Economía circular: hacia un nuevo contexto normativo

Manuel Domínguez, director general de Repacar


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15/07/2019
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Por Manuel Domínguez, director general de Repacar


 

Reducir, reutilizar, reciclar. Estas son las 3 erres con las que se espera poner fin al actual modelo económico lineal. Un sistema de producción y consumo cortoplacista que está llegando a su límite para dar paso al modelo económico circular, más sostenible y coherente con el proceso cíclico de la propia naturaleza. Estamos en un momento crucial y los próximos desarrollos normativos, para promocionar medidas que faciliten la reintroducción de los materiales a la cadena de producción, así como el reciclaje de residuos, serán determinantes a la hora de marcar el ritmo y la forma en que nuestra sociedad asuma este cambio de paradigma.

Pero, ¿cómo se decide este nuevo marco normativo? Si bien los legisladores tienen la última palabra, nadie conoce mejor la realidad del sector y sus dificultades que sus propios protagonistas, los gestores de residuos. Por tanto, es fundamental tener en cuenta la opinión de la industria, para poder avanzar juntos, y en la dirección correcta, hacia ese modelo social y económico más sostenible que se está impulsando.

El reciclaje, un eslabón clave 

La cadena de valor de la celulosa, papel y cartón es uno de los grandes motores de la economía de nuestro país por su efecto impulsor y de arrastre en el conjunto de la actividad económica, generando actividad en muchas otras ramas. Los datos hablan por sí solos, supone el 4,5% del PIB y genera uno de cada cincuenta empleos en nuestro país. Integrada por más de 17.000 empresas, cuenta con una facturación global de 48.471 millones de euros, equivalente al 8,8 % de la facturación de la industria española. 

Así se recoge en el informe “Importancia socioeconómica de la cadena de valor de la celulosa, papel y cartón”, elaborado por CEPREDE, en el que se incluyen todas las actividades, desde las plantaciones de madera para papel, pasando por la fabricación de celulosa y papel y los diferentes tipos de industrias y servicios sectoriales (industrias transformadoras, publicidad y marketing directo, impresores, editores), hasta la logística de entrega (servicios postales y de correos) y cerrando la cadena el sector de la recuperación de residuos, que recoge y trata el papel y cartón tras su uso, para que regrese a las fábricas papeleras y la producción pueda continuar de manera sostenible. 

Aunque la economía circular abarca más ámbitos que el reciclaje de los residuos, no podemos negar que éste es un eslabón clave para su implementación. La generación de residuos aumenta a un ritmo insostenible. Según recoge un informe del Banco Mundial (What a Waste 2.0), si no se adoptan medidas urgentes de forma coordinada los residuos crecerán un 70% para el año 2050. Así, en los próximos 30 años, debido al crecimiento demográfico, a la urbanización y al consumo, la generación de desechos aumentaría de los 2.010 millones de toneladas de 2016, hasta alcanzar los 3.400 millones en 2050.

Unos datos lo suficientemente alarmantes para que el avance hacia la circularidad sea una prioridad y rompamos, de una vez por todas, con el modelo de producción y consumo que venimos siguiendo desde la revolución industrial.

La economía circular aboga por la sostenibilidad sin perder la competitividad y presenta muchos beneficios tanto para el medio ambiente, como para la sociedad. En un ecosistema circular se deberá evitar la generación de residuos y se promoverá el reciclado de calidad de aquellos que se generen inevitablemente. Entendemos, por tanto, que el nuevo contexto normativo, resultante de la incorporación a nuestro marco legal del Paquete de Economía Circular (PEC), deberá favorecer la reintroducción de los residuos al ciclo productivo.

En Repacar, como parte activa de esta transición, proponemos una serie de medidas a implementar en los nuevos textos normativos, que facilitarían la consecución de un modelo económico circular y provocarían un repunte de las cifras de recuperación y reciclado de nuestro país.

Competencias de gestión claras para la industria

En primer lugar, para que los diferentes actores que operan en la gestión de los residuos puedan invertir en la puesta en marcha de proyectos circulares basados en el reciclado de residuos, se necesitan unas competencias de gestión claras. 

En un contexto donde estas competencias no están lo suficientemente clarificadas, las empresas suelen dudar, tanto a la hora de invertir en bienes y equipos, como a la hora de generar empleo verde.

Un ejemplo de ello lo encontramos en la gestión de los residuos comerciales, que, aunque deben ser gestionados de forma independiente al sistema público de gestión, puede ser asumida por la Entidad Local si lo justifica por razones de eficacia y eficiencia. Una situación que limita el desarrollo de proyectos de recuperación y reciclado de ciertos flujos.

Libre mercado de materias primas secundarias

En segundo lugar, es importante recordar que sólo con un mercado fuerte de materiales recuperados de los residuos, homólogo al de las materias primas vírgenes, podremos garantizar que los residuos se reintroduzcan al ciclo productivo. 

Si penalizamos el traslado de materias primas secundarias frente al traslado de materiales no reciclados, o cargamos burocráticamente su gestión, se favorecerá el consumo de aquellos materiales no reciclados frente a los que proceden de la gestión de residuos, y estaremos haciendo un flaco favor a la economía circular.

Figuras como el “subproducto” y el “fin de la condición de residuo” juegan un papel clave en la promoción de los materiales reciclados. Por lo que, el desarrollo de estas figuras en nuestro marco jurídico y, por ende, en el de la UE, nos ayudarían a mejorar las estadísticas europeas de reciclado de residuos.

Alternativas para los flujos no valorizables

Por otro lado, la nueva legislación europea refuerza la «jerarquía de residuos», es decir, exige a los Estados Miembros que adopten medidas específicas para dar prioridad a la prevención, reutilización, reciclado y valorización por delante del depósito en vertedero, logrando de este modo que la economía circular sea una realidad. 

Hoy en día se generan residuos derivados de las actividades propias de la recuperación y el reciclado que tienen pocas aplicaciones, como por ejemplo los rechazos de una planta de reciclado. En muchos casos, no existe otra opción que depositar estos residuos en vertederos, sin obtener materia ni energía, lo que ocasiona una pérdida importante de eficiencia en el sistema. 

Los gestores estamos convencidos de que la valorización, no sólo material, sino también energética, es clave para el desarrollo de un sistema productivo eficiente, y echamos en falta alternativas al vertedero para esos flujos que materialmente no pueden ser valorizables.

Recogida separada obligatoria en todos los puntos de generación

Por último, destacar que la recogida separada de los residuos domiciliarios ha contribuido enormemente al avance de nuestra sociedad en las últimas décadas. Por ello, los gestores creemos que es el momento de hacer efectiva una recogida separada obligatoria en todos los puntos de generación, ya atañan a los residuos que generamos los ciudadanos, como los que generan las empresas.

Aún queda un largo camino por recorrer hasta llegar a un ecosistema circular. Un camino en el que los diferentes eslabones de la cadena de valor de la celulosa, papel y cartón tenemos que ser activos y trabajar coordinados para ejercer nuestro liderazgo.
Ningún cambio es sencillo. Son muchos los desafíos que tenemos por delante, pero también son muchas las nuevas oportunidades que se presentarán en esta transición. Con todo esto, bien merece asumir el reto. 


Artículo publicado en el número 214 Especial Reciclaje 2019

Tags: Repacar.


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