La bioenergía ha ganado peso en la transición energética al combinar descarbonización, aprovechamiento de recursos locales y economía circular. En Cataluña, esta evolución se ha traducido en un ecosistema que integra biomasa forestal, biogás, biometano y nuevas vías de valorización de subproductos. Sin embargo, el sector todavía debe superar barreras como la complejidad administrativa, la necesidad de marcos regulatorios estables y, cada vez con mayor intensidad, la aceptación social de los proyectos.
Sobre este escenario reflexiona Vanessa Abad, presidenta del Clúster de Bioenergía de Catalunya, una entidad que ha cumplido una década acompañando la transformación del sector. Abad analiza la evolución experimentada desde la creación del entonces Clúster de la Biomasa de Catalunya hasta la configuración de un ecosistema más amplio, en el que la bioenergía se plantea también como herramienta para reforzar la seguridad energética, mejorar la gestión forestal, valorizar recursos orgánicos y generar actividad económica en el territorio.
La conversación aborda las oportunidades específicas de Cataluña, desde el potencial agroalimentario y forestal hasta el suministro de calor renovable a la industria y el despliegue del biogás y el biometano. También pone el foco en cuestiones llamadas a marcar la próxima etapa del sector: la licencia social, la valorización del digestato, el biochar y el CO₂ biogénico, la descarbonización de procesos industriales difíciles de electrificar y el desarrollo de modelos como los biopolígonos, capaces de concentrar actividades complementarias y generar nuevas sinergias territoriales.
En 2025, el Clúster de Bioenergía de Catalunya celebró su décimo aniversario. Mirando atrás, ¿qué balance hace de esta década de actividad y cómo ha evolucionado el ecosistema de la bioenergía en Cataluña desde la creación del Clúster? ¿Qué hitos destacaría?
Cuando nació el Clúster, en 2015, lo hizo como el Clúster de la Biomasa de Catalunya, con el objetivo de impulsar el aprovechamiento energético sostenible de la biomasa y fortalecer una cadena de valor que entonces se encontraba en una fase incipiente. Con el paso de los años, el sector ha evolucionado de forma muy significativa y el propio Clúster ha evolucionado con él. La incorporación de ámbitos como el biogás, el biometano y el aprovechamiento del digestato respondió a la necesidad de representar toda la cadena de valor de la bioenergía y de dar respuesta a los nuevos retos de la transición energética y la economía circular. Esta evolución dio lugar al actual Clúster de Bioenergía de Catalunya, una entidad más amplia, integradora y preparada para afrontar los desafíos presentes y futuros.
Durante esta década, hemos visto cómo la bioenergía ha pasado de ser considerada una tecnología con un gran potencial a consolidarse como una solución estratégica para avanzar hacia la descarbonización, reforzar la seguridad y la soberanía energética, mejorar la gestión forestal, valorizar los recursos orgánicos y generar actividad económica y empleo en el territorio.
Uno de los principales logros del Clúster ha sido crear un espacio de colaboración estable entre todos los agentes del sector
Uno de los principales logros del Clúster ha sido crear un espacio de colaboración estable entre todos los agentes del sector. Hemos impulsado proyectos de innovación, favoreciendo la transferencia de conocimiento, promoviendo la cooperación empresarial y contribuyendo a dar mayor visibilidad a la bioenergía y a sus beneficios ambientales, económicos y sociales. También hemos trabajado para trasladar a las administraciones las necesidades y oportunidades del sector, contribuyendo a crear un entorno cada vez más favorable para su desarrollo.
Si tuviera que destacar un hito, más allá del crecimiento de la propia entidad y de sus asociados, sería precisamente la consolidación de un ecosistema que hoy trabaja de forma mucho más coordinada y con una visión compartida. Hace diez años hablábamos principalmente del potencial de la bioenergía; hoy hablamos de proyectos reales, de empresas consolidadas, de innovación aplicada y de soluciones que ya están contribuyendo a la transición energética de Cataluña.
