Cada consulta a un chatbot, imagen generada mediante inteligencia artificial o servicio almacenado en la nube depende de una infraestructura física formada por miles de servidores que consumen electricidad y generan grandes cantidades de calor. Mantenerlos a la temperatura adecuada requiere sistemas de refrigeración en los que, tradicionalmente, el agua ha desempeñado un papel fundamental.
La rápida expansión de la IA ha situado así la huella hídrica de los centros de datos en un debate ambiental hasta ahora dominado por el consumo energético y las emisiones. El desafío, sin embargo, no consiste únicamente en determinar cuánta agua utilizan estas instalaciones, sino dónde la consumen, qué tecnología emplean y cuál es la situación hídrica del territorio que las acoge.
Mucho más que refrigerar servidores
La refrigeración evaporativa continúa siendo una de las soluciones utilizadas para disipar el calor de los centros de datos. En estos sistemas, entre el 80 % y el 90 % del agua empleada termina evaporándose, aunque el consumo final depende en gran medida del clima, la ubicación y la tecnología utilizada en cada instalación.
Las grandes compañías tecnológicas están desarrollando alternativas para reducir esta dependencia. Google combina diferentes tecnologías en función del riesgo hídrico de cada cuenca; AWS asegura que sus centros funcionan mediante refrigeración por aire exterior aproximadamente el 90 % del año; y Microsoft está incorporando sistemas de refrigeración líquida en circuito cerrado capaces de eliminar prácticamente el consumo operativo de agua en sus nuevos centros destinados a cargas de IA.
Pero el consumo dentro de las instalaciones cuenta solo una parte de la historia. Según el análisis recogido en el reportaje, el consumo directo puede representar entre el 10 % y el 30 % de la huella hídrica total de un centro de datos. El resto puede encontrarse indirectamente asociado a la generación de la electricidad necesaria para mantener funcionando los servidores.
El impacto depende de dónde se consume el agua
En términos globales, los centros de datos todavía representan una fracción reducida frente a grandes consumidores como la agricultura o el abastecimiento urbano. Sin embargo, esta comparación puede ocultar impactos relevantes a escala local, especialmente cuando las instalaciones se concentran en territorios sometidos a sequías recurrentes, estrés hídrico o sobreexplotación de acuíferos.
España ejemplifica bien este desafío. Madrid y Aragón concentran buena parte de las nuevas inversiones en centros de datos, mientras numerosas zonas del país afrontan problemas estructurales de disponibilidad de agua. Por ello, los expertos plantean incorporar el recurso hídrico desde las primeras fases de planificación, con un peso similar al de la energía, el suelo o la conectividad.
El verdadero impacto hídrico de estas infraestructuras no puede evaluarse, por tanto, únicamente a partir de su consumo absoluto. La disponibilidad del recurso, la competencia con otros usuarios y ecosistemas y la capacidad de las infraestructuras locales determinarán si una misma demanda resulta asumible o problemática.
Reutilización y nuevas tecnologías para reducir la huella hídrica
Existe un amplio consenso en torno al potencial de la reutilización de aguas residuales tratadas para reducir la presión sobre las fuentes convencionales. El uso de agua regenerada, efluentes industriales, aguas pluviales u otras fuentes alternativas permite disminuir las captaciones de agua dulce y avanzar hacia sistemas de refrigeración más circulares.
La próxima generación de centros de datos combinará estas fuentes con refrigeración líquida directa al chip, circuitos cerrados, membranas, ósmosis inversa, sensores y sistemas de gestión basados en inteligencia artificial. La propia IA podrá utilizarse para optimizar en tiempo real el consumo de agua y energía en función de las cargas de trabajo, las condiciones meteorológicas o la disponibilidad del recurso.
El reto no pasa necesariamente por eliminar por completo el uso de agua, ya que determinadas alternativas pueden aumentar el consumo energético y desplazar parte de la huella hídrica hacia la generación eléctrica. El objetivo será encontrar un equilibrio entre agua, energía y territorio que permita sostener el crecimiento de la infraestructura digital.
Lee el reportaje completo en RETEMA
Este artículo resume algunas de las principales claves del impacto de los centros de datos y la inteligencia artificial sobre los recursos hídricos. Si quieres profundizar en las tecnologías de refrigeración, el consumo directo e indirecto de agua, la reutilización, las estrategias de Google, Microsoft y AWS y los retos que plantea la expansión de estas infraestructuras en España, consulta el reportaje completo publicado en RETEMA, con el análisis de expertos de la Universidad Carlos III de Madrid-CSIC, Universidad Complutense de Madrid, Veolia y SITRA.