Valdemingómez es hoy mucho más que el principal complejo de tratamiento de residuos de Madrid. En un contexto marcado por las exigencias europeas de reciclaje, reducción del vertido y descarbonización, el Parque Tecnológico se está consolidando como una infraestructura clave para recuperar materiales, producir energía renovable y biometano, y cerrar ciclos dentro de la propia ciudad.
La transformación del Parque Tecnológico de Valdemingómez resume buena parte de los retos que afrontan las grandes urbes en materia de residuos: separar mejor en origen, aprovechar la materia orgánica, reducir el vertido, modernizar las plantas, minimizar impactos ambientales e integrar este tipo de instalaciones en el desarrollo urbano. También plantea un cambio de mirada: dejar de considerar los residuos como un problema que gestionar al final de la cadena y empezar a tratarlos como recursos estratégicos para la autonomía material y energética de la ciudad.
En esta entrevista, María José Delgado, directora general del Parque Tecnológico de Valdemingómez, analiza el papel del complejo dentro del ecosistema urbano de economía circular de Madrid, el balance del modelo actual y las líneas que marcarán su evolución en los próximos años.
¿Cuál es su diagnóstico actual del sector de la gestión de residuos en España y, en particular, en grandes entornos urbanos como Madrid?
España ha avanzado en los últimos años en materia de gestión de residuos, pero lo hace todavía a un ritmo insuficiente. El último informe publicado por el Ministerio para la Transición Ecológica, con datos de residuos de competencia municipal correspondientes a 2023, confirma que seguimos teniendo un modelo claramente desequilibrado: reciclamos más que hace una década, pero no llegamos a los niveles que nos exige la UE; seguimos vertiendo demasiado y aprovechamos poco los residuos que no se pueden reciclar, es decir, no los valorizamos energéticamente como hacen otros países de nuestro entorno.
“Seguimos teniendo un modelo claramente desequilibrado: reciclamos más que hace una década, pero no llegamos a los niveles que nos exige la UE. Seguimos vertiendo demasiado y aprovechamos poco los residuos que no se pueden reciclar”
El reciclaje de residuos municipales en España en el año 2023 se situó en torno al 43%, lo que nos mantiene por debajo del objetivo del 50% que la Unión Europea fijó para 2020 y lejos del 55%, que es el objetivo a partir de 2025. Además, tenemos que tener en cuenta que el objetivo es llegar al 65% en 2035. Pero es que el porcentaje de reciclaje del año 2023 descendería alrededor del 26% si no se tiene en cuenta el material bioestabilizado producido a partir de la materia orgánica recuperada de fracciones distintas a la recogida separada de biorresiduos. Esto sitúa a España en un claro riesgo de incumplimiento de los objetivos a partir de 2027, cuando el bioestabilizado dejará de computar como reciclado.
En materia de vertido de residuo municipal, en el año 2023 nuestro país estaba en el 46,5%, cuando el objetivo para el año 2025 es del 40% de vertido máximo y, para el año 2035, del 10%.
Hay que mencionar que España tiene abiertos varios procedimientos de infracción a nivel comunitario por el incumplimiento de objetivos de reciclaje o en materia de vertido directo. Por tanto, las líneas de avance son muy claras: incrementar el reciclaje y reducir el vertido.
En el ámbito del reciclaje, la única manera realista de alcanzar los objetivos europeos pasa por generalizar la implantación de la recogida separada de materia orgánica, de modo que se produzca un trasvase efectivo de biorresiduos desde la fracción resto a esta nueva fracción. Además, es necesario seguir mejorando e incrementando la cantidad y calidad de la recogida separada de todas las fracciones de residuos.
Respecto a la reducción del vertido, a día de hoy, este objetivo resulta claramente inalcanzable sin un incremento significativo tanto de las tasas de reciclaje como de la valorización energética. El reto no es elegir entre reciclar o valorizar energéticamente: avanzar en las dos variables es imprescindible.
