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De Nepal a España: qué pueden enseñarnos los fenómenos extremos sobre la resiliencia de las infraestructuras

La catástrofe de Nepal evidencia una vez más la vulnerabilidad de territorios e infraestructuras ante fenómenos extremos. En España, la experiencia de la DANA acelera nuevas estrategias de prevención y adaptación frente al riesgo de inundación
Autor/es
Luis Bustamante
04-09-2026

La catástrofe que golpeó Nepal el pasado 26 de agosto ha dejado una profunda huella humana y también material. Una enorme masa de roca, hielo y agua procedente de las zonas de alta montaña desencadenó una violenta avenida que arrasó comunidades enteras, destruyó carreteras y puentes y golpeó algunas de las principales infraestructuras del país. El balance de víctimas mortales en Nepal supera las 1.200 personas y miles continúan desaparecidas.

Las infraestructuras hídricas y energéticas han sufrido especialmente el impacto. Redes de abastecimiento y saneamiento han resultado dañadas, mientras varias centrales hidroeléctricas quedaron arrasadas o aisladas. UNICEF advertía el 3 de septiembre de que al menos 22.000 niños necesitan urgentemente acceso a agua potable, saneamiento e higiene como consecuencia de la emergencia.

 


Los daños en las redes de abastecimiento y saneamiento de Nepal han dejado a miles de personas con necesidades urgentes de agua potable e higiene

 

Nepal y España presentan realidades territoriales y climáticas muy diferentes. Pero la magnitud del desastre vuelve a plantear una cuestión que trasciende fronteras: ¿hasta qué punto están preparadas las infraestructuras para responder cuando un fenómeno extremo supera los escenarios para los que fueron concebidas?

 

Las lluvias extremas obligan a revisar la gestión del riesgo

España cuenta con sus propios precedentes recientes. La DANA que afectó especialmente a la provincia de Valencia el 29 de octubre de 2024 dejó registros de precipitación excepcionales. La estación de AEMET en Turís acumuló 772 litros por metro cuadrado en 24 horas, con 185 litros en una hora y 621 en seis horas, batiendo récords nacionales en distintos intervalos temporales.

 

DANA Valencia inundaciones

 

Dos años después, la investigación científica ha permitido dimensionar también la influencia del calentamiento global sobre aquel episodio. Un estudio liderado por la Universidad de Valladolid y AEMET, publicado en Nature Communications en febrero de 2026, concluyó que el cambio climático provocado por la actividad humana intensificó un 21 % la precipitación intradiaria, incrementó alrededor de un 19 % el volumen total de lluvia descargado sobre la cuenca del Júcar y amplió un 55 % la superficie sometida a precipitaciones extremas superiores a 180 milímetros.

 


El cambio climático intensificó un 21 % la precipitación intradiaria durante la DANA de 2024 y amplió un 55 % el área sometida a precipitaciones extremas

 

Esto no significa que todas las inundaciones vayan a ser necesariamente más graves ni que las infraestructuras españolas hayan quedado obsoletas. Sí obliga a incorporar un escenario climático cambiante a la evaluación y gestión del riesgo. El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) contempla ya esta variable en los Planes de Gestión del Riesgo de Inundación (PGRI).

La adaptación deja así de consistir únicamente en responder después de una avenida. También implica identificar las infraestructuras más vulnerables y revisar cómo se planifican las ciudades y el territorio frente a fenómenos extremos.

 

Drenaje urbano e infraestructuras, bajo presión

No existe una respuesta única. El riesgo de inundación depende de la intensidad de las precipitaciones, pero también de las características de cada cuenca, de la ocupación del territorio y de la capacidad existente para gestionar grandes volúmenes de agua en periodos muy cortos.

Las redes de saneamiento y drenaje urbano constituyen uno de los puntos sensibles. Durante una precipitación intensa, el agua que no consigue infiltrarse se transforma rápidamente en escorrentía y acaba concentrándose en calles y sistemas de evacuación. Cuanto mayor es la impermeabilización del suelo, mayor es también la presión que soportan estas redes.

El problema adquiere especial relevancia en las ciudades. La Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) estima que alrededor del 40 % de las superficies urbanas europeas están impermeabilizadas. A ello se suma la exposición de instalaciones esenciales: cerca del 36 % de las depuradoras urbanas de Europa se encuentran en zonas potencialmente afectadas por inundaciones fluviales.

