad hidroeléctrica, en el desarrollo del turismo y en la salud de los ecosistemas.

Garantizar la calidad de las aguas superficiales y subterráneas

El cambio climático y los cambios en los usos del suelo han afectado, y se prevé que afecten en un futuro, los caudales de los ríos pirenaicos y la calidad de las aguas. Las sequías y los períodos de estiaje reducen el factor de dilución de los contaminantes que llegan a los ríos, dando lugar a un aumento en la concentración de contaminantes y el consiguiente empeoramiento de la calidad del agua. Por otra parte, las inundaciones promueven el arrastre y la removilización de contaminantes retenidos en los sedimentos. El incremento de las temperaturas, en sinergia con la mayor concentración de contaminantes, a menudo altera los procesos químicos y biológicos. Habrá, pues, adoptar una visión integradora de la gestión del territorio, que replantee la distribución territorial del uso del agua y los usos del suelo.

Mantener el atractivo turístico de los Pirineos

El cambio climático podría ser decisivo en la determinación de las condiciones necesarias para la práctica de ciertas actividades turísticas en los Pirineos. En particular, la mayor variabilidad en el espesor y duración de la cubierta de nieve podrían suponer un desafío para las estaciones de esquí alpino, que deberán adaptarse para mantener operativas las estaciones y asegurar la sostenibilidad de su actividad. Sin embargo, el incremento de las temperaturas podría afectar positivamente el turismo de montaña, alargando la temporada y favoreciendo la elección de destinos de montaña relativamente frescos en detrimento de las zonas de sol y playa.

Aspectos como la presencia o no de ciertas especies de fauna y flora emblemática, la calidad de los ecosistemas y el estado de las formaciones naturales como los glaciares podrían verse afectados por el cambio climático, resultando en una pérdida de interés turístico. La recomendación es readaptar los modelos de desarrollo turístico para potenciar la resiliencia del sector.

Hacer frente a los cambios en los cultivos

La disminución del período de heladas y el incremento de las temperaturas medias podría favorecer la expansión de cultivos no habituales en los Pirineos, como de ámbito mediterráneo o los de origen subtropical. En cambio, otros cultivos principalmente de secano podrían ver restringida su área de distribución potencial debido a una mayor variabilidad en el régimen de las precipitaciones y las temperaturas extremas. Por otra parte, la mayor frecuencia e intensidad de las sequías y olas de calor podría afectar a la ganadería extensiva a través de cambios en la composición y productividad del forraje, mientras que el estrés térmico podría impactar en el estado de salud del ganado a las explotaciones intensivas de montaña media.

La solución pasa, en parte, para favorecer un uso sostenible de los recursos hídricos, además de limitar el abandono del sector e incentivar la modernización y la diversificación.

Luchar contra la pérdida de biodiversidad

El cambio climático favorece la pérdida de biodiversidad y la extinción de especies a través de cambios en la fisiología y fenología de plantas y animales, cambios en la duración de la temporada de crecimiento, cambios en la distribución de las poblaciones y el incremento del riesgo de diseminación de especies exóticas. La acción combinada de los impactos antrópicos y los impactos del cambio climático puede ocasionar la modificación de algunos procesos ecológicos clave en los ecosistemas de alta montaña, lo que podría limitar su capacidad para proveer bienes y servicios a más de comprometer su propia pervivencia a largo plazo.

Las recomendaciones apuntan a promover las redes de observación de la biodiversidad de alta montaña; integrar las consideraciones relativas a la adaptación al cambio climático en los actuales planes y programas; limitar la fragmentación de los hábitats garantizando la conectividad ecológica; y promover el intercambio de información entre los organismos competentes en los sectores involucrados.

Prever cambios irreversibles del paisaje

Se está acelerando el proceso de degradación de algunos paisajes icónicos como los glaciares, los lagos o las turberas de alta montaña. Esto y otros cambios ambientales como los de la distribución de algunas especies de animales, bosques y vegetación alpina, a menudo actúan en sinergia con la acción humana como los cambios en los usos del suelo, generando alteraciones menudo irreversibles en los paisajes típicamente pirenaicos .

Nuevas realidades energéticas

El aumento de la variabilidad en la distribución espacial y temporal de las precipitaciones, la reducción del caudal de los ríos y los cambios en el calendario del deshielo podrían incidir de manera negativa en la capacidad de producción hidroeléctrica en los Pirineos. Respecto a la demanda, es previsible que el cambio climático incida en su estructura a lo largo de las estaciones del año: el aumento de las temperaturas podría reducir la demanda de energía para calefacción en invierno y otoño.

La solución pasa por la diversificación de las fuentes de energía priorizando las renovables; optimizar la gestión de los recursos hídricos en la producción eléctrica; fomentar un uso energético racional; y adecuar la gestión energética en las variaciones de la demanda.

Coordinación transfronteriza

El OPCC constituye una herramienta estratégica común al conjunto de los siete territorios pirenaicos: Andorra, Aquitania, Aragón, Cataluña, Euskadi, Navarra y Occitania. Con el apoyo de un consejo científico con miembros de una experiencia reconocida a nivel internacional, que produce datos de gran calidad y proporciona los indicadores que permiten anticipar los impactos del cambio climático en el macizo, los territorios del OPCC establecen estrategias de adaptación para ser menos vulnerables a los impactos del cambio climático.

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