El balance de estos diez años es positivo, pero también somos conscientes de que aún queda mucho por hacer. La próxima década será clave para acelerar la implantación de la bioenergía en todas sus formas, aprovechar mejor los recursos locales y consolidar su papel como una pieza imprescindible para construir un modelo energético más sostenible, competitivo y resiliente.
Cataluña ha apostado por integrar la bioenergía dentro de una estrategia más amplia de bioeconomía circular y valorización de recursos locales. Desde su experiencia, ¿qué elementos diferencian el modelo catalán y qué aprendizajes podrían trasladarse a otras comunidades autónomas?
Uno de los principales rasgos diferenciales es haber entendido la bioenergía como parte de un sistema más amplio de aprovechamiento eficiente de los recursos biológicos. En Cataluña existe una visión que conecta la gestión forestal, la actividad agroganadera, la industria, la gestión de la biomasa y la producción de energía renovable.
Esta visión se refleja en iniciativas de distinta naturaleza, como la instalación de Alcarràs Bioproductors, que ejemplifica el aprovechamiento y la valorización de los recursos generados por la actividad agroganadera, y BioForin, un proyecto estratégico orientado al fomento de la bioeconomía regional y al refuerzo de la resiliencia climática mediante el impulso de la investigación y el desarrollo de nuevas aplicaciones de valor añadido con potencial de mercado. Ambos ejemplos muestran la amplitud de la bioeconomía y cómo puede generar oportunidades tanto en el ámbito de la producción energética como en el desarrollo de nuevos productos, tecnologías y modelos de aprovechamiento de los recursos. Otro elemento clave es la colaboración entre agentes públicos y privados y la apuesta por la innovación y la transferencia tecnológica. Esta aproximación facilita que los proyectos tengan una visión integral y generen beneficios ambientales, económicos y sociales.
Hace diez años hablábamos del potencial de la bioenergía; hoy hablamos de proyectos reales, de empresas consolidadas, de innovación aplicada y de soluciones que contribuyen a la transición energética de Cataluña
El principal aprendizaje es que el éxito no depende únicamente de la tecnología, sino de construir ecosistemas de colaboración estables y adaptados a las características de cada territorio.
España dispone de uno de los mayores potenciales de producción de biogás y biometano de Europa, pero su desarrollo sigue siendo muy inferior al de otros países. ¿Cuáles son, a su juicio, las principales barreras que aún frenan el despliegue de nuevos proyectos?
Las barreras son varias. En primer lugar, la complejidad administrativa y los largos plazos de tramitación generan incertidumbre para los inversores. También existe la necesidad de un marco regulatorio más estable que aporte seguridad a largo plazo.
Otro aspecto importante es la aceptación social. Muchos proyectos encuentran dificultades porque no siempre se explica adecuadamente qué beneficios aportan ni cómo se gestionan los posibles impactos.
Finalmente, es necesario mejorar la coordinación entre políticas energéticas, agrarias y ambientales para facilitar proyectos que aportan beneficios en todos estos ámbitos.
Cataluña cuenta con un importante sector agroalimentario, una elevada disponibilidad de biomasa forestal y una intensa actividad industrial. ¿Qué oportunidades ofrecen estas características para acelerar el desarrollo de la bioenergía y qué ámbitos presentan hoy un mayor potencial de crecimiento?
Cataluña dispone de unas condiciones especialmente favorables para desarrollar distintas tecnologías de bioenergía. La elevada producción de residuos orgánicos procedentes del sector agroalimentario ofrece un enorme potencial para producir biogás y biometano, mientras que la biomasa forestal puede contribuir tanto a la generación de energía como a mejorar la gestión de los bosques y reducir el riesgo de incendios.
También vemos un gran potencial en el suministro de calor renovable para la industria, las redes de calor y frío, la producción de combustibles renovables para el transporte pesado y la integración de soluciones circulares que aprovechen todos los subproductos generados.
