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El Día Mundial del Agua nos recuerda todos los años una verdad cada vez más evidente: el agua no es solo un recurso natural, es una infraestructura invisible que sostiene la economía, la salud, las ciudades y, en definitiva, la estabilidad social.
En España, su conservación es especialmente relevante, ya que la combinación de estrés hídrico, variabilidad de precipitaciones y creciente presión por parte de nuevos usos hace que el agua se convierta en un factor estratégico: gestionarla mejor es una condición imprescindible para la competitividad. En este contexto, la economía circular ofrece un marco inigualable para pasar de una gestión reactiva a una preventiva e inteligente, anticipándose a los riesgos y aprovechando al máximo las oportunidades.
Cuando se menciona la economía circular, generalmente se piensa en materiales y residuos. Sin embargo, sus principios son igualmente aplicables y necesarios para otros elementos, como el agua o la energía. Además, aplicar la circularidad a la gestión del agua va mucho más allá de cerrar el círculo: implica actuar desde el diseño de procesos, reducir consumos, minimizar pérdidas, aprovechar la digitalización, combinar soluciones y permitir que los sistemas naturales almacenen más agua, entre muchas otras estrategias.
El valor de este enfoque es doble: por un lado, ayuda a proteger un recurso esencial y, por otro, reduce riesgos y costes y abre oportunidades de innovación. En otras palabras: la circularidad del agua es una oportunidad de gestión y un caso de negocio.
Forética propone ordenar las soluciones empresariales en tres enfoques —racionalización, optimización y disponibilidad— apoyados por dos aceleradores clave: la innovación y la concienciación:
1) Racionalización (reducir la demanda de agua)
El primer paso es siempre el más lógico: usar menos agua cuando no es necesario y reducir consumos sin comprometer la actividad. Aquí se enmarcan soluciones como:
- Evitación: no usar agua cuando no aporta valor.
- Reducción: disminuir el consumo con mejoras operativas, detección de fugas y tecnología (por ejemplo, monitorización y digitalización de redes internas).
- Reemplazo: sustituir agua por alternativas técnicas cuando sea viable (como ciertos fluidos industriales que reducen el consumo y mejoran el rendimiento en procesos concretos).
2) Optimización (dar más de un uso al agua y exprimir su valor)
Cuando ya se ha reducido lo posible, el siguiente paso es aprovechar el agua mejor. Esto incluye:
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Reutilización: sin tratamiento previo, consiste en impulsar usos no potables y lógicas de uso en cascada, encadenando aplicaciones sucesivas.
- Reciclaje o regeneración: con tratamiento para recuperar calidad y reducir la presión sobre fuentes naturales.
- Recirculación: circuitos cerrados para cerrar ciclos dentro de procesos industriales y edificios, reduciendo el consumo a las pérdidas inevitables.
3) Disponibilidad (aumentar el agua útil y reforzar la resiliencia)
El tercer bloque pone el foco en asegurar una mayor oferta de agua, a través de:
- Almacenamiento: captación y almacenamiento, incluyendo soluciones de aguas pluviales.
- Distribución: reducir pérdidas (especialmente fugas) con mejor gestión y digitalización.
- Bio-retenciones e infraestructura verde: soluciones basadas en la naturaleza que ayudan a retener agua, recargar acuíferos y reducir riesgos asociados (como inundaciones), conectando agua y biodiversidad.
Finalmente, hay dos aceleradores imprescindibles para que lo anterior escale:
- Innovación: la digitalización y la ingeniería como palancas para medir, monitorizar, anticipar fugas, optimizar operaciones y mejorar el rendimiento hídrico.
- Concienciación: formación, marcos normativos y, sobre todo, colaboración: ninguna organización resolverá sola un reto sistémico.
Abordar correctamente estas estrategias será clave para el futuro de la economía española, convirtiendo este reto en una oportunidad y considerando el agua como un vector de la economía. En primer lugar, porque la transición hídrica puede convertirse en una ventaja competitiva si España acelera capacidades que ya tiene y desarrolla otras nuevas. Nuestro país ya es referente en la materia y exporta know-how en tecnologías del agua. Pero también porque resulta fundamental reconocer que la seguridad hídrica ya condiciona sectores clave actuales (como el agroalimentario, el turismo, el industrial o el energético) y futuros (como el hidrógeno verde o los centros de datos). Sin agua disponible en cantidad y calidad suficiente, la continuidad y el desarrollo de estos sectores estará en claro riesgo.
Además, el lema del Día Mundial de este año —Donde fluye el agua, crece la igualdad— pone el foco en la relación entre el acceso al agua y la igualdad de género. La falta de acceso seguro al agua y el deterioro de los sistemas hídricos tienen impactos sociales desiguales, y en muchos contextos se traducen en más tiempo dedicado a la provisión del recurso -generalmente no remunerado- y menor acceso a oportunidades. Aunque España tenga una realidad distinta a la de regiones con carencias severas, la enseñanza es igualmente válida: el agua es un habilitador de derechos y de oportunidades, y por tanto cualquier estrategia hídrica moderna debe integrar la dimensión social. Esta es además considerada por Forética una de las tendencias clave para el 2026.
Para lograrlo, es fundamental incorporar la igualdad en la gobernanza, evitando que las decisiones de escasez o inversión amplíen las desigualdades existentes. Al mismo tiempo, aprovechar que la transición hídrica generará nuevos empleos y capacidades que, históricamente, han tenido una predominancia masculina. La formación en carreras STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, por sus siglas en inglés) que, habitualmente, da acceso a este tipo de empleos, tiene todavía una mayoría de hombres. Aprovechar las nuevas oportunidades para dar acceso a las mujeres permitirá, además de fomentar la igualdad y la diversidad, ser más competitivos. Las compañías más diversas son un 25% más rentables, de acuerdo a un estudio de McKinsey, a la vez que atraen más talento, ya que, según Glassdoor, es un factor que el 76% de los empleados consideran a la hora de escoger empleo.
Por tanto, en un país como España, donde el agua será cada vez más determinante, la circularidad ofrece una hoja de ruta pragmática: racionalizar, optimizar y aumentar disponibilidad, con innovación y concienciación como aceleradores, que nos abren un abanico de oportunidades para ser más competitivos y fomentar la igualdad.

