Un artículo de Ainhoa Martín Morante (ALBA PETRONOR) y Ana Cagigas Eguskiagirre (BISCAY ECO AGGREGATES).
Economía circular y descarbonización industrial
Europa ha entrado en una fase decisiva de su transición industrial. La descarbonización ya no se limita a la sustitución de combustibles o a la eficiencia energética: empieza a redefinir materias primas, cadenas de suministro y modelos de negocio. En paralelo, la economía circular deja de ser un marco conceptual para convertirse en una exigencia regulatoria y operativa, especialmente en lo que respecta a la reducción del vertido y al aumento de la valorización material. En ese cruce de caminos, donde coinciden emisiones difíciles de abatir y residuos con pocas salidas, la mineralización de CO₂ destaca por una singularidad estratégica: convierte un gas de efecto invernadero en parte estable de un material útil y comercializable.
Ese es el hilo conductor de la planta de mineralización de CO₂ desarrollada por Biscay Eco Aggregates (B.E.A.), una instalación implantada en el Puerto de Bilbao que integra captura de carbono, valorización de residuos minerales y producción de ecoáridos bajos en carbono para aplicaciones en construcción. La planta materializa una simbiosis industrial entre sectores que hasta hace poco operaban en paralelo: energía, gestión de residuos y materiales de construcción: Funciona a escala comercial y está concebida para operar de manera continuada, fijando CO₂ de forma permanente y evitando el envío a vertedero de corrientes de residuosprocedentes de la incineración de residuos sólidos urbanos.
La planta procesa 22.000 toneladas anuales de cenizas, mineraliza 2.200 toneladas CO2 y produce 56.000 toneladas de ecoáridos al año
Biscay Eco Aggregates está participada por ALBA Emission Free Energy, vinculada a Petronor (grupo Repsol) para el desarrollo de proyectos de descarbonización y transición energética, y por O.C.O Technology, compañía británica reconocida por su tecnología patentada de carbonatación acelerada. El objetivo ha sido implantar y poner en operación la primera planta en Europa continental que aplica un proceso industrialmente probado en el Reino Unido, donde O.C.O. opera varias instalaciones dedicadas al tratamiento de residuos térmicos y a la producción de áridos manufacturados.
En Bilbao, el salto cualitativo consiste en acoplar la fabricación de ecoáridos a una fuente industrial de CO₂ capturado (refinería de Petronor), conectando la captura con una ruta de utilización que termina en un producto de construcción.
Biscay Eco Aggregates
Desde el punto de vista químico, la carbonatación reproduce y acelera la mineralización natural: el CO₂ reacciona con componentes minerales ricos en calcio o magnesio para formar carbonatos estables. Lo que en condiciones ambientales puede tardar siglos, se realiza en tiempos industriales de minutos mediante control de parámetros como humedad y temperatura y mediante el acondicionamiento del residuo para maximizar su reactividad. El resultado no es una fijación temporal, sino una inmovilización de larga estabilidad, descrita como de alcance “geológico”, frente a otras soluciones con horizontes de permanencia más cortos.
En el caso de Biscay Eco Aggregates, proyecto desarrollado en Bilbao, el esquema productivo parte de la recepción de cenizas procedentes de incineración de residuos sólidos urbanos, su preparación y acondicionamiento, y la introducción de CO₂ capturado para desencadenar la reacción de carbonatación bajo condiciones controladas. A partir de ahí, el material se granula y se convierte en ecoáridos, que pasan por etapas de curado y almacenamiento antes de su expedición. El valor del proceso reside en convertir un residuo en una materia prima baja en carbono con especificaciones orientadas a usos como hormigones no estructurales, morteros, prefabricados, mobiliario urbano, carreteras o aplicaciones ligadas a cemento y baldosas. Gracias al proyecto de BEA, las incineradoras de Residuos Sólidos Urbanos (RSU), que son imprescindibles, podrán ser 100% circulares.
La planta procesa 22.000 toneladas al año de cenizas, con una mineralización de 2.200 toneladas anuales de CO₂ y una producción de 56.000 toneladas al año de ecoáridos. El dimensionamiento se apoya, además, en una implantación logística en el Puerto de Bilbao sobre una parcela de 10.700 m², reforzando el carácter industrial y operativo de la solución.
La integración con corrientes industriales de CO₂ es uno de los rasgos diferenciales del proyecto. Se emplea el CO₂ capturado en la planta de fabricación de hidrógeno de la refinería de Petronor como fuente para alimentar la carbonatación acelerada. Disponer de una corriente de CO₂ concentrada facilita la operación estable del proceso y refuerza el acoplamiento entre captura y utilización, mientras que, desde una perspectiva industrial, convierte una infraestructura existente en palanca de una nueva cadena de valor circular: emisiones que antes eran un pasivo pasan a funcionar como insumo para fabricar materiales.
La instalación constituye la primera planta de producción comercial de ecoáridos con captura de CO2 en la UE y la primera que integra este tipo de proceso con corrientes procedentes de refinería
La instalación constituye la primera planta de producción comercial de ecoáridos con captura de CO₂ en la Unión Europea y la primera que integra este tipo de proceso con corrientes procedentes de refinería. Su puesta en marcha culmina un recorrido de maduración tecnológica apoyado en conocimiento acumulado y en etapas sucesivas de validación, desde pruebas piloto y plantas de demostración hasta la adaptación a escala industrial. Con la operación comercial, el proyecto se convierte en una referencia para impulsar nuevas réplicas y el escalado de esta solución en otros enclaves industriales.
