El reciclaje de neumáticos al final de su vida útil constituye uno de los ejemplos más consolidados de responsabilidad ampliada del productor en España. Sin embargo, una vez garantizada su recogida y tratamiento, el sector afronta un nuevo desafío: impulsar aplicaciones de mayor valor añadido para el caucho reciclado, reforzar la demanda de materiales secundarios y avanzar hacia una economía circular capaz de reincorporar estos recursos a nuevos ciclos productivos.
Con el objetivo de analizar este escenario desde diferentes perspectivas, el pasado mes de julio RETEMA y SIGNUS organizaron, en el Centro de Innovación en Economía Circular (CIEC) del Ayuntamiento de Madrid, un encuentro en el que se sentaron representantes de la administración pública, la comunidad científica y el propio sistema de gestión para debatir sobre las oportunidades y barreras que condicionan el futuro de los neumáticos al final de su vida útil (NFVU). Moderado por Alberto Casillas, director de RETEMA, el encuentro contó con la participación de Roberto Pérez Aparicio, responsable de Desarrollo e Innovación de SIGNUS; Juan López Valentín, investigador científico del Grupo de Elastómeros del ICTP-CSIC; Juan Gallego Medina, catedrático de la ETS de Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos de la Universidad Politécnica de Madrid; Ricardo Luis Izquierdo Escribano, director general de Economía Circular del Ayuntamiento de Fuenlabrada; Alicia Zaragoza Benzal, profesora de la ETS de Edificación de la UPM; y María Jesús Romera de Ávila, directora general de Economía del Ayuntamiento de Madrid.
A lo largo del debate, los participantes coincidieron en que el modelo español de gestión de los neumáticos al final de su vida útil ha alcanzado un elevado grado de madurez, pero también advirtieron de que el siguiente paso pasa por consolidar nuevos mercados para el caucho reciclado, favorecer la innovación tecnológica y acompasar el desarrollo normativo con las necesidades reales del sector. En este sentido, la conversación abordó cuestiones como el impacto de la futura restricción europea al uso de granulado de caucho en campos de césped artificial, el potencial del reciclaje químico, el empleo del material en carreteras y edificación o el papel de la contratación pública para acelerar la incorporación de materiales reciclados en las obras e infraestructuras.
Un modelo de gestión consolidado en busca de nuevos mercados
Dos décadas después de la implantación de los sistemas de responsabilidad ampliada del productor, las cifras permiten dimensionar el grado de desarrollo alcanzado por la gestión de los neumáticos al final de su vida útil en España. Roberto Pérez Aparicio, responsable de Desarrollo e Innovación de SIGNUS, comenzó dimensionando las cifras que maneja la entidad: “Actualmente, gestionamos más de 200.000 toneladas de neumáticos al año, de las aproximadamente 300.000 que se generan en España”. El sistema cuenta con alrededor de 26.000 puntos de generación y más de 200 productores adheridos y garantiza la recogida desde los talleres. A partir de ahí, los neumáticos se clasifican para determinar cuáles pueden tener una segunda vida mediante su reutilización o recauchutado y cuáles deben pasar a procesos de transformación y reciclaje.
SIGNUS gestiona más de 200.000 toneladas de neumáticos al año, de las aproximadamente 300.000 que se generan en España
La propia composición del neumático condiciona este último proceso. Pérez Aparicio recordó que se trata de un producto de diseño especialmente complejo y, por tanto, difícil de reciclar. Actualmente predomina el reciclaje mecánico, mediante trituración y molienda, que permite separar sus principales componentes. El acero recuperado se recicla en su totalidad, mientras que la fracción textil presenta mayores dificultades debido a su contaminación con polvo de caucho y, pese a su potencial en aplicaciones como el aislamiento, actualmente se destina principalmente a valorización energética.
