“¿Cuántas ediciones de Future4 Circularity tienen que pasar para que el semáforo de la circularidad pase del amarillo al verde?”

José Antonio García, de Valoriza, protagonizó el tercer diálogo de Future4 Circularity, analizando el momento actual del modelo español de residuos y los retos que aún frenan su plena consolidación

El diagnóstico del modelo español de gestión de residuos, su posicionamiento en el contexto internacional y los retos para acelerar la transición hacia la economía circular centraron el diálogo protagonizado por José Antonio García, director general de Tratamiento de Residuos de Valoriza, en el marco de Future4 Circularity 2026, celebrado el pasado 25 de marzo en el Auditorio El Beatriz de Madrid, y conducido por la periodista de ciencia y tecnología Patricia Ruiz Guevara.

Desde una visión estructural del sistema, García definió el momento actual como una transición relevante, apoyándose en una metáfora clara: el sector ha dejado atrás la fase inicial, pero aún no logra consolidarse plenamente. “El semáforo ha pasado del rojo al amarillo, pero no termina de ponerse en verde”, resumió, para ilustrar un escenario en el que el marco está definido, pero la implementación sigue siendo el gran desafío.

 

 

Un marco sólido, pero una transición aún incompleta

En este sentido, García señaló señaló que el modelo español cuenta hoy con un marco normativo claramente definido tras décadas de evolución legislativa y, especialmente, con la aprobación de la Ley 7/2022. A su juicio, este desarrollo ha permitido establecer unas “reglas de juego” y un “tablero” bien configurados sobre los que avanzar.

Junto a ello, destacó como fortalezas la existencia de operadores capaces de competir a nivel internacional, la disponibilidad de profesionales cualificados —tanto en el ámbito empresarial como en la administración— y una creciente concienciación social y empresarial en torno a la economía circular.

No obstante, advirtió de que, pese a este contexto favorable, “la partida está aún por jugar”. Entre los principales obstáculos, identificó la elevada dependencia del vertedero, la complejidad administrativa que retrasa el desarrollo y puesta en marcha de nuevos proyectos y la falta de competitividad del material reciclado frente a la materia prima virgen. Estos factores, subrayó, siguen condicionando el desarrollo efectivo de la economía circular en España, evidenciando que el reto no está ya en definir el marco, sino en activar su implementación.

 

 

España en el contexto internacional

A partir de este diagnóstico, García situó a España en un contexto global más amplio, recordando que, aunque no es un actor determinante a escala mundial, sí debe compararse con los modelos más avanzados. En este sentido, señaló que los países del norte de Europa —junto con Alemania— representan la referencia, al contar con altos niveles de recuperación, una fuerte implantación de la valorización energética y una baja dependencia del vertedero.

Frente a ello, España se encontraría en una posición intermedia, similar a otros países del sur de Europa, con un sistema de recuperación aún mejorable, una capacidad de incineración limitada o incipiente y una elevada dependencia del vertedero. También apuntó la evolución de otros mercados, como Japón o China, destacando especialmente el avance de este último en valorización energética y reducción progresiva del vertido.

 

“En España tenemos un sistema de recuperación todavía mejorable, una capacidad de incineración incipiente o algo obsoleta y todavía mucha dependencia de vertedero.”

 

En el ámbito europeo, el directivo subrayó además diferencias estructurales relevantes en la gobernanza del sistema. Mientras que en el norte de Europa predominan modelos supramunicipales con mayor capacidad de planificación, inversión y economías de escala, en España la gestión sigue siendo mayoritariamente municipal, lo que fragmenta la toma de decisiones.

Además, destacó que los modelos de contratación en otros países europeos son más variados, flexibles y transparentes, incorporando herramientas como el diálogo competitivo o contratos basados en rendimiento, que permiten compartir riesgos y beneficios. A su juicio, España dispone de un marco legal que permitiría aplicar estos modelos, pero no los está utilizando, lo que limita la capacidad de innovación en la gestión de grandes proyectos.

 

“En el norte de Europa tienen una visión más holística, mayor escala y más capacidad de inversión, mientras que en España cada uno va un poco por su cuenta.”

 

 

Valorización energética: necesidad clara, desarrollo limitado

En este contexto, García señaló que España presenta un déficit en el desarrollo de infraestructuras de valorización energética, pese a que existe consenso sobre su necesidad. Indicó que el país debería alcanzar una capacidad de incineración en torno al 25-30% para reducir de forma efectiva la dependencia del vertedero, pero reconoció que estos proyectos avanzan con gran dificultad. Entre las principales barreras, destacó la complejidad administrativa y la falta de recursos en la administración, que alargan los plazos de tramitación hasta los 10 o 15 años, así como las limitaciones del modelo de licitación.

A ello se suma un factor determinante: la percepción social. Según explicó, la incineración no cuenta con una aceptación generalizada. A su juicio, existe una falta de debate abierto sobre las alternativas reales, ya que se rechazan tanto la incineración como el vertedero sin plantear soluciones claras. En este sentido, defendió la necesidad de ampliar el diálogo e incorporar voces críticas para abordar de forma realista el papel de estas infraestructuras dentro del sistema de gestión de residuos.

 

Biometano: potencial alto, ejecución compleja

En paralelo, García abordó el desarrollo del biometano en España, un ámbito con elevado potencial pero con importantes dificultades de ejecución. Explicó que estos proyectos pueden bloquearse en cualquiera de sus múltiples fases debido a la complejidad administrativa y a la necesidad de superar numerosos permisos y trámites, como la autorización ambiental integrada, licencias de obra, conexiones a red o suministro energético. A estos condicionantes se suma un factor clave: la licencia social, que en muchos casos está frenando la viabilidad de los proyectos.

 

“Hoy en día muchos proyectos en España se están cayendo por la licencia social.”

 

Pese a ello, destacó el creciente dinamismo del sector, con la participación tanto de administraciones públicas como de nuevos actores privados —utilities, empresas energéticas o fondos de inversión—. Además, apuntó que, aunque España aún está lejos de países como Francia o Alemania en número de proyectos, se empieza a observar una evolución positiva basada en la colaboración y la generación de alianzas entre actores que desarrollan iniciativas similares en el territorio.

 

 

Llamada a la acción: del diagnóstico a la ejecución

Como cierre, José Antonio García subrayó que el avance del modelo pasa por reforzar la planificación estratégica, la coordinación entre los distintos actores y una gobernanza más eficaz del sistema.

 

“Hacen falta tres cosas: mayor planificación, mayor coordinación y mejor gobernanza.”

 

En este sentido, volvió a la metáfora planteada al inicio para insistir en que, pese a los avances en diagnóstico y en el marco normativo, la economía circular sigue sin consolidarse plenamente en la práctica. “¿Cuántos más Future4 Circularity tienen que pasar para que el semáforo pase del amarillo al verde?”, se preguntó, para evidenciar que el sector continúa en una fase intermedia en la que el sistema ha dejado atrás el punto de partida, pero aún no ha logrado alcanzar una implementación real y sostenida en el tiempo.

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