En un contexto europeo marcado por la presión regulatoria, la escasez de recursos y la necesidad de reforzar la autonomía estratégica, la circularidad emerge como vector clave para reducir riesgos, impulsar nuevos modelos de negocio y mejorar el posicionamiento competitivo del tejido productivo.
En este sentido, el País Vasco ha situado la economía circular en el centro de su política industrial, en un escenario industrial intensivo en materiales y fuertemente dependiente del exterior.
Nagore Peñalva, directora de Economía Circular del Gobierno Vasco con más de dos décadas de experiencia entre la ingeniería industrial y la gestión pública, detalla en esta extensa entrevista cómo la estrategia Euskadi 2030 avanza ya en fase de ejecución, movilizando a más de 400 empresas y articulando instrumentos para trasladar la circularidad a escala industrial, alineándose así con las exigencias regulatorias y climáticas de la Unión Europea.
En primer lugar, ¿qué diagnóstico hace del estado de desarrollo de la economía circular en el País Vasco? En este sentido, ¿qué papel estratégico juega en la política industrial y la competitividad de la región?
El punto de partida en Euskadi es, en términos generales, positivo. Somos una economía claramente industrial, intensiva en materiales y con una elevada dependencia del exterior —importamos en torno al 70% de los materiales que consumimos—. Y precisamente por eso, la economía circular no es solo una política ambiental: es una política industrial y, por tanto, una pieza estratégica para nuestra competitividad.
“Cerrar ciclos de materiales es una forma de reforzar la autonomía estratégica europea desde lo local”
Hoy podemos afirmar que la circularidad se ha consolidado como una palanca de competitividad, resiliencia y seguridad de suministro. De hecho, más de 400 empresas vascas, en su mayoría pymes industriales, ya aplican soluciones circulares de forma efectiva, especialmente en sectores como el metal, la movilidad, la máquina-herramienta, la construcción o el eléctrico-electrónico.
La economía circular nos ayuda a reducir riesgos —volatilidad de precios, dependencia exterior o presión regulatoria— y, al mismo tiempo, a abrir nuevas oportunidades de negocio, empleo e innovación. En ese sentido, está plenamente alineada con las prioridades de la Unión Europea y con el recientemente aprobado Plan de Industria - Euskadi 2030. De hecho, cabe destacar que dicho plan ya contempla desarrollar nuevas oportunidades industriales derivadas de la economía circular dentro del eje estratégico de menos emisiones.
Además, esta estrategia ya se está traduciendo en resultados concretos. En ámbitos como el metal o la máquina-herramienta, la circularidad se refleja en reducción de costes de materia prima, rediseño de producto y una mejora del posicionamiento internacional, especialmente en mercados europeos que demandan trazabilidad y una menor huella ambiental.
La Estrategia de Economía Circular de Euskadi 2030 define una hoja de ruta ambiciosa. ¿En qué fase se encuentra, y qué avances destacaría?
La Estrategia de Economía Circular de Euskadi 2030 está ya en una fase de despliegue avanzado. Es decir, hemos pasado de la definición de la hoja de ruta a la ejecución, con planes operativos, indicadores y herramientas que nos permiten bajar y aterrizar la estrategia a la realidad de empresas y sectores. Entre los avances más relevantes, destacaría la integración de la economía circular en la política industrial a través de proyectos tractores como Basque Zirkular Metals, orientado a impulsar la circularidad en las cadenas de valor vinculadas al acero y los metales; el refuerzo de los instrumentos de apoyo a las empresas, especialmente a las pymes, combinando ayudas como la de innovación en economía circular, acompañamiento técnico y formación especializada para facilitar la implantación; y la consolidación de un sistema de medición propio de indicadores de economía circular, alineado con Europa, que nos permite monitorizar el progreso, priorizar acciones y ajustar las políticas con evidencia.
“Hoy podemos afirmar que la circularidad se ha consolidado como una palanca de competitividad, resiliencia y seguridad de suministro”
Un buen ejemplo es el despliegue de infraestructuras y servicios avanzados como el Basque Circular Hub, que ofrece formación y asesoramiento técnico, y facilita la transferencia de conocimiento entre agentes. En la práctica, está funcionando como un espacio para generar talento y capacidades, y para acelerar proyectos circulares en el tejido industrial.