"Del caucho reciclado que se genera a través del sistema de SIGNUS, que suele ser en torno a 100.000 toneladas, solo entre el 6 y el 8% se usa para asfalto. Pero podría ser diez veces más". Roberto Pérez Aparicio, responsable de Desarrollo e Innovación de SIGNUS.
Pero es el caucho recuperado el que concentra buena parte del desafío. SIGNUS obtiene en torno a 100.000 toneladas anuales de caucho, mientras que una aplicación con un importante potencial como las mezclas asfálticas absorbe todavía una proporción reducida. Pérez Aparicio puso dimensión a ese margen de crecimiento al señalar que "solo entre el 6 y el 8% se usan para asfalto. Pero podría ser diez veces más". Para el responsable de SIGNUS, esto obliga tanto a potenciar soluciones que ya han demostrado su viabilidad como a desarrollar mediante I+D nuevas aplicaciones capaces de aportar mayor valor añadido al material, entre ellas las líneas que actualmente se investigan para fabricar nuevas piezas destinadas al sector de la automoción.
La búsqueda de nuevos destinos adquiere todavía mayor urgencia ante los cambios regulatorios que afronta el sector. Pérez Aparicio advirtió especialmente del impacto de la restricción europea derivada del reglamento REACH sobre el empleo de rellenos poliméricos en campos de césped artificial, hasta ahora una de las principales salidas del granulado de caucho reciclado. Según explicó, esta limitación afectará a una cantidad significativa del material que actualmente encuentra aquí su destino: “Dos de cada cinco neumáticos que irían destinados a esto ya no podrán hacerlo. Hay que explorar otros tipos de reciclaje”.
La búsqueda de nuevos destinos para el caucho reciclado adquiere todavía mayor urgencia ante los cambios regulatorios que afronta el sector.
Desde la perspectiva de la administración local, Ricardo Luis Izquierdo Escribano, director general de Economía Circular del Ayuntamiento de Fuenlabrada, coincidió en que el sector del neumático ha avanzado especialmente en la articulación de un sistema capaz de garantizar la responsabilidad ampliada del productor, pero puso el foco en lo que sucede después con las toneladas recuperadas. El problema, sostuvo, es que "la normativa, el mercado y la realidad no están acompasadas", una desconexión que dificulta trasladar los principios de la economía circular a aplicaciones reales y económicamente viables.
“En el ámbito del caucho reciclado, la normativa, el mercado y la realidad de la gestión de los residuos no están acompasados. Hace falta seguir avanzando para encontrar nuevas salidas al material". Ricardo Luis Izquierdo Escribano, director general de Economía Circular del Ayuntamiento de Fuenlabrada.
Izquierdo apuntó además hacia un horizonte más ambicioso: avanzar en un reciclaje finalista que permita utilizar el caucho para fabricar nuevamente caucho. La tecnología, explicó, permite explorar esa circularidad, pero todavía necesita desarrollo y carece de suficientes incentivos económicos. De ahí que, pese a considerar que el neumático fuera de uso se encuentra en una posición avanzada respecto a otros flujos de residuos, alertase de que al caucho todavía le queda "mucho camino por delante".
Innovación para ampliar las fronteras del reciclaje
Recorrer ese camino obliga precisamente a ampliar las posibilidades tecnológicas del reciclaje. Si el objetivo es encontrar nuevos destinos para el caucho procedente de los NFVU y aumentar su valor como materia prima secundaria, la investigación y el desarrollo se convierten en una pieza esencial. En este escenario, la investigación y el desarrollo adquieren un papel determinante, tanto para aprovechar mejor las propiedades que conserva el material reciclado como para superar algunas de las limitaciones derivadas de la propia complejidad con la que se diseñan los neumáticos.
Juan López Valentín, investigador científico del Grupo de Elastómeros del ICTP-CSIC, explicó que buena parte del potencial del material reside precisamente en las características del caucho vulcanizado. "Los neumáticos tienen propiedades únicas", señaló, entre ellas las propiedades elásticas y mecánicas responsables del confort, el agarre o la seguridad durante su utilización. Y una cuestión resulta especialmente interesante desde el punto de vista de su segunda vida: "estas propiedades las mantiene el caucho cuando se recicla", lo que permite aprovecharlas en aplicaciones como pavimentos de seguridad o superficies infantiles.
