La necesidad de alinear la economía con el planeta

Por Félix González Yagüe, Doctor en Ingeniería de Recursos Naturales y Licenciado en Economía


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La bioeconomía como complemento y evolución de la economía circular se basa en el uso renovable de activos naturales para transformar y gestionar los sistemas alimentario, extractivo y de infraestructuras en su sentido más amplio (industrial, salud, movilidad…) en pos de un bienestar sostenible y armonizado con la naturaleza.

Y es que nuestro mundo en sí mismo es circular, no hay lugar para el desperdicio porque todo proceso tiene un fin y es alimentado por una fuente energética renovable principal, el sol.

Esta concepción holística y renovable debería estar en la génesis de cualquier proceso productivo responsable que nace con el objeto de satisfacer nuestro bienestar pero que deberá minimizar la huella ecológica sobre nuestro planeta para no sobrepasar sus límites de tolerancia en términos de emisión de gases, integridad de la diversidad, disponibilidad de agua y tierra…

A día de hoy, existen cerca de un millón de especies en peligro de extinción a causa de la actividad humana comprometiendo incluso el valor añadido puro de su propia actividad: según el New Nature Economy Report del World Economic Forum, la mitad del PIB mundial está potencialmente en riesgo como resultado de la dependencia que los negocios tienen de la naturaleza y los servicios que esta nos provee.

Las posibilidades de actuar y remediar esta situación insostenible están disminuyendo al ritmo alarmante que marca el incremento de los riesgos por una inacción que se ve peligrosamente incrementada por los terribles efectos del COVID-19 y su factor paralizante, del que solo podremos recuperarnos a través de una acción sostenible y conjunta que conduzca hacia una sociedad más resiliente, capaz de alinear la economía global con las fronteras productivas de nuestro planeta.

Solo podremos recuperarnos a través de una acción sostenible y conjunta que conduzca hacia una sociedad más resiliente, capaz de alinear la economía global con las fronteras productivas de nuestro planeta.

La lucha contra el cambio climático resultará crucial en esta batalla, pero no será suficiente teniendo en cuenta que la pérdida de diversidad asociada a la causa es inferior al 15%.

Es nuestro sistema productivo actual el gran responsable del grueso de esta pandemia exterminadora, viéndose el 80% de las especies de nuestro planeta amenazadas por los tres sistemas socioeconómicos más relevantes en nuestra civilización: alimenticio, infraestructuras y extractivo.

Paradójica y afortunadamente, no nos enfrentamos a un temible Can Cerbero de tres cabezas, sino más bien somos un afortunado D’Artagnan.

Paradójica y afortunadamente, no nos enfrentamos a un temible Can Cerbero de tres cabezas, sino más bien somos un afortunado D’Artagnan que cuenta con la inestimable ayuda de tres proveedores de bienestar que albergan las transiciones sistémicas capaces de minimizar nuestro actual impacto negativo en la naturaleza.

Athos, el sistema alimentario, con gran incidencia en los usos de tierra y mar, que representa un 12% del PIB mundial y aglutina el 40% de los empleos, habrá de transformar su actividad a través de al menos seis transiciones socioeconómicas en materia de limitación de uso de tierra y mar, agricultura regenerativa, mejora de la salud de los océanos, gestión sostenible de bosques, cadenas productivas sostenibles y transparentes y por último, y como causa y consecuencia de todo ello, un sistema de consumo asumible por las capacidades regenerativas del planeta.

Porthos, el sustento de las infraestructuras, con un ritmo actual de incremento de población urbana de 1,5 millones de habitantes a la semana, genera un 40% del PIB mundial asociado desgraciadamente al 29% de amenazas a la biodiversidad identificadas por IUCN. Su transformación pasa por la protección de los ecosistemas que albergan estos grandes colosos de la ingeniería, con un diseño positivo en términos de valor ambiental, unos usos urbanos compatibles con el ritmo vital del planeta y el aprovechamiento de la propia naturaleza como infraestructura resiliente.

Aramis, el portento extractivo, emplea al 16% de la fuerza laboral mundial con un cuarto de PIB a sus espaldas y será el gran motor de la transición desde un sistema económico lineal hacia un modelo productivo circular, sostenible y regenerativo.

Estas transformaciones en su conjunto suman un valor económico de 10 trillones de dólares y la capacidad para crear cuatrocientos millones de empleos, pero necesitarán del impulso de una colaboración público privada con una inyección de capital adicional de 3 trillones de dólares en los próximos diez años y una total alineación entre intereses socieconómicos y ritmo vital de la Tierra.

¡Todos para uno y uno para todos!


Sobre el autor

Félix González Yagüe es Doctor en Ingeniería de Recursos Naturales y Licenciado en Economía.

Actualmente es directivo de ACCIONA y asesor de Unión Europea, Foro Económico Mundial y diferentes Administraciones Públicas españolas, en materia de Economía Circular y modelos de negocios sostenibles

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Sostenibilidad, Opinión, España
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