La gestión de los residuos municipales afronta una etapa decisiva, marcada por el endurecimiento de los objetivos europeos de prevención, reutilización y reciclaje y por la necesidad de trasladar esas exigencias a sistemas capaces de recuperar materiales con mayor calidad. En Galicia, esta transformación adquiere además una dimensión territorial propia: la dispersión de la población y la convivencia entre grandes núcleos urbanos y pequeños municipios obligan a adaptar los modelos de recogida y tratamiento a realidades muy diferentes. El despliegue de la recogida separada, con especial atención a la materia orgánica, se ha convertido así en uno de los principales frentes de actuación de los próximos años.
La comunidad llega a este escenario después de reforzar sus infraestructuras y de avanzar en nuevas herramientas para la gestión municipal. La red desarrollada por la Xunta a través de Sogama para la materia orgánica cuenta con cuatro plantas de compostaje —Cerceda, Cervo, Verín y Vilanova de Arousa— y 13 plantas de transferencia, configuradas para acercar el tratamiento a los municipios y reducir los costes asociados al transporte. A este despliegue se suman ahora otros retos que amplían el foco de la política de residuos: la digitalización y trazabilidad de los flujos, la recogida separada de nuevas fracciones como el textil, la modernización de los servicios municipales y el aprovechamiento de los residuos como materias primas secundarias. En esta línea, el plan estratégico de Sogama con horizonte 2030 sitúa precisamente la transformación digital, la recuperación del residuo textil y la descarbonización entre sus principales pilares.
En este contexto, Isabel González Lechuga, subdirectora general de Residuos y Economía Circular de la Consellería de Medio Ambiente e Cambio Climático de la Xunta de Galicia, analiza los desafíos que determinarán la evolución del modelo gallego hasta 2030. Desde la consolidación de la recogida separada y el apoyo técnico y económico a los concellos hasta la valorización material, la simbiosis industrial o la implicación ciudadana, la experta apunta hacia una nueva fase en la que el desafío ya no pasa únicamente por disponer de infraestructuras, sino por mejorar su funcionamiento, conocer mejor los flujos de residuos y conseguir que una proporción cada vez mayor de los materiales permanezca dentro del ciclo productivo.
La gestión de residuos atraviesa un momento de profunda transformación, impulsada por nuevas obligaciones europeas y nacionales. ¿Cuál diría que es hoy el principal reto de Galicia para consolidar un modelo plenamente alineado con los principios de la economía circular?
Creo que el principal reto es conseguir que la recogida separada se traduzca realmente en más prevención, más reutilización y más reciclaje efectivo. En los últimos años hemos avanzado mucho en infraestructuras y en la implantación de nuevas recogidas, pero ahora entramos en una fase distinta: no basta con disponer de los medios, tenemos que conseguir que funcionen bien, mejorar la calidad de los materiales recogidos y recuperar una proporción cada vez mayor de los residuos que generamos.
Y dentro de ese reto hay una fracción especialmente importante, que son los biorresiduos. La materia orgánica representa alrededor del 40 % de los residuos domésticos y condiciona enormemente el funcionamiento del conjunto del sistema. Si conseguimos separarla correctamente en origen, no solo aumentamos su valorización mediante compostaje o tratamiento biológico, sino que evitamos que contamine otras fracciones y mejoramos también su recuperación.
Además, los criterios europeos de cálculo son cada vez más exigentes. A partir de 2027, los biorresiduos solo podrán computar como reciclados cuando procedan de recogida separada, por lo que los próximos años van a ser determinantes. En Galicia ya tenemos 295 concellos con sistemas específicos para la materia orgánica y la recogida a través del contenedor marrón ha crecido un 282 % en el último año. Ahora el reto es consolidar esa implantación y mejorar sus resultados.
"No basta con disponer de los medios, tenemos que conseguir que funcionen bien, mejorar la calidad de los materiales recogidos y recuperar una proporción cada vez mayor de los residuos que generamos"
La Xunta está desarrollando una estrategia basada en el apoyo a los ayuntamientos, la digitalización y la mejora de la planificación. ¿En qué punto se encuentra esa hoja de ruta y cuáles son las actuaciones prioritarias previstas para los próximos años?
Tenemos una hoja de ruta definida en el Plan de Xestión de Residuos Municipais de Galicia 2030 y estamos ya en una fase claramente ejecutiva. Una de nuestras prioridades es acompañar a los concellos porque son quienes tienen que materializar una parte muy importante de este cambio sobre el territorio.
