Seguridad hídrica y calor extremo: el agua, clave para la adaptación urbana en el norte global

Un estudio liderado por la UOC alerta de que el acceso desigual al agua compromete la adaptación al calor en ciudades del norte global y agrava las brechas sociales
25-02-2026

En un contexto de emergencia climática, marcado por el aumento de las olas de calor, las sequías recurrentes y el incremento sostenido de temperaturas, la relación entre seguridad hídrica y calor extremo se consolida como uno de los grandes desafíos urbanos.

Un equipo internacional de investigadores, liderado por Hug March, profesor de los Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y corresponsable del grupo TURBA Lab (UOC-TRÀNSIC), ha analizado el vínculo entre el acceso al agua en los hogares y la capacidad de adaptación al calor en ciudades del norte global, incluyendo Europa y Norteamérica. El estudio ha sido publicado en acceso abierto en npj Urban Sustainability (Nature).

 

El agua como “aire acondicionado” de los hogares vulnerables

El trabajo subraya que el agua cumple una función esencial como herramienta de adaptación térmica, especialmente en hogares con pobreza energética o precariedad habitacional.

“El agua es el ‘aire acondicionado’ de los colectivos socioeconómicamente más vulnerables”, explica March. Más allá de la hidratación, el recurso permite regular la temperatura corporal mediante duchas, acceso a fuentes públicas o uso de piscinas municipales.

 

“La seguridad hídrica en el hogar no es universal en el norte global, lo que genera capacidades desiguales para afrontar el calor extremo”, señala March.

 

Esta afirmación resume uno de los principales hallazgos del estudio: incluso en ciudades de países desarrollados, el acceso al agua segura y asequible no está garantizado en todos los hogares.

En lugares como Barcelona, prácticas como ducharse con mayor frecuencia, acudir a piscinas públicas o utilizar fuentes urbanas forman parte de las estrategias habituales de adaptación en barrios socialmente vulnerables. Sin embargo, la presión económica obliga a muchas familias a autolimitar su consumo.

 

“La presión financiera obliga a hogares vulnerables a reducir duchas o acortar su duración, priorizando el ahorro frente al alivio térmico”, añade el investigador.

 

En Portland (EE. UU.), por ejemplo, las tarifas de agua y alcantarillado podrían alcanzar los 2.400 dólares anuales en 2030, una cifra que ilustra el creciente impacto económico del acceso al recurso.

Los autores definen este fenómeno como “pobreza de refrigeración sistémica”, una situación en la que la falta de recursos energéticos o hídricos limita la capacidad de adaptación al calor crónico y extremo.

 

Justicia térmica y adaptación urbana

Así, el estudio plantea la necesidad de integrar la seguridad hídrica dentro de una agenda de justicia térmica transformadora, que reconozca el papel estructural del agua en la adaptación climática urbana.

Ante sequías más frecuentes, muchas ciudades están recurriendo a recursos alternativos como la desalación, lo que puede encarecer las tarifas. Si estos incrementos no se gestionan bajo criterios de justicia socioambiental, advierten los investigadores, pueden agravar la inseguridad hídrica de los hogares con menos recursos.

 

“Sin agua segura, asequible y confiable, la capacidad de adaptarse al calor crónico y extremo se ve fundamentalmente comprometida y se profundizan las desigualdades sociales y espaciales”, concluye March.

 

La investigación, financiada por la Institució Catalana de Recerca i Estudis Avançats (ICREA) y UKRI Horizon Europe Guarantee, sitúa de esta forma la seguridad hídrica y el calor extremo en el centro del debate sobre adaptación urbana, subrayando que garantizar el acceso equitativo al agua es también una cuestión de salud pública y cohesión social.

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