La separación por sensores elimina el yeso y mejora la calidad del hormigón reciclado en Suiza

El sistema implantado por SORTAG, del Grupo KIBAG, combina tecnologías magnéticas y sensores avanzados para alcanzar una pureza mineral cercana al 98 % y cumplir los estrictos límites de sulfatos en el hormigón reciclado
Benjamin Rickli dirige la clasificación de entre 35.000 y 40.000 toneladas anuales de residuos de construcción y demolición en SORTAG, en Rümlang, cerca de Zúrich. Fotografía: STEINERT GmbH
Benjamin Rickli dirige la clasificación de entre 35.000 y 40.000 toneladas anuales de residuos de construcción y demolición en SORTAG, en Rümlang, cerca de Zúrich. Fotografía: STEINERT GmbH
26-03-2026

El reciclaje de residuos de construcción para su reincorporación en la producción de hormigón exige niveles de calidad cada vez más elevados. En este contexto, la planta de SORTAG en Rümlang (Suiza), integrada en el Grupo KIBAG, ha implementado un sistema de clasificación basado en sensores que permite eliminar contaminantes críticos como el yeso y obtener áridos reciclados aptos para hormigón bajo los exigentes estándares suizos.

La instalación procesa cada año entre 35.000 y 40.000 toneladas de residuos de construcción mezclados con residuos voluminosos, con un objetivo claro: producir una fracción mineral con una pureza cercana al 98 %, destinada directamente a la fabricación de hormigón dentro del propio grupo.

 

El yeso, principal obstáculo técnico

El principal desafío en la valorización de residuos de construcción no es la eliminación de metales, sino la separación del yeso, un material omnipresente en edificación que presenta propiedades físicas muy similares a las del hormigón y los ladrillos.

Su densidad impide su separación por métodos convencionales como la clasificación por aire y, además, su fragmentación en partículas finas durante la trituración facilita su dispersión en la fracción mineral. Su presencia en el árido reciclado provoca reacciones de sulfato que comprometen la durabilidad del hormigón.

Las normativas suizas establecen un límite máximo de impurezas del 0,3 % en masa, mientras que la norma europea EN 206 fija restricciones aún más estrictas en contenido de sulfatos. En este contexto, la eliminación eficaz del yeso se convierte en un requisito crítico.

 

El principal desafío en la valorización de residuos de construcción no es la eliminación de metales, sino la separación del yeso, un material omnipresente en edificación que presenta propiedades físicas muy similares a las del hormigón y los ladrillos.

 

“Los componentes reciclados solían estar mezclados con yeso. Pero hoy podemos decir: no hay rastro de yeso”, explica Benjamin Rickli, jefe de gestión de residuos de KIBAG y SORTAG.

 

Clasificación multitecnológica para una alta pureza

El sistema implementado por SORTAG se basa en un concepto de clasificación integrado que combina diferentes tecnologías en una única línea de proceso. En total, seis equipos cubren todas las etapas:

  • Separación magnética para metales férricos (overband y tambor magnético)
  • Separación de metales no férricos mediante corrientes de Foucault
  • Clasificación por infrarrojo cercano (NIR) para eliminar madera, plásticos y otros materiales no minerales
  • Clasificación avanzada mediante sensores combinados (cámara, láser, inducción y rayos X)

Es en esta última fase donde se produce la separación más crítica, permitiendo identificar y eliminar el yeso y otras impurezas que no pueden detectarse con tecnologías individuales.

Steinert

Clasificación por infrarrojo cercano en funcionamiento: UniSort PR EVO 5.0 de STEINERT separa los contaminantes no minerales del flujo de residuos de construcción y demolición en SORTAG. Fotografía: STEINERT GmbH

 

La combinación de sensores en una misma máquina permite, además, adaptar el proceso a la variabilidad del residuo entrante, un factor habitual en residuos de demolición.

 

Flexibilidad operativa ante residuos variables

La composición de los residuos de construcción no es constante. Puede variar en función del tipo de demolición, la estacionalidad o la actividad del sector. Esto obliga a disponer de sistemas capaces de adaptarse sin comprometer la calidad del producto final.

Según Rickli, la instalación opera con “dos o tres programas estándar” que permiten ajustar el proceso a diferentes flujos de residuos, manteniendo siempre una calidad constante. En casos específicos, el sistema permite reconfigurar la clasificación para otros materiales.

Esta flexibilidad operativa supone una ventaja frente a sistemas tradicionales, diseñados para flujos homogéneos y menos capaces de adaptarse a cambios en la entrada.

 

Un estándar exigente con proyección internacional

El caso de Suiza refleja una tendencia creciente en Europa: mayor exigencia normativa, reducción de la disponibilidad de vertederos y presión sobre los recursos naturales, como las reservas de áridos.

Las directrices nacionales, como la SIA 2030 o las del BAFU, establecen criterios estrictos de calidad, mientras que el mercado demanda cada vez más hormigón con contenido reciclado.

El problema del yeso, lejos de ser exclusivo de Suiza, se repite a nivel internacional. Estudios en países como Bélgica, Francia o Canadá indican que muchos áridos reciclados superan los límites de sulfatos establecidos, lo que refuerza la necesidad de tecnologías avanzadas de separación.

“Al final, siempre se trata de la fracción de salida y de su calidad”, resume Rickli. “Eso es lo más importante”.

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