 


El 36 % de las depuradoras urbanas europeas se encuentran en zonas potencialmente afectadas por inundaciones fluviales

 

Cuando una EDAR resulta inundada, el problema puede extenderse más allá de los daños en la propia instalación. La entrada de grandes cantidades de agua puede comprometer los procesos de tratamiento y favorecer la liberación de aguas residuales o contaminantes, trasladando las consecuencias del episodio a la calidad del agua y los ecosistemas.

En España, el Sistema Nacional de Cartografía de Zonas Inundables (SNCZI) permite identificar las áreas expuestas y evaluar los posibles efectos sobre la población, las actividades económicas y determinadas infraestructuras. Esta información sirve también de base para delimitar las Áreas de Riesgo Potencial Significativo de Inundación (ARPSI).

Pero disponer de mapas de riesgo no elimina la vulnerabilidad. Buena parte de las ciudades, instalaciones y actividades se encuentran ya construidas. El desafío consiste, por tanto, en adaptar lo existente y reducir las consecuencias allí donde las inundaciones no pueden evitarse por completo.

 

SUDS y drenaje urbano: ciudades mejor preparadas frente a inundaciones

Aumentar la capacidad de colectores o reforzar determinadas obras de protección seguirá siendo necesario en puntos vulnerables. Sin embargo, la adaptación está evolucionando hacia una gestión más integrada del agua: no se trata únicamente de evacuarla, sino también de retenerla, almacenarla temporalmente o favorecer su infiltración antes de que alcance las redes de drenaje.

Es aquí donde cobran protagonismo los Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible (SUDS) y las soluciones basadas en la naturaleza. Pavimentos permeables, jardines de lluvia o espacios verdes preparados para almacenar temporalmente agua permiten ralentizar la escorrentía y aliviar la presión sobre los sistemas convencionales.

 

 

No se plantea sustituir la infraestructura hidráulica tradicional, sino combinar diferentes herramientas. La restauración de ríos y llanuras inundables responde a esa misma filosofía: allí donde las condiciones lo permiten, proporcionar mayor espacio al agua puede contribuir a reducir los efectos de una avenida.

España ya está trasladando este enfoque a las actuaciones posteriores a la DANA. El plan elaborado por el MITECO para mejorar la resiliencia de las zonas afectadas de la Comunitat Valenciana combina infraestructuras hídricas, restauración fluvial, adecuación de cauces y áreas de almacenamiento controlado, además de actuaciones para adaptar elementos ya situados en zonas inundables.

La planificación urbana adquiere aquí una importancia similar a la propia obra hidráulica. Una infraestructura puede reducir el riesgo, pero difícilmente eliminarlo por completo. Evitar que siga aumentando la exposición en las zonas de mayor peligrosidad se convierte, por tanto, en otra herramienta de prevención.

 

España revisa su estrategia frente al riesgo de inundación

El marco español también está evolucionando. El MITECO mantiene actualmente en tramitación una actualización de la normativa sobre gestión del riesgo de inundación, impulsada a partir del conocimiento científico y de la experiencia acumulada durante los últimos episodios extremos, con especial atención a la DANA de octubre de 2024.

La propuesta pretende reforzar la prevención e integrar con mayor profundidad los mapas de riesgo en el planeamiento urbanístico. También contempla el desarrollo de programas municipales de adaptación en los territorios más vulnerables.

A estas medidas se suman actuaciones sobre zonas ya expuestas. En julio, el Gobierno aprobó 60 millones de euros para 78 municipios afectados por la DANA, destinados a adaptar edificios, infraestructuras y servicios municipales frente a futuras inundaciones.

 


España destinará 60 millones de euros a adaptar edificios, infraestructuras y servicios de 78 municipios afectados por la DANA

 

La experiencia reciente apunta así a un doble desafío: adaptar las infraestructuras que ya existen y evitar generar nuevas vulnerabilidades. Las catástrofes de Nepal y Valencia responden a fenómenos y contextos muy diferentes, pero ambas recuerdan los límites de intentar eliminar por completo el riesgo. Ante escenarios extremos, la resiliencia dependerá cada vez más de combinar infraestructuras preparadas, conocimiento del territorio y prevención.

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