“El caucho vulcanizado aporta propiedades elásticas y mecánicas relacionadas con el confort, el agarre y la seguridad, y esas propiedades se mantienen cuando el caucho se recicla”. Juan López Valentín, investigador científico del Grupo de Elastómeros del ICTP-CSIC.
Pero aquello que convierte al neumático en un producto de elevadas prestaciones es, al mismo tiempo, una de las principales dificultades para su reciclaje. Su comportamiento procede de una mezcla compleja de ingredientes y de un caucho vulcanizado diseñado precisamente para ofrecer una elevada resistencia. "Esto también es un problema porque, dadas sus complejas características, cuesta aplicarlo nuevamente", apuntó López Valentín. De ahí la necesidad de investigar procesos capaces de ir más allá de la transformación mecánica convencional.
El reciclaje de los NFVU avanza hacia un modelo en el que las tecnologías mecánicas conviven con nuevas vías químicas destinadas a recuperar materiales de mayor valor añadido
El ICTP-CSIC lleva más de dos décadas trabajando precisamente en esta dirección. El investigador subrayó que el desarrollo de nuevos procesos de reciclado químico "nos abre nuevos horizontes en cuanto a aplicaciones", permitiendo plantear alternativas que recuperen materiales con capacidad para regresar a procesos industriales de mayor valor añadido. Entre las posibilidades señaladas durante el encuentro apareció la recuperación del negro de carbono, que podría volver a utilizarse en mezclas de caucho, así como los procesos de desvulcanización, destinados a obtener un material susceptible de ser reutilizado.
“El reciclado químico abre nuevos horizontes: podemos recuperar el negro de carbono para utilizarlo de nuevo en mezclas de caucho o avanzar en la desvulcanización para reutilizar estos materiales". Juan López Valentín, investigador científico del Grupo de Elastómeros del ICTP-CSIC.
Estas tecnologías dibujan así un horizonte complementario al reciclaje mecánico actual. Mientras este último permite obtener partículas que mantienen las características propias del caucho y que ya encuentran aplicación en diferentes productos, las nuevas vías de reciclaje abren la puerta a recuperar componentes y materiales susceptibles de regresar a procesos productivos más exigentes. Para el representante del ICTP-CSIC, ese desarrollo tecnológico constituye "el presente y futuro"del aprovechamiento de los neumáticos al final de su vida útil.
Desde SIGNUS, Pérez Aparicio coincidió en que la innovación debe actuar en dos direcciones simultáneas. Por un lado, aprovechar mucho más aquellas soluciones que ya han demostrado su viabilidad; por otro, abrir mercados completamente nuevos. "No todo está resuelto al 100%. Hay que potenciar las soluciones que ya tenemos", afirmó. A esa optimización de las vías existentes debe sumarse el desarrollo mediante I+D de productos capaces de proporcionar mayor valor añadido al caucho recuperado. SIGNUS mantiene, de hecho, distintas líneas abiertas, entre ellas investigaciones dirigidas al sector de la automoción para incorporar este material en nuevas piezas.
Esta combinación entre conocimiento científico y capacidad de transferencia volvería a aparecer como una de las claves del debate. López Valentín reivindicó el papel que desempeña la cooperación entre los distintos agentes para convertir los resultados de investigación en soluciones reales. "La relación público-privada es magnífica en nuestro país", afirmó, señalando a SIGNUS como uno de los actores que vertebran esa conexión con la investigación. Una colaboración que permite trabajar no solo sobre las necesidades inmediatas del sector, sino también anticipar las tecnologías necesarias para responder a los desafíos que llegarán a medio y largo plazo. Pero el desafío no reside únicamente en desarrollar nuevas soluciones, sino también en conseguir que aquellas que ya han demostrado su viabilidad abandonen el ámbito minoritario y alcancen una escala mucho mayor.
