Un hotel puede ahorrar agua, separar mejor sus residuos o eliminar los plásticos de un solo uso y, aun así, seguir funcionando dentro de una lógica esencialmente lineal. La circularidad empieza antes del contenedor: en aquello que se compra y lo que se evita comprar, en cómo se diseña una habitación o un buffet, en cuánto tiempo permanece un material en uso y en qué ocurre con el agua, los alimentos o los recursos cuando salen del establecimiento.
"Circularizar" el turismo supone, en definitiva, dejar de mirar los residuos como el final de la actividad para empezar a mirar el sistema que los produce. Y termina mucho más lejos de las puertas del establecimiento, allí donde esos flujos se encuentran con las infraestructuras, las empresas, el sector primario y las capacidades del territorio.
¿Dónde estamos?
La economía circular ha dejado de ocupar un lugar periférico en el turismo español, pero la transformación del modelo está lejos de haberse completado. La circularidad ha ganado peso en la estrategia turística y los avances son visibles en ámbitos como la reducción y gestión de residuos, la eliminación de plásticos de un solo uso o la eficiencia energética e hídrica.
Sin embargo, buena parte de las actuaciones continúa concentrándose en las medidas más sencillas. El salto pendiente está en avanzar hacia la prevención en origen, el ecodiseño de servicios y la transformación de las cadenas de suministro.
¿Qué significa realmente “circularizar” el turismo?
La economía circular va mucho más allá de gestionar mejor aquello que ya se ha convertido en residuo. Agua, energía, alimentos, materiales y residuos forman parte de unos flujos cuya gestión empieza en el diseño, las compras y las decisiones sobre cómo se presta el servicio.
Circularizar implica reducir el consumo de recursos, prolongar la vida útil de productos y materiales, reparar, reutilizar y mantener su valor durante más tiempo. A escala de destino, supone además conectar actividades para que aquello que sale de una pueda convertirse en recurso para otra, desde los biorresiduos hasta el agua regenerada.
¿Qué está frenando la circularidad?
La voluntad de avanzar existe, pero la capacidad de hacerlo depende de un entorno mucho más amplio. Regulación, fiscalidad, financiación, infraestructuras, fragmentación de la cadena de valor y falta de capacidades pueden facilitar o limitar la implantación de soluciones circulares, especialmente entre las pymes.
A ello se suma una cuestión fundamental: ningún establecimiento puede cerrar por sí solo todos sus ciclos. La transición depende también de proveedores, gestores de residuos, productores locales, administraciones y de las propias capacidades de cada territorio.
¿Cómo hacer posible el cambio?
Ganar escala exige que la circularidad deje de depender de actuaciones puntuales y se incorpore a la gestión ordinaria de empresas y destinos: estrategia, presupuestos, compras, diseño, formación, relaciones con proveedores y decisiones de inversión.
La colaboración se convierte así en una pieza esencial. También lo hacen la medición y la digitalización: conocer qué recursos entran, cómo circulan y dónde se pierde su valor permite identificar ineficiencias, priorizar actuaciones y comprobar si las decisiones están generando cambios reales.
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Con la visión de Enrique Martínez Marín, presidente de SEGITTUR; Patricia Dueñas, Global Circular Economy Lead de Iberostar Hotels & Resorts; y Julia Martínez Cabrera, consultora e investigadora especializada en economía circular aplicada al turismo, este reportaje analiza hasta dónde ha avanzado España, qué está frenando la transición y qué tendría que cambiar para que la economía circular deje de ser una colección de buenas prácticas y se convierta en una nueva forma de operar.