En Cataluña existe una visión que conecta la gestión forestal, la actividad agroganadera, la industria, la gestión de la biomasa y la producción de energía renovable
La aceptación social se ha convertido en uno de los principales retos para muchos proyectos de bioenergía. El Clúster está impulsando iniciativas específicas sobre licencia social e integración territorial. ¿Qué conclusiones están obteniendo y qué recomendaciones trasladarían a promotores y administraciones?
La principal conclusión es que la aceptación social no puede trabajarse únicamente cuando el proyecto ya está definido. Debe formar parte del proceso desde el inicio.
La transparencia, la participación y el diálogo con el territorio son elementos fundamentales. Es importante explicar claramente qué problemas resuelve el proyecto, qué beneficios genera para la comunidad y cómo se gestionarán los posibles impactos.
También recomendamos que los proyectos generen valor local mediante empleo, colaboración con empresas del territorio y retorno económico para la ciudadanía.
Una iniciativa es la elaboración de La Guía de Licencia Social, elaborada por los clústeres catalanes de Bioenergía, Energía Eficiente y Residuos, destaca que el éxito de un proyecto de transición energética o economía circular no depende únicamente de cumplir la normativa o de su viabilidad técnica y económica, sino también de conseguir la aceptación y confianza de la sociedad.
La licencia social se entiende como el apoyo que la comunidad concede a un proyecto a través de la transparencia, la participación y el diálogo. Aunque no es un requisito legal, es un factor decisivo para evitar conflictos, retrasos y rechazo social.
La guía propone integrar la dimensión social desde el inicio del proyecto mediante un proceso estructurado que incluye: identificar a los grupos de interés y conocer sus expectativas; mantener una comunicación clara, transparente y continua; fomentar la participación ciudadana en las distintas fases del proyecto; anticipar y gestionar los posibles impactos sociales y ambientales; y garantizar que el territorio perciba beneficios reales derivados del proyecto.
Además, plantea ocho principios fundamentales para generar confianza: transparencia, participación, gobernanza, comunicación, pedagogía, gestión de impactos, integración territorial y retorno de beneficios a la comunidad.
Muchos proyectos encuentran dificultades porque no siempre se explica adecuadamente qué beneficios aportan ni cómo se gestionan los posibles impactos
En conjunto, la guía promueve un cambio de enfoque: pasar de gestionar conflictos cuando aparecen a prevenirlos mediante la construcción de relaciones de confianza con la ciudadanía. Este modelo es especialmente relevante para proyectos relacionados con energías renovables, bioenergía, eficiencia energética y gestión de residuos, donde la implicación de la ciudadanía es un elemento clave para el éxito.
La bioenergía se sitúa en la intersección entre la transición energética, la economía circular y la gestión de residuos. ¿Qué oportunidades ofrece esta convergencia para avanzar hacia un modelo más eficiente y sostenible?
Esta convergencia permite abordar varios retos simultáneamente. Un mismo proyecto puede reducir emisiones de gases de efecto invernadero, valorizar residuos que antes suponían un problema, producir energía renovable, recuperar nutrientes para la agricultura y generar actividad económica local.
Precisamente, esa capacidad de ofrecer soluciones múltiples convierte a la bioenergía en una tecnología estratégica dentro de la transición hacia una economía más circular y resiliente.
Más allá de la producción de energía, la valorización del digestato, el biochar o el aprovechamiento del CO₂ biogénico están ganando protagonismo. ¿Cuáles de estas líneas considera que tendrán un mayor recorrido en los próximos años y por qué?
Creemos que todas ellas tendrán un papel relevante porque aumentan el valor añadido de los proyectos y mejoran su sostenibilidad económica.
La valorización del digestato como fertilizante permitirá avanzar hacia una agricultura más circular. El biochar ofrece oportunidades para mejorar los suelos y contribuir al secuestro de carbono. Y el aprovechamiento del CO₂ biogénico abrirá nuevas aplicaciones industriales y alimentarias, además de contribuir a la descarbonización de determinados procesos.