Una tecnología disponible que aún debe ganar escala
Esa colaboración entre investigación, industria y administración resulta especialmente relevante cuando las soluciones desarrolladas deben abandonar el ámbito experimental y alcanzar una escala suficiente. Y pocas aplicaciones ilustran mejor ese recorrido que la incorporación de caucho reciclado a las carreteras. No se trata, además, de una solución experimental. Nuestro país, como se advirtió durante el encuentro, acumula años de experiencia incorporando polvo de caucho a las mezclas bituminosas, aunque la tecnología y las formas de introducir este material en los pavimentos han evolucionado progresivamente.
Juan Gallego Medina, catedrático de la ETS de Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos de la UPM, recordó que las primeras experiencias españolas se desarrollaron mediante la denominada vía seca, incorporando directamente el polvo de caucho durante la fabricación de la mezcla. Posteriormente avanzó la vía húmeda, basada en betunes que ya incorporaban el material, y más recientemente han aparecido productos predigeridos que facilitan su almacenamiento, manipulación e incorporación a la mezcla final. Una evolución tecnológica que, según explicó, ha ido reduciendo algunas de las incertidumbres que acompañaron a estas soluciones en sus primeras etapas.
Pero el avance técnico no ha sido el único cambio. Para Gallego, uno de los pasos más relevantes de los últimos años ha sido comenzar a incorporar de manera efectiva el comportamiento ambiental de los materiales a la toma de decisiones. Aunque la reducción de la huella de carbono llevaba tiempo formando parte del discurso del sector, señaló que no fue hasta 2024 cuando el Ministerio de Transportes publicó una metodología para su cálculo en este ámbito. “Desde que se habló hasta que se calculó el impacto positivo en huella de carbono en el uso de caucho ha pasado mucho”, apuntó, incidiendo en la distancia que puede existir entre disponer de una solución y contar con las herramientas necesarias para valorar objetivamente sus ventajas.
“No fue hasta 2024 cuando se empezó a calcular el impacto positivo en la huella de carbono del uso de caucho en pavimentos. Desde que se empezó a hablar de ello hasta que se pudo cuantificar ha pasado mucho tiempo”. Juan Gallego Medina, catedrático de la ETS de Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos de la UPM.
La normalización técnica también ha contribuido a reducir barreras. Gallego explicó que durante años coexistieron diferentes productos y procedimientos, generando incertidumbre entre quienes debían decidir qué solución utilizar. Ese obstáculo, aseguró, se ha reducido considerablemente. Sin embargo, todavía identifica margen de actuación desde el ámbito administrativo: “Queda, desde el punto de vista administrativo, darle un punto más. Que se promueva el uso de caucho frente a otros polímeros”. La incorporación de criterios de huella de carbono al diseño y conservación de pavimentos supone, en este sentido, una herramienta adicional para comparar materiales atendiendo no solo a sus prestaciones técnicas, sino también a su comportamiento ambiental.
Precisamente en ese salto entre normalización e implantación, Pérez Aparicio puso sobre la mesa una aparente contradicción: el conocimiento y las herramientas técnicas existen, pero su traslado al mercado continúa siendo insuficiente. La entidad ha trabajado durante años en estudios, manuales y documentación destinada precisamente a facilitar el uso del caucho reciclado por parte de proyectistas y técnicos. “Llevaremos publicadas cinco guías. La tecnología está ahí, se ha probado, pero no logra implementarse”, resumió.