En este contexto, y teniendo en cuenta las claves identificadas por el Informe de Vigilancia Ambiental Estratégica en Economía Circular de cara a 2026, ¿qué papel juegan la seguridad de suministro, la autosuficiencia de materiales y el impulso a productos sostenibles “made in Europe” en la estrategia de economía circular de Euskadi?
En Euskadi, la economía circular está estrechamente ligada a nuestra capacidad de ser más autónomos y resilientes. Cuando gestionamos mejor los materiales —reduciendo, reutilizando y valorizando—, protegemos nuestra industria frente a los riesgos de suministro y la volatilidad de los mercados. Por eso, apostar por cadenas de valor cercanas y cerrar ciclos de materiales es una forma muy concreta de fortalecer nuestro tejido productivo. Nuestra estrategia se articula en varios ejes clave: reforzar la autosuficiencia material, especialmente en metales y materiales críticos; promover productos circulares y trazables, fabricados en Euskadi y en Europa, que respondan a las nuevas exigencias regulatorias y ambientales; impulsar modelos de negocio que capturen el valor de la circularidad (reutilización, reparación, remanufactura y servicios); apostar por tecnologías innovadoras que mejoren la eficiencia en el uso de materiales y la calidad de los materiales secundarios; y consolidar al tejido industrial vasco como proveedor fiable y competitivo en el mercado europeo.
Por eso, hemos puesto especial atención en sectores como el acero y el aluminio, que tienen un peso importante en nuestro consumo de recursos externos. Impulsar estrategias circulares en estos ámbitos nos permite reducir la dependencia exterior y, al mismo tiempo, fortalecer una oferta industrial europea más resiliente y alineada con el nuevo ciclo de política industrial de la Unión Europea.
“Hemos pasado de la definición de la hoja de ruta a la ejecución, con planes operativos e indicadores”
Euskadi cuenta con un tejido industrial intensivo en materiales. ¿Cómo se está integrando la circularidad en sectores industriales clave y qué oportunidades genera?
En Euskadi, la circularidad está entrando con fuerza en los sectores industriales más relevantes, y lo está haciendo de manera práctica y adaptada a las necesidades de cada sector. Empresas de metalurgia, automoción, construcción, equipamiento industrial y energía ya están incorporando soluciones como el ecodiseño, la valorización avanzada, la remanufactura y la simbiosis industrial, lo que se traduce en resultados tangibles.
Esta transformación abre oportunidades muy concretas: permite reducir costes estructurales, haciendo más eficiente el uso de materiales y energía; facilita la creación de nuevos modelos de negocio y servicios avanzados, que aportan valor añadido y generan empleo; y mejora el posicionamiento de nuestras industrias en mercados cada vez más exigentes en sostenibilidad.
Un buen ejemplo es el sector de la construcción, donde el impulso a la industrialización, el uso de materias primas secundarias y el ecodiseño están ayudando a reducir generación de residuos y emisiones en obra. Al mismo tiempo, se abren nuevas oportunidades para fabricantes de materiales y sistemas constructivos, que pueden diferenciarse y crecer en un entorno cada vez más competitivo.
Desde la perspectiva de la industria, especialmente la pyme, ¿cuáles son las principales barreras, y qué instrumentos se están activando para superarlas?
Desde la experiencia de las empresas industriales, y muy especialmente de las pymes, las principales barreras para avanzar en economía circular no tienen que ver con la falta de interés o concienciación, sino que son fundamentalmente operativas.
“La economía circular está estrechamente ligada a nuestra capacidad de ser más autónomos y resilientes”
Hablamos de limitaciones de capacidad técnica, de necesidades de inversión inicial y de la dificultad para moverse en un entorno normativo cada vez más exigente y complejo
Para dar respuesta a estos retos, desde Euskadi hemos puesto en marcha instrumentos específicos pensados precisamente para acompañar a la pyme en este proceso y facilitarle ese camino.