“El reto no es elegir entre reciclar o valorizar energéticamente: avanzar en las dos variables es imprescindible”
En cuanto a la gestión de residuos en grandes entornos urbanos, esta es especialmente compleja tanto desde un punto de vista cuantitativo, por la cantidad de residuos que se generan —alrededor de 1.300.000 toneladas de residuos municipales son recogidas cada año por el Ayuntamiento de Madrid—, como desde un punto de vista cualitativo, por la complejidad de una gran ciudad y su diversidad urbanística.
Además, en el caso de la ciudad de Madrid se produce un efecto “isla” por la limitación geográfica de las fronteras del territorio municipal, que también condiciona la gestión de residuos y la ubicación de las instalaciones de tratamiento. En todo caso, el Ayuntamiento de Madrid lleva haciendo desde hace muchos años una apuesta decidida por el adecuado tratamiento de residuos municipales. Concretamente, en abril del año 2025 se aprobó la Estrategia de gestión de los residuos municipales de la ciudad y este año 2026 se ha presentado la 1ª Fase del Plan Vertido Cero Técnico, en la que se pone de manifiesto el cumplimiento de los objetivos del año 2025 de reciclaje y vertido.
Por otra parte, hay que destacar también el gran potencial que tiene este sector de actividad como fuente de generación de empleo y como motor de economía sostenible, tanto en el ámbito de la gestión de los residuos municipales como en el resto de residuos. Y, concretamente, en el caso de la Comunidad de Madrid, tiene una posición privilegiada en el centro del país. Ello permite un emplazamiento idóneo para la instalación de plantas de tratamiento de nuevos residuos que se están generando, como los residuos de molinos de viento o aerogeneradores, de baterías eléctricas de todo tipo de vehículos, de placas fotovoltaicas, etc.
¿Qué papel está desempeñando la economía circular en la transformación del modelo tradicional de gestión de residuos?
La economía circular ha planteado un enorme reto al modelo tradicional de gestión de residuos. La gestión tradicional de los residuos municipales consistía fundamentalmente en retirarlos de la ciudad y dejarla limpia, así como en tratar y eliminar estos residuos minimizando las afecciones medioambientales. Estos dos objetivos siguen siendo imprescindibles, pero ya no son suficientes.
La economía es la gestión de recursos escasos y, por ello, la búsqueda de una economía sostenible en el tiempo ha evolucionado hacia un modelo de economía circular que maximice el tiempo que los recursos se mantienen en el ciclo productivo. Con este enfoque, la recuperación de los recursos que contienen los residuos y su reincorporación al proceso productivo es fundamental.
Este planteamiento se ve reforzado por un contexto global marcado por una creciente incertidumbre en el suministro de materias primas, energía y productos intermedios, agravada por la inestabilidad geopolítica, la dependencia exterior y el encarecimiento de recursos clave. En este escenario, la economía circular redefine completamente el papel de los residuos: dejan de considerarse un problema que hay que eliminar y pasan a entenderse como un recurso estratégico del que se pueden extraer materiales, energía y valor económico.
“La economía circular redefine completamente el papel de los residuos: dejan de considerarse un problema que hay que eliminar y pasan a entenderse como un recurso estratégico”
En la práctica, esto se traduce en una evolución muy clara del modelo: instalaciones de tratamiento que ya no solo eliminan residuos, sino que recuperan materiales, producen energía renovable y generan combustibles alternativos; sistemas de recogida que mejoran la calidad de separación de las fracciones para maximizar su aprovechamiento; y una planificación que persigue reducir al mínimo el vertido, no solo porque es ambientalmente indeseable, sino porque supone desaprovechar recursos que hoy son estratégicos.
Además, hay que tener en cuenta que toda esta actividad genera unos porcentajes de empleo muy significativos, tanto de manera directa como indirecta, y se trata de recursos que se generan en proximidad, que son muy difícilmente deslocalizables y que contribuyen a mejorar la autosuficiencia material y energética de las ciudades.
