La construcción y rehabilitación sostenible de edificios, en el foco del Pacto Verde Europeo

La construcción sostenible es una de las apuestas de Europa en su hoja de ruta para la progresiva descarbonización de la economía


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El impacto de la pandemia de coronavirus sobre el tejido socioeconómico, con una afectación sobre el empleo significativa, ha convertido esta actividad en una oportunidad inigualable para revitalizar el mercado laboral y mejorar la eficiencia energética de los edificios.

 

¿Qué es la construcción sostenible?

La sostenibilidad en la construcción es un valor en alza desde hace tiempo. Así se desprende de informes de tendencias globales como el que publicó Dodge Data & Analytics en 2018, donde ya se vislumbraba el creciente interés por esta actividad, con una mayoría de encuestados que esperaba doblar el número de proyectos sostenibles de 2018 a 2021. Ahora bien, ¿en qué consiste esta tendencia?

La edificación sostenible, tal y como recogen la Guía de edificación y rehabilitación sostenible para la vivienda en la CAPV, es un proceso que engloba a múltiples agentes (comunidades de propietarios/as, empresas de construcción, despachos de arquitectura, etc.) y que debe conjugar de forma prioritaria tres verbos: reducir, conservar y mantener.

Su principal objetivo es integrar en la construcción y renovación de edificios e infraestructuras aspectos funcionales, económicos, ambientales y de calidad con el propósito de:

  • Poner en valor el incremento en la calidad de vida que proporciona una construcción en la que se cuidan factores tales como la accesibilidad, la sostenibilidad o el confort. No en vano, se estima que el “síndrome del edificio enfermo” eleva las quejas referentes a la salud más de un 20 %.

  • Incrementar la eficiencia en el consumo de recursos, integrando el uso de energías renovables y llevando a cabo una adecuada gestión de las aguas residuales, por ejemplo. Dos condicionantes claves en este sentido son impulsar el uso de materiales de construcción que faciliten la puesta en práctica de los fundamentos de la economía circular o implementar soluciones naturales que aumenten la eficiencia energética.

  • Respetar el patrimonio local, la cultura y las características propias de los vecindarios en los que se integran las infraestructuras y edificios sostenibles.

  • Resultar competitivos desde el punto de vista económico, simplificando las labores de mantenimiento.

De igual forma, las edificaciones sostenibles también deben tener en consideración su entorno inmediato, debiendo integrarse en el marco de un desarrollo y una regeneración urbana sostenible.

 

Por qué es tan importante la construcción sostenible

El sector de la construcción tiene un alto consumo de materias primas. En general, se estima que consume alrededor del 65 % del total de los áridos (arena, grava y roca triturada) y aproximadamente el 20 % del total de los metales que se extraen en el mundo. Por aportar cifras de detalle que, hasta cierto punto, posibilitan estimar los efectos ambientales del sector de la construcción, baste comentar que:

  • la producción de un solo kilo de cemento precisa de 3,22 kilos de recursos abióticos (arcillas, roca caliza, etc.), 17 kg de agua y 0,33 kilos de aire;

  • cada m2 construido requiere de 6 toneladas de material y genera 0,8 toneladas de residuo.

El concepto de economía circular no tiene sentido si la construcción no lo es

La construcción sostenible, por tanto, es necesaria porque permite optimizar el uso de los recursos e implementar dinámicas de circularidad de los materiales. Además, impulsar mecanismos alineados con una edificación sostenible también reduce, al mismo tiempo, el impacto ambiental que genera la extracción y procesamiento de estos materiales.

Asimismo, promover la construcción de casas sostenibles e infraestructuras amigables con el medioambiente repercute igualmente sobre la descarbonización de la economía. Al fin y al cabo, se considera que el sector de la construcción es responsable de aproximadamente el 20 % de las emisiones mundiales de CO2, porcentaje al que debe añadirse un 30 % más como consecuencia del funcionamiento y mantenimiento posterior.

Por lo tanto, todas las actuaciones que contribuyan a reducir la liberación de CO2 a la atmósfera ejercen un efecto positivo en la lucha contra el calentamiento global. De ahí que muchas intervenciones estén focalizadas en la mejora de la eficiencia energética, especialmente de las viviendas existentes, con planes y programas dirigidos a la rehabilitación que podrían suponer hasta un 80 % menos en emisiones. La correcta gestión de los materiales de construcción empleados, así como de los residuos generados, también implicaría notables beneficios, estimándose unos porcentajes próximos al 45 % en la reducción directa de las emisiones.