Un ejemplo claro es BasquESG, una iniciativa pensada para que las pymes puedan evaluar y reportar su desempeño en sostenibilidad con enfoque ESG, a partir del estándar voluntario recomendado por la Comisión Europea para pymes. Este reporte les aporta posicionamiento y competitividad, al permitirles medir y comunicar su desempeño de forma sencilla y estandarizada, reduciendo la carga administrativa y mejorando su acceso a financiación, mercados y cadenas de valor. Además, BasquESG está recogido en el Plan de Industria - Euskadi 2030 como Proyecto Transformador por su alto impacto en el tejido industrial.
Otro ejemplo es PYME Circular Euskadi, una iniciativa diseñada para hacer la circularidad accesible, práctica y plenamente alineada con la realidad empresarial.
A través de esta iniciativa, las pequeñas y medianas empresas pueden realizar diagnósticos y definir planes de acción adaptados a su actividad, combinando asesoramiento técnico especializado, formación y acceso a instrumentos de apoyo y financiación. El objetivo es que la economía circular deje de percibirse como una carga adicional y se entienda, desde la práctica, como una oportunidad real para mejorar la competitividad, reducir riesgos y generar nuevo valor para las empresas.
“Las principales barreras para las pymes no son de concienciación, sino operativas”
La transición de la gestión de residuos a la gestión de recursos supone un cambio estructural. ¿Cómo se está trasladando a la política pública este cambio?
En un contexto marcado por la escasez de materias primas y de creciente riesgo en los suministros a escala global, los residuos ya no pueden entenderse únicamente como un problema ambiental, sino como una fuente de recursos con valor. Este enfoque está plenamente alineado con la evolución de la política europea, que está impulsando la creación de un verdadero mercado único de materias primas secundarias a través de instrumentos como el reglamento de aceleración industrial o el futuro reglamento de economía circular.
La política pública vasca está evolucionando en esta misma línea hacia un enfoque de gestión de recursos, priorizando la prevención, el cierre de ciclos y la valorización frente al vertido. Esto se traduce en planificación, indicadores, fiscalidad, compra pública y apoyo a soluciones tecnológicas que permitan mantener el valor de los materiales en la economía el mayor tiempo posible.
En definitiva, el objetivo es claro: maximizar el aprovechamiento de los recursos dentro del propio sistema productivo, priorizando la valorización material frente al vertido, activando mercados de materias primas secundarias y orientando las políticas públicas a que los materiales sigan siendo un activo económico y no un residuo a eliminar.
“Los residuos ya no pueden entenderse únicamente como un problema ambiental, sino como una fuente de recursos con valor”
¿Qué papel juegan la fiscalidad ambiental, las ayudas y la compra pública verde en el impulso de la circularidad?
La transición hacia un modelo circular requiere un mix equilibrado de instrumentos. Destacaría la compra pública verde como motor de mercado, las ayudas a la innovación en economía circular y una fiscalidad ambiental inteligente, como es el caso del Listado Vasco de Tecnologías Limpias, alineada con Europa.
En esta línea, la compra y contratación pública verde en Euskadi es ya un referente europeo, con niveles de incorporación de criterios ambientales muy por encima de la media. La compra pública verde ha demostrado ser una palanca eficaz para generar mercado, permitiendo a muchas empresas vascas desarrollar y escalar soluciones circulares que luego compiten en el mercado privado.
La medición sigue siendo uno de los grandes desafíos. ¿Qué indicadores considera clave para medir el avance hacia un modelo circular?
La medición es un elemento clave para avanzar hacia un modelo realmente circular. Sin datos fiables, es muy difícil orientar políticas públicas, priorizar actuaciones o evaluar si las medidas están teniendo el impacto esperado.
“La compra pública verde ha demostrado ser una palanca eficaz para generar mercado”
En este sentido, Euskadi dispone desde 2018 de un panel propio de indicadores de economía circular, alineado con el marco europeo. Este sistema permite hacer un seguimiento de aspectos clave como la productividad material, el uso de material circular, la generación de residuos o los impactos económicos y en empleo asociados a la circularidad.
