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El consumo de biomasa forestal crece un 19% en Cataluña y alcanza las 652.500 toneladas

La entrada en servicio de grandes calderas industriales impulsa la demanda de astilla, mientras el aprovechamiento energético de la biomasa evita cerca de 282.000 toneladas de emisiones de gases de efecto invernadero
18-08-2026

El consumo de biomasa forestal para usos térmicos en Cataluña creció un 19% durante 2025, hasta alcanzar las 652.500 toneladas anuales, según el balance de la Estrategia para promover el aprovechamiento de la biomasa forestal y agrícola. Paralelamente, la superficie forestal gestionada aumentó hasta las 27.186 hectáreas.

Los datos reflejan el avance de una fuente de energía renovable y de origen local que, además de sustituir combustibles fósiles, contribuye a impulsar la gestión forestal sostenible, prevenir incendios y generar actividad económica vinculada al sector forestal y las zonas rurales.

 

La producción de biomasa en Cataluña aumentó un 17% durante 2025, hasta alcanzar las 806.000 toneladas, mientras las exportaciones llegaron a 104.000 toneladas

 

Las grandes calderas industriales disparan un 57% el consumo de astilla de biomasa

Uno de los principales motores del crecimiento ha sido la entrada en funcionamiento de nuevas calderas industriales de gran tamaño, que ha elevado un 57% interanual la demanda de biomasa en forma de astilla. Por el contrario, el consumo de pellet y leña, más vinculado al ámbito doméstico, registró un ligero descenso durante el último ejercicio.

Esta evolución evidencia una transformación progresiva del sector hacia instalaciones de mayor tamaño y usos menos condicionados por la climatología, especialmente procesos industriales y edificios de servicios. La biomasa se posiciona así como una alternativa renovable para cubrir determinadas demandas térmicas difíciles de electrificar.

Entre 2012 y 2025 se han puesto en servicio 4.529 instalaciones de biomasa en Cataluña, que acumulan una potencia de 574 MW, según los datos del Observatorio de Calderas de Biomasa de Cataluña.

 

La biomasa evita cerca de 282.000 toneladas de emisiones de gases de efecto invernadero

El aprovechamiento energético de este recurso permitió reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en 281.940 toneladas anuales, lo que supone una mejora del 33% respecto al ejercicio anterior.

Al mismo tiempo, la producción catalana de biomasa aumentó un 17%, hasta las 806.000 toneladas, mientras que las exportaciones alcanzaron las 104.000 toneladas y las importaciones experimentaron una reducción significativa.

 

La producción de biomasa en Cataluña alcanzó las 806.000 toneladas tras crecer un 17%, mientras que las exportaciones se elevaron hasta las 104.000 toneladas

 

La evolución hacia la astilla y el pellet también ha contribuido a una mayor profesionalización del sector, al tratarse de productos que requieren procesos de elaboración, pueden disponer de certificaciones voluntarias de calidad y se emplean habitualmente en instalaciones de mayor tamaño y eficiencia.

Desde la puesta en marcha de la Estrategia, el consumo de astilla se ha multiplicado por 21, mientras el de pellet ha aumentado un 40% y el de leña, más condicionado por la climatología y el consumo doméstico, ha crecido un 16%.

 

Cataluña fija en 730.000 toneladas su objetivo de consumo de biomasa para 2027

Las medidas desarrolladas dentro de la Estrategia han permitido multiplicar por 2,7 tanto el consumo de biomasa como el número de hectáreas gestionadas desde su puesta en marcha.

Cataluña pretende alcanzar en 2027 las 730.000 toneladas de biomasa consumidas para usos térmicos y elevar hasta las 30.400 hectáreas la superficie forestal gestionada. Los resultados de 2025 sitúan, por tanto, el consumo en torno al 89% del objetivo previsto para 2027.

 

Cataluña se encuentra ya en torno al 89% de la meta de consumo de biomasa fijada para 2027, cuando prevé alcanzar las 730.000 toneladas anuales

 

Más allá de su aportación energética, el aprovechamiento de la biomasa permite valorizar recursos procedentes de la gestión sostenible de los bosques, favoreciendo estructuras forestales más resilientes frente al cambio climático y contribuyendo a la prevención de incendios.

Su aprovechamiento también puede favorecer la adaptación de los ecosistemas, mejorar las condiciones relacionadas con la disponibilidad de agua y dinamizar económicamente las zonas rurales y el sector forestal.

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