En definitiva, la economía circular está transformando la gestión de residuos en un sistema de producción de recursos, clave para la autonomía material y energética de las ciudades y los territorios. El reto ahora es consolidar este cambio de paradigma, escalar las soluciones ya existentes y acelerar la transición desde un modelo de economía lineal y dependiente hacia uno circular, más eficiente, más sostenible y mejor preparado para los desafíos futuros.
Desde su perspectiva, ¿cuáles son hoy los principales retos técnicos y regulatorios a los que se enfrentan las ciudades en materia de tratamiento, reciclaje y valorización de residuos?
El principal reto en materia de residuos está vinculado a la brecha existente entre el modelo actual y los objetivos europeos de preparación para la reutilización, reciclaje, así como el objetivo de reducción del vertido.
Pero este reto no puede ser afrontado únicamente a través de las políticas de residuos. La Unión Europea ha incorporado plenamente los planteamientos propios de la economía circular a la gestión de residuos, con unos objetivos de reciclaje y vertido que son muy exigentes. Ahora bien, el cumplimiento de los planteamientos propios de la economía circular requiere actuaciones tanto al final de la cadena de producción, cuando los productos se convierten en residuos, como en los eslabones iniciales de la cadena, que faciliten, al final del proceso, el reciclaje y la reincorporación al mercado. Me estoy refiriendo a cuestiones como el ecodiseño de los productos que se ponen en el mercado, de forma que los residuos generados al final de su vida útil sean fácilmente reciclables; y a que los nuevos productos se fabriquen e integren porcentajes crecientes de material reciclado, fortaleciendo así los mercados de materias primas secundarias.
Entre los retos regulatorios incluiría, además de lo anterior, la coordinación de la normativa en materia de residuos, en primer lugar, con la normativa de origen comunitario en materia de energía y de exigencia de porcentajes de energías de origen renovable, e, igualmente, con la normativa en materia de agricultura y fertilizantes, para garantizar y facilitar la salida del compost procedente de biorresiduos.
También son imprescindibles campañas de información, sensibilización y concienciación en esta materia. Para incrementar el reciclaje y reducir el vertido es imprescindible que los residuos lleguen a las instalaciones de tratamiento mejor separados en origen. Lo que no se separa correctamente en los hogares y comercios se recupera peor y a un coste mucho mayor en las plantas de tratamiento. Los ciudadanos deben ser conscientes de que son el primer y más importante eslabón de la cadena de gestión del residuo municipal: lo que no se hace correctamente en origen se hará peor y más caro aguas abajo.
“Los ciudadanos deben ser conscientes de que son el primer y más importante eslabón de la cadena de gestión del residuo municipal”
En cuanto al tratamiento de residuos, hay que tener en cuenta que muchas instalaciones de tratamiento fueron diseñadas para un modelo anterior, más orientado a clasificar y eliminar residuos que a maximizar la recuperación de materiales. Adaptarlas a los nuevos objetivos exige inversiones relevantes, innovación tecnológica y una planificación a largo plazo, especialmente para tratar fracciones cada vez más complejas y producir materiales secundarios con calidad suficiente para su incorporación real al mercado.
Y respecto al desafío de los límites máximos de vertido, el objetivo comunitario establece que en 2035 no podrá destinarse a vertedero más del 10% de los residuos municipales. Sin embargo, hoy casi la mitad de los residuos domésticos en España sigue teniendo como destino final el vertedero. Para reducir los residuos que se envían a vertedero, además del incremento del reciclaje, hay que analizar los posibles tratamientos de la fracción de residuos que no puede reciclarse materialmente.
Aquí la valorización energética juega un papel fundamental. Si miramos la incineración o valorización energética, los datos son muy claros: en España, esta representa alrededor del 10-11% del tratamiento de los residuos municipales. Se trata de una cifra significativamente baja si la comparamos con la media europea, situada en torno al 25-26%. En cuanto al número de instalaciones, según datos de la Agencia Europea de Medio Ambiente, España ocupa el puesto 23 de los 33 países europeos analizados, con 11 instalaciones, frente a las 131 de Francia, las 129 del Reino Unido, las 108 de Alemania o las 43 de países como Italia o Dinamarca.