Gracias a estos indicadores, es posible pasar del diagnóstico general a una toma de decisiones basada en datos, ajustando las políticas públicas y focalizando los esfuerzos allí donde generan mayor impacto. De hecho, recientemente hemos publicado el informe de indicadores de economía circular de Euskadi 2026, que nos permite evaluar los avances logrados desde la puesta en marcha de la Estrategia de Economía Circular Euskadi 2030 y, al mismo tiempo, identificar de forma clara los retos que siguen pendientes.
¿Cómo se están incorporando la digitalización, la trazabilidad o los pasaportes digitales de producto en Euskadi?
La digitalización es hoy uno de los grandes aliados de la economía circular. De hecho, desde Europa se habla ya de Smart Circularity, un enfoque que combina la economía circular con las tecnologías de la Industria 4.0 para aprovechar mejor los materiales y alargar la vida útil de los productos.
“La digitalización está ayudando a que la economía circular pase de concepto estratégico a herramienta real de competitividad”
Un ejemplo muy claro son los pasaportes digitales de producto. Estas herramientas permiten conocer mejor de qué está hecho un producto, cómo se ha fabricado, cómo puede repararse o reciclarse y cuál es su impacto ambiental. Esto no solo mejora la trazabilidad de los materiales o facilita un reciclaje de mayor calidad, sino que también ayuda a empresas y consumidores a tomar decisiones de compra mejor informadas, en un contexto de nuevas exigencias regulatorias europeas.
En Euskadi estamos avanzando en esta línea desde varios frentes. Por un lado, apoyamos a las empresas industriales —especialmente a las pymes— en la adopción de soluciones tecnológicas que les permitan medir y monitorizar el comportamiento ambiental de sus productos y servicios. Por otro, estamos impulsando la integración de tecnologías digitales como el análisis de datos o la trazabilidad digital en los procesos industriales, siempre desde un enfoque práctico y adaptado a la realidad industrial.
Además, estas tecnologías están abriendo la puerta a nuevos modelos de negocio circulares, como la gestión inteligente de residuos, la logística inversa, el mantenimiento predictivo, la reparación o la remanufactura. En definitiva, la digitalización está ayudando a que la economía circular pase de ser un concepto estratégico a convertirse en una herramienta real de competitividad y eficiencia para nuestras empresas.
La colaboración público-privada y los clústeres han sido tradicionalmente una fortaleza del modelo vasco. ¿Qué papel desempeñan estos dos elementos en la simbiosis industrial?
La colaboración público‑privada es, sin duda, una de las grandes fortalezas del modelo vasco y un elemento clave para avanzar en economía circular. Euskadi cuenta con una colaboración muy sólida y consolidada de clústeres, centros tecnológicos, universidades, agentes financieros y administraciones públicas, que están habituados a trabajar de manera coordinada y con una visión compartida.
“El objetivo es que la economía circular deje de percibirse como una carga adicional y se entienda como una oportunidad real”
Esta forma de trabajar facilita enormemente la simbiosis industrial, porque permite conectar necesidades reales de las industrias con capacidades tecnológicas, conocimiento aplicado y herramientas de financiación y apoyo público. En la práctica, esto se traduce en un entorno especialmente favorable para desarrollar proyectos colaborativos, acelerar la innovación y trasladar soluciones circulares al mercado.
Además, este ecosistema posibilita grandes oportunidades para el desarrollo de nuevos productos, nuevos servicios e incluso nuevos modelos de negocio, especialmente en sectores industriales intensivos en materiales.
Iniciativas de colaboración público-privada con una larga trayectoria, como el Basque Ecodesign Center, demuestran cómo la puesta en común de conocimiento, experiencia y aprendizajes permite avanzar más rápido y extender la circularidad al conjunto del tejido industrial.