La experiencia municipal permitió comprobar hasta qué punto esas barreras aparecen cuando la tecnología llega a la práctica. Ricardo Luis Izquierdo Escribano explicó que Fuenlabrada lleva esa apuesta por la economía circular a sus actuaciones cotidianas y ha incorporado polvo de caucho reciclado en la pavimentación. Desde su experiencia, defendió además una ventaja especialmente relevante en un contexto de temperaturas cada vez más extremas: “El polvo de caucho aporta al pavimento urbano una elasticidad que evita la rotura”. El comportamiento de los materiales frente a las oscilaciones térmicas adquiere, añadió, una importancia creciente ante el impacto del cambio climático sobre los pavimentos.
La existencia de resultados favorables, sin embargo, no elimina automáticamente las barreras para su adopción. Izquierdo habló de reticencias entre técnicos municipales y empresas constructoras, inercias en los pliegos de contratación y condicionantes presupuestarios, además de la necesidad de disponer de estudios adaptados a las distintas realidades climáticas. Para avanzar, defendió consolidar criterios de utilización que aporten seguridad a quienes deben prescribir estos materiales y reforzar el apoyo técnico a las administraciones. “Hay que dar pasos irreversibles, pero consolidando que lo que se hace funcione”, sostuvo.
Esa necesidad de generar confianza entre quienes finalmente prescriben y contratan las soluciones encontró su reflejo también en la experiencia del Ayuntamiento de Madrid, donde el caucho reciclado ha dejado de ocupar un espacio meramente experimental. María Jesús Romera de Ávila, directora general de Economía del consistorio madrileño, destacó que una de sus principales ventajas frente a otros materiales recuperados es que el caucho ya cuenta con consideración de producto, lo que facilita su incorporación al mercado y abre nuevas oportunidades de utilización.
En el ámbito de la pavimentación, esa incorporación ha alcanzado ya una escala significativa. “En el Ayuntamiento de Madrid, una cuarta parte del pavimento se ha hecho ya con caucho reciclado”, señaló Romera de Ávila, quien defendió que su utilización no responde únicamente a criterios ambientales. A su juicio, se trata de una solución con prestaciones contrastadas que puede resultar también económicamente rentable, una condición imprescindible para que la economía circular trascienda las experiencias puntuales: “La economía circular tiene sentido si reducimos impacto en el medio ambiente, pero tiene que ser rentable económicamente”. A estas prestaciones sumó además la posibilidad de utilizar estos materiales en mezclas semicalientes, que, según señaló, permiten alcanzar ahorros de entre el 11 % y el 15 %.
El empleo de mezclas semicalientes puede generar ahorros de entre el 11 % y el 15 %, reforzando la dimensión económica de estas soluciones junto a sus beneficios ambientales
“En el Ayuntamiento de Madrid, una cuarta parte del pavimento se ha hecho ya con caucho reciclado. Es una mezcla más útil, eficiente y una inversión rentable económicamente, que está contrastada”. María Jesús Romera de Ávila, directora general de Economía del Ayuntamiento de Madrid.
La experiencia madrileña introdujo así otro de los grandes asuntos que atravesaron el encuentro: el poder de la contratación pública para crear demanda de materias primas secundarias. Si administraciones y ayuntamientos son grandes consumidores de pavimentos, mobiliario urbano y materiales de construcción, sus decisiones pueden contribuir a generar el mercado que el caucho reciclado necesita. Romera de Ávila recordó que la legislación contractual permite actualmente mayor flexibilidad para incorporar estos criterios, pero insistió en que las decisiones deben apoyarse en prestaciones contrastadas y en estudios de coste-beneficio que aporten seguridad a los técnicos responsables.
La contratación pública, sin embargo, no siempre ha operado bajo esa lógica. Retomando la experiencia de Fuenlabrada, Izquierdo recordó que durante años el precio fue el criterio dominante en las adjudicaciones, generando resistencias cuando la incorporación de requisitos ambientales podía incrementar inicialmente el coste, incluso aunque ofreciera una mayor calidad. Ese escenario, explicó, ha comenzado a cambiar con herramientas como el principio europeo de “no causar un perjuicio significativo” (DNSH), que ha favorecido la introducción de cláusulas ambientales en los pliegos. El desafío no termina, no obstante, con incorporarlas al contrato: “El problema es comprobar luego que el contratista lo haga”, advirtió.