En los países no se incinera “en lugar de reciclar”, sino después de reciclar, para tratar la fracción de residuos que no tiene salida material. Gracias a esa combinación, consiguen reducir el envío a vertedero, en algunos casos, a menos del 5% de sus residuos y, al mismo tiempo, producir energía útil para el funcionamiento de las ciudades. En España, como la valorización energética es muy limitada, todo aquello que no se recicla acaba, casi inevitablemente, en vertedero. Esto genera un problema ambiental, pero también económico y territorial, al consumir suelo, generar pasivos a largo plazo y desaprovechar recursos materiales y energéticos.
“En los países no se incinera ‘en lugar de reciclar’, sino después de reciclar, para tratar la fracción de residuos que no tiene salida material”
En el caso de Madrid, además, conviene desmontar algunos tópicos. La Comunidad de Madrid incinera aproximadamente el 10-11% de sus residuos municipales, un porcentaje no solo bajo en términos europeos, sino también inferior al de cualquier otra comunidad autónoma española que dispone de incineración. Baleares incinera alrededor del 54% de sus residuos; Galicia, el 48%; Cantabria, el 41%; el País Vasco, el 37%; y Cataluña, el 14%. La ciudad autónoma de Melilla incinera cerca del 84%. Todas ellas superan claramente el porcentaje de incineración de la Comunidad de Madrid. Si, además, se compara Madrid con otras grandes capitales europeas como París, Viena, Londres, Copenhague, Lisboa o Berlín, la diferencia es evidente. Estas ciudades integran la valorización energética en su metabolismo urbano, a menudo ligada a redes de calefacción o producción energética.
Igualmente, hay otros retos como la evolución de los sistemas de recogida, incorporando herramientas inteligentes que permitan aplicar tasas por generación de residuos, identificar al usuario y cuantificar de forma precisa los residuos depositados. En paralelo, las plantas de tratamiento deberán seguir avanzando en la implantación de sensores ópticos y sistemas automáticos de clasificación cada vez más sofisticados. Nuevas tecnologías como el reciclaje químico —mediante pirólisis, gasificación u otros procesos— deberán seguir desarrollándose y clarificarse desde el punto de vista regulatorio, de manera que puedan contribuir de forma efectiva al cumplimiento de los objetivos de reciclaje cuando permitan sustituir materias primas vírgenes.
¿Qué balance hace del modelo actual de gestión de residuos de la ciudad de Madrid?
El balance del modelo actual de gestión de residuos en la ciudad de Madrid es, en términos generales, muy positivo. Ya se han cumplido los objetivos intermedios de gestión de residuos del año 2025, y habrá que ir avanzando hacia el cumplimiento de los futuros objetivos de gestión de residuos de los años 2030 y 2035.
“El balance del modelo actual de gestión de residuos en la ciudad de Madrid es, en términos generales, muy positivo”
Entre 2018 y 2025, el porcentaje de recogida separada en la ciudad de Madrid se ha más que duplicado, pasando del 20,6% al 52,8%. En el mismo periodo, el reciclaje de residuos aumentó en 11 puntos porcentuales, del 28% al 39%, mientras que el vertido se redujo en 8 puntos, del 48% al 40%.
Con datos del último año completo disponible, 2025, el Ayuntamiento de Madrid gestionó por vía municipal 1.393.537 toneladas de residuos domésticos y comerciales. De ellas, 1.258.611 toneladas fueron tratadas en el Parque Tecnológico de Valdemingómez (PTV), mientras que 134.926 toneladas, recogidas por los servicios municipales —papel-cartón, textiles, residuos de puntos limpios, entre otros—, se gestionaron directamente fuera del PTV a través de gestores autorizados.