En definitiva, la cooperación entre industrias, agentes de conocimiento y sector público no solo acelera la implantación de la economía circular, sino que refuerza la competitividad de Euskadi y su capacidad para posicionarse como referente industrial en el ámbito europeo
El marco regulatorio europeo está evolucionando con rapidez. ¿Está Euskadi anticipándose a estos cambios? ¿Cómo acompaña a las industrias en su adaptación?
Euskadi está trabajando de forma activa para anticiparse al nuevo marco regulatorio europeo, especialmente en aquellos ámbitos con mayor impacto para la industria. El objetivo es que las industrias no perciban estos cambios como una fuente de incertidumbre, sino como una oportunidad para posicionarse mejor y ganar competitividad en los mercados europeos.
“La compra pública verde en Euskadi es ya un referente europeo”
Un ejemplo es, tal como mencionaba antes, BasquESG, una iniciativa que ya recoge el Plan de Industria - Euskadi 2030 como Proyecto Transformador por su relevancia. Con ella buscamos anticiparnos y ayudar a la pyme a elaborar un reporte de sostenibilidad práctico, proporcionado y útil, que le aporte valor: mejor posicionamiento, acceso a financiación y mayor resiliencia a medio y largo plazo.
Otra de las principales herramientas en este ámbito es el Informe Anual de Vigilancia Ambiental Estratégica en Economía Circular. Desde hace ya cinco años, y a través de la red de centros del Basque Circular Hub, realizamos un seguimiento sistemático de los avances regulatorios que se están produciendo en Europa y su posible impacto en los diferentes sectores industriales. Este trabajo se contrasta con las empresas y se traslada de forma práctica al tejido productivo.
Este acompañamiento se concreta en actuaciones muy diversas: jornadas de sensibilización online, como nuestros Ekostegunak – Jueves de Economía Circular; programas de formación dirigidos a profesionales en activo, en colaboración con las principales organizaciones empresariales de Euskadi; e identificación de retos sectoriales, con el apoyo de los agentes intermedios que participan en la iniciativa PYME Circular Euskadi.
Gracias a este enfoque, cada año son más de 1.000 empresas vascas las que participan en actividades orientadas a comprender, anticipar y prepararse para los cambios normativos europeos, reforzando así su capacidad de adaptación y su posicionamiento en un entorno regulatorio cada vez más exigente
En el corto y medio plazo, ¿cuáles son los principales condicionantes y prioridades para acelerar la transición circular?
En el corto y medio plazo, las prioridades para acelerar la transición circular en Euskadi están muy claras y tienen que ver, sobre todo, con la capacidad de llevar la circularidad a escala industrial.
"Los residuos ya no pueden entenderse únicamente como un problema ambiental"
En primer lugar, es fundamental acelerar su implantación en las pymes, que constituyen la base de nuestro tejido industrial. El reto ya no es tanto de sensibilización como de ejecución: acompañar a las empresas con instrumentos prácticos, facilitar capacidades técnicas, reducir incertidumbres y demostrar que la circularidad puede integrarse de forma efectiva y rentable en su estrategia de negocio.
En paralelo, debemos reforzar la autosuficiencia y la resiliencia industrial, reduciendo la dependencia exterior de materiales clave y cerrando ciclos en sectores estratégicos. En un contexto de volatilidad, escasez de recursos y creciente presión regulatoria, la economía circular es una herramienta clave para reforzar la competitividad y la seguridad de suministro de nuestra industria.
Por último, resulta imprescindible profundizar en la medición, la digitalización y el talento. Sin datos fiables, sin herramientas digitales que permitan trazabilidad y sin profesionales formados, es muy difícil escalar modelos circulares. La combinación de estos tres elementos es lo que permitirá pasar de proyectos piloto a transformaciones estructurales reales.
Seamos claros: la economía circular ya es una política industrial. Ya no es una opción a explorar, sino una condición necesaria para la competitividad de Euskadi en el nuevo contexto europeo y global. Y esto se refleja en nuestras prioridades: el Plan de Industria - Euskadi 2030 incorpora la economía circular como una prioridad estratégica para generar nuevas oportunidades industriales, reforzar la resiliencia y avanzar hacia un modelo de menos emisiones.