La implantación del proyecto arrancó con trabajos preparatorios en 2021, la construcción comenzó en diciembre de 2024 y la puesta en marcha y entrada en operación en marzo de 2026.
La replicabilidad se apoya en condiciones claras: disponibilidad de CO₂ capturado, presencia de residuos minerales reactivos y demanda de materiales de construcción. Cuando esas piezas coinciden, se abre una ruta aplicable a otros polos industriales, especialmente en regiones con infraestructuras de valorización energética de residuos y con industrias emisoras capaces de suministrar CO₂.

Regulación
La Unión Europea fijó objetivos vinculantes de reciclaje y limitación del vertido de residuos municipales, con hitos como el 55% de reciclaje en 2025 y fijando el límite de vertido en un 10% de los residuos municipales para 2035. A escala territorial, el Plan de Prevención y Gestión de Residuos del País Vasco 2030 refuerza esa dirección, impulsando la reutilización y la reducción de eliminación final, con metas exigentes de valorización y disminución del vertido.
En la práctica, estas obligaciones presionan especialmente a las fracciones para las que la tecnología y el mercado aún no han construido salidas sólidas. Las cenizas de incineración de residuos urbanos pertenecen a esa categoría: son residuos complejos, con pocas rutas de valorización material, y su destino frecuente ha sido el vertedero. En este escenario, tecnologías capaces de transformar esas corrientes en productos útiles encajan de forma directa con la dirección marcada por la regulación europea y regional.
Integración industrial
El encaje con la lógica de simbiosis industrial es uno de los elementos que permite que este tipo de proyectos trascienda el caso particular. La planta se inserta en un entorno donde conviven industria energética, instalaciones de tratamiento de residuos y una infraestructura logística que facilita entradas y salidas de materiales. Esa proximidad reduce fricciones operativas y muestra una dirección clara para los grandes enclaves industriales europeos: no basta con captar CO₂; es necesario consolidar usos robustos allí donde el carbono pueda quedar fijado con garantías en productos de salida.
El proyecto avanza, además, con respaldo financiero público orientado precisamente a acelerar este tipo de despliegues industriales. La planta cuenta con financiación del Innovation Fund de la Comisión Europea por 3,2 millones de euros, orientada a impulsar tecnologías innovadoras de descarbonización industrial, y con apoyo del programa Indartu del Gobierno Vasco, dirigido a inversiones industriales en zonas prioritarias. Este apoyo actúa como palanca para llevar la innovación a escala comercial y subraya el papel de los nuevos materiales circulares como herramienta complementaria a la transición energética.
El proyecto convierte dos pasivos industriales —CO2 capturado y residuos minerales— en una nueva materia prima para el sector de la construcción

El mercado de la construcción es el receptor natural de esta innovación porque necesita, por definición, grandes volúmenes de materiales minerales. En particular, los áridos son, después del agua, los materiales más utilizados por la humanidad, y su extracción implica impactos asociados a movimientos de tierras, consumo energético, transporte y transformación. Por eso, introducir ecoáridos puede tener un efecto estructural en la huella ambiental de infraestructuras y edificaciones, especialmente en aplicaciones no estructurales donde la sustitución de material es más directa.
Por otra parte, la consolidación de los ecoáridos requiere que prescriptores, fabricantes de hormigón y prefabricados, constructoras e instituciones incorporen criterios de circularidad y huella de carbono en sus decisiones. En ese proceso, la certificación, el cumplimiento normativo, una logística confiable y una oferta estable resultan tan determinantes como el propio rendimiento del proceso de carbonatación.
Impacto ambiental
Desde la perspectiva ambiental, el proyecto suma beneficios que se refuerzan mutuamente. La mitigación climática es el primero: el CO₂ se mineraliza y queda almacenado de forma permanente en un sólido, evitando su emisión y consolidando una ruta de fijación de larga estabilidad. El segundo beneficio es el uso del CO₂ como materia prima, un cambio conceptual que desplaza el foco desde la gestión del residuo gaseoso hacia su incorporación en productos.
El tercero es la valorización material de residuos minerales, con la ventaja añadida de la inertización del residuo al transformarse en un material carbonatado. El cuarto se vincula al mercado de destino: la reducción de presión sobre recursos naturales al sustituir parte de la demanda de áridos naturales procedentes de canteras por ecoáridos sintéticos bajos en carbono.
Biscay Eco Aggregates ilustra un cambio de paradigma industrial: diseñar cadenas de valor donde la captura de CO₂ y la valorización de residuos ocurren a la vez y se sostienen mutuamente. En el Puerto de Bilbao, la mineralización de CO₂ aplicada a residuos de incineración se concreta en una infraestructura industrial que abre mercado para materiales bajos en carbono y reduce presión sobre vertederos y canteras. Si el futuro de la industria europea pasa por cerrar ciclos y reducir emisiones sin perder competitividad, la fabricación de ecoáridos mediante carbonatación acelerada se consolida como una solución industrial capaz de integrar descarbonización, valorización de residuos y producción de materiales en un único proceso operativo.