De este modo, el debate fue desplazándose desde la existencia de una tecnología viable hacia las condiciones necesarias para convertir esa viabilidad en demanda real. Normalización, criterios ambientales, conocimiento técnico, contratación pública y control de la ejecución aparecen como piezas de un mismo engranaje. Una idea que Pérez Aparicio retomaría al final del encuentro al insistir precisamente en la importancia del seguimiento: no basta con prescribir materiales reciclados sobre el papel, sino que es necesario garantizar su utilización efectiva en las obras. “El control es fundamental de lo que se está haciendo”, afirmó.
Pero el papel de las ciudades no tiene por qué limitarse a comprar soluciones que ya están disponibles. También pueden convertirse en espacios donde probarlas y reducir la incertidumbre antes de su implantación a mayor escala. Romera de Ávila explicó que Madrid dispone en Villaverde de un sandbox que permite ensayar desarrollos en un entorno urbano controlado y abrir convocatorias a empresas, asociaciones y otros agentes. Para la responsable municipal, acercar las propiedades de estos nuevos materiales a los técnicos resulta fundamental porque, como recordó, “los ayuntamientos somos demandantes. Tenemos que ayudar a reducir la incertidumbre”.
Y esa necesidad de ensayar, demostrar prestaciones y trasladar conocimiento a los profesionales cobra todavía mayor importancia cuando se abandona el terreno más maduro de las carreteras. Porque, aunque el asfalto concentra buena parte de la experiencia acumulada con caucho reciclado, el encuentro mostró que existe un abanico mucho más amplio de aplicaciones todavía por desarrollar, especialmente en el ámbito de la edificación.
El potencial del caucho en la edificación
A diferencia de lo ocurrido en carreteras, la incorporación de caucho reciclado a materiales y sistemas constructivos presenta todavía un grado de desarrollo menor. Alicia Zaragoza Benzal, profesora de la ETS de Edificación de la UPM, señaló que existe una trayectoria investigadora creciente, pero todavía queda camino por recorrer para convertir esos resultados en productos y aplicaciones ampliamente utilizados. Las propias características del caucho —entre ellas su comportamiento frente al agua o su capacidad para absorber determinadas solicitaciones— permiten trasladar parte de sus prestaciones al ámbito de la edificación.
Ese aprovechamiento, sin embargo, introdujo un matiz importante en el debate. Zaragoza Benzal advirtió de que cerrar ciclos materiales no equivale automáticamente a reducir el impacto ambiental, especialmente cuando recuperar un material exige procesos industriales o químicos intensivos. “La circularidad no es lo mismo que la sostenibilidad. No siempre”, afirmó, defendiendo que el objetivo debería ser incorporar el caucho reciclado con el menor número posible de transformaciones cuando las características de la aplicación lo permitan. “Cuanto menos proceso industrial o químico lleve ese caucho reciclado, ese nuevo producto va a tener menos impacto”, añadió.
“La circularidad no es lo mismo que la sostenibilidad. Cuanto menos proceso industrial o químico lleve ese caucho reciclado, ese nuevo producto va a tener menos impacto”. Alicia Zaragoza Benzal, profesora de la ETS de Edificación de la UPM.
Bajo esa premisa, la edificación abre distintas posibilidades para aprovechar directamente las propiedades del material. Benzal mencionó el empleo de bandas de caucho aglomerado para aislamiento, así como trabajos desarrollados junto a SIGNUS para incorporarlo en placas y falsos techos destinados a mejorar el confort acústico. También apuntó a su utilización en productos prefabricados, donde puede sustituir parcialmente a la arena en morteros y contribuir a reducir su peso.
