Cómo acaban los plásticos de la agricultura en las profundidades del Mediterráneo

Un estudio publicado en iScience rastrea por primera vez esta ruta y advierte de un problema con alcance global

En un planeta que debe alimentar a más de 8.000 millones de personas, la agricultura es una pieza clave. De ella dependen los alimentos y materias primas que usamos cada día. Y, en ese engranaje, el plástico se ha vuelto una herramienta habitual. Se utiliza en invernaderos, sistemas de riego y cubiertas de cultivo. Gracias a estos materiales, ha sido posible aumentar la productividad y reducir el consumo de agua.

Desde hace años, incluso podemos ver esta realidad desde el espacio. Grandes extensiones agrícolas aparecen como manchas blancas en las imágenes por satélite. Son superficies cubiertas por invernaderos y plásticos agrícolas.

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Vista de los invernaderos en las inmediaciones de El Ejido, Almería, desde el espacio. NASACC BY-SA.

Sin embargo, esta dependencia creciente tiene un coste ambiental. Durante mucho tiempo ha pasado desapercibido. Una parte de estos plásticos no se gestiona adecuadamente y acaba en el medio natural, como residuo.

En el trabajo publicado recientemente en iScience, analizamos por primera vez el recorrido de los plásticos agrícolas fuera de las zonas de cultivo. Nuestro trabajo muestra que muchos de estos materiales no se quedan en tierra.

Con el tiempo, los plásticos utilizados en la agricultura se dispersan en el entorno y acaban lejos de donde se usaron. Hemos detectado estos residuos a más de 100 kilómetros de la costa, en las profundidades del mar.

 

De las ramblas al mar: la ruta del plástico

Las ramblas son cauces secos que serpentean por nuestra geografía hasta desembocar en el mar. Permanecen secas la mayor parte del año y, cuando llueve, conducen rápidamente el agua hasta la costa. En ese tiempo de espera, también se convierten en depósitos silenciosos de basura.

En muchos de estos cauces, la mitad de los residuos encontrados son plásticos agrícolas. Durante los periodos secos, estos materiales se acumulan sin llamar la atención.

Algo que hemos aprendido es que la situación cambia con las lluvias intensas. En pocas horas, el agua arrastra todo lo que encuentra a su paso. Entre ello, grandes cantidades de plástico.

Estos residuos llegan directamente al mar. Con el tiempo, algunos se hunden y otros se desplazan mar adentro. Las fuertes lluvias son capaces de movilizar grandes volúmenes de residuos en muy poco tiempo.

Lo que un día se encuentra en tierra, al siguiente puede aparecer en redes de pesca, ser visto por buceadores o volver a la costa con el oleaje. La mayoría, sin embargo, pasa desapercibida y acaba perdida en la inmensidad del mar.

 

Un problema que se extiende más allá del Mediterráneo

Aunque nuestro estudio se centró en el mar de Alborán, esto puede repetirse en muchas zonas del mundo. En el Mediterráneo, hasta un 38 % de la costa está ocupada por cultivos. Muchos de ellos son de regadío y utilizan grandes cantidades de plástico.

Esta combinación aumenta el riesgo de que los residuos agrícolas acaben en el mar. Regiones de América, Asia o África, con agricultura costera intensiva, podrían enfrentarse a un problema similar.

La mezcla de agricultura cercana a la costa, una gestión deficiente de los residuos y episodios de lluvias extremas está convirtiendo la contaminación por plásticos agrícolas en un fenómeno global. Ya no se trata de un problema local o regional.

Sin embargo, estos residuos han recibido menos atención en los debates internacionales. La conversación suele centrarse en otros tipos de basura marina.

El problema, además, no termina ahí. Con el tiempo, los plásticos se fragmentan en piezas muy pequeñas, conocidas como microplásticos. Estos fragmentos pueden ser ingeridos por organismos marinos. A esto se suma que muchos plásticos contienen sustancias químicas que pueden ser perjudiciales. Cuando entran en los ecosistemas, estos compuestos añaden un riesgo adicional para la vida marina.

 

Cuando el plástico agrícola se confunde con el marino

Cuando encontramos una red solitaria en el mar, solemos pensar que viene de la pesca. Una red fantasma, perdida o abandonada por un barco. Sin embrago, no siempre es así.

Hemos descubierto que, en muchos casos, ese material no procede del sector pesquero. Puede tratarse de una malla agrícola utilizada para sujetar cultivos. Estas mallas están hechas de plástico y se usan solo durante una temporada. Su vida útil suele ser de menos de un año, tras el cual pocas veces se reutilizan o reciclan, por falta de un sistema eficaz. Así que, una parte importante acaba dispersándose por el medio.

La confusión entre plásticos agrícolas y plásticos marinos tiene consecuencias importantes. Dificulta su correcta gestión y tratamiento. También afecta a la manera en que entendemos el origen de la contaminación en el mar. Si no se identifican bien estos residuos, se subestima el papel de la agricultura en el problema. Al mismo tiempo, se atribuye el impacto ambiental a otros sectores. Esto impide diseñar soluciones eficaces y justas.

 

¿Qué estamos haciendo mal?, ¿Qué podemos mejorar?

Después de su uso, los agroplásticos suelen someterse a tres métodos de eliminación: vertido en vertederos, reciclaje físico y pirólisis. A pesar de que existen sistemas de gestión de residuos agrícolas en varios países europeos como España (en desarrollo), Francia, Alemania e Irlanda, el estudio muestra que muchos de ellos no funcionan correctamente. Esto sugiere que el problema puede darse en otras regiones del mundo.

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Países que, según la FAO, han puesto en marcha iniciativas voluntarias u obligatorias para la recuperación selectiva de residuos agrícolas con fines de reciclaje. Morales-Caselles et al., 2025CC BY-NC.

Hoy en día, la gestión de los plásticos agrícolas se centra sobre todo en la limpieza. Se actúa cuando el residuo ya está en el entorno, pero esto no es suficiente. Es necesario actuar en todo el ciclo de vida del plástico, desde su fabricación, uso y eliminación. Para ello se requieren políticas integradas adaptadas al contexto local que reduzcan la generación de residuos desde el origen.

Una de las medidas más urgentes es reducir el uso de plásticos innecesarios en la agricultura. También es fundamental apostar por alternativas reutilizables y más duraderas. Estas soluciones pueden mantener la productividad sin dañar el medio ambiente.

Otro aspecto clave es reforzar la responsabilidad compartida. Productores y usuarios deben garantizar que todos los materiales se recogen y se gestionan correctamente. Para ello son esenciales sistemas de control que eviten que los residuos acaben en la naturaleza.

Todo esto debe ir acompañado de apoyo al sector agrícola. La formación y la concienciación permiten promover buenas prácticas desde el inicio y evitar pérdidas de material.

Iniciativas internacionales como el Tratado Global sobre la Contaminación por Plásticos, actualmente en negociación en Naciones Unidas, ofrecen una oportunidad única. Pueden establecer normas comunes que aborden el problema en todas las fases del uso del plástico.

El futuro de la agricultura sostenible no puede apoyarse en materiales que comprometen los mismos ecosistemas de los que depende. Los plásticos agrícolas han sido aliados de la productividad, pero ahora debemos replantearnos cómo los utilizamos. Solo una gestión preventiva, integrada y transparente evitará que los alimentos que cultivamos dejen una huella plástica en la tierra y en el mar.


 

Un artículo de , Profesora e investigadora del área de Ecología, Universidad de Cádiz.

 

 

 

 

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