El agua en los planes para el desarrollo sostenible

Por Antolín Aldonza, portavoz de la Junta Directiva de ASAGUA


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Por Antolín Aldonza, portavoz de la Junta Directiva de ASAGUA


 

En la pared del patio de un instituto de Madrid se puede leer un verso que encierra un pensamiento profundo que dice mucho y sugiere más: El agua da vida, la concienciación da agua. Concienciación de la ciudadanía, pero también de las clases dirigentes. Aquella para que utilice el agua con tino y estas para que trasciendan a sus propios intereses, interioricen que todos tienen el mismo derecho a disponer de un agua de calidad con independencia de sus ideas y del lugar en el que residan y ayuden a concienciar a la sociedad aplicando una sana pedagogía.

 

El Agua y el cambio climático van de la mano

El cambio climático no se puede negar, pero hay que ponerlo en su contexto. Es algo que ha venido ocurriendo a lo largo de los tiempos, ya que el clima no es estático, por tanto, para no crear confusión, sería mejor hablar de acciones de las personas que influyen negativamente en el clima, con lo que se estaría aludiendo a la necesidad de que todos actuemos con cordura, para lo cual es muy importante que los poderes públicos -en España distribuidos en tres administraciones: central, autonómica y local- elaboren programas, que podemos denominar de comportamiento, estableciendo un adecuado control de su seguimiento y sancionando las conductas repetitivas y las dañinas.

La influencia del ser humano sobre el clima no se puede discutir. En los tiempos pretéritos el número de habitantes de la tierra era mucho menor que el actual, y el estado de la ciencia y de la técnica están a años luz. El desarrollo de la industria ha sido espectacular y no ha tenido debidamente en cuenta el respeto al medio ambiente, en claro olvido de que, como han dicho muchos pensadores -entre ellos Paracelso- a la naturaleza se la respeta imitándola. Todo esto hay que repensarlo.

La actualidad que ha cobrado la preocupación por el medio ambiente se justifica porque es clara la relación entre su buen estado y la no alteración del cambio climático natural.

Como en cualquier actividad de hacer, es importante que los estudios e informes no sean ociosos y se ejecuten las actuaciones, incluidas las infraestructuras, que resulten necesarias, evitando el despilfarro.

En cuanto al agua, podemos decir que se encuentra presente en todas las actividades humanas. Si nos centramos en el ciclo urbano y, en concreto, en los tratamientos que recibe desde su captación hasta su regreso a los cauces, encontramos que los trabajos necesarios se deben y se pueden hacer de modo que no causen daños al medio ambiente, evitando la emisión de gases, el excesivo consumo de energía y otros.

En noviembre de 2019, se presentó el Pacto Verde Europeo, que aventura inversiones sostenibles para la próxima década en acciones por el clima y en defensa del medio ambiente, por importe de un billón de euros. Está fundamentado en lo que denomina “Mecanismos para la Transición Justa”, esencial para transitar hacia una economía climáticamente neutra y justa, para lo que están previstos 100.000 M € de 2021 a 2027, en aras de mitigar el impacto socio económico de la transición. 

Recibimos con gratitud esta iniciativa que aventura actividad para el sector de las infraestructuras del agua y deseamos que alcance la utilidad prometida.

En este contexto al que no es ajena España, se están realizando actividades importantes, que esperamos desemboquen en un plan de infraestructuras que nos vaya conduciendo con paso firme al abastecimiento y depuración de todas las poblaciones y a la puesta al día de la red de saneamiento.

Meses atrás, El Ministerio para la Transición Ecológica sacó a información pública el Plan DSEAR (depuración, saneamiento, eficiencia, ahorro y reutilización), “cuyo diseño se establece con el propósito de garantizar una gestión sostenible basada en el ciclo integral del agua”. Viene a sustituir al Plan CRECE y nace con la vocación de paliar el escaso desarrollo de los planes Hidrológicos de Cuenca en lo que respecta a objetivos ambientales y de satisfacción de las demandas de agua. Planes Hidrológicos para el periodo 2016 a 2021, cuya inversión real a finales de 2017 no alcanzaba el 25% de la total de los planes Hidrológicos para todo el ciclo, que es de 21.285.946.060 €.

Es un Plan cargado de buenas intenciones, pero no tiene en cuenta el mundo real en el que se desenvuelve, con niveles de inversión tan bajos que no permiten que aumente el capital público, tan necesario para progresar. Además, deriva de unos planes hidrológicos cargados de ambición pero poco maduros. Una más y mejor planificación acompañada de la inversión necesaria – con créditos vinculantes- es la piedra angular para revertir la situación.