Desde 2018 hemos movilizado cerca de 40 millones de euros para apoyar a las entidades locales en actuaciones relacionadas con biorresiduos, compostaje doméstico y comunitario, puntos limpios, residuos textiles, reutilización, vehículos, modernización de los servicios o digitalización. A ese apoyo económico hemos añadido el acompañamiento técnico a través de la Oficina de Economía Circular Municipal y estamos reforzando también la colaboración con los sistemas colectivos de responsabilidad ampliada del productor.
La otra gran línea es la digitalización. Necesitamos conocer cada vez mejor qué residuos generamos, dónde se generan, cómo se recogen y cuál es su destino. La plataforma GaIA eResiduos nos permitirá avanzar en trazabilidad, planificación y análisis de los flujos. Pero la tecnología no es un fin en sí mismo: queremos que esos datos sirvan para detectar problemas, evaluar resultados y tomar mejores decisiones.
Uno de los instrumentos más recientes ha sido la puesta en marcha de la Oficina de Economía Circular Municipal, concebida para acompañar técnicamente a los concellos. ¿Qué balance hacen de estos primeros meses de funcionamiento y qué necesidades están trasladando con mayor frecuencia las entidades locales?
El balance está siendo positivo porque nos está permitiendo conocer de primera mano dónde están las dificultades reales de los concellos. Y estamos comprobando algo que ya intuíamos: muchas veces el problema no es la falta de voluntad para cambiar el modelo, sino disponer de capacidad técnica suficiente para decidir cómo hacerlo.
Las consultas son muy prácticas. Hay bastante demanda relacionada con la adaptación a la Ley 7/2022, la elaboración y revisión de ordenanzas, la configuración de las tasas o las nuevas obligaciones de recogida separada. También nos plantean cuestiones sobre cómo implantar la fracción orgánica, qué sistema funciona mejor en cada territorio, cómo avanzar hacia modelos de pago por generación o cómo controlar y evaluar la calidad del servicio. Y aparece de manera recurrente la cuestión económica, porque cualquier cambio tiene que ser viable y sostenible en el tiempo.
Además del asesoramiento individual, queremos aprovechar ese conocimiento para generar herramientas comunes. Estamos trabajando en ordenanzas tipo, guías prácticas y en la difusión de experiencias que ya están funcionando, para evitar que cada concello tenga que empezar desde cero.
"Muchas veces el problema no es la falta de voluntad para cambiar el modelo, sino disponer de capacidad técnica suficiente para decidir cómo hacerlo"
Galicia presenta una gran diversidad territorial, con grandes ciudades, municipios rurales y una población muy dispersa. ¿Cómo condiciona esta realidad el diseño de los sistemas de recogida y tratamiento de residuos y qué soluciones considera más eficaces para adaptarse a esa diversidad?
Lo condiciona absolutamente. Uno de los errores que debemos evitar es pensar que existe un único modelo válido para todos. Lo que funciona en una ciudad compacta puede ser económicamente ineficiente en un concello rural con núcleos muy dispersos.
Por eso defendemos un modelo flexible. En las áreas más urbanas tiene mucho sentido reforzar la recogida separada mediante contenedores y sistemas cada vez más eficientes y controlados. En el rural disperso, en cambio, el compostaje doméstico puede evitar desplazamientos innecesarios y gestionar la materia orgánica muy cerca del lugar en el que se genera. Entre ambos extremos tenemos soluciones como el compostaje comunitaria, los puntos limpios móviles o los sistemas de proximidad.
También hay que explorar más la cooperación entre municipios. En determinados territorios compartir medios, infraestructuras o servicios permite alcanzar una escala que un pequeño concello difícilmente podría conseguir por sí solo. La clave es partir de un buen diagnóstico y dimensionar cada servicio en función de la población, la dispersión, las cantidades generadas y los costes reales.
La recogida separada de nuevas fracciones, como los residuos textiles o los biorresiduos, supone un importante desafío organizativo y económico para las administraciones. ¿Cómo está abordando Galicia esta transición y qué resultados esperan obtener a corto y medio plazo?
La estamos abordando combinando financiación, infraestructuras, apoyo técnico y sensibilización. Implantar una nueva recogida separada no consiste simplemente en colocar un contenedor: hay que dimensionar el servicio, organizar rutas, disponer de instalaciones de tratamiento, controlar la calidad del material recogido y conseguir que la ciudadanía utilice correctamente el sistema.
En biorresiduos llevamos varios años haciendo un esfuerzo especialmente importante. Desde 2018 se han movilizado más de 22 millones de euros específicamente para actuaciones relacionadas con la materia orgánica: contenedor marrón, compostaje doméstico y comunitario, vehículos, infraestructuras y sensibilización. En 2026 hemos vuelto a concentrar una parte muy relevante de las ayudas en esta fracción.