Y el potencial del neumático no termina en el caucho. Precisamente al analizar el resto de las fracciones obtenidas durante su tratamiento, la conversación regresó a uno de los problemas señalados al comienzo del encuentro: no todos los materiales recuperados disponen hoy de salidas equivalentes. La fracción textil constituye probablemente el ejemplo más claro.
Mientras el caucho acumula décadas de investigación, Zaragoza Benzal explicó que las fibras textiles procedentes de los neumáticos han recibido mucha menos atención debido a su complejidad: son fibras cortas, difíciles de mezclar y pueden contener restos de otros componentes. Sin embargo, presentan una propiedad que abre una vía de aprovechamiento especialmente interesante en construcción: su baja conductividad térmica. Por ello, desde la universidad se está investigando su utilización en paneles de aislamiento térmico, lo que permitiría encontrar una salida material para una fracción que actualmente presenta mayores dificultades de reciclaje.
Encontrar aplicaciones para fracciones que todavía carecen de mercados consolidados resume, en buena medida, el desafío planteado durante toda la mesa: no basta con recuperar los materiales que componen el neumático, sino que es necesario conseguir que vuelvan a resultar útiles, competitivos y demandados.
La baja conductividad térmica de las fibras textiles recuperadas de los neumáticos abre una vía para su utilización en paneles de aislamiento térmico.
De la innovación al mercado: las claves para consolidar el caucho como materia prima secundaria
Sobre esa premisa, el último tramo del debate puso el foco en los pasos necesarios para que el caucho procedente de NFVU gane definitivamente peso como materia prima secundaria: demostrar sus prestaciones, normalizar productos y aplicaciones, generar confianza entre los profesionales y construir una demanda suficientemente estable.
Para Romera de Ávila, una de las claves reside precisamente en aportar evidencias que permitan comparar el material reciclado con las alternativas convencionales. “En la medida en la que podamos aportar evidencias de que es más rentable, más duradero y tiene mejores prestaciones, vamos a favorecer de una forma fácil y sostenible la sustitución”, señaló. Un planteamiento que conecta con la experiencia expuesta anteriormente por el Ayuntamiento de Madrid: la incorporación de materiales secundarios será más sencilla cuando su utilización no dependa exclusivamente de una obligación ambiental, sino que esté respaldada por resultados técnicos y económicos.
“En la medida en la que podamos aportar evidencias de que es más rentable, más duradero y tiene mejores prestaciones, vamos a favorecer de una forma fácil y sostenible la sustitución". María Jesús Romera de Ávila, directora general de Economía del Ayuntamiento de Madrid.
Demostrar esas prestaciones implica también trasladar los resultados de la investigación a situaciones reales. Desde la UPM, Alicia Zaragoza situó entre las prioridades trasladar la investigación a experiencias demostrables: “Ver casos piloto, casos reales que se proyecten a los profesionales”. A ello sumó otro requisito para facilitar su implantación: “También tiene que haber productos que estén regularizados para que genere más confianza”. La experimentación, por tanto, debe avanzar acompañada de normalización y referencias que permitan a técnicos y prescriptores incorporar estas soluciones con mayor seguridad.
“La prioridad es ver casos piloto, casos reales que se proyecten a los profesionales. También tiene que haber productos que estén regularizados para que genere más confianza”. Alicia Zaragoza Benzal, profesora de la ETS de Edificación de la UPM.
En esta línea, Izquierdo llevó esa reflexión un paso más allá al recordar que detrás del debate sobre los neumáticos existe también una cuestión de dependencia de materias primas. El caucho natural consumido en España procede de mercados exteriores, mientras que el sintético tiene su origen en el petróleo, por lo que recuperar los recursos ya disponibles adquiere también una dimensión estratégica. “Tenemos que utilizar todos los materiales que podamos reutilizar”, defendió. Para lograrlo, reclamó una “doctrina de uso” sustentada en el consenso entre conocimiento académico, experiencia práctica y el impulso de los productores a través de la responsabilidad ampliada del productor.
