BIC y Zero Waste Europe plantean una responsabilidad extendida para prevenir el desperdicio alimentario

Un informe conjunto defiende que trasladar costes y obligaciones a quienes comercializan alimentos es clave para cumplir los objetivos europeos de clima, economía circular y residuos en 2030

Un nuevo informe del Consorcio de Industrias de Base Biológica (BIC) y Zero Waste Europe (ZWE) sostiene que la Unión Europea no alcanzará sus objetivos en materia de desperdicio de alimentos, clima y economía circular si no introduce un nuevo marco de responsabilidad que obligue a los actores que comercializan alimentos a asumir un papel más activo en la prevención y gestión de estos residuos.

El documento propone la implantación de la Responsabilidad Extendida del Productor de Productos Alimenticios (EPRFP) como instrumento para financiar y reforzar tanto la prevención del desperdicio como la recogida separada de los residuos alimentarios, actualmente asumidas en gran medida por municipios y contribuyentes.

 

Un reto clave para los objetivos climáticos y de residuos

Según el informe, el desperdicio de alimentos es responsable de entre el 8 % y el 10 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, mientras que en la Unión Europea se generan alrededor de 130 kg de desperdicio alimentario por persona y año. A pesar de la obligación de los Estados miembros de recoger selectivamente los biorresiduos desde 2024, solo se recoge de forma separada aproximadamente el 26 % de los residuos de cocina, mientras que el resto acaba en vertederos o incineradoras.

Este escenario dificulta el cumplimiento de los objetivos establecidos en la Directiva Marco sobre Residuos, que fija para 2030 una reducción del 30 % per cápita del desperdicio alimentario en hogares, comercio minorista y restauración, y del 10 % en la fase de fabricación.

 

Trasladar responsabilidades a la cadena alimentaria

La propuesta de EPRFP plantea trasladar parte de la responsabilidad financiera y operativa desde las administraciones locales hacia quienes introducen alimentos en el mercado de la UE, incluyendo mayoristas, importadores y minoristas en el caso de productos de marca blanca.

Al centrarse en los actores que diseñan, envasan, etiquetan y comercializan los alimentos, el informe subraya que es posible actuar en las etapas iniciales de la cadena, donde se toman decisiones clave que influyen directamente en la generación de desperdicio, como el tamaño de las porciones, las fechas de caducidad, las estrategias promocionales o los sistemas de distribución.

 

Impulso a la bioeconomía y a la circularidad

El informe posiciona la EPRFP como una herramienta para apoyar la implementación de los objetivos europeos en materia de residuos, reforzar la recogida separada de biorresiduos y asegurar una materia prima estable para las industrias de base biológica. En este sentido, destaca el potencial de los residuos alimentarios para su valorización mediante compost y digestato, contribuyendo a la regeneración de suelos degradados y al cierre de ciclos en la economía circular.

Desde Zero Waste Europe, su fundador Joan Marc Simon señala que, una vez fijados los objetivos de reducción del desperdicio y la obligación de recogida separada, resulta imprescindible contar con instrumentos económicos que permitan alcanzarlos. Por su parte, el director ejecutivo de BIC, Dirk Carrez, apunta a la necesidad de aprovechar el potencial aún desaprovechado de los biorresiduos como materia prima para las bioindustrias europeas.

La propuesta se suma al debate europeo sobre cómo alinear las políticas de residuos, clima y bioeconomía, en un contexto en el que la prevención del desperdicio alimentario se perfila como un elemento clave para avanzar hacia un modelo más circular y bajo en carbono.

 

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