En textiles estamos ante una transición diferente, porque además de extender la recogida separada necesitamos desarrollar capacidad para clasificar el material y dirigirlo hacia preparación para la reutilización o reciclaje. El objetivo común es claro: separar mejor para recuperar más recursos y reducir progresivamente la cantidad de residuos que termina en las opciones inferiores de la jerarquía.
"Implantar una nueva recogida separada no consiste simplemente en colocar un contenedor: hay que dimensionar el servicio, organizar rutas, disponer de instalaciones de tratamiento y controlar la calidad del material recogido"
Precisamente en materia de residuos textiles, Galicia contará con la primera planta pública específica para su tratamiento. ¿Qué papel desempeñará esta instalación dentro del sistema autonómico de gestión de residuos y qué impacto esperan que tenga sobre la valorización de este flujo?
La futura planta de clasificación de residuos textiles de Cerceda es un buen ejemplo de hacia dónde queremos orientar el modelo. La recogida separada es imprescindible, pero tiene que ir acompañada de capacidad para clasificar correctamente esos residuos y dirigir cada material hacia la opción de gestión más adecuada.
La instalación permitirá avanzar en la preparación para la reutilización y en el reciclaje del residuo textil, favoreciendo la recuperación de materiales y su reincorporación al ciclo productivo. Es precisamente ahí donde la economía circular deja de ser un concepto y se convierte en una cadena real de recuperación de recursos.
Además, tiene un valor estratégico porque nos permite anticiparnos al incremento de los flujos textiles recogidos separadamente y desarrollar en Galicia capacidad propia para su clasificación y valorización.
Más allá de las infraestructuras, la implicación ciudadana sigue siendo determinante para mejorar la prevención y la separación en origen. ¿En qué ámbitos consideran que todavía existe un mayor margen de mejora y qué tipo de acciones están impulsando para favorecer un cambio de hábitos?
Sin la implicación de la ciudadanía es muy difícil que cualquier sistema de gestión de residuos funcione bien. Podemos mejorar las infraestructuras y los servicios de recogida, pero la prevención y la separación empiezan allí donde se genera el residuo: en los hogares, en los comercios, en los centros educativos o en los lugares de trabajo.
Creo que tenemos todavía margen de mejora en varios ámbitos. Uno muy importante es la materia orgánica, donde el esfuerzo que estamos haciendo para extender la recogida separada tiene que ir necesariamente acompañado de una buena separación en origen. Pero también tenemos que seguir trabajando en la calidad de otras recogidas ya consolidadas, reduciendo, por ejemplo, la presencia de impropios en los contenedores de envases.
Por eso desde la Xunta estamos reforzando las acciones de sensibilización y, sobre todo, intentando dirigirlas cada vez más a públicos y problemáticas concretas. Estamos trabajando en campañas vinculadas a los biorresiduos y a la mejora de la separación de envases, pero también poniendo el foco en ámbitos como el comercio local, la comunidad educativa o la población universitaria, porque consideramos que son espacios especialmente importantes para generar cambios de hábitos que puedan mantenerse en el tiempo.
La experiencia nos demuestra que las campañas generalistas tienen un recorrido limitado. No podemos dirigirnos de la misma manera a un escolar, a un estudiante universitario, a una familia o a un establecimiento comercial. Tenemos que adaptar los mensajes y los canales y hacer que la economía circular se entienda a través de decisiones muy cotidianas.
Y creo que ahí está también uno de los cambios que debemos conseguir: que la ciudadanía no identifique la economía circular únicamente con reciclar. Separar correctamente es fundamental, pero antes están la prevención, la reducción del consumo innecesario, la reutilización y el aprovechamiento de los recursos.
"La economía circular no empieza en una planta de tratamiento; empieza realmente en nuestras decisiones como consumidores y ciudadanos"
Este verano la Xunta, a través de Sogama, ha reforzado la sensibilización con una campaña para mantener las playas gallegas libres de residuos. ¿Hasta qué punto este tipo de iniciativas ayudan a trasladar el mensaje de que la economía circular empieza por la prevención y no únicamente por el reciclaje?
Creo que son especialmente útiles porque permiten trasladar la economía circular a situaciones muy cotidianas. En verano aumenta el uso de nuestros espacios naturales y también determinados hábitos de consumo, y es un buen momento para recordar que nuestra responsabilidad con los residuos empieza mucho antes de decidir en qué contenedor debemos depositarlos.
La campaña impulsada este verano por Sogama parte precisamente de una idea muy sencilla: procurar que nuestro paso por las playas deje la menor huella posible. La guía de buenas prácticas busca concienciar sobre la protección de los arenales y sobre pequeños comportamientos que dependen directamente de cada uno de nosotros.