“El caucho que se consume en España viene de Tailandia y Costa de Marfil y el sintético viene del petróleo. Las materias primas son una apuesta de futuro. Tenemos que utilizar todos los materiales que podamos reutilizar". Ricardo Luis Izquierdo Escribano, director general de Economía Circular del Ayuntamiento de Fuenlabrada.
Gallego Medina coincidió en la necesidad de crear las condiciones para que el mercado funcione, pero introdujo un matiz relevante: el objetivo debería ser construir “un ecosistema donde funcione realmente, sin necesidad de hacer que sea obligatorio”. Para ello, consideró necesario combinar nuevas posibilidades tecnológicas con una administración sensible a su implantación y la necesidad de “seguir promoviendo la formación en rangos intermedios, que la gente lo vea como algo normal”, una condición necesaria para que estas soluciones dejen de percibirse como excepcionales y pasen a formar parte de la práctica habitual.
“Es necesario crear un ecosistema en el que el uso del caucho reciclado funcione realmente, sin necesidad de que sea obligatorio, combinando posibilidades tecnológicas, una administración sensible y formación de los profesionales”. Juan Gallego Medina, catedrático de la ETS de Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos de la UPM.
La consolidación de ese ecosistema dependerá igualmente de mantener una investigación capaz de anticiparse a las necesidades futuras. Desde el ICTP-CSIC, Juan López Valentín calificó el futuro como “prometedor”, precisamente porque las dificultades actuales están impulsando programas de I+D+i y generando nuevo conocimiento científico-técnico. En este recorrido volvió a destacar la colaboración público-privada y el papel vertebrador de organizaciones como SIGNUS para conectar investigación y aplicación, sin olvidar un actor que consideró imprescindible: “La Administración es fundamental”.
El cierre de Roberto Pérez permitió reunir buena parte de estos elementos. Para el responsable de Desarrollo e Innovación de SIGNUS, ampliar la presencia del caucho reciclado en carreteras, obra pública o mobiliario urbano requiere colaboración entre sector público y privado, pero también mecanismos que faciliten económicamente su incorporación. “Otra vía es el apoyo legislativo y financiero”, señaló Pérez, quien planteó facilitar el empleo de materiales reciclados “a través de incentivos fiscales o deducciones”.
“El apoyo legislativo y financiero es fundamental para impulsar el uso de materiales reciclados, facilitando los procesos e incorporando incentivos fiscales o deducciones que favorezcan su utilización”. Roberto Pérez Aparicio, responsable de Desarrollo e Innovación de SIGNUS.
El experto apuntó además hacia tecnologías que pueden adquirir mayor protagonismo en los próximos años. Entre ellas mencionó la pirólisis, cuyos avances tecnológicos están permitiendo evolucionar las plantas y abrir nuevas posibilidades para el aprovechamiento de los neumáticos al final de su vida útil. Una vía que se suma al reciclaje mecánico, la desvulcanización, la recuperación de negro de carbono y las nuevas aplicaciones analizadas durante el encuentro, dibujando un escenario en el que el reto pasa cada vez menos por encontrar una única solución y más por construir un conjunto diversificado de destinos capaces de aprovechar las distintas fracciones del neumático.
En conjunto, este debate dibujó un escenario en el que tecnología, conocimiento y experiencias reales ya existen, pero todavía deben ganar escala. Convertir el caucho recuperado en una materia prima secundaria plenamente integrada en la economía exigirá conectar investigación y mercado, proporcionar seguridad a técnicos y administraciones, demostrar prestaciones y rentabilidad y utilizar la capacidad tractora de la contratación pública. Un proceso en el que la colaboración entre productores, gestores, investigadores y administraciones aparece como condición necesaria para que los neumáticos al final de su vida útil dejen de contemplarse únicamente como un residuo que gestionar y se consoliden como una fuente de materiales con capacidad para regresar al sistema productivo.