 

Implementación de esquemas de circularidad e introducción de nuevos materiales

Como ya se ha visto, el consumo de recursos de la construcción tradicional resulta a todas luces insostenible. La puesta en práctica de una economía circular es, por tanto, imprescindible para asegurar la continuidad del sector. Se trata de un proceso que tiene que contemplarse desde la fase de proyecto de la obra o construcción a través de una correcta planificación que tenga en cuenta el uso de los recursos, abarcando todo el ciclo de vida del edificio o infraestructura.

Por otro lado, las soluciones naturales aplicadas sobre fachadas o tejados de edificios tienen un claro beneficio desde el punto de vista de la eficiencia energética y la conservación de recursos como el agua.

Así, intervenciones tales como las azoteas naturales contribuyen a regular el ciclo hidrológico, actúan como sumidero de carbono y benefician al mantenimiento de la biodiversidad. La puesta en práctica de este tipo de soluciones, además, es una manera de hacer frente a la necesaria adaptación frente a la crisis climática.

 

Construcción sostenible en Euskadi, un tren que no puede escaparse

Una de las razones por las que la construcción sustentable está en alza, además de por los beneficios que implica, es por la necesidad de adaptarse a las nuevas regulaciones ambientales.

En este sentido y en lo que compete a Euskadi, la señal que manda la futura ley de cambio climático actualmente en tramitación es clara: el sector de la construcción debe reducir su impacto ambiental y sus emisiones. Tal y como contempla el propio anteproyecto, las vías para alcanzar este objetivo se basan en el impulso de las energías renovables, el ecodiseño o la optimización en el uso de los materiales.

No obstante, este nuevo marco legislativo tan solo es un hito más en el largo camino trazado por Euskadi para responder a los desafíos y oportunidades de la construcción sostenible. A este respecto, uno de los buques insignia de la estrategia vasca son las Guías de Rehabilitación, Edificación y Urbanización Sostenible, fruto de la colaboración entre Ihobe, el Departamento de Vivienda del Gobierno Vasco, su sociedad VISESA, y SPRILUR. Representan uno de los pocos ejemplos de iniciativa pública a nivel europeo que pretenden vertebrar una sistemática de evaluación e incluso reconocimiento de la sostenibilidad ambiental de las edificaciones. Además, teniendo como origen las guías y su metodología de valoración de proyectos y obras, se han desarrollado otras herramientas de estímulo de la oferta y demanda de la edificación sostenible. Los criterios de compra pública verde, los recursos formativos, las ordenanzas municipales en la cuestión o los productos financieros constituyen una clara muestra.

La Agenda Urbana Vasca Bultzatu 2050, aprobada en 2019, también forma parte de esta planificación e iniciativas como los proyectos AGREE e Iceberg son, en cierta forma, ejemplos de su materialización.

Uno de los objetivos del proyecto Agree es mejorar la eficiencia energética en las viviendas construidas durante el período 1940-1980, que constituyen el 57 % de los edificios residenciales. La experiencia, que cuenta con la colaboración de Ihobe, entre otros agentes, se ha iniciado con tres proyectos piloto a través de los que se esperan movilizar más de 8 millones de euros de inversión y reducir 250 toneladas de CO2 equivalente/año hasta 2022.

El proyecto Iceberg, en el que participan varios países europeos y entidades como Ihobe, se orienta a la reutilización de los residuos de construcción y demolición en un nítida apuesta por la economía circular. El objetivo no es otro que desarrollar sistemas y metodologías que permitan producir materiales recuperados de alto valor y bajo nivel de impurezas de forma tal que puedan ser reintroducidos en el mercado.

Optimización de recursos, circularidad de materiales, conservación de materias primas o racionalización de consumos son términos asociados a la construcción sostenible. Su implantación es una necesidad en aras de impulsar la sostenibilidad. Es un imperativo para conseguir que las generaciones futuras puedan satisfacer sus necesidades. Pero es, ante todo, una oportunidad, una ocasión para poner en el centro a las personas y, de forma especial, su bienestar.

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