Esta magnitud da idea de la complejidad del sistema, pero también de su potencial. Gracias a las distintas líneas de economía circular desarrolladas en Valdemingómez, una parte significativa de estos residuos se transforma ya en materias primas secundarias, energía y biocombustibles, contribuyendo a reducir la dependencia exterior de recursos y a minimizar el impacto ambiental de la gestión.
En concreto, en 2025 se recuperaron 79.750 toneladas de materias primas secundarias —envases ligeros como briks y latas, papel-cartón y vidrio recuperado en planta—, a las que se suman 63.484 toneladas de vidrio del contenedor verde, que se almacenan en el PTV hasta su retirada por los gestores especializados. Asimismo, se produjeron 31.373 toneladas de fertilizantes o enmiendas orgánicas, procedentes del tratamiento de la fracción orgánica de los residuos.
En el ámbito energético, los resultados son igualmente relevantes. A través de la valorización energética de los rechazos de los procesos de separación y recuperación, así como del aprovechamiento del biogás de los vertederos, se generaron 228.471 MWh de electricidad. Esta cantidad sería suficiente para abastecer anualmente a unas 71.397 viviendas, lo que equivale aproximadamente al consumo doméstico de una ciudad como Alcalá de Henares.
Además, la producción de biometano, a partir de 35.441.736 m³ de biogás, permitió generar 156.150 MWh térmicos equivalentes a gas natural. Con esta cantidad sería posible abastecer cada año a más de 30.000 hogares, lo que equivale a una ciudad como Aranjuez, o bien alimentar una flota de 480 autobuses de la Empresa Municipal de Transportes, lo que evidencia el papel del residuo como vector energético estratégico para la ciudad.
Todo este aprovechamiento material y energético ha permitido, además, un ahorro estimado de 115.000 toneladas de emisiones de CO₂ equivalente, reforzando la contribución de Valdemingómez a los objetivos climáticos.
En un contexto internacional marcado por la inestabilidad geopolítica y la incertidumbre en el suministro de materias primas, fertilizantes y energía, estos datos ponen de manifiesto el carácter estratégico de la gestión de residuos. En el marco de la economía circular, el sistema de Madrid no solo gestiona residuos, sino que transforma flujos locales en recursos, favoreciendo el autoabastecimiento, la autosuficiencia y la creación de empleo local.
“El sistema de Madrid no solo gestiona residuos, sino que transforma flujos locales en recursos”
Centrándonos en el Parque Tecnológico de Valdemingómez, ¿cómo se está adaptando a las nuevas exigencias europeas en materia de reciclaje, reducción de vertido y descarbonización?
Para avanzar en los objetivos normativos en materia de reciclaje y reducción del vertido, en los últimos años se han adoptado múltiples medidas.
En primer lugar, destaca la implantación del contenedor marrón en la ciudad de Madrid, que ha supuesto un cambio estructural esencial en el modelo de recogida. Este despliegue ha ido acompañado de la adaptación de las instalaciones existentes para la gestión específica de biorresiduos —la planta de biometanización de Las Dehesas—, la ampliación de la planta de tratamiento de biogás para incrementar la producción e inyección de biometano, y la construcción de la nueva planta de compostaje de Los Cantiles, que permite tratar el digestato procedente de la digestión anaerobia de los biorresiduos y producir fertilizantes y enmiendas orgánicas de alta calidad.
En paralelo, se han realizado inversiones relevantes en la modernización de las plantas de tratamiento, centradas en mejorar la capacidad de separación y recuperación de materiales. Estas actuaciones incluyen la renovación de líneas de clasificación, la instalación de brazos robóticos, la adaptación de las plantas para recibir residuos procedentes de distintos tipos de vehículos y el reprocesado de flujos que contienen materiales técnicos, con el objetivo de maximizar la recuperación material y reducir los rechazos en Las Lomas, La Paloma y Las Dehesas.
