Los clústeres catalanes de bioenergía, residuos y energía presentan una guía para impulsar la aceptación social de los proyectos de transición ecológica
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El Clúster de Bioenergía de Cataluña (CBC), el Clúster de Residuos de Cataluña (CREC) y el Clúster de la Energía Eficiente de Cataluña (CEEC) han presentado una guía pionera sobre la gestión de la licencia social con el objetivo de favorecer la aceptación de los proyectos de transición ecológica en el territorio. La iniciativa busca ayudar a empresas y administraciones a incorporar la dimensión social como un elemento estratégico desde las primeras fases de desarrollo de los proyectos.
La publicación responde a uno de los principales desafíos que afrontan actualmente las infraestructuras vinculadas a las energías renovables, la bioenergía y la gestión de residuos: lograr que, además de ser técnica y económicamente viables, sean comprendidas, aceptadas e integradas en el entorno donde se implantan.
Una guía para integrar la participación y el diálogo desde el inicio de los proyectos
El documento propone un enfoque integral de la licencia social, alejándose de una visión centrada únicamente en la comunicación. Para ello, plantea una metodología basada en ocho pilares fundamentales: el encaje territorial, la transparencia, la participación, la gobernanza, el retorno al territorio, la comunicación, la pedagogía y la gestión de impactos.
Además, recomienda adoptar una estrategia preventiva, iniciando el diálogo con el territorio antes incluso del comienzo de la tramitación administrativa de los proyectos.
Dirigida tanto a promotores públicos como privados, la guía reúne metodologías, herramientas de aplicación, recomendaciones prácticas y ejemplos reales para facilitar la incorporación de la dimensión social en el desarrollo de nuevas infraestructuras. El documento es el resultado de un proceso participativo en el que han colaborado empresas, entidades y expertos de los tres sectores representados por los clústeres.
La guía propone iniciar el diálogo con el territorio antes del inicio de la tramitación administrativa y basa la licencia social en ocho pilares: transparencia, participación, gobernanza, comunicación, pedagogía, gestión de impactos, encaje territorial y retorno al territorio
Empresas que demuestran que la licencia social es posible
La guía incorpora además experiencias de empresas que han convertido la relación con el territorio en un factor determinante para el éxito de sus proyectos.
En el ámbito de la bioenergía, Cristina Pascual, responsable de Licencia Social de Genia Bioenergy, destaca que la aceptación social comienza mucho antes de que el proyecto esté definido. "Es imprescindible iniciar el diálogo desde las primeras fases, identificar correctamente a los actores locales, explicar con claridad el funcionamiento de la planta y responder de forma transparente a las preocupaciones de la ciudadanía. La aceptación social se consolida cuando el territorio percibe que el proyecto escucha, responde y actúa con coherencia", afirma.
Desde el sector de los residuos, Núria Aguasca, delegada de Tratamiento de la Dirección de Negocio Industrial de PreZero, subraya que la licencia social debe formar parte de la gestión cotidiana de las organizaciones. "La transparencia, la escucha activa y la pedagogía deben incorporarse a la toma de decisiones. La confianza no se consigue de un día para otro; se construye con coherencia, responsabilidad y demostrando que escuchar a la ciudadanía tiene un impacto real en la forma de trabajar", señala.
Por su parte, Marcos Piqué, director de Desarrollo de Negocio de Energías Renovables de Aspiravi España, pone el foco en la proximidad al territorio. "La presencia local desde las primeras etapas del proyecto, conocer las inquietudes de los vecinos y adaptar el proyecto al territorio son elementos fundamentales para generar aceptación social. La confianza se mantiene con divulgación constante y cumpliendo los compromisos adquiridos", explica.
Una herramienta para impulsar una transición ecológica más participativa
Con esta iniciativa, los tres clústeres pretenden contribuir a una transición ecológica más participativa, eficaz y alineada con las necesidades del territorio. La guía aspira a convertirse en un documento de referencia para empresas, administraciones públicas y agentes sociales, promoviendo proyectos capaces de generar valor ambiental, económico y social a través del diálogo, la colaboración y la implicación de la ciudadanía.