Y ese mensaje encaja plenamente con la jerarquía de residuos que queremos trasladar. Reciclar es necesario, pero antes están prevenir y reutilizar. Evitar productos innecesarios o de un solo uso cuando existen alternativas, reducir la cantidad de residuos que generamos y, por supuesto, no abandonar ningún residuo en el entorno son comportamientos mucho más eficaces que tener que gestionar posteriormente esos materiales.
Además, en Galicia tenemos un patrimonio natural y litoral excepcional, por lo que este tipo de campañas tienen también la virtud de hacer visible de una forma muy directa la relación entre nuestros hábitos cotidianos y la conservación del entorno. La economía circular no empieza en una planta de tratamiento; empieza realmente en nuestras decisiones como consumidores y ciudadanos.
La valorización de residuos está adquiriendo cada vez mayor protagonismo como herramienta para generar materias primas secundarias y reducir la dependencia de recursos vírgenes. ¿En qué corrientes de residuos identifica Galicia un mayor potencial de desarrollo durante los próximos años?
Vemos un potencial importante en determinadas corrientes industriales, especialmente en residuos plásticos, residuos minerales y de construcción, biomasa y determinados flujos orgánicos procedentes de la industria agroalimentaria. Son materiales en los que todavía existe margen para aumentar su valorización y, sobre todo, para conseguir que los subproductos generados en unos procesos productivos vuelvan a incorporarse en otros procesos productivos.
Precisamente una de las líneas en las que estamos trabajando es la simbiosis industrial, buscando conexiones entre empresas para que lo que constituye una salida para una actividad pueda convertirse en una entrada para otra. Los primeros trabajos que estamos desarrollando con empresas gallegas ya están permitiendo identificar oportunidades concretas en flujos como plásticos y polímeros reciclados, cenizas procedentes de calderas de biomasa o áridos reciclados, además del aprovechamiento compartido de otros recursos como agua, calor o energía.
El reto ahora es analizar cuáles de esas oportunidades son técnica, ambiental y económicamente viables y qué encaje jurídico corresponde en cada caso. Porque no todos los materiales tienen que seguir necesariamente el mismo camino: en determinados procesos podemos estar hablando de valorización de residuos y, en otros casos, cuando se cumplen los requisitos establecidos por la normativa, de subproductos o de materiales que pueden alcanzar el fin de la condición de residuo.
Ahí creemos que existe bastante recorrido. El objetivo final es conseguir que una mayor parte de los materiales que ya están presentes en nuestra economía permanezcan dentro del ciclo productivo el mayor tiempo posible, sustituyendo materias primas vírgenes y generando nuevas cadenas de valor en Galicia.
"El objetivo final es conseguir que una mayor parte de los materiales que ya están presentes en nuestra economía permanezcan dentro del ciclo productivo el mayor tiempo posible"
Si miramos al horizonte de 2030, con objetivos europeos cada vez más exigentes en materia de prevención, reutilización y reciclaje, ¿qué prioridades considera imprescindibles para que Galicia pueda consolidarse como una de las comunidades de referencia en gestión de residuos y economía circular?
Creo que hay varias prioridades que tienen que avanzar simultáneamente. La primera es prevenir más y separar mejor, especialmente la materia orgánica, porque va a condicionar en gran medida nuestra capacidad para cumplir los objetivos europeos.
La segunda es continuar modernizando los servicios municipales. Eso no se traduce necesariamente en nuevas infraestructuras, sino también en profesionalización, planificación económica, digitalización, control y datos. Tenemos que saber mejor qué estamos recogiendo, cuánto cuesta, qué calidad tiene y qué resultados obtiene cada sistema.
La tercera es seguir avanzando en reutilización y valorización material, generando materias primas secundarias que puedan volver realmente al sistema productivo. Y todo ello tiene que hacerse teniendo muy presente la realidad territorial gallega. Nuestro objetivo no puede ser copiar modelos que funcionan en otros lugares, sino encontrar las soluciones que funcionen aquí, con ciudades, villas, pequeños municipios y una dispersión de población muy característica.
"Ninguna Administración puede hacer esta transición sola. Necesitamos a los concellos, a los sistemas de responsabilidad ampliada del productor, al sector empresarial, a los gestores y, por supuesto, a la ciudadanía"
Y hay una última cuestión que para mí es fundamental: colaboración. Ninguna Administración puede hacer esta transición sola. Necesitamos a los concellos, a los sistemas de responsabilidad ampliada del productor, al sector empresarial, a los gestores y, por supuesto, a la ciudadanía.
Si somos capaces de combinar todo eso, en 2030 deberíamos tener una Galicia con menos residuos, más reutilización y reciclaje real, mayor recuperación de recursos y unos servicios municipales mucho más eficientes, modernos y adaptados al territorio. Ese es, en definitiva, el modelo hacia el que estamos trabajando.

