“La hoja de ruta de EMACSA se basa en tres pilares: datos fiables, operación más predictiva y mayor transparencia”
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En un escenario cada vez más condicionado por la variabilidad climática y un marco regulatorio en evolución, los operadores del ciclo urbano del agua están obligados a reforzar la resiliencia de sus infraestructuras, con vistas a mejorar la eficiencia operativa.
En esta entrevista, la directora-gerente de EMACSA, Mª Teresa Carrillo, detalla cómo la entidad estructura su hoja de ruta en torno a la renovación de redes, la garantía del abastecimiento, la digitalización del ciclo integral, la eficiencia energética y la economía circular, con el objetivo de consolidar un servicio público seguro, eficiente y preparado para responder a desafíos futuros.
EMACSA cuenta con una histórica trayectoria al frente de la gestión del agua de Córdoba. ¿Qué supone liderar la gestión del ciclo integral del agua en un contexto marcado por una creciente incertidumbre climática y mayores exigencias ambientales?
Liderar la gestión del ciclo integral del agua en Córdoba es, ante todo, una enorme responsabilidad pública. En EMACSA trabajamos con un recurso esencial para la vida y el desarrollo de la ciudad, y hacerlo en un contexto de creciente incertidumbre climática — con sequías más prolongadas, lluvias intensas y una mayor presión sobre los recursos hídricos — exige tomar decisiones estratégicas y responsables.
Nuestra responsabilidad como empresa pública es doble: asegurar el suministro a la ciudadanía en condiciones de calidad y continuidad, y hacerlo minimizando el impacto ambiental. Esto exige anticipación, planificación y capacidad de adaptación. En este contexto, la resiliencia de las infraestructuras y la digitalización del ciclo del agua se convierten en herramientas clave para mejorar la eficiencia, optimizar la toma de decisiones y responder con rapidez ante situaciones de riesgo. Así combinamos experiencia, innovación y planificación para ofrecer un servicio público seguro, sostenible y preparado para el futuro.
Córdoba es un territorio especialmente expuesto a situaciones de estrés hídrico y a episodios meteorológicos extremos. En este escenario, ¿qué líneas de acción está adoptando EMACSA para reforzar sus infraestructuras y garantizar la continuidad y calidad del servicio?
EMACSA trabaja sobre una estrategia integral basada en la anticipación, la resiliencia de las infraestructuras y la eficiencia en la gestión del recurso.
En primer lugar, mantenemos un esfuerzo sostenido en la renovación y modernización de las redes de abastecimiento, con un nivel de renovación acumulado superior al 97%. Esta política de inversión continua permite mantener el rendimiento del sistema en niveles muy elevados, situando el porcentaje de agua no registrada por debajo del 10%, frente a una media nacional que se aproxima al 25%. Reducir pérdidas es, sin duda, una de las medidas más eficaces para reforzar la seguridad hídrica y optimizar el uso de los recursos disponibles.
En segundo lugar, estamos reforzando la garantía del sistema de abastecimiento, mediante infraestructuras estratégicas que permiten aumentar la seguridad operativa ante incidencias, episodios extremos o situaciones de sequía, como es el caso de la segunda conducción, que aporta mayor capacidad y fiabilidad al sistema.
Otra línea clave es la diversificación de usos del recurso, impulsando el empleo de agua no potable para usos que no requieren calidad de agua de consumo, como el riego de zonas verdes o determinados usos urbanos. Esta estrategia resulta especialmente relevante en una ciudad que apuesta por incrementar su superficie verde y avanzar hacia modelos urbanos más sostenibles, al tiempo que se reduce la presión sobre los recursos destinados al abastecimiento doméstico.
Todo ello se complementa con la digitalización del sistema, la mejora del telecontrol y el desarrollo de planes específicos de gestión del riesgo, que permiten anticipar incidencias, optimizar la operación y garantizar en todo momento la continuidad y la calidad del servicio.
“Nuestra responsabilidad como empresa pública es doble: asegurar el suministro a la ciudadanía y hacerlo minimizando el impacto ambiental”
La adaptación al cambio climático y la necesaria inversión en las infraestructuras del ciclo del agua requieren una planificación inversora sostenida en el tiempo. ¿Cuáles son actualmente las principales líneas estratégicas de EMACSA en este sentido?
Nuestra estrategia inversora se orienta a reforzar la resiliencia del sistema con criterios de eficiencia técnica y económica. Entre las principales líneas destacan la seguridad del abastecimiento, la renovación y modernización de redes y activos críticos, y la mejora del rendimiento hidráulico para reducir pérdidas.
Asimismo, estamos impulsando actuaciones en saneamiento y depuración para reforzar la protección del medio receptor y garantizar el cumplimiento de las exigencias normativas presentes y futuras. Todo ello se complementa con inversiones en eficiencia energética y en herramientas de planificación y gestión que nos permitan optimizar el ciclo en el medio y largo plazo.
