“La economía circular es una prioridad para todo el espectro político en Europa"

Aurel Ciobanu Dordea, director de Economía Circular de la Comisión Europea, analizó en Future4 Circularity 2026 los avances y limitaciones del modelo en Europa y las claves de la futura Ley de Economía Circular

El estado actual de la economía circular en Europa, los retos para acelerar su implementación y las principales líneas de la futura Ley de Economía Circular centraron el diálogo protagonizado por Aurel Ciobanu Dordea, director de Economía Circular de la Comisión Europea, en el marco de Future4 Circularity 2026, celebrado el pasado 25 de marzo en el Auditorio El Beatriz de Madrid.

En una conversación telemática desde Bruselas, moderada por la periodista de ciencia y tecnología y colaboradora de RETEMA, Patricia Ruiz Guevara, el responsable europeo ofreció una visión directa y estratégica sobre el momento que atraviesa el continente, marcada por una brecha clara entre ambición política y resultados reales. A lo largo del diálogo, el experto puso el foco en la necesidad de acelerar la implementación de las políticas ya adoptadas, reforzar el funcionamiento del mercado único de materias primas secundarias y avanzar hacia un modelo en el que la circularidad deje de ser una excepción para convertirse en la norma.

 

 

Europa ante el reto de escalar la circularidad

Desde la Comisión Europea, Aurel Ciobanu-Dordea ofreció una visión clara y directa sobre el momento que atraviesa la economía circular en Europa, marcada por una aparente paradoja: mientras el respaldo político es sólido y transversal, los resultados todavía no están a la altura de las ambiciones fijadas. En este sentido, subrayó que la circularidad se ha consolidado como una prioridad compartida en el conjunto de la Unión Europea, independientemente de los cambios políticos, lo que ha permitido mantener una agenda estable y avanzar en su desarrollo con el apoyo de las instituciones comunitarias y los Estados miembros.

Sin embargo, este consenso no se traduce aún en resultados ni en un despliegue efectivo a gran escala. Según explicó, el desempeño europeo sigue siendo limitado, especialmente en indicadores clave como la tasa de uso circular de materiales, que actualmente se sitúa en torno al 12%, lejos del objetivo del 24% fijado para 2030. A su juicio, esto evidencia la necesidad urgente de acelerar la implementación de las políticas ya adoptadas, ya que, pese a los avances y a la existencia de casos de éxito, la economía circular “todavía no es la norma general” en el conjunto del mercado europeo ni en muchos sectores económicos.

 

“Si analizamos la Unión Europea en su conjunto, la economía circular —empresas, bienes y materiales— aún no es la norma general”. 

 

En este contexto, el directivo adelantó las líneas estratégicas de la futura Ley de Economía Circular, que se orientará a resolver dos grandes retos estructurales. Por un lado, mejorar la competitividad económica de la circularidad, haciendo que los materiales y productos circulares resulten más atractivos que los lineales tanto para empresas como para consumidores. Por otro, reforzar el funcionamiento del mercado único de materias primas secundarias, todavía limitado por barreras regulatorias y operativas entre Estados miembros que dificultan el flujo eficiente de estos materiales dentro de la Unión.

 

“Nuestro desempeño como continente y como mercado sigue siendo insuficiente, especialmente en lo que respecta a la tasa de uso circular de materiales"

 

 

Hacia un mercado único real armonización normativa y nuevas reglas del juego

Tras el diagnóstico inicial, la conversación avanzó hacia el futuro marco regulatorio europeo y los cambios que introducirá la nueva Ley de Economía Circular, actualmente en preparación por parte de la Comisión. Aunque Ciobanu-Dordea evitó adelantar detalles definitivos —dado que la propuesta aún puede evolucionar antes de su presentación prevista para finales de septiembre—, sí identificó varias líneas de actuación clave orientadas a corregir las disfunciones actuales del sistema.

Uno de los ejes principales será la armonización de la Responsabilidad Ampliada del Productor (RAP), con el objetivo de superar la fragmentación existente. En la actualidad, las empresas operan bajo 27 regímenes distintos en función del Estado miembro, lo que dificulta el desarrollo de un verdadero mercado único. La Comisión apuesta por avanzar hacia un reglamento con condiciones más uniformes que permita simplificar el marco y generar mayor coherencia a escala europea.

 

“Queremos pasar de normas mínimas a un reglamento con condiciones uniformes”

 

En paralelo, se abordarán otras barreras regulatorias que limitan la circulación de materiales secundarios, como las diferencias en los criterios de fin de condición de residuo o en la consideración de subproductos, que siguen variando entre países. A ello se suma la revisión de la normativa sobre residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE), ampliando su alcance a nuevos flujos emergentes —como turbinas eólicas o equipos de telecomunicaciones— y ajustando los sistemas de medición para mejorar su eficacia.

Finalmente, destacó el papel de los instrumentos económicos como palanca para acelerar el cambio de modelo. En este sentido, la futura normativa buscará reforzar las señales de precio para reducir el vertido, impulsar la recogida separada y el reciclaje, y limitar aquellas opciones que dificultan la recuperación de materiales, avanzando hacia un sistema más eficiente y alineado con los objetivos de circularidad.

 

 

De iniciativas pioneras a modelo sistémico: la circularidad como pilar de la economía europea

En el cierre del diálogo, Aurel Ciobanu-Dordea proyectó la mirada hacia 2035, situando la economía circular como un elemento estructural del modelo económico europeo. En este horizonte, la futura Ley de Economía Circular jugará un papel relevante, aunque no será la única palanca: su impacto se verá reforzado por otras iniciativas clave ya en marcha, como el reglamento de ecodiseño o la normativa sobre traslados de residuos, configurando un marco integral orientado a transformar el sistema productivo.

El objetivo, según explicó, es superar la actual fase de experiencias piloto y casos de éxito aislados para avanzar hacia una implantación generalizada de la circularidad en el conjunto de la economía europea. Este cambio implicará transformaciones profundas no solo en el ámbito empresarial, sino también en la forma en que operan las comunidades y en los hábitos de consumo, ampliando el alcance de la transición más allá del tejido productivo.

 

"Sin la ciudadanía no será posible que la economía circular se convierta en un componente central del modelo económico europeo."

 

En este proceso, subrayó que la implicación de la ciudadanía será un factor determinante. Más allá del papel de las empresas y los operadores económicos, la consolidación de la economía circular dependerá de su capacidad para integrarse en la vida cotidiana, convirtiéndose en un componente central del modelo económico europeo.

 

 

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