Eliminación de olores en fertilizantes: una estrategia completa para domar H₂S, NH₃ y TRS

Cómo diseñar sistemas que reducen el impacto odorífero sin frenar la producción
11-06-2026

La gestión de los olores constituye uno de los principales retos ambientales para muchas instalaciones dedicadas a la fabricación de fertilizantes. En determinadas plantas con quejas vecinales recurrentes, los compuestos responsables del impacto odorífero pueden desplazarse más allá del perímetro industrial y afectar a zonas residenciales próximas.

Aunque estas instalaciones dispongan de sistemas de tratamiento adecuados y programas de mantenimiento correctos, los episodios de olor pueden seguir produciéndose. Es precisamente en este contexto donde cobra importancia la ingeniería de control de olores, basada en identificar qué gases están detrás del impacto, dónde se generan y en qué momentos se liberan.

Los especialistas explican que, a partir de ese diagnóstico, es posible diseñar una combinación de micronización, nebulización y evaporación de agentes activos capaz de interceptar la nube odorífera y neutralizarla antes de que se convierta en un problema social o regulatorio.

 

Entender el olor: no es un único culpable

En las plantas de fertilizantes rara vez existe un único responsable del olor. El HS (sulfuro de hidrógeno) suele ser uno de los compuestos que genera más reclamaciones vecinales, mientras que el NH (amoniaco) puede provocar molestias tanto en el interior como en el exterior de las instalaciones.

A ello se suma la familia de compuestos TRS (azufre reducido total), integrada por sustancias como metilmercaptano, DMS o DMDS, capaces de dejar una huella odorífera persistente y desplazarse a mayores distancias.

 

Los compuestos TRS, como el metilmercaptano, el DMS o el DMDS, pueden generar una huella odorífera persistente capaz de desplazarse a grandes distancias fuera del entorno industrial

 

Además, la intensidad de estos compuestos no es constante. Factores como la temperatura, la humedad, la dirección del viento o los fenómenos de inversión térmica pueden modificar significativamente la percepción de los olores. Una estrategia eficaz en determinadas condiciones meteorológicas puede resultar insuficiente en otros escenarios.

Por este motivo, la metodología de trabajo debe partir del análisis real de la instalación y no de soluciones estándar. Los expertos recomiendan apoyarse en lecturas de gases y, siempre que sea posible, en estudios de olfatometría (OU/m³)realizados por el cliente para caracterizar correctamente el problema.

La clave reside en analizar conjuntamente el contexto operativo y el factor temporal, ya que un mismo punto de emisión puede presentar comportamientos muy distintos según el momento del día o las condiciones ambientales.

 

La eficacia de un sistema de control de olores depende tanto de la tecnología empleada como de factores externos como la temperatura, la humedad o la dirección del viento

 

Tres herramientas, un mismo objetivo

En el ámbito industrial, las tecnologías de micronización, nebulización y evaporación no compiten entre sí, sino que se complementan para ofrecer una solución adaptada a cada escenario.

La micronización resulta especialmente útil en interiores, conductos y áreas confinadas. Al generar gotas extremadamente finas, incrementa la superficie de contacto con la corriente de aire y favorece la interacción con los compuestos responsables del olor. En instalaciones de granulación, esta tecnología permite actuar directamente sobre los puntos donde se producen los picos de emisión.

La nebulización, por su parte, destaca en aplicaciones exteriores. Mediante el diseño de barreras aéreas en patios, zonas logísticas o perímetros industriales, es posible acompañar el desplazamiento de la nube odorífera y reducir su impacto antes de que alcance el entorno. Aspectos como los solapes entre líneas o la orientación respecto a la rosa de vientos resultan determinantes para garantizar la eficacia del sistema.

La evaporación aporta una respuesta especialmente precisa en puntos críticos, como venteos, bocas de carga o salas técnicas. Su capacidad para actuar bajo demanda permite amortiguar episodios breves pero intensos sin necesidad de sobredimensionar el tratamiento.

La selección de cada tecnología depende de múltiples factores, entre ellos la configuración de la planta, los procesos productivos, los horarios de operación, los movimientos logísticos o los patrones de emisión detectados durante la fase de análisis.

 

El agente activo adecuado… para el gas que realmente molesta

La neutralización de olores solo resulta eficaz cuando el agente activo ha sido seleccionado específicamente para el perfil de gases presente en la instalación.

En el caso de las plantas de fertilizantes, esto suele traducirse en una elevada afinidad frente al HS, sensibilidad ante la presencia de NH en determinadas fases del proceso y una estrategia específica para los compuestos TRS durante operaciones de carga y descarga.

Los especialistas recomiendan validar cada solución mediante una prueba industrial de entre cuatro y doce semanas, comparando simultáneamente distintas alternativas. Siempre que sea posible, las evaluaciones deben apoyarse en mediciones realizadas antes y después de la implantación para convertir la decisión en una evidencia operativa y no en una simple promesa comercial.

