El uso del agua regenerada en la agricultura está regulado a nivel europeo por el Reglamento (UE) 2020/741 del Parlamento Europeo y del Consejo de 25 de mayo de 2020 relativo a los requisitos mínimos para la reutilización del agua, que posteriormente en España se desarrolla en el Real Decreto 1085/2024, de 22 de octubre, por el que se aprueba el Reglamento de reutilización del agua y se modifican diversos reales decretos que regulan la gestión del agua, por el cual quedan derogadas las disposiciones de igual o inferior rango que se opongan a lo dispuesto en este real decreto y, en concreto, el Real Decreto 1620/2007, de 7 de diciembre por el que se establece el régimen jurídico de la reutilización de las aguas depuradas, del cual mantiene los demás usos ya contemplados, aparte del agrícola: urbano, industrial, y otros (ganadería, acuicultura, recreativo, silvicultura, recarga de acuíferos y aporte a humedales y otros sistemas acuáticos).
Requisitos normativos
De todos los usos previstos el del regadío es quizás el más estudiado y analizado. Los requisitos de calidad exigidos para los diferentes tipos de agua previstos vienen resumidos en la Tabla I-2 y en la Tabla I-3 del ANEXO I Requisitos de calidad para el uso de las aguas regeneradas, y están basados en criterios de protección de la salud y el medio ambiente.
Del mismo modo y con carácter general se controlarán los contaminantes limitados en la autorización de vertido aguas residuales de forma que la producción y suministro del agua regenerada no cause el deterioro del medio receptor conforme a lo establecido en el Real Decreto 817/2015, de 11 de septiembre y en el Real Decreto 1514/2009, de 2 de octubre.
Dentro de las observaciones de la Tabla 2 se dice que los cultivos pertenecientes a una determinada categoría se regarán con aguas regeneradas de la clase de calidad mínima de aguas regeneradas que corresponda, a menos que se utilicen las barreras adicionales adecuadas, lo que resultará en el cumplimiento de los requisitos de calidad indicados. Este criterio viene recogido de la ‘WHO-FAO-UNEP guidelines for the safe use of wastewater in agriculture’ (WHO, 2006), y tanto el Reglamento 2020/741 como el Real Decreto 1085/2024 incluyen el criterio multibarrera. Este enfoque permite, por ejemplo, combinar barreras como puede ser un tipo de riego para un cultivo determinado, con tipos de tratamientos y, por tanto, calidades diferentes.
Parámetros agronómicos críticos
El agua residual regenerada, cumpliendo los requisitos y recomendaciones de ambas normas, se presenta como un recurso adecuado para su uso en regadíos desde el punto de vista sanitario y medioambiental. Sin embargo, hay que analizar también lo que respecta a los parámetros agronómicos; para ello, el documento Wastewater treatment and use in agriculture - FAO irrigation and drainage paper 47 (M.B. Pescod, 1992) ha sido y sigue siendo utilizado como referencia, aunque no deja de ser una guía con directrices que deben ajustarse a las condiciones locales, ya que la aptitud de un agua de riego depende de varios factos, como ser:
- Condiciones climatológicas
- Propiedades físicas y químicas del suelo
- Tolerancia al contenido de sales de los cultivos durante su crecimiento
- Prácticas de riego y laboreo
La calidad del agua de riego cobra fundamental importancia en regiones de climas áridos, donde las temperaturas extremas y la baja humedad relativa aumentan la tasa de evaporación y, en consecuencia, la deposición de sales tiende a acumularse en el perfil del suelo. Estos aspectos, como la salinidad, que afecta la disponibilidad de agua en el cultivo, o la relación entre la Relación de adsorción de sodio (RAS) y la conductividad eléctrica (CE) del agua, que regulan su capacidad de infiltración en el suelo, entre otros, se resumen en la Tabla 3, recientemente actualizada por la FAO en su documento Water Quality in Agriculture: Risks and risk mitigation (FAO, 2023).
La calidad del agua de riego cobra fundamental importancia en regiones de climas áridos, donde las temperaturas extremas y la baja humedad relativa aumentan la tasa de evaporación y, en consecuencia, la deposición de sales tiende a acumularse en el perfil del suelo
Soluciones tecnológicas
Mientras los requisitos microbiológicos del RD 1085/2024 se abordan mediante los tratamientos biológicos y de desinfección convencionales, la aptitud agronómica del agua regenerada presenta retos adicionales que requieren soluciones tecnológicas específicas.