Otro elemento clave en la reducción del vertido ha sido el refuerzo de los controles en vertedero. A través de campañas exhaustivas de inspección por parte de los servicios municipales y del desarrollo del Plan ECOVER, se analizan de forma sistemática los residuos depositados para detectar fracciones que no deberían depositarse en vertedero y adoptar medidas que permitan minimizar la entrada de residuos valorizables.
Asimismo, la valorización energética está siendo objeto de una profunda actualización. El nuevo contrato de explotación de la planta de Las Lomas contempla una modernización integral de la instalación, con una inversión mínima obligatoria de 100 millones de euros, destinada a la renovación de maquinaria, infraestructuras y sistemas de control ambiental, reforzando tanto la eficiencia energética como las garantías ambientales de la planta.
En esta misma línea, el futuro contrato de explotación de la planta de Las Dehesas, cuya licitación está prevista para este año, incluye importantes novedades, como una línea específica para el tratamiento de residuos voluminosos, que permitirá una mejor recuperación de materiales, como metales, y la obtención de subproductos valorizables, como serrín reciclable para su uso en conglomerados. Asimismo, se contempla un tratamiento diferenciado de colchones, que ya no podrán ser depositados en vertedero. Igualmente, se prevén mejoras en las instalaciones de tratamiento de la materia orgánica recuperada de las fracciones resto y del contenedor amarillo. Además, se optimizará la gestión del biogás incentivando económicamente su recuperación.
Por otro lado, y como parte del cierre del ciclo de tratamiento, está prevista la puesta en marcha del Centro Integral de Medio Ambiente CIMA10, que incorporará un concepto innovador de “vertedero 3.0”. En este vertedero, los residuos se depositarán previamente enfardados o retractilados, lo que permitirá mejorar notablemente la integración paisajística de la instalación, minimizar impactos como la generación de olores o la atracción de aves, y reducir las emisiones fugitivas de biogás.
Este nuevo centro incluirá además instalaciones previas de tratamiento, especialmente orientadas a residuos de limpieza viaria, que permitirán recuperar materiales antes de su eliminación y evitar el vertido de residuos sin tratamiento previo. El objetivo final es que esta instalación contribuya a cumplir el objetivo europeo de no superar el 10% de vertido en 2035, habiendo mejorado previamente todas las etapas de recogida, separación y tratamiento para minimizar al máximo las entradas en vertedero.
De forma paralela, resulta clave adaptar los contratos de explotación de las plantas para que los adjudicatarios tengan incentivos económicos claros vinculados a la mejora continua de los resultados ambientales y operativos, y no solo a las cantidades tratadas.
En cuanto a la descarbonización, el PTV ha fijado como objetivo reducir de forma progresiva la huella de carbono de sus propias instalaciones. Para ello, se trabaja en varias líneas: mejora de la eficiencia energética de los procesos, desarrollo de proyectos de energía solar en cubiertas de plantas e incluso sobre la meseta de vertederos clausurados, y participación en proyectos europeos de investigación e innovación orientados a la vigilancia y control de emisiones fugitivas de biogás mediante satélites, aeronaves y campañas de medición en tierra.
“El PTV ha fijado como objetivo reducir de forma progresiva la huella de carbono de sus propias instalaciones”
Por último, hay que destacar otra línea estratégica: la minimización de impactos ambientales y odoríferos sigue siendo una prioridad. Esto implica continuar invirtiendo en biofiltros, confinamiento de naves, sistemas de puertas automáticas y otras soluciones técnicas que reduzcan las molestias a los vecinos del entorno, junto con un control ambiental estricto que garantice el pleno cumplimiento de las autorizaciones ambientales.
¿Qué papel juega actualmente el Parque como nodo clave dentro del ecosistema urbano de economía circular de Madrid, y cómo ha evolucionado su función en los últimos años?
El Parque Tecnológico de Valdemingómez ha pasado en los últimos años de ser fundamentalmente una instalación de tratamiento de residuos a convertirse en un nodo estratégico dentro del ecosistema urbano de economía circular de Madrid, con un papel cada vez más transversal en la ciudad.
“El PTV ha pasado de ser una instalación de tratamiento de residuos a convertirse en un nodo estratégico dentro del ecosistema urbano de economía circular de Madrid, con un papel cada vez más transversal en la ciudad”
Hoy, el PTV no solo gestiona residuos, sino que actúa como una infraestructura productora de recursos, como materias primas secundarias a partir de materiales reciclados y energía. De hecho, se ha consolidado como el principal productor de energía renovable y biocombustibles de la ciudad, a partir de los residuos generados por los propios madrileños. Este cambio es fundamental, porque sitúa a la gestión de residuos en el centro de las políticas energéticas, climáticas y de sostenibilidad urbana.
“El PTV se ha consolidado como el principal productor de energía renovable y biocombustibles de la ciudad, a partir de los residuos generados por los propios madrileños”
Una de las mejores expresiones de esta evolución es el proyecto de movilidad circular desarrollado junto con la EMT. Este proyecto permite transformar directamente los residuos en energía útil para el transporte urbano. Por un lado, el biometano generado a partir de la fracción orgánica alimenta autobuses de gas natural comprimido, a través del sistema de garantías de origen, llegando a abastecer líneas completas del transporte municipal: la línea circular. Por otro, la electricidad producida en el PTV a partir de la valorización energética de los residuos se ha utilizado para suministrar energía a sistemas como BiciMAD.
Pero el papel del PTV va más allá de la energía. En los últimos años se ha producido una integración creciente con otras políticas municipales clave, lo que refuerza su papel como nodo dentro del sistema urbano. Por ejemplo:
- En el ámbito de la planificación urbana y la sostenibilidad, el PTV está alineado con la estrategia Madrid 360, contribuyendo a la reducción de emisiones y a la mejora de la calidad del aire.
- En materia de gestión del agua y de residuos orgánicos, la valorización del digestato y la producción de compost conectan directamente con políticas de suelos y zonas verdes.
- En el ámbito de la contratación pública, se avanza en la incorporación de criterios de economía circular que favorezcan el uso de materiales reciclados y la valorización de residuos en cadenas de valor locales.
- En términos de innovación y desarrollo económico, el PTV actúa como plataforma de colaboración con empresas energéticas, tecnológicas e industriales interesadas en el aprovechamiento de los residuos, y participa en la iniciativa de los Espacios Urbanos Inteligentes de la ciudad de Madrid.
Esta evolución responde a una lógica clara: la economía circular no se puede desarrollar desde compartimentos estancos, sino que requiere conexiones entre sectores. En ese sentido, el PTV está dejando de ser una infraestructura aislada para convertirse en un hub de conexiones entre residuos, energía, movilidad, industria y políticas públicas.
“El PTV está dejando de ser una infraestructura aislada para convertirse en un hub de conexiones entre residuos, energía, movilidad, industria y políticas públicas”
¿Qué líneas estratégicas están marcando la hoja de ruta del Parque Tecnológico de Valdemingómez a medio y largo plazo?
La hoja de ruta del Parque Tecnológico de Valdemingómez a medio y largo plazo viene definida de forma muy clara por la Estrategia de prevención y gestión de residuos de la ciudad de Madrid 2030, aprobada en 2025, que establece un marco coherente con los objetivos europeos de economía circular, con horizonte temporal a 2030 y marcando la ruta hasta 2035, cuando entran en vigor los objetivos más exigentes de reciclaje y reducción del vertido.
Esta estrategia se apoya en un principio básico: aplicar la jerarquía de residuos, es decir, priorizar la prevención, la reutilización y el reciclaje, reduciendo al mínimo el vertido y aprovechando al máximo los residuos como recursos. La estrategia incluye líneas de actuación para la prevención de residuos y para mejorar la recogida separada y la calidad del residuo recogido, lo cual es clave para un mejor aprovechamiento en las plantas de tratamiento.
Estos aspectos se han ido mencionando ya a lo largo de la entrevista, de manera que me centraré en aquellos a los que he hecho menos referencia, como la línea continua de prospección tecnológica que se mantiene desde esta dirección general, evaluando soluciones emergentes como biorrefinerías o tecnologías de reciclaje químico —pirólisis, gasificación, entre otras—, así como proyectos de colaboración con otros sectores industriales, como el energético o la industria cementera. Estas sinergias permiten explorar salidas para determinados flujos de rechazo y contribuyen a los objetivos de descarbonización de sectores intensivos en energía.
En el ámbito de la mejora del control ambiental, también se está avanzando en el uso de tecnologías avanzadas de monitorización, lo que refuerza la integración del PTV en la política climática de la ciudad, en las caracterizaciones automatizadas de residuos o en el sistema de control de pesajes y tránsitos de entradas y salidas de camiones y residuos del PTV.
El PTV participa en numerosos proyectos europeos de I+D+i. Determinadas plantas, como la planta de biometanización de Las Dehesas o Los Cantiles, cuentan con laboratorios específicos para proyectos de innovación.
Además, en Valdemingómez somos conscientes de que habrá nuevas necesidades de tratamiento de residuos que habrá que ir abordando, como el tratamiento de residuos voluminosos o de textiles. También habrá que analizar en qué términos queda establecida la responsabilidad ampliada del productor para estos residuos o la minería de vertedero para el futuro. Igualmente, puede desarrollarse nueva demanda para subproductos del PTV, cenizas, escorias o CDR —combustible derivado de residuos— . Además, somos conscientes de la importante vinculación que puede establecerse entre una economía inclusiva, integradora de personas en riesgo de exclusión social, y la gestión de residuos. Esta línea, sin duda, también habrá que abordarla, incrementando los contratos reservados a estos fines con los que cuenta la DGPTV.
Y quiero destacar uno de los próximos pasos estratégicos del PTV: se ha iniciado ya la preparación de un Plan Especial de Urbanismo para ordenar su integración con el crecimiento futuro de Madrid, especialmente en relación con los nuevos desarrollos del sureste, que irán acercando progresivamente la ciudad a su entorno. Este contexto plantea un doble reto: por un lado, mejorar la convivencia con las áreas urbanas cercanas, reduciendo los posibles impactos ambientales mediante medidas de control, integración paisajística y minimización de molestias; y, por otro, evitar que el PTV se convierta en una barrera territorial, garantizando su permeabilidad y la conexión entre la zona urbana y espacios clave como el Parque Regional del Sureste.
El plan se concibe también como una oportunidad para reforzar la estructura verde de la ciudad, conectando el PTV con el Bosque Metropolitano y generando un corredor ecológico que una los nuevos desarrollos con los grandes espacios naturales. En este marco, el antiguo vertedero sellado se está transformando en un parque forestal, lo que refuerza su papel ambiental.
Además, el Plan abordará mejoras en movilidad y accesibilidad, incluyendo conexiones peatonales y ciclistas, nuevos accesos viarios más seguros y eficientes, así como la adecuación del entorno y la reserva de suelos para futuras necesidades relacionadas con la gestión de residuos y la economía circular.
El objetivo es que el PTV evolucione más allá de su función tradicional, convirtiéndose en un ecosistema de economía circular que integre instalaciones de reciclaje y valorización, centros de reutilización, espacios de formación y educación ambiental, e incluso programas de formación profesional. Todo ello irá acompañado de mejoras en la conectividad, incluido el transporte público, para facilitar su apertura progresiva a usos educativos y sociales.
En conjunto, el PTV busca consolidarse no solo como una infraestructura tecnológica, sino como un espacio plenamente integrado en la ciudad, con funciones industriales, ambientales, educativas y de conexión ecológica dentro del modelo que diseñará el nuevo Plan Estratégico Municipal, Sueña Madrid.