La empresa ha sido adjudicataria de fondos del PERTE para la digitalización del ciclo del agua. ¿Qué importancia estratégica tiene para EMACSA la digitalización del ciclo integral del agua y qué actuaciones están desarrollando?
La digitalización es una palanca estratégica para mejorar la eficiencia, la sostenibilidad y la calidad del servicio. Nos permite conocer el sistema en tiempo real, anticipar incidencias, optimizar recursos y reforzar la transparencia.
Gracias al PERTE estamos impulsando el proyecto #REDES_EMACSA 5.0: Más digital y cerca de ti, que agrupa actuaciones en planificación y gobernanza del dato, sensorización en captaciones e instalaciones, mejora del control en redes de abastecimiento, digitalización del saneamiento y optimización energética.
Entre las actuaciones destacan la implantación de instrumentación analítica avanzada en estaciones de depuración, el refuerzo del telecontrol y el desarrollo de plataformas de gestión y explotación de datos operativos que faciliten la toma de decisiones en tiempo real.
Más allá del impulso a proyectos concretos que permite la financiación del PERTE, ¿cuál es la hoja de ruta a largo plazo en esta materia?
El PERTE nos permite acelerar un proceso que ya formaba parte de nuestra planificación estratégica. La hoja de ruta a largo plazo se basa en tres pilares: disponer de datos fiables y bien gobernados, avanzar hacia una operación cada vez más predictiva y optimizada, y mejorar la relación con la ciudadanía y las administraciones mediante una mayor transparencia y trazabilidad.
En este sentido, la transformación digital no es un proyecto puntual, sino un proceso continuo que afecta a la gestión operativa, a la planificación y a la cultura organizativa.
“La transformación digital no es un proyecto puntual, sino un proceso continuo que afecta a la gestión operativa, a la planificación y a la cultura organizativa”
Con un marco normativo cada vez más ambicioso y exigente, tanto a nivel nacional como europeo, ¿cuáles son los principales retos regulatorios que identifican y cómo esperan abordar su cumplimiento?
El marco regulatorio actual refuerza las exigencias en materia de calidad del agua de consumo, depuración, control de vertidos, reutilización y eficiencia energética. El principal reto es integrar estas obligaciones en la gestión diaria garantizando su cumplimiento de forma sostenible desde el punto de vista técnico y económico.
Para ello, apostamos por la planificación anticipada, la mejora continua de los procesos, el refuerzo del control analítico y la inversión en infraestructuras y sistemas de monitorización que permitan cumplir no solo con los requisitos normativos, sino con el objetivo final de proteger la salud pública y el medio ambiente.
También el nexo agua-energía está adquiriendo un papel cada vez más relevante. ¿Qué avances están impulsando en materia de eficiencia energética y descarbonización?
La energía es uno de los principales factores de coste e impacto ambiental del ciclo del agua. Por ello, estamos impulsando actuaciones orientadas a optimizar los consumos mediante la mejora del rendimiento de bombeos, la gestión eficiente de presiones y la renovación de equipos por otros más eficientes.
Además, la digitalización nos permite analizar los consumos en detalle y optimizar la operación en función de las necesidades reales del sistema. La finalidad es avanzar hacia un modelo de gestión cada vez más eficiente desde el punto de vista energético y alineado con los objetivos de reducción de la huella de carbono.
“El fin es avanzar hacia un modelo de gestión cada vez más eficiente desde el punto de vista energético y alineado con los objetivos de reducción de la huella de carbono”
En relación con la gestión de subproductos de la depuración, ¿qué estrategia sigue EMACSA para maximizar su valorización y minimizar el impacto ambiental del tratamiento?
Nuestra estrategia se basa en optimizar los procesos de depuración para mejorar la calidad y las características del lodo, reducir su volumen y facilitar su valorización cuando las condiciones técnicas y ambientales lo permiten.
Asimismo, reforzamos el control y la trazabilidad para garantizar una gestión segura y conforme a la normativa, y trabajamos en la mejora de la eficiencia energética de las instalaciones asociadas al tratamiento. El fin es avanzar hacia un modelo cada vez más alineado con los principios de la economía circular.
Con la vista puesta en el medio y largo plazo, ¿qué acciones considera hoy imprescindibles para garantizar la seguridad hídrica y la sostenibilidad técnica, económica y ambiental del servicio urbano del agua?
Las prioridades pasan por mantener una planificación basada en la gestión del riesgo, asegurar una inversión sostenida en renovación y modernización de infraestructuras, mejorar la eficiencia del sistema reduciendo pérdidas y optimizando consumos, y avanzar en una digitalización que aporte valor real a la operación.
A ello se suma la eficiencia energética, la valorización de subproductos, el impulso a la reutilización y la transparencia en la gestión. En definitiva, se trata de combinar infraestructuras robustas, información de calidad y una gestión eficiente para garantizar un servicio seguro, sostenible y adaptado a los retos del futuro.