Los parámetros de mayor preocupación para la salud del suelo y el rendimiento de los cultivos son la salinidad, la relación de adsorción de sodio (RAS) y, muy especialmente, el boro, cuya presencia en las aguas regeneradas supone hoy uno de los principales cuellos de botella para la expansión de la reutilización en el sureste de España.
Los parámetros de mayor preocupación para la salud del suelo y el rendimiento de los cultivos son la salinidad, la relación de adsorción de sodio (RAS) y, muy especialmente, el boro, cuya presencia en las aguas regeneradas supone hoy uno de los principales cuellos de botella para la expansión de la reutilización en el sureste de España
Salinidad y conductividad eléctrica (CE)
Las aguas residuales urbanas presentan una mineralización superior a la del agua convencional de riego, con valores de CE que según las directrices de la FAO (Tabla 3) pueden implicar ya un impacto leve a moderado en la disponibilidad de agua para el cultivo (Pescod, 1992; FAO, 2023). En regiones de clima árido con alta evapotranspiración potencial, como Murcia o Alicante, la acumulación salina en el perfil del suelo puede comprometer seriamente la productividad de cultivos sensibles como cítricos o lechuga.
Las principales estrategias tecnológicas para el control de la salinidad son la mezcla o blending con agua de menor mineralización (aguas superficiales o subterráneas), la aplicación de fracciones de lavado —riego extra para desplazar sales fuera de la zona radicular— y, en casos de mayor exigencia, el tratamiento mediante ósmosis inversa (OI). La OI es la única tecnología capaz de reducir drásticamente la mineralización total, aunque genera un rechazo concentrado (salmuera) cuya gestión supone un coste económico y ambiental que debe contemplarse en el diseño del sistema.
Sodio y RAS: el problema de la estructura del suelo
El sodio es un ion que, cuando su proporción relativa respecto al calcio y el magnesio es elevada —lo que se mide mediante la RAS—, provoca la dispersión de los coloides del suelo, obstruyendo los macroporos y reduciendo drásticamente la tasa de infiltración. Este fenómeno es especialmente problemático en suelos de textura arcillosa y limosa. Según las directrices de la FAO (Tabla 3), una RAS superior a 9, combinada con baja conductividad del agua, ya supone un impacto severo sobre la capacidad de infiltración.
Las soluciones tecnológicas para reducir el impacto del sodio actúan en dos niveles. A nivel de suelo, la práctica más extendida es la enmienda cálcica mediante yeso agrícola (sulfato cálcico), que favorece el desplazamiento del sodio intercambiable y ayuda a mantener la estructura del suelo. A nivel del tratamiento del agua, la ósmosis inversa reduce la concentración total de sales en el agua de riego y, con ello, el valor absoluto del RAS, mejorando la capacidad de infiltración del suelo. La FAO subraya que este parámetro debe evaluarse siempre en combinación con la conductividad eléctrica del agua, ya que ambos factores interaccionan para determinar el efecto real sobre la infiltración (Tabla 3).
El boro: el contaminante más difícil de eliminar
El boro merece una atención especial. Como nutriente esencial para las plantas, es necesario en concentraciones traza, pero el margen entre deficiencia y toxicidad es excepcionalmente estrecho y además es muy variable según el cultivo. La FAO fija el inicio del impacto a partir de 0,7 mg/L como referencia general, pero la tolerancia real depende fuertemente de la especie: cultivos como el limonero o el aguacate presentan niveles críticos de apenas 0,4-0,6 mg/L, mientras que otros como el tomate o la patata (<2,0 mg/L), la lechuga o la zanahoria (<3,0 mg/L) admiten concentraciones sensiblemente superiores antes de manifestar síntomas de toxicidad (Tabla 4).
Esta variabilidad es crítica a la hora de fijar los requisitos de tratamiento: el límite exigible no es el mismo para una EDAR que riega naranjos que para una que abastece huertas de tomate o patata. Con todo, el Plan Hidrológico de la Demarcación Hidrográfica del Segura ha optado por la cautela, fijando un valor objetivo de 0,4 mg/L como media semestral y un máximo no superable de 0,6 mg/L, valores que protegen incluso a los cultivos más sensibles de la cuenca —cítricos y zarzamora— pero que en la práctica obligan a un tratamiento terciario o cuaternario específico en la mayoría de las EDAR de la región.
