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Portugal demuestra en seis meses la eficacia el potencial del Sistema de Depósito

Desde que el pasado mes de abril nuestros vecinos portugueses pueden devolver latas y botellas a tiendas y supermercados, más de 450 millones de envases han sido recuperados y convertidos en nuevos envases de bebidas
Autor/es
Miquel Roset
28-10-2026

El sistema A Volta está demostrando en Portugal la capacidad del depósito para cambiar rápidamente los hábitos de consumo y evitar que millones de botellas y latas terminen incineradas, depositadas en un vertedero o abandonadas en el entorno.

 

volta

 

Portugal puso en marcha el sistema A Volta el pasado 10 de abril. Desde entonces, las botellas de plástico y latas de aguas, zumos, refrescos y cervezas incorporan un logo que simboliza el depósito de diez céntimos de euro que el consumidor deja al comprar las bebidas y recupera al devolver el envase. Solo seis meses después, los portugueses han devuelto ya más de 450 millones de envases, una cifra que refleja la rapidez con la que la ciudadanía está incorporando este nuevo hábito a su vida cotidiana.

El dato muestra la sencillez y la eficacia del incentivo del depósito: aquello que antes podía acabar en una papelera o abandonado pasa a tener un valor económico que favorece directamente su recuperación. Y los resultados están llegando en cuestión de meses, no de años.

 


La experiencia portuguesa demuestra que implantar un sistema de depósito requiere ajustes y aprendizaje.

 

De hecho, el éxito del Sistema de Depósito luso ha venido acompañado de una polémica inesperada. En las últimas semanas, algunas imágenes de personas buscando envases de bebidas en papeleras de Lisboa han servido al alcalde de la ciudad, Carlos Moedas, para cuestionar el sistema. Pero conviene no convertir la anécdota en categoría, ni confundir problemas puntuales de adaptación con el funcionamiento general del sistema. Portugal tiene 308 municipios y, aunque Lisboa y otros ayuntamientos de su área metropolitana han expresado críticas asociadas a problemas estructurales de la sociedad como la drogodependencia, esas situaciones no pueden utilizarse para descalificar una medida que está recuperando cientos de millones de envases en todo el país y que cuenta con la aceptación mayoritaria de la ciudadanía.

He tenido ocasión de visitar personalmente Lisboa y comprobar cómo el sistema está transformando la relación de los ciudadanos con los envases. Mi impresión al recorrer sus calles ha sido, precisamente, la de una ciudad más limpia, con menos botellas y latas abandonadas. Pero, sobre todo, hay un dato que aporta perspectiva: 19 países europeos ya devuelven sus latas y botellas a tiendas y supermercados. Muchos llevan décadas funcionando y han alcanzado tasas de recuperación muy elevadas, sin que los problemas denunciados en Lisboa definan su funcionamiento habitual. ¿Por qué deberíamos juzgar el modelo por unas imágenes concretas en lugar de hacerlo por los resultados acumulados durante años en toda Europa? Las dificultades deben analizarse y resolverse, pero no utilizarse para poner en cuestión una herramienta cuya eficacia está ampliamente demostrada.

La ministra portuguesa de Medio Ambiente, Maria da Graça Carvalho, también ha salido al paso de las críticas. Ha recordado que las situaciones de pobreza o vulnerabilidad que llevan a algunas personas a buscar latas y botellas para obtener ingresos son problemas sociales preexistentes. El sistema de depósito no los ha creado. Lo que ha hecho es dar valor a unos residuos que antes no lo tenían y que podían acabar abandonados en entornos urbanos y naturales.

Y Portugal tenía motivos de peso para cambiar de modelo. Según ha recordado la propia ministra, el país ha pagado más de 600 millones de euros en los dos últimos años por incumplir los objetivos europeos de reciclaje de plástico. Un enorme coste económico, además del ambiental, que ayuda a entender por qué A Volta no es un capricho, sino una herramienta para corregir unos resultados que estaban muy lejos de ser satisfactorios.

 


Cuando devolver un envase tiene valor, millones de envases dejan de ser residuos abandonados y vuelven al circuito de reciclaje.

 

Adaptar las ciudades

Portugal puede aprovechar para ello la experiencia de otros países europeos y, de hecho, ya ha anunciado que está camino de hacerlo. En muchas ciudades existen aros o soportes exteriores en las papeleras donde depositar botellas y latas con depósito. De esta forma, quien no quiere recuperar la cantidad del depósito y prefiere cederla puede dejar allí el envase y otra persona recogerlo sin tener que rebuscar entre los residuos.

Es una solución sencilla que demuestra que los problemas de adaptación tienen respuestas mucho más útiles que la eliminación del sistema. Y es precisamente la ventaja de contar con la experiencia de otros 18 países europeos que ya habían implantado este modelo antes que Portugal: no hace falta inventar soluciones desde cero, sino aprender de las mejores prácticas de quienes llevan años aplicándolas.

 

Espejo para España

Portugal resulta especialmente interesante para España, que por ley debería implantar el retorno de latas, botellas y briks a tiendas y supermercados a partir del próximo 22 de noviembre, tras incumplir ampliamente el objetivo legal de recogida separada de botellas de plástico. España debía alcanzar el 70% en 2023 y se quedó en el 41,3%. En 2029 deberá llegar al 90%

Hoy ya sabemos que esta fecha de noviembre de 2026 no va a cumplirse, pero podemos aprovechar la experiencia de nuestros vecinos para reducir este retraso lo máximo posible. Con el calendario actual, estamos en condiciones de poner en marcha nuestro Sistema de Depósito a partir del 1 de enero de 2028 y acabar así con los 35 millones de envases de bebidas que cada día perdemos porque acaban en un vertedero, una planta de incineración o abandonados en el entorno.

La experiencia portuguesa demuestra que implantar un sistema de depósito requiere ajustes y aprendizaje. Pero también que esos cambios pueden producir resultados muy rápidamente.

Después de apenas seis meses, Portugal ha solucionado el problema del littering, cosa que no había sucedido hasta la fecha con los contenedores de recogida selectiva.

Cuando devolver un envase tiene valor, millones de envases dejan de ser residuos abandonados y vuelven al circuito de reciclaje, permitiendo conseguir la circularidad de los envases, conocido como bottle2bottle. Portugal ha sido decimonoveno país en Europa que ha demostrado que el depósito supone un incentivo eficaz que logra cambiar el comportamiento del consumidor eficaz y rápidamente. Y los datos son mucho más elocuentes que cualquier polémica.

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