 

Las pruebas industriales de entre cuatro y doce semanas permiten comparar distintos agentes activos y validar su eficacia mediante mediciones reales antes y después de la implantación

 

En determinados casos, puede resultar conveniente combinar distintos agentes activos. Mientras uno actúa sobre el Hpresente de forma habitual, otro puede entrar en funcionamiento durante los picos de NH asociados a procesos concretos de granulación. Un detalle aparentemente menor que, sin embargo, puede marcar la diferencia en la percepción del entorno.

 

Diseño que se opera, no que solo suena bien en papel

Un sistema de control de olores no se evalúa únicamente por su diseño teórico, sino por su comportamiento real a lo largo del tiempo.

Por este motivo, además del cálculo de caudales, coberturas y zonas de actuación, resulta fundamental prestar atención a aspectos como la limpieza de boquillas, la filtración o las operaciones de purgado.

Una obstrucción parcial puede reducir de forma significativa la eficacia percibida sin que el problema resulte evidente hasta que reaparecen las incidencias o las quejas vecinales.

La ubicación de los equipos también desempeña un papel clave. La experiencia demuestra que un sistema técnicamente correcto puede perder efectividad si las líneas de tratamiento se sitúan por encima de la trayectoria real de la nube odorífera. En muchos casos, un simple ajuste basado en la rosa de vientos permite mejorar notablemente los resultados.

 

Medir para demostrar

La eficacia de cualquier estrategia de control debe sustentarse en datos objetivos.

Para ello, los expertos recomiendan apoyarse en análisis de olfatometría dinámica (ouE/m³) realizados por el cliente y en registros de incidencias o reclamaciones vecinales.

A partir de esta información es posible construir un escenario comparativo de antes y después, imprescindible para evaluar el retorno de la inversión y justificar futuras ampliaciones del sistema.

En ámbitos como las redes de saneamiento, la reducción sostenida del número de quejas ciudadanas se ha consolidado como uno de los indicadores más fiables para medir el éxito de las actuaciones.

 

El clima, ese socio invisible

El comportamiento de los compuestos odoríferos está estrechamente ligado a las condiciones meteorológicas.

Durante los meses más cálidos aumenta la volatilidad de los compuestos, mientras que los cambios en la dirección y velocidad del viento pueden modificar completamente el desplazamiento de la nube odorífera.

Por ello, la utilización de datos procedentes de estaciones meteorológicas permite optimizar la programación de los sistemas y adaptarlos a situaciones como inversiones térmicas nocturnas, episodios de altas temperaturas o cambios estacionales.

La experiencia demuestra que una misma dosis puede ofrecer resultados muy diferentes dependiendo de las condiciones atmosféricas existentes en cada momento.

 

¿Y los scrubbers, oxidadores térmicos y biofiltros?

Una de las preguntas más habituales en el sector es si las tecnologías de neutralización en fase gas compiten con sistemas como los scrubbers, la oxidación térmica o los biofiltros.

La respuesta de los especialistas es clara: se trata de soluciones complementarias.

Cuando las emisiones son canalizadas y concentradas, tecnologías como los scrubbers o los biofiltros pueden ofrecer excelentes resultados. Sin embargo, incluso en estos casos, determinados compuestos pueden seguir generando impacto odorífero a concentraciones muy bajas.

Por ello, complementar estos sistemas con tecnologías de neutralización permite reforzar el control de los olores y mejorar el comportamiento global de la instalación.

En situaciones donde las emisiones son difusas, variables o perimetrales, la neutralización en fase gas adquiere un papel protagonista al actuar directamente sobre la nube odorífera antes de que abandone la instalación.

 

Las emisiones difusas y perimetrales requieren estrategias específicas de neutralización en fase gas para evitar que la nube odorífera alcance el entorno exterior

 

En muchas plantas industriales, la combinación de distintas tecnologías permite gestionar de forma conjunta las emisiones habituales, los picos de concentración y las fugas puntuales, logrando una estrategia mucho más robusta.

 

Cómo empezar sin frenar la planta

La puesta en marcha de una solución de control de olores suele comenzar con una prueba industrial que permita validar hipótesis y cuantificar resultados.

Habitualmente, un periodo de cuatro semanas resulta suficiente para desarrollar un proceso estructurado basado en:

1. Diagnóstico del perfil de gases y localización de puntos críticos (realizado por el cliente).

2. Pruebas con dos o tres agentes activos y selección de la combinación tecnológica más adecuada.

3. Medición antes y después mediante estudios de olfatometría realizados por el cliente.

4. Diseño de un plan de escalado modular, adaptado a temporadas, turnos o necesidades operativas.

Este enfoque permite ofrecer certezas tanto a la dirección de la planta como a los equipos de operación, garantizando que las soluciones implantadas no interfieran en la actividad productiva.

 

Para quién es este enfoque

Este tipo de estrategias está especialmente dirigido a instalaciones de fertilizantes que conviven con emisiones de HS, NH y TRS y necesitan resultados medibles sin alterar sus procesos de producción.

Cuando ya existen scrubbers, biofiltros u otros sistemas de tratamiento, el enfoque pasa por generar sinergias y maximizar el rendimiento global de la instalación. Cuando no existen, la prioridad suele centrarse en la modularidad, la rapidez de implantación y la capacidad de adaptación a diferentes escenarios operativos.

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