El boro es, además, especialmente difícil de eliminar porque en agua a pH neutro se encuentra principalmente como ácido bórico (H₃BO₃), una molécula no cargada que no es retenida por los procesos de coagulación-floculación convencionales, ni por la mayor parte de las membranas de nanofiltración estándar. Las tecnologías disponibles con eficacia demostrada son las siguientes:
- Ósmosis inversa de doble paso: es la solución más extendida. Operado el segundo paso a pH elevado (9-10) para transformar el ácido bórico en borato ionizado (más fácilmente retenido por la membrana), permite alcanzar eficiencias elevadas de eliminación.
- Resinas de intercambio iónico selectivas para boro: las resinas selectivas presentan una alta afinidad y selectividad por el boro, permitiendo su adsorción a pH neutro y su posterior regeneración con ácido sulfúrico diluido. Esta tecnología es especialmente interesante cuando la corriente de entrada ya cumple el resto de parámetros agronómicos y solo el boro supera los límites admisibles, ya que evita el tratamiento masivo con OI.
- Electrodiálisis reversible (EDR): aunque su eficiencia en la eliminación de boro es inferior a la OI, la EDR tiene ventajas operativas en aguas de alta salinidad y puede combinarse con otras tecnologías en esquemas de tratamiento.
El enfoque multibarrera como marco integrador
Tal como recoge el propio RD 1085/2024, el enfoque multibarrera no solo se aplica a los parámetros sanitarios, sino que debe extenderse a los agronómicos. Las mejores prácticas actuales combinan barreras en tres niveles: tratamiento del agua (OI, resinas selectivas), gestión del riego (sistemas de goteo que minimizan el contacto con la parte aérea del cultivo, fracciones de lavado programadas) y prácticas de suelo (enmiendas cálcicas, laboreo mínimo para preservar la estructura).
La monitorización continua en campo mediante sensores de CE in situ y plataformas de telecontrol permite ajustar en tiempo real los caudales de mezcla y enmiendas, cerrando el círculo de la gestión inteligente del agua regenerada. La digitalización del riego y el uso de gemelos digitales de la red de distribución representan una línea de trabajo en desarrollo en el sector, y apuntan el camino a seguir para garantizar que el agua regenerada llegue a cada parcela con la calidad agronómica adecuada al cultivo y al suelo receptor.
La digitalización del riego y el uso de gemelos digitales de la red de distribución apuntan el camino a seguir para garantizar que el agua regenerada llegue a cada parcela con la calidad agronómica adecuada al cultivo y al suelo receptor
Conclusiones
El marco regulatorio establecido por el RD 1085/2024 y el Reglamento (UE) 2020/741 ofrece un entorno seguro desde el punto de vista sanitario y medioambiental para la reutilización agrícola del agua, pero la sostenibilidad real del regadío con agua regenerada requiere ir más allá del cumplimiento microbiológico: exige atender con rigor los parámetros de calidad agronómica.
La salinidad y el RAS pueden gestionarse con un diseño adecuado del sistema de riego y del tratamiento del agua, pero el boro, por su comportamiento químico particular y por los estrictos límites que fija el Plan Hidrológico de la demarcación del Segura (0,4 mg/l como medida semestral y un máximo no superable de 0,6 mg/l) , exige soluciones avanzadas de membranas o de intercambio iónico cuya implantación no puede seguir retrasándose si se quiere consolidar la reutilización como pilar de la seguridad hídrica del sureste español.
La nueva Directiva (UE) 2024/3019 sobre tratamiento de aguas residuales urbanas, cuya transposición es obligatoria antes de julio de 2027, refuerza precisamente esta perspectiva al exigir tratamientos cuaternarios: OI, carbón activo, oxidación avanzada. La modernización tecnológica que exige esta directiva representa también una oportunidad para que las EDAR del arco mediterráneo aborden de forma integrada los retos de calidad agronómica que hoy limitan el uso del agua regenerada para regadío.
La modernización tecnológica que exige la directiva TARU representa una oportunidad para que las EDAR del arco mediterráneo aborden de forma integrada los retos de calidad agronómica que hoy limitan el uso del agua regenerada para regadío