De los programas de medidas de los planes hidrológicos extrae las correspondientes a depuración y saneamiento, eficiencia y ahorro y reutilización y las valora.

Las cifras son tan abultadas como difíciles de creer a la vista de las inversiones que están realizando las distintas administraciones públicas de España. El presupuesto de la Dirección General del Agua, paradigma de órgano inversor, dedicado a inversión -capítulo 6- está en el entorno de los 400 M € y en consecuencia poco aporta al total; igual sucede con el resto de las administraciones. El resultado es que el Plan por el momento no tiene el desarrollo previsto y de seguir así los niveles de inversión no alcanzarán el objetivo de lograr que en España el ciclo urbano del agua esté completamente resuelto, evitando, entre otros males, las sanciones que han derivado -por ahora, mientras la situación no sé remedie, una sentencia obliga a pagar 22 M €/año- y que van a derivar de los procedimientos de infracción que nuestro país tiene abiertos en la Unión Europea. Esta situación no se comprende bien, porque ese dinero se podía dedicar a construir infraestructuras con las que evitar las multas.

Otra de las actividades que venía desarrollando el Ministerio para la Transición Ecológica, al que ahora se añade el Reto Demográfico, es el Libro Verde de la Gobernanza del Agua en España.

Se trata de una acción muy importante que persigue adecuar la situación del mundo del agua a la nueva situación climática. Trae su causa del informe de la Subcomisión para el estudio y elaboración de propuestas de política de aguas en coherencia con los retos del cambio climático, que pone de manifiesto la necesidad de transformar la política de aguas para dar respuesta a los retos que plantean los procesos de cambio climático en curso.

Es un documento de trabajo publicado por el MITECO -resultado de un proceso consultivo- cuya finalidad es llegar a un nuevo modelo de gobernanza del agua, para lo que hace un catálogo de propuestas sobre lo que hay que cambiar y como cambiarlo, que permita transitar hacia la nueva realidad climática y adaptarse a ella. En él, se pueden leer cosas interesantes y otras controvertidas, como puede ser el principio de que el agua no es un bien comercial, cuestión que por sí misma merece un debate. Este documento, que en sí mismo es objeto de debate, está configurado por unos ejes temáticos -Reforma y fortalecimiento de la administración del agua, coordinación interadministrativa, fiscalidad y financiación, reforma del régimen concesional, gobernanza de las aguas subterráneas, mejora de las relación con la ciudadanía, información, conocimiento y las nuevas tecnologías de información y comunicación, gestión de inundaciones, ciclo urbano del agua, ciclo agrario y reforma legal- cada uno de los cuales justifica las reformas y mejoras que se consideran necesarias.

De entre los principios que deben regir la gobernanza del agua en el nuevo contexto, figura el de precaución: La falta de certeza sobre los posibles impactos de las actividades humanas sobre el medio acuático no debe utilizarse como argumento para evitar la acción o para no tomar las medidas necesarias para evitar dichos daños. Lo destacamos sin restar importancia al resto de los principios, porque obliga a mucho. Si algo es necesario no se debe de abandonar, cualesquiera que sean los obstáculos que a priori se presenten, distinto es que los estudios pertinentes demuestren otra cosa.

Lo actuado hasta ahora sobre este tema nos parece bueno y desde aquí pedimos su continuidad, en la que con gusto participaremos, aunque sean muchos los obstáculos que se presenten.

En el último trimestre de 2019 vio la luz un estudio titulado “Análisis de las necesidades de inversión en renovación de las infraestructuras del ciclo urbano del agua”, elaborado por varios autores, fruto del convenio entre la Cátedra AQUAE de Economía del Agua y AEAS. 

Es un documento muy interesante. Entre otras cosas valora el capital público del ciclo urbano – valor actual- y establece su coste de renovación, según se muestra en la tabla. 

Según la encuesta realizada entre los operadores, para mantener de forma sostenible este stock, es necesaria una inversión anual de 3.858 millones de euros, muy alejada de la actual que viene a representar el 25% de esa cifra.

Desde hace años vivimos con la esperanza del cambio, por eso pedimos que los planes en desarrollo concluyan y se emprendan las infraestructuras que sean necesarias al amparo de una inversión sostenible y sostenida en el tiempo, acrecentada por la colaboración público-privada, todavía pendiente de desarrollo.


Artículo publicado en el nº 220 Enero/Febrero 2020

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