En definitiva, el futuro pasa por aprovechar íntegramente todos los productos obtenidos en las plantas de bioenergía.
Vemos un gran potencial en el suministro de calor renovable para la industria, las redes de calor y frío, la producción de combustibles renovables para el transporte pesado y la integración de soluciones circulares
La industria necesita soluciones para descarbonizar procesos difíciles de electrificar. ¿Qué papel pueden desempeñar el biometano, la biomasa y otros gases renovables en este ámbito durante la próxima década?
Van a desempeñar un papel muy importante. Existen numerosos procesos industriales donde la electrificación no es técnicamente viable o resulta muy costosa. En estos casos, el biometano y otros gases renovables pueden sustituir directamente al gas natural aprovechando las infraestructuras existentes.
La biomasa también continuará siendo una solución muy competitiva para la generación de calor industrial, especialmente en sectores con elevada demanda térmica.
La combinación de electrificación allí donde sea posible y gases renovables donde sea necesario permitirá acelerar la descarbonización industrial.
Desde la perspectiva del Clúster, ¿qué prioridades deberían marcar la agenda de las administraciones —tanto en Cataluña como a nivel estatal— para consolidar la bioenergía como un sector estratégico y acelerar las inversiones?
Las prioridades deberían centrarse en simplificar los procedimientos administrativos, ofrecer un marco regulatorio estable y predecible, facilitar el acceso a la financiación y promover mecanismos que favorezcan la demanda de gases renovables.
También es fundamental reforzar la planificación territorial, impulsar la innovación, apoyar la formación de profesionales especializados y coordinar las políticas energéticas, agrícolas, industriales y ambientales.
La bioenergía requiere una visión transversal que permita aprovechar todo su potencial.
La aceptación social no puede trabajarse únicamente cuando el proyecto ya está definido; debe formar parte del proceso desde el inicio
Si tuviera que definir cuál debería ser el papel de Cataluña en el desarrollo de la bioenergía durante los próximos diez años, ¿qué objetivos considera prioritarios, y qué le gustaría que hubiera cambiado al celebrar el vigésimo aniversario del Clúster?
Cataluña tiene la oportunidad de convertirse en una referencia europea en bioeconomía circular aplicada a la energía.
Nos gustaría llegar al vigésimo aniversario con una red consolidada de plantas de biogás y biometano distribuidas por el territorio, una gestión forestal mucho más activa gracias al aprovechamiento energético de la biomasa, una mayor implantación de calor renovable en la industria y un ecosistema empresarial más competitivo e innovador.
El objetivo final es que la bioenergía contribuya de forma significativa a la descarbonización, la competitividad económica y el desarrollo rural.
Para finalizar, en los últimos años se ha hablado mucho de los biopolígonos y de la creación de ecosistemas industriales ligados a la bioeconomía, especialmente en zonas con fuerte actividad agroganadera. ¿Cree que este modelo puede convertirse en una de las grandes palancas para el desarrollo de la bioenergía en Cataluña y, posteriormente, en otras regiones españolas?
Sin duda. Los biopolígonos representan una evolución natural del concepto de bioeconomía circular porque permiten concentrar actividades complementarias que aprovechan de forma conjunta los recursos disponibles.
Un mismo proyecto puede reducir emisiones de GEI, valorizar residuos que antes suponían un problema, producir energía renovable, recuperar nutrientes para la agricultura y generar actividad económica local
En estos ecosistemas pueden integrarse plantas de biogás y biometano, industrias agroalimentarias, sistemas de recuperación de nutrientes, aprovechamiento del CO₂, producción de fertilizantes renovables y otras actividades que generan sinergias y mejoran la eficiencia.
Este enfoque favorece las economías de escala, reduce costes logísticos, aumenta la competitividad y genera mayor valor añadido para el territorio. Si se acompaña de una buena planificación y de una gobernanza adecuada, puede convertirse en una de las principales palancas para acelerar el desarrollo de la bioenergía tanto en Cataluña como